Archive for 27 febrero 2017

TÚ VES LO QUE QUIERES VER

febrero 27, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de febrero de 2017)

Cristina tiene 46 años y su biografía de Twitter dice que es pinochetista. Comenta siempre de política, usualmente para criticar al gobierno y acusar a los comunistas. Su círculo de amistades piensa parecido. Al grupo de whatsapp que tiene con sus amigas llegó una imagen que parece mostrar encapuchados prendiendo fuego intencional en un bosque del sur de Chile. Deben ser activistas mapuches, piensa automáticamente Cristina. ¿Quién más podría estar detrás de tamaña fechoría?

Hernán tiene 23 años y es militante de un colectivo de izquierda en su universidad. Viraliza todas las notas que involucran a políticos de derecha con casos de corrupción. En su tribu cultural es completamente normal hablar de los “fachos”. Durante los incendios, Hernán compartió gráficas explicando el tremendo negociado que se hacían las forestales cobrando seguros a partir del desastre ecológico. Cree que la culpa la tiene el gran empresariado explotador. ¿Quién más podría estar detrás de tamaña fechoría?

Cristina no compartirá ninguna de las imágenes que pueblan el muro de Facebook de Hernán. Por su parte, Hernán considera que las teorías de Cristina son delirantes, como las de todo facho. El problema es que no hay forma en que se pongan de acuerdo. Cada uno examinará y juzgará la evidencia de acuerdo a sus anteojeras ideológicas. Esa es, al menos, la conclusión preliminar de la ciencia: nuestros mecanismos cognitivos no evolucionaron para distinguir verdades de falsedades, sino para ganar competencias argumentales y evitar disonancias culturales.

Es una realidad triste para quienes creemos que el debate público debiese estar moralmente regulado por criterios de honestidad intelectual y respeto a la evidencia intersubjetiva. Al parecer, no estamos formateados para ello. Vamos a amplificar la información que sirve mejor nuestros propósitos predeterminados. Vamos a pasar por alto las pruebas que tensionan nuestros supuestos. En ese sentido, Cristina y Hernán son mucho más parecidos de lo que ellos piensan.

Las redes sociales se inundaron de estos personajes durante las trágicas jornadas en que el fuego consumió vastas extensiones del territorio nacional. Pocos estaban razonando a través de una metodología rigurosa capaz de aislar nuestros sesgos de confirmación. La pregunta es si acaso no debiéramos hacer el esfuerzo de aplicar en la ética pública ciertos criterios de validación epistémica similares a los que predica la buena ciencia. Quizás sería positivo intentarlo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-02-26&NewsID=367217&BodyID=0&PaginaId=24

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MARIANA, LA SUBVERSIVA

febrero 23, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de febrero de 2017)

Sostener que Mariana Aylwin representa un peligro para la seguridad del régimen castrista, como lo indicó la embajada cubana, es delirante. Es, sin embargo, un delirio a tono con la paranoia de las dictaduras que no aceptan la disidencia. Mariana Aylwin viajaba a Cuba para participar de un homenaje póstumo a su padre, organizado por una fundación que promueve la democracia y los derechos humanos en el continente. Estos son valores antitéticos a la autocracia que gobierna la isla. Solo en ese contexto hace sentido que la chilena sea acusada de participar de un plan para generar inestabilidad política. El gobierno cubano es sincero: es peligroso cualquiera que piense distinto.

Para suavizar el episodio, se ha dicho que todos los países, independiente del color político de sus gobiernos, se reservan el derecho de entrada. En eso consistiría el ejercicio de la soberanía. Cuba estaría haciendo lo mismo que hacen otros tantos estados, incluido Chile. Ni más ni menos. Eso es factualmente correcto.

Sin embargo, cualquier amante de la justicia pensaría que las razones que motivan a un estado para cerrar sus puertas no deberían ser arbitrarias. Si en efecto existen fundadas sospechas de un proyecto subversivo, quizás la prohibición de entrada sea justa. Pero no es el caso de la reciente orden ejecutiva expedida por Trump en Estados Unidos –que restringe el ingreso de ciudadanos de siete países musulmanes sin considerar sus méritos individuales- ni es el caso de la prohibición que afectó a Mariana Aylwin, donde la intención del gobierno cubano es propinarle un castigo a su oposición interna. Lo irónico de todo esto es que las Juventudes Comunistas estuvieron hace pocos días afuera de la embajada norteamericana protestando justamente a favor de la libertad de desplazamiento.Por cierto que les conviene decir que son casos distintos. En cierto sentido, lo son. Pero el principio general que se viola es el mismo: una limitación arbitraria del derecho a desplazamiento.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-02-23&NewsID=366954&BodyID=0&PaginaId=36

CAROLINA GOIC DIO EL SÍ

febrero 22, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de febrero de 2017)

La senadora Carolina Goic ha anunciado su decisión de competir, representando a la DC, en el proceso presidencial de este año. En la práctica, eso implica participar en la primaria de la Nueva Mayoría. La posibilidad de romper la coalición y correr directamente en primera vuelta es remota; la propia Goic ha insistido en la importancia de ofrecerle a Chile una alianza de centroizquierda que incorpore a la DC.

El desafío para su partido es mejorar el triste desempeño que tuvieron en la primaria de 2013, cuando el representante falangista fue Claudio Orrego. A pesar de contar con el respaldo oficial de sus camaradas, Orrego llegó tercero detrás de Andrés Velasco, que no contó con ninguna maquinaria partidaria. Cualquier resultado que mejore esa presentación es bueno, pues revaloriza el rol de la DC en la coalición.

La cosa estará entonces entre Guillier, Lagos y Carolina Goic, a la espera que los socialistas se decidan entre José Miguel Insulza y Fernando Atria. Es un escenario más abierto. Aunque el único que realmente marca contra Piñera es Guillier, es improbable que el senador por Antofagasta pueda reeditar la paliza que Michelle Bachelet les dio a sus contrincantes hace cuatro años. Por su parte, la precandidatura de Lagos se advierte débil. Aunque no se quede con la nominación del bloque, Goic debiese apuntar a destronar al ex presidente en la competencia interna.

Carolina Goic es una buena carta para su partido. Es una figura relativamente fresca, que ayuda a revitalizar ese cuerpo viejo que es la DC. Por lo menos, es mejor que todos los otros nombres que sonaron. Sus cifras de aprobación personal son interesantes, aunque aún no se traducen en apoyo presidencial. En el frente interno, acaba de ratificar su liderazgo en una elección que ganó mirando para atrás. Es decir, es apreciada dentro del partido y tiene la expectativa de crecer fuera de él.

Bien por la DC. Demasiado tiempo ha pasado desde que ocuparon un rol de conducción política relevante. Goic no es la gallina de los huevos de oro ni anticipa una revolución ideológica, pero tiene la camiseta puesta mientras navega con viento a favor.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-02-21&NewsID=366753&BodyID=0&PaginaId=29

RETADORES

febrero 20, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 17 de febrero de 2017)

Es poco probable que Fernando Atria y Felipe Kast se queden con las primarias de sus respectivos sectores. Parece casi un hecho que la gran final será entre Alejandro Guillier por la Nueva Mayoría y Sebastián Piñera por ChileVamos. Esa es la primera coincidencia entre Atria y Kast: ninguno llegará a la papeleta. Aunque digan que sus candidaturas no son testimoniales -sería raro que lo dijeran-, ambos tienen clarísimo que sus posibilidades son exiguas. Por lo mismo, no corresponde juzgarlas con esa vara. Atria y Kast no están buscando ganar a toda costa. Están buscando otra cosa. En una frase, están tratando de articular un discurso que desafíe la comodidad doctrinaria de cada coalición.

Partamos por Atria. A pesar de que sus ideas fueron muy relevantes en la estructuración de la narrativa del movimiento estudiantil del 2011 y que por ende sería el candidato perfecto del llamado “Frente Amplio”, ha decidido correr por dentro de la institucionalidad oficialista. Hace un tiempo se convenció de que no había que fundar nuevas organizaciones y entró a militar en el viejo Partido Socialista, que no sólo ofrecía una casa lo suficientemente amplia para desplegar sus ideas sino también lo conectaba con décadas de lucha política y social. Atria ve en esa historia un legado de dignidad que merece ser preservado y proyectado hacia el futuro. Atria podrá ser ídolo de Millennials, pero no piensa políticamente con la misma lógica. Hoy se encuentra en medio de un proceso democrático interno cuyo desenlace es medianamente incierto. En el mejor de los casos, obtiene la nominación del PS. Pero luego vendría Guillier y Lagos. Fin de la historia. Ya es tarde para correr por fuera.

Felipe Kast hizo algo ligeramente distinto. Aunque sigue dentro de las fronteras coalicionales de ChileVamos, lo hace con pyme propia. A pulso y con buenas influencias -se necesita de ambas para transformarse en partido con todas las de la ley tan rápidamente- Evópoli se sienta en la mesa grande de la derecha. Kast cuenta en ese sentido con un buque más modesto que el de Atria, pero este modesto buque está a su nombre. Por lo menos, tiene cara de proyecto generacional. Es un lote que prefirió conscientemente no ponerse la camiseta de la UDI ni de RN. No eran alternativas muy tentadoras, a decir verdad. Kast vio entonces una oportunidad de oro: poner un pequeño quiosco -al comienzo, bastante boutique- al lado de estas dos grandes tiendas ideológicamente indistinguibles. Lo dotó de un relato liberalesco, aunque él mismo sea dudosamente un liberal. Pero con eso basto para distinguirse. Tampoco posee suficiente musculo para amagar a Piñera, pero su tribu meterá ruido. Si llega segundo -por sobre Ossandón y su tío José Antonio, teóricamente- ya es un gran resultado: queda en la pole position para la siguiente y las acciones de Evópoli suben en el universo piñerista que se dispone a gobernar.

Habría sido, hay que decirlo, un extraño placer ver a Fernando Atria y Felipe Kast compitiendo en noviembre. Probablemente, habríamos tenido una conversación política con cierta espesura programática. Atria es un académico, pero un académico público. Es decir, hace esfuerzos por comunicar los fundamentos conceptuales y normativos de sus posiciones. Kast no ha hecho carrera en la universidad sino en la política y el mundo social, pero cuenta con una preparación académica similar. El ministro del Interior Mario Fernández decía que le gustaba el enfrentamiento Lagos vs. Piñera porque, al menos, “ambos tenían doctorados”. Bueno, estos otros también.

En lo particular, Atria es importante para su sector porque participa de una discusión tanto sustantiva como estratégica respecto de las alternativas del proyecto de la izquierda en Chile. Cree, a grandes rasgos, que no hay pensar en un rojo amanecer con el capitalismo de rodillas. Pero sí que el socialismo consiste en avanzar siempre en esa dirección. Hoy, eso significa ampliación de la libertad política y seguridad económica, lo que se traduce en su idioma en profundización democrática vía nueva constitución y en la idea de derechos sociales en educación, salud y previsión. Kast es importante para su sector porque da la sensación de que amplía el campo de mirada de su equipo. Amplitud se había llevado a los pocos liberales que habían. Evópoli les ofrece una casa nueva, pero en el mismo barrio. La candidatura de Kast les dio la oportunidad de diseñar una propuesta política y programática a la medida. En ella destacan las diferencias “valóricas” con sus socios conservadores. No son las únicas novedades, pero destacan justamente porque ahí está la bisagra identitaria. No sería raro que votantes de Velasco 2013 se dieran una vuelta por la primaria de derecha para darle el voto al diputado por Santiago.

Por todo lo anterior, es positivo que Fernando Atria y Felipe Kast sean retadores oficiales. Les hacen un favor a sus conglomerados con una inyección de energía, convicción y contenidos. Le hacen un favor al nivel del debate público. En los tiempos que corren, con eso nos damos por pagados.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/02/16/136653/retadores

Can a Chilean outsider revive Latin America’s ailing left?

febrero 15, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Conversation Global el 10 de febrero de 2017)

According to popular wisdom, if a government’s approval ratings are in the low 20s with an election around the corner, odds are that the ruling party will not retain power; people will vote for change.

But popular wisdom is not always right. And this is the hope of the Chilean left.

Just 18 months after winning the 2013 presidential election with 62% of votes, President Michelle Bachelet suffered an unprecedented political breakdown. Public support for both her and her Nueva Mayoría administration – a coalition of the Socialist, Christian Democrat and Communist parties, among others – fell to the low 20s by mid-2015, where it has remained since.

For the November 2017 election, this centre-left coalition had originally set its sights on Ricardo Lagos, a former president who built his political career in the 1980s on courageous, repeated opposition to Augusto Pinochet’s dictatorship. And Lagos is willing to run.

But younger progressives are critical of Lagos’ 2000-2006 administration, arguing that was more market-oriented than socialist. Despite the 79-year-old’s commendable energy, he is polling at 5%.

This situation should favour the prominent conservative ex-president Sebastián Piñera (2010-2014), who is often portrayed as a successful businessman with a Berlusconian twist, to win Chile’s 2017 election.

A new hope for the left

But from this unexciting scenario – two former presidents running for president, neither particularly popular – a new name has emerged: journalist and former television news anchorman Alejandro Guillier.

Guiller made his political debut three years ago, winning a senate seat as an independent. He was supported by the Partido Radical, a traditional party that, though its best days are long past, has been a loyal – if almost voiceless – member of the centre-left coalition that has ruled Chile for 23 of the past 27 years.

Now, with Guillier, the Partido Radical has discovered a political goldmine. The newcomer has authoritatively surpassed Lagos in the polls, with support increasing from 1% to 14% in the past six months.

This has made Guillier into an instant cause celebre, and some Socialist congressmen who would be expected to support Lagos have already shifted their attentions his way. So, too, have many government officials who, among other interests, suddenly believe it’s possible to keep their posts.

Guillier, the candidate from nowhere, now seems like the only serious competition for Piñera. With recent predictions anticipating a dead heat between the two, he is likely to secure the ruling coalition’s nomination to run in November.

The fall

Understanding Guillier’s rise means understanding Bachelet’s fall.

There are two theories to account for her loss of support. Moderate intellectuals have suggested that the Chilean people are simply less socialist than Bachelet and her team thought.

Bachelet’s progressive 2013 campaign platform, which absorbed the ambitious demands of a 2011 left-wing students’ movement then gaining widespread support, proposed rewriting Chile’s constitution and establishing free university tuition, among other goals.

But it’s possible that Chileans were, in fact, not quite done with neoliberalism, which the country has largely embraced since the Pinochet years. In this hypothesis, the Bachelet government’s plight can be explained away as an inaccurate political diagnosis.

A second theory faults Michelle Bachelet’s own thundering loss of political capital for her government’s demise. To these commentators, the president’s personal popularity – not her reform agenda – was the one and only reason she won the 2013 election.

If, as this argument goes, most people respond more to a candidate than to their platform, then the Nueva Mayoría coalition’s political failure correlates to Bachelet’s fall from grace, which began when her eldest son and his wife were implicated in suspicious real estate dealings in early 2015.

The perception that a Bachelet family member used his relationships for profit was hard to square with the president’s discourse countering abuse and inequality.

Bachelet herself is accused of no wrongdoing. But, in Latin America today, the mere hint of corruption is damning because it resonates with other scandals across the region.

Placing blame on the shoulders of leaders allows progressives in Chile to avoid facing the awkward hypothesis that Chileans may endorse crucial aspects of a market economy.

This hypothesis also comforts progressives struggling to account for the sorry end of the 2000s-era “pink tide” – the rise of leftist leaders across the continent, from Lula in Brazil to Cristina Fernández de Kirchner in Argentina and Hugo Chávez in Venezuela. The Latin American left once seemed unstoppable, but recently corruption and discontent in many countries has fuelled a backlash.

In Brazil in 2016, a conservative wing of congress impeached the left-wing president Dilma Rousseff, Lula’s chosen successor. The ouster was pursued on constitutionally shaky grounds, but leveraging a simmering Brazilian case of corruption gave the opposition the power that neither ideological debate nor electoral process could.

Moral suspicions also led Argentina to vote out Kirchner in 2016, and deepened the profound crisis gripping Venezuela after two decades of Hugo Chávez’s “updated” socialism (though corruption is far from the only reason Venezuela is failing).

And the left will rise again?

Back in Chile, Guillier has said he will stand for many of the same ideals as Bachelet, adding that, political resistance aside, her reforms are much needed. He has also promoted a state-run economic growth strategy.

Guillier’s narrative aims to preserve the social-democratic spirit, but with a bright new face – uncontaminated by corruption, almost without a past.

Accordingly, Guillier sells himself not as a politician but as a grassroots guy. Besides, it’s hard to be more credible than the man who delivers the nation’s news every night.

Critics highlight Guillier’s populist traits (attacking politicians in bulk, endorsing any claim that happens to be fashionable) and his lack of an inner-circle of intellectuals and policy advisers.

But for now, Guillier’s autonomy and somewhat ambiguous opinions are working for him. And, of course, being anti-establishment has been winning voters across the world.

If Guillier wins, political thinking in Chile won’t change much, but the interpreter will be new. And, for the ailing Latin American left, that might be good enough.

Link: https://theconversation.com/can-a-chilean-outsider-revive-latin-americas-ailing-left-71213

GREMIALISMO-PIÑERISTA

febrero 13, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de febrero de 2017)

Suena fuerte en la UDI la idea de apoyar lo antes posible al ex presidente Sebastián Piñera. Lo reiteró públicamente el senador Juan Antonio Coloma. Que lo diga él tiene cierta importancia. Fue uno de los lugartenientes de Jacqueline Van Rysselberghe, la nueva mandamás del gremialismo. Coloma está en el bando de los ganadores. Es uno de los pocos líderes históricos de su generación que quedan parados: Novoa y Longueira, míticos coroneles, cayeron en desgracia. Ni hablar de Orpis. Matthei y Lavín ya reclamaron sus premios a la trayectoria. Hernán Larraín va de salida. Chadwick está fuera del Congreso y actúa como interlocutor del Piñerismo.

Éste pareciese ser el rumbo que debiese tomar la UDI: dejarse de dilaciones en la esperanza ingenua de tener un candidato presidencial propio (y competitivo) y apoyar de una buena vez la reelección de Piñera. Coloma encarna el realismo al interior del gremialismo. Piensa que hay pocos espacios para una aventura que lo único que tendría como combustible es el amor a la camiseta pero que podría rendir tristemente en una primaria del sector. Pocos en la UDI se han enamorado de la cruzada del diputado José Antonio Kast, que ya se fue del partido justamente anticipando este escenario de realismo.

Esa es la paradoja de la última elección interna. Fue la senadora Van Rysselberghe la que compitió con el discurso de la identidad tradicional. Jaime Bellolio proponía un cambio, una renovación. Pero era este último el que necesitaba con más urgencia un candidato propio para recrear una épica con sentido de futuro. Al bando de Coloma ya no le interesa tanto ese asunto. Quiere ganar con Piñera. Quiere ganar cupos en el Congreso. Quiere que la UDI obtenga una buena tajada en la distribución del próximo ejecutivo. Así se mide el éxito partidario en constante y sonante.

Si dicho apoyo se articula pronto y en forma convincente, la UDI puede verse más piñerista que RN, que mientras tanto lidia con sus propios demonios. El primero se apellida Ossandón, que interpreta ideológicamente al corazón del larrainismo. Fue Carlos Larraín, de hecho, un célebre celoso de la relación de Piñera con la UDI. Para Coloma, llegó la hora de revitalizar esa relación. Ya se olvidaron los viejos traumas que alguna vez tensaban el ambiente. Ya se gobernó con el personaje. Por lo demás, Piñera también se ha Udizado. Hace rato se le advierte un gradual movimiento hacia la derecha. No se vienen a la cabeza muchos temas sustantivos o técnicos en los cuales haya discrepancia.

No debería ser, por tanto, una decisión dramática. Por el contrario, por el difícil momento de la propia Van Rysselberghe y los problemas reputacionales por los cuales atraviesa el partido, Piñera parece ser el mejor árbol para arrimarse.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-02-13&NewsID=366171&BodyID=0&PaginaId=27

“FACHO”

febrero 7, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de febrero de 2017)

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Es sabido que las palabras tienen vida propia. Mutan de acuerdo a sus usos. Los conceptos políticos no escapan a este patrón. La gente los utiliza de forma más o menos libre. “Fascismo” es un ejemplo. Aunque tiene contornos imprecisos, es posible describir los principios centrales de la teoría política fascista. Sin embargo, se ha convertido en lugar común referirse a cualquier persona de derecha como tal. La expresión “facho” es un término peyorativo que se reparte con facilidad en las conversaciones. A estas alturas resulta iluso pedir que el concepto se reserve para ilustrar una ideología. Pero corresponde exigir cierta consistencia en su aplicación.

Lo que está ocurriendo en Estados Unidos nos proporciona una buena excusa para revisar el asunto. En las últimas semanas, comentaristas internacionales han dejado de referirse a Donald Trump como populista y han comenzado a preguntarse seriamente si acaso no exhibe rasgos propiamente fascistas. ¿Cuáles serían estos rasgos? La apelación a la idea superior de nación y al designio histórico de un pueblo, la exaltación del enemigo externo y la noción de permanente lucha, la discriminación sistemática del “otro” -usualmente minorías-, el desdén reiterado por los hechos y la razón científica, la poca tolerancia a la disidencia interna y la prensa libre, la convicción de que se puede gobernar mejor en forma vertical sin necesidad de espacios de deliberación democrática, etcétera. Trump los colecciona todos.

No pareciera, en todo caso, que sean rasgos exclusivos de la derecha. A lo largo de la trayectoria del chavismo en el poder, los venezolanos han sido testigos de muchas de estas prácticas. No hay contradicción necesaria, entonces, entre fascismo y socialismo. “Facho” podría ser, de acuerdo a esta descripción, cualquier persona que manifieste una tendencia clara en la dirección señalada.

De hecho, los teóricos políticos todavía discuten si el fascismo es realmente una filosofía del poder, un pasaje histórico, o un conjunto de prácticas y actitudes. Si es lo primero, fascismo es un modelo alternativo a la democracia liberal que se fundamenta en la idea de unidad nacional y la eliminación del conflicto político a través de una jerarquía natural que conduce el gobierno. Si es lo segundo, solo se puede hablar de fascismo en conexión a los casos empíricos del siglo XX, particularmente en Europa. Si es lo tercero, entonces “facho” es un mote procedimental y no necesariamente sustantivo. Lo que hemos visto de Trump hasta ahora lo acerca peligrosamente a esa etiqueta.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-02-06&NewsID=365577&BodyID=0&PaginaId=31