¿ECOS DE ATOCHA?

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de Junio de 2017)

Escribir sobre un atentado terrorista es una invitación a los lugares comunes. Es insistir en la cobardía y sadismo de los atacantes. Es destacar la entereza de las víctimas y cantar las virtudes de una ciudad. Es teorizar sobre la relación entre fanatismo religioso y violencia. Es alarmar sobre las nuevas técnicas que se utilizan para sembrar el terror y esparcir la muerte. Los columnistas de derecha sugerirán que el problema está en la inmigración y exigirán más controles de seguridad. Los analistas de izquierda insinuarán que la responsabilidad final es compartida, ya que Occidente no cesa de hostigar al mundo musulmán. Es difícil escapar de este repertorio de conversaciones.

El caso de Reino Unido ofrece una conversación adicional, pues las elecciones generales son esta mismísima semana. La pregunta es inevitable: ¿qué bando se beneficia y qué bando sale perjudicado por el terrorismo? El caso de estudio paradigmático es España 2004, cuando los yihadistas atacaron la estación madrileña de Atocha a días de las elecciones. El derechista Partido Popular punteaba en las encuestas, pero el escenario cambió drásticamente después de que el gobierno de Aznar culpara a la ETA y se descubriera que los reales perpetradores pertenecieran a Al Qaeda -que reaccionaba contra la incursión española en Irak. Entonces, los votantes le entregaron el poder a la oposición socialista liderada por Rodríguez Zapatero en desmedro de Mariano Rajoy.

En el caso británico, el sentido común indica que ante el miedo ganan los grupos políticos que prometen mano dura. Es justamente el discurso que promueve la primera ministra Theresa May: votar por los Conservadores es votar por seguridad.

Sin embargo, podría darse una reacción inversa. En las últimas semanas, sorpresivamente, el laborismo vintage de Jeremy Corbyn ha tomado vuelo. La diferencia con May se ha achicado considerablemente. Esa brecha puede acortarse aún más si los británicos consideran que la estrategia Conservadora está agotada y es tiempo de virar hacia una política menos confrontacional en materia de relaciones internacionales. Las credenciales pacifistas de Corbyn son conocidas. Si se trata de prevenir el terrorismo, podría pensar el elector, quizás sea mejor entregarle el poder a un viejo hippie que libró una guerra personal contra la invasión de Irak y otras tantas incursiones “democratizadoras” alrededor del mundo.

Por supuesto, el caso español tiene particularidades que no aplican en el caso británico. Pero no es descabellado especular sobre el hastío que provoca un discurso que parece haber agotado sus recursos. Frente al tipo de modus operandi del nuevo terrorismo, ya no tiene mucho sentido seguir endureciendo controles aeroportuarios  Entregar aún más facultades a las policías para hurgar en nuestras comunicaciones es una derrota para las sociedades abiertas. Anunciar la suspensión de los tratados sobre Derechos Humanos, otro tanto. En una de esas, el viejo hippie y su prédica pacifista resulta mejor estrategia para detener el terror.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-08&NewsID=374651&BodyID=0&PaginaId=21

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