DOMICILIO DESCONOCIDO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de octubre de 2016)

Desde un tiempo a esta parte, los candidatos a cargos de elección popular prefieren omitir su militancia en sus dispositivos de campaña. En sus carteles no aparece el logo ni el nombre del partido al cual pertenecen o la coalición a la cual representan. Como si se avergonzaran de ellos. Como si reconocer su filiación partidaria fuera confesar un pecado. Hay, por supuesto, honrosas excepciones. Pero se trata de una práctica extendida y transversal. Sin embargo, es una mala práctica democrática.

Los dirigentes políticos se quejan del facilismo del discurso anti partidos. Nos recuerdan lo importante que son estas instituciones para la democracia representativa. Tienen razón. Pero son sus propios candidatos los que contribuyen al desprestigio cuando optan por silenciar su militancia. Si la pertenencia a un partido es una cuestión de convicción y no mera conveniencia –para ahorrarse el calvario burocrático de las firmas- entonces los candidatos debiesen ser los primeros en afirmar públicamente sus identidades políticas. Si correr bajo los colores de un partido no tiene nada de malo, no hay por qué esconderlo. Por el contrario, hay que lucir esos colores con orgullo. Al esconderlos, la señal es que la crítica anti partidos es correcta.

Pero además es un mala práctica porque atenta contra los esfuerzos para transparentar la actividad de representación. Como advierte el cientista político Alfredo Joignant, es irónico que Chile tenga estándares tan estrictos de rotulado de alimentos –para que sepamos exactamente qué estamos consumiendo- pero costumbres tan opacas cuando se trata de saber por quién estamos votando. Algunos piensan que dicha información da lo mismo porque en las elecciones –especialmente municipales- se vota por las personas y no por los partidos. Están equivocados. Los partidos políticos articulan visiones respecto de cómo debe funcionar la sociedad. Un militante de la UDI mira los problemas públicos desde una perspectiva distinta de que la tiene un militante del PS, por ejemplo. Evidentemente, en el ejercicio comunal habrá muchas materias en las cuales esa distinción ideológica será irrelevante. Pero habrá otras tantas en las cuales esa legítima divergencia política tendrá una serie de consecuencias.

Las elecciones no pueden transformarse en concursos de mera apreciación estética. Los candidatos deben transmitir la mayor cantidad de información posible para que los electores tomen una decisión documentada. Algunos gustan de poner el colegio o los apellidos del cónyuge. Esa es información superflua. Transparentar el origen partidario o coalicional, en cambio, es información esencial. Yo que usted no voto por quienes se la ocultan.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-02&NewsID=356291&BodyID=0&PaginaId=15

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