Archive for 28 junio 2017

LOS LIBERTARIOS Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

junio 28, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 23 de Junio de 2017)

La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París fue mal recibida por la comunidad científica así como por todos los líderes mundiales que dimensionan la magnitud del problema del cambio climático. Sin embargo, fue justificada en círculos autodenominados libertarios. Según ellos, Trump habría hecho lo correcto. ¿Por qué los libertarios se oponen al consenso científico en esta materia?

Las resistencias de la derecha estadounidense respecto de la ciencia son conocidas. Durante la última administración Bush, batallaron contra el consenso especializado no sólo en materia climatológica, sino además en controversias referidas a la teoría de la evolución, bioética y medicina alternativa, entre otras. Muchas de estas resistencias tienen un origen religioso. Ciertas confesiones reivindican su derecho a articular teorías explicativas de la realidad factual, las que pueden colisionar con las explicaciones provistas por la ciencia secular. Otras resistencias pueden rastrearse en intereses más bien mundanos. A la industria de combustibles fósiles sencillamente no le conviene que la teoría del cambio climático antropogénico sea cierta. Así, Trump hizo campaña prometiendo revitalizar las zonas que dependen de la extracción de carbón.

Sin embargo, ni la resistencia religiosa ni la resistencia por intereses capturan correctamente la fuente del descontento libertario con la idea de “consenso científico”. La resistencia libertaria es de índole epistemológica. Los libertarios disputan la autoridad de los expertos con la misma convicción con la cual disputan la autoridad del estado. Si el consenso científico se transforma en dogma, temen los libertarios, se ahoga la capacidad de cuestionar la verdad oficial.

Es una preocupación legítima que está en el centro del pensamiento liberal en general. Popper y Hayek escribieron sobre el peligro de las verdades oficiales, en tiempos en los cuales los totalitarismos amenazaban no solo con planificar la vida de la gente sino también con diseñar las interpretaciones permisibles sobre la realidad. De ahí la distopía orwelliana descrita en 1984. El triunfo del poder sobre el individuo es total cuando Smith es obligado a conceder que 2 + 2 = 5. Es también la intuición fundacional de la defensa que John Stuart Mill hace de la libertad de expresión. Hay una gran diferencia, señala Mill, entre dar una opinión por verdadera porque no ha podido ser refutada y dar una opinión por verdadera con el propósito de no permitir su refutación. Los libertarios creen que apelar al consenso científico sobre el cambio climático se parece mucho a lo segundo.

He ahí donde se equivocan. El consenso científico sobre el cambio climático –o sobre la teoría de la evolución o sobre la inocuidad de las vacunas- es producto justamente de un intenso proceso de revisión y escrutinio entre pares igualmente calificados. Es enteramente normal que los ciudadanos ordinarios no entendamos el lenguaje ni la lógica de los postulados científicos. Pero eso no afecta las virtudes epistémicas del método. También es cierto que la ciencia se equivoca. Alguna vez se creyó que las ondas electromagnéticas viajaban a través de una sustancia incorpórea llamada éter. También se creyó en la analogía del relojero de William Paley para explicar el origen de la biodiversidad. Pero el carácter esencialmente provisional del conocimiento científico no afecta sus prestigiosas credenciales: la ciencia –usualmente- funciona. Sus conclusiones son lo mejorcito que tenemos para navegar el mapa de la estructura material del universo.

Es decir, los libertarios confunden escepticismo con negacionismo. Lo primero es, siguiendo a Hume, una actitud sana: hay que dudar de aquellas verdades reveladas o impuestas por el peso de la tradición o la mano de la autoridad. En cambio, el negacionista rechaza aseveraciones que cuentan con evidencia relevante en su favor. Como ha sostenido Elizabeth Anderson, los ciudadanos ordinarios tienen –especialmente en la era de la información- los recursos para enterarse del estado del arte en materias como cambio climático. Dejar de hacerlo es cívicamente negligente.

Los libertarios tienen dos posibles salidas. La primera es reconocer que su resistencia frente al cambio climático no es realmente científica sino ideológica. El libertario teme que acciones de coordinación requeridas para enfrentar un problema global de estas características sean asumidas por el estado. Ello implica más coerción. Pero es un error confundir el plano descriptivo con el normativo. Un libertario consciente acepta la realidad del cambio climático y al mismo tiempo promueve alternativas no-estatales de mitigación. La segunda salida es abrazar un modelo epistemológico anarquista. Es decir, cuestionar el rol de la ciencia como generador de conocimiento “objetivo”. Siguiendo a Feyerabend, los libertarios podrían decir que todos los mecanismos epistémicos son igualmente válidos. Pero esa estrategia tiene dos problemas. En primer lugar, los mete en la cama con todas las corrientes postmodernistas que dicen detestar –feministas, entre ellas. Y en segundo lugar, los distancia del ideal liberal que insiste en la importancia moral de justificar las normas a todos los ciudadanos. Dicha justificación depende en parte de contar con ciertos criterios epistémicos comunes. La ciencia, con todos sus problemas, es uno de esos lenguajes compartidos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/06/22/140724/los-libertarios-y-el-cambio-climatico

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LOS HIJOS DE BACHELET

junio 27, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de Junio de 2017)

Como queriendo ningunearlos –así fue interpretado por varios medios- la Presidenta Michelle Bachelet comentó que el Frente Amplio no representaba una fuerza social radicalmente diversa a las actuales, pues sus dirigentes –dijo- son más bien hijos de militantes de partidos tradicionales. No hay, por ejemplo, gente de clase obrera, señaló.

Es razonable que mucha gente haya leído en estas líneas un intento descalificador del talante disruptivo y transformador que pretende exhibir el Frente Amplio. Sin embargo, la Presidenta Bachelet hace una implícita admisión de culpabilidad política: su generación no fue capaz de mantener a los hijos en el redil.

La primera generación concertacionista lo logró: era impensable que Carola Tohá, Ricardo Lagos-Weber o Claudio Orrego abandonaran la casa filial. En cambio, los ¨hijos de militantes¨ a los que alude Bachelet optaron por una estrategia política diferente, una que fuera más afín a su experiencia histórica como generación. Esa tiene que ver más con 2011 que con 1988. Puesto en simple: la generación del 88 no fue capaz de generar condiciones atractivas para renovar las estructuras de poder en la centroizquierda. Eso no ocurre solo. Hay que trabajarlo. Y cuando no hay renovación, hay reemplazo. Así, los hijos construyeron sus estructuras políticas propias para competir con las de sus padres. Se cansaron de la épica prestada. A la vieja guardia le cuesta una enormidad entender la importancia de las épicas propias en políticas.

El mejor ejemplo de esa negligencia es el abandono de la universidad como campo de disputa política. En países como Chile, las elites políticas se siguen formando en la etapa universitaria. Los casos de Giorgio Jackson y Gabriel Boric son paradigmáticos. En otra época, habrían participado desde plataformas tradicionales. Sin embargo, los partidos concertacionistas se hicieron matapasiones para la camada universitaria post Pinochet.

Bachelet hace además una segunda admisión: reconoce que la política ¨normal” –por decirlo de alguna manera- es cosa de élites, y que sería efectivamente una novedad que fuera de otra forma. Esta no es una confesión de culpabilidad sino más bien el reconocimiento de un elemento casi inescapable de la política, incluso al interior de la cultura de izquierda.

Desde el Frente Amplio reaccionaron –obviamente- con disgusto. Apuntaron que no es justo reducir al conglomerado a sus caras más visibles o mediáticas. Que hay varios representantes de mundos diversos. Tienen razón. El Frente Amplio es harto más que jóvenes acomodados en estado de rebeldía. Pero no tiene mucho sentido negar la parte evidente del juicio de Bachelet, que en cualquier caso parece más una admisión de la negligencia política de su generación en haber fracasado en la imprescindible tarea de renovar los cuadros.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-26&NewsID=375971&BodyID=0&PaginaId=33

 

CAPOTERA INTELECTUAL

junio 20, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de Junio de 2017)

Manuel José Ossandón ha recibido una verdadera capotera intelectual por reconocer que en algunas materias de crucial importancia –como el Acuerdo de París sobre compromisos de mitigación del cambio climático- no sabe nada. Los ingeniosos le pusieron Manuel “No Se” Ossandón. En los sectores más ilustrados de la población, la ignorancia que ha demostrado el senador santiaguino se considera inexcusable, al menos para aspirar a la primera magistratura de la nación.

Ossandón se defiende argumentando que los presidentes no necesitan ser expertos en todo. Tiene razón. En ese sentido, la vara que deja Piñera es alta. Más allá de los clichés y los lugares comunes de su predilección, Piñera se maneja en todos los temas de estado como pez en el agua. Pero eso no garantiza –por sí mismo- una buena presidencia. No seré experto, dice Ossandón, pero por lo menos soy honesto. Esa es la carta que usa para equilibrar las cosas con el ex presidente.

En cualquier caso, el bullying de redes sociales y medios de comunicación puede constituir una oportunidad para Ossandón. El caso Trump está fresco en la memoria: el actual presidente estadounidense ganó contra la corriente de la elite cultural e intelectual de su país, la cual no podía comprender cómo un hombre de una mente tan tosca fuera capaz de convocar tantas voluntades.

Pero resulta que aquellas voluntades no estaban buscando un referente ilustrado sino al portavoz de un par de ideas básicas. “Me gusta Trump porque dice las cosas como son”, decían sus partidarios. “Denuncia al establishment de Washington”, decían otros. El Ossandonismo baila el mismo compás. Como buen heredero de Carlos Larraín, Ossandón se jacta de su estilo campechano frontal –como si hubiese que disculparle ciertas expresiones por una consideración folclórica. Eso se traduce muchas veces en la percepción de “dice las cosas como son”. No porque las cosas sean realmente así, sino porque sortean las vallas de la corrección política. No hay un mérito intrínseco en aquello. Algunas cosas son políticamente incorrectas por buenas razones. El punto es que se trata de opiniones que existen y tienen arrastre en la ciudadanía.

Por eso, cada vez que nos reímos de su simpleza apatronada y su falta de estatura intelectual, Ossandón se anota un poroto. Cada vez que tiene que excusar su experticia, se posiciona en una victimización conveniente en el clima político actual: mejor tonto que deshonesto.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-18&NewsID=375390&BodyID=0&PaginaId=29

LA RELIGIÓN DEL CRECIMIENTO

junio 15, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 9 de Junio de 2017)

Hay un vector fundamental del debate político en el cual derechas e izquierdas coinciden: sin crecimiento económico es poco lo que se puede hacer. Para unos, el crecimiento es consecuencia del libre despliegue de las capacidades humanas. Para otros, es la fuente que posibilita la redistribución. Pero casi nadie visualiza un mundo en el cual mañana tengamos menos (o lo mismo) que tenemos hoy. La idea es que siempre hay que tener más.

La necesidad de incrementar la productividad está inscrita en el credo de la modernidad. Hubo una época –prácticamente durante toda nuestra historia como especie- en la cual los humanos vivíamos prácticamente al día. Nadie se preocupaba mucho de invertir con la esperanza de obtener un retorno futuro. Si este año cultivábamos 10 hectáreas, para el próximo año cultivaríamos las mismas. A fin de cuentas, las bocas que alimentar eran más o menos las mismas. Según el historiador Yuval Noah Harari, el estancamiento se explicaba en gran medida por la dificultad de financiar nuevos proyectos. Nadie prestaba plata para abrir nuevas rutas comerciales, investigar una posible cura para la peste o desarrollar nuevas tecnologías alimentarias. Era un círculo vicioso: había poco crédito porque la gente no creía que el crecimiento fuese posible y dicha creencia se basaba en que la economía estaba siempre estancada. La confianza capitalista cambió las reglas del juego. La inversión se convirtió en mandato privado y público. Emprendimiento e innovación son el resultado. No hay nada de natural en esto: la obsesión por el crecimiento no es una tendencia que compartamos con el resto de los mamíferos. Nos habíamos acostumbramos a pensar que la economía era un juego de suma cero.

Lo interesante es que la religión del crecimiento copó el horizonte ideológico. La gran discusión política del siglo XX fue acerca de la propiedad de los medios de producción: la derecha decía que la propiedad debía ser privada y la izquierda que debía ser colectiva.  Pero nadie ponía en discusión la importancia de crecer. La propaganda de la Unión Soviética no se limitaba a subrayar la importancia moral de la solidaridad entre los trabajadores; con el mismo énfasis explicaba que el socialismo podía producir más y mejor.

En este sentido, la izquierda democrática contemporánea ya no clama por la estatización violenta de los medios de producción, pero sugiere que deberíamos revisar ese dogmático complejo gremialista con el estado empresario. Es la tesis que promueve la economista Mariana Mazzucato. En corto: que el estado tiene un rol primordial que jugar en áreas que tradicionalmente han sido asociadas al sector privado, especialmente aquellas que requieren de alta inversión. Ya lo ha hecho, sostiene Mazzucato. Recientemente en Chile, tanto Alejandro Guillier como Beatriz Sánchez se han referido a la idea del estado productor o el estado empresario en sus entrevistas. Sin embargo, nadie promete “crecer menos”. (Interesantemente, Bachelet habló muy poco de crecimiento en su última elección –a diferencia de la anterior. No le prestó atención a la lección de Lula: para distribuir hay que agrandar la torta. Alberto Arenas fue juzgado por no generar un clima pro-crecimiento. Es injusto: esa nunca fue una promesa de campaña).

El problema que acarrea este consenso en torno al crecimiento es su efecto sobre la sustentabilidad ecológica. Si la promesa de izquierdas y derechas es que todos tendremos más –ya sea provisto por el estado o los particulares- entonces la Tierra sufrirá las consecuencias. Pinochet profetizó una vez que todos los chilenos tendrían auto y casa propia. Suena bien. Pero nuestras ciudades serían invivibles si aquello ocurriera. La democratización del consumo tiene una veta igualitaria, pero su realización total sería una pesadilla. Si todas las personas de China o la India tuviesen acceso a los grados de consumo de una persona afluente en Europa, el mundo se acaba pasado mañana. Sin embargo, ¿Cómo no aspirar a aquello? ¿No se trata de eso la justicia? Recuerde que hubo una época –no hace mucho- en la cual se celebraba que todos pudieran viajar gracias a la aparición de las líneas aéreas de bajo costo. Se había democratizado hasta el aire. Pero esa bendición llamada Ryan Air o Easy Jet ha significado un incremento brutal en emisiones de gas de invernadero. Las personas más conscientes del cambio climático ya consideran que volar es éticamente problemático. ¿Será usted quien le diga a la familia que va por primera vez a Disney que no tiene derecho a hacerlo? Este no es el malestar de las elites del cual escribieron los sociólogos; es el malestar de lo que Francisco llamó la “casa común”.

Si nos tomáramos el problema en serio, estaríamos dispuestos a hacernos preguntas difíciles, preguntas que nos ponen entre la espada y la pared. Los seres humanos, para bien o para mal, tenemos poca capacidad de mirar lejos en el tiempo. Por tanto, se nos hace más fácil pensar en la posibilidad de colonizar nuevos planetas para sostener el tren de gastos antes que aprender a vivir con menos aquí en el nuestro. El problema ya no es la escasez. Es la abundancia que necesitamos producir para cumplir las promesas de izquierda y derecha. Mientras más democratizamos el consumo y el acceso, más en peligro ponemos al medio ambiente. Da lo mismo, a esas alturas, si los medios de producción  los tiene el estado o los privados.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/06/08/140284/la-religion-del-crecimiento

¿SE PUEDE ESTAR A FAVOR DE LAS BECAS Y CONTRA DE LA GRATUIDAD?

junio 13, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de Junio de 2017)

¿Se puede estar en contra de la política de la gratuidad universitaria de pregrado y al mismo tiempo haber estudiado gratis un postgrado? Sí, se puede. No hay, como algunos piensan, una necesaria inconsistencia.

En primer lugar, porque la gratuidad que impulsa el gobierno de Bachelet depende de la idea de educación terciaria como derecho social. En cambio, las becas que otorga el estado u otras instituciones -a través de las cuales se suelen financiar magísteres y doctorados- no se adjudican en esa calidad. Así lo intuyó correctamente el movimiento estudiantil, que le señaló al entonces gobierno de Piñera que no andaban buscando becas en tanto beneficios individualizados sino un cambio de paradigma en la forma de entender -y financiar- la educación superior.

Esta puede ser una discusión semántica. En la práctica, estudiar con una beca es estudiar gratis. He aquí donde corresponde introducir una diferencia entre la lógica que subyace al financiamiento de carreras profesionales, por una parte, y la llamada formación de capital humano avanzado, por la otra. Esa diferencia está en el retorno esperado. Lo que hace el estado de Chile cuando se mete la mano al bolsillo para financiar programas de postgrado en las mejores universidades del mundo -especialmente cuando se trata de doctorados- es invertir en musculatura académica, imprescindible en términos de investigación científica y contribución intelectual, al menos si se quiere competir en las grandes ligas del conocimiento. Financiar la educación de pregrado también es una inversión social, pero su dimensión de beneficio personal es comparativamente más significativa.

Magísteres y doctorados financiados a través de becas también generan beneficio personal. Pero las condiciones de dichas becas entregan ciertas pistas sobre lo que se espera de sus beneficiarios: que regresen al país y pongan al servicio de la comunidad lo que aprendieron. En cambio, no existen obligaciones de retribución semejantes en el caso de la gratuidad como derecho social.

Aun así, queda para algunos la sensación de una disparidad de criterios. Quizás por esto el precandidato Felipe Kast propuso que los beneficiarios de Becas Chile tengan además la obligación de pagar parte del financiamiento recibido. Kast cree que la gratuidad universitaria es injusta considerando las prioridades y urgencias de un país como el nuestro. La derecha, en general, sostiene que el sistema más justo es uno de créditos contingentes al ingreso. Su idea puede ser criticada en tanto “nivela hacia abajo”, pero al menos es un esfuerzo por mitigar esa sensación de inconsistencia.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-12&NewsID=374940&BodyID=0&PaginaId=38

UNA CANDIDATURA QUE NO PRENDE

junio 11, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 10 de Junio de 2017)

Carolina Goic no prende. Como fuego artificial chingado, la candidata presidencial de la DC apenas tira chispas que llegan al 3% en las encuestas. Para colmo, le caen críticas internas por el manejo de la campaña. Su lugarteniente, Pablo Badenier, acaba de abandonar el buque. En la Falange temen que éste se hunda con más pena que gloria.

Nunca en la historia un abanderado democratacristiano ha hecho un papelón en las presidenciales. Lo más bajo que han sacado lo obtuvo el mismísimo Frei Montalva en 1958: llegó tercero con 20 puntos. Ni en sus mejores sueños Carolina Goic logra igualar la marca. Todo indica que llegaría cuarta después de Piñera, Guillier y Bea Sánchez. O más atrás.

Los pragmáticos le piden que termine con esta aventura y se baje en favor del candidato oficial de la Nueva Mayoría. Así se negocia mejor la lista parlamentaria. Ella contesta con la mística de los convencidos: la suya es una decisión no negociable. Fue refrendada por el partido. El resultado, en este fervor, es secundario. Lo importante es competir para encender las pasiones propias –eso es romántico- y al mismo tiempo medirse en la arena electoral sin subsidios coalicionales –eso es riesgoso.

Es riesgoso, sabemos, enfrentarse a la realidad: puede que la vieja y gloriosa DC sea menos de lo que cree. La candidatura de Goic puede ser un baño de realidad. En un escenario donde la derecha tiene su candidato claro y la izquierda tiene un par de opciones razonables, la DC pensó que coparía el centro. En ese registro, reivindicó el discurso de Lagos. Pero parece que ni siquiera ese mundo moderado la considera “su” candidata.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-10&NewsID=374800&BodyID=0&PaginaId=18

¿ECOS DE ATOCHA?

junio 8, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de Junio de 2017)

Escribir sobre un atentado terrorista es una invitación a los lugares comunes. Es insistir en la cobardía y sadismo de los atacantes. Es destacar la entereza de las víctimas y cantar las virtudes de una ciudad. Es teorizar sobre la relación entre fanatismo religioso y violencia. Es alarmar sobre las nuevas técnicas que se utilizan para sembrar el terror y esparcir la muerte. Los columnistas de derecha sugerirán que el problema está en la inmigración y exigirán más controles de seguridad. Los analistas de izquierda insinuarán que la responsabilidad final es compartida, ya que Occidente no cesa de hostigar al mundo musulmán. Es difícil escapar de este repertorio de conversaciones.

El caso de Reino Unido ofrece una conversación adicional, pues las elecciones generales son esta mismísima semana. La pregunta es inevitable: ¿qué bando se beneficia y qué bando sale perjudicado por el terrorismo? El caso de estudio paradigmático es España 2004, cuando los yihadistas atacaron la estación madrileña de Atocha a días de las elecciones. El derechista Partido Popular punteaba en las encuestas, pero el escenario cambió drásticamente después de que el gobierno de Aznar culpara a la ETA y se descubriera que los reales perpetradores pertenecieran a Al Qaeda -que reaccionaba contra la incursión española en Irak. Entonces, los votantes le entregaron el poder a la oposición socialista liderada por Rodríguez Zapatero en desmedro de Mariano Rajoy.

En el caso británico, el sentido común indica que ante el miedo ganan los grupos políticos que prometen mano dura. Es justamente el discurso que promueve la primera ministra Theresa May: votar por los Conservadores es votar por seguridad.

Sin embargo, podría darse una reacción inversa. En las últimas semanas, sorpresivamente, el laborismo vintage de Jeremy Corbyn ha tomado vuelo. La diferencia con May se ha achicado considerablemente. Esa brecha puede acortarse aún más si los británicos consideran que la estrategia Conservadora está agotada y es tiempo de virar hacia una política menos confrontacional en materia de relaciones internacionales. Las credenciales pacifistas de Corbyn son conocidas. Si se trata de prevenir el terrorismo, podría pensar el elector, quizás sea mejor entregarle el poder a un viejo hippie que libró una guerra personal contra la invasión de Irak y otras tantas incursiones “democratizadoras” alrededor del mundo.

Por supuesto, el caso español tiene particularidades que no aplican en el caso británico. Pero no es descabellado especular sobre el hastío que provoca un discurso que parece haber agotado sus recursos. Frente al tipo de modus operandi del nuevo terrorismo, ya no tiene mucho sentido seguir endureciendo controles aeroportuarios  Entregar aún más facultades a las policías para hurgar en nuestras comunicaciones es una derrota para las sociedades abiertas. Anunciar la suspensión de los tratados sobre Derechos Humanos, otro tanto. En una de esas, el viejo hippie y su prédica pacifista resulta mejor estrategia para detener el terror.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-08&NewsID=374651&BodyID=0&PaginaId=21

EL ARTE DE CONTAR UNA BUENA HISTORIA

junio 6, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de Junio de 2017)

Se acaba de publicar un libro con las ideas que la derecha quiere poner en práctica en el próximo gobierno. El capítulo que escribe el senador Allamand lleva por título “Gobernar es Relatar”. Es un evidente tirón de orejas a Sebastián Piñera, quien como presidente no fue capaz de articular una narrativa política que acompañara las acciones del gobierno. En ese sentido, Lagos siempre ha sido la envidia de la derecha. Ayer, Michelle Bachelet se graduó en el arte de contar una historia luminosa de lo que ha ocurrido en su gobierno.

Esto no significa que todo sea humo. Hay mucho de realidad en este cuento. No son pocas las reformas que la Nueva Mayoría ha logrado concretar. Por cierto, Bachelet no se hace cargo de los traspiés, las políticas mal pensadas o los anhelos que chocaron con la realidad. El imperativo es subrayar las nobles motivaciones políticas que subyacen a su programa de transformaciones. Ahora que se acerca el final, lo que nos pide es que tomemos distancia y miremos su aporte en perspectiva.

Ya lo dijo el filósofo escocés Alasdair Maclntyre: los humanos somos animales que cuentan historias. Durante estos cuatro años pateamos la perra innumerables veces por los desaciertos del gobierno. Pero al final del camino esos malos ratos se difuminan en la memoria. Parafraseando a psicólogos y economistas conductuales, la política no se trata de experimentar el momento, sino de cómo nos contamos a nosotros mismos lo que ocurrió.

Así, los chilenos nos contaremos una historia sobre lo que fue este gobierno. Bachelet quiere que en la narrativa final no se nos olviden las reformas claves, tanto las que se cerraron como las que siguen en interminable trámite. Pero por sobre todo, quiere que no se nos olviden los ideales y principios que inspiraron dichas reformas. Más allá del accidente trágico que fue Caval, quiere que se nos venga a la mente un gobierno que estuvo en el lado correcto de la historia. De eso se trató su última Cuenta Pública.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-02&NewsID=374289&BodyID=0&PaginaId=8