Archive for 10 julio 2017

LA ERA CABURGA

julio 10, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 7 de Julio de 2017)

Desde la irrupción de Michelle Bachelet en la escena política –poco después de integrar el primer gabinete de Ricardo Lagos- ninguna otra figura de su sector ha sido capaz de rivalizar con su estrella. Soledad Alvear ni siquiera alcanzó a competirle en 2005. Luego de ganar su primera presidencia, las cosas no cambiaron: en vez de invertir en liderazgos de futuro, la Concertación se dedicó a discutir si era mejor Lagos, Insulza o Frei. Bachelet terminó su período con cifras exorbitantes de popularidad y los partidos de su coalición descansaron en la certeza de su retorno. Ganó la primaria de 2013 caminando y luego volvió a imponerse con holgura en la presidencial. Incluso después de la reciente aparición de Alejandro Guillier –como fenómeno de popularidad similar-, el espacio que deja Bachelet no ha sido realmente llenado. Por tres lustros, su hegemonía ha sido incontestable.

Piñera está ad portas de poder decir lo mismo en la derecha. Aunque apareció mucho antes que Bachelet en el mapa –fue senador y precandidato presidencial en los noventa-, nunca pudo afirmarse como la figura central de su sector. El Lavinismo lo relegó a un segundo lugar. En 2001 tuvo que bajarse de la senatorial porteña en favor del Almirante Arancibia. En 2004, Piñera y Longueira fueron “cesados” en sus respectivas presidencias partidarias a petición del propio Joaquín Lavín. Hasta entonces, Piñera era uno más de la “generación dorada” de la derecha chilena: la patrulla juvenil de RN y los coroneles en la UDI. Eso cambió en 2005, cuando Piñera le arrebató a Lavín la primera vuelta presidencial. Desde entonces, su hegemonía ha sido también incontestable: fue por lejos el candidato mejor aspectado durante los años siguientes y coronó sus esfuerzos ganando la presidencia en 2010. Piñera ya no era uno más: se convirtió en un primus inter pares (el primero entre sus pares). Tal como le ocurrió a Bachelet, ninguno de sus coetáneos pudo reclamar el derecho de sucesión. Ni Allamand ni Longueira ni Matthei estuvieron a la altura. Cuatro años después, Piñera obtiene en solitario lo mismo que obtuvieron –sumados- los dos candidatos de derecha en la primaria de 2013. En estos cuatro años, Piñera nunca ha abandonado la pole position. Si todo marcha sin sobresaltos, es muy probable que obtenga su segunda presidencia a fines de este año.

La cosa sería entonces Bachelet – Piñera – Bachelet – Piñera. Dieciséis años bastan para marcar una era. Dieciséis años en los cuales ambos han conocido las cúspides de la aprobación popular y los hondos pozos del descontento, pero en los cuales nunca han sido ni remotamente amenazados por figuras de sus propias coaliciones. La era Caburga, si tuviéramos que inventar un nombre de fantasía.

Es cierto que Piñera no ganó la reciente primaria con la misma sideral distancia con la que se impuso Bachelet en los albores de la Nueva Mayoría. Pero parece un detalle menor. La diferencia que sacó respecto de su más cercano competidor es contundente e inapelable: más de treinta puntos. Del mismo modo que Bachelet no se vio obligada a hacer muchas concesiones a sus contendores de entonces (Velasco, Orrego y Gómez), Piñera tampoco queda muy presionado al respecto. Esto no significa que los votos de Manuel José Ossandón o Felipe Kast no importen. Todos los votos importan para ganar competencias estrechas. Lo que significa es que no amagan la posición de Piñera como líder exclusivo y excluyente del sector. Es cada vez más primus y menos par.

La primaria era sin duda un riesgo. Pero tal como Bachelet en 2013, Piñera sale de este proceso fortalecido y recargado. Como no conoce el rencor –una de sus virtudes menos comentadas- el ex presidente no debiese tener problemas para integrar a los perdedores y a sus equipos. La derecha puede mostrar el brillo de sus credenciales democráticas y -por primera vez- contrastarlo con la opacidad de los procedimientos oficialistas. También puede ufanarse de jugar en una división superior a la que juega el Frente Amplio. Por cada cuatro ciudadanos que participaron en la primaria de Chile Vamos, sólo 1 votó en la competencia que medía a Beatriz Sánchez y Alberto Mayol. Por sí mismo, este número no debería ser muy preocupante para los dirigentes del Frente Amplio. Fue su inexperiencia la que generó expectativas más altas. Se trata de una fuerza emergente que debe transitar aún varias etapas. No tiene la maquinaria aceitada de los partidos tradicionales. Por todo lo anterior, no son –por ahora- amenaza real para Piñera.

La incógnita es qué viene después de la era Caburga. En la tribu de Bachelet no aparecen contendores serios a la sucesión. La izquierda tiene mejores prospectos en Jackson y Boric, quienes esperan pacientemente que el carnet de identidad acredite que cumplieron 35. Por el lado de la derecha, no es obvio que Ossandón tome la posta. Salir segundo en la primaria no asegura la nominación siguiente. No le ocurrió a Zaldívar ni a Velasco ni a Allamand. Seguramente, el piñerismo querrá parir un delfín propio. Felipe Kast está más cerca que Ossandón de esos afectos, pero quedó demostrado que su proyecto modernizador y versión liberal derecha tiene un arrastre interno limitado. Esto no hace más que reforzar la figura de Piñera como la encarnación del ethos contemporáneo de la derecha chilena, del mismo modo que Bachelet ha sintetizado lo mismo en la vereda izquierda en los últimos quince años.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/07/06/141094/la-era-caburgua

 

PIÑERA RECARGADO

julio 3, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de Julio de 2017)

Se dio la lógica: Sebastián Piñera ganó la primaria y será candidato oficial de Chile Vamos. Sus números estuvieron dentro de los pronósticos: ganó con autoridad y en un proceso con alta convocatoria. Aunque sufrió un par de embates en la campaña, Piñera sale finalmente legitimado y fortalecido en su aspiración a La Moneda. Se acercó a los 60 puntos y le sacó 30 de distancia a su más competidor más cercano, el senador Manuel José Ossandón. Aunque no es tan abrumadora como la victoria de Bachelet en las primarias de la Nueva Mayoría en 2013, es igualmente contundente e inapelable.

Esta es apenas la segunda primaria presidencial de la derecha. En 2013, dividida entre Pablo Longueira y Andrés Allamand, consiguió que se manifestaran 800 mil personas. Piñera acaba de ganar una primaria –con final futbolística incluida- que supera el millón de participantes. Cuando su liderazgo al interior del sector fue desafiado, Piñera respondió con una demostración de fuerza a la altura.

Es la confirmación de algo ya sabido: desde que irrumpió a mediados de 2005 como candidato presidencial de RN en desmedro de Joaquín Lavín –especialmente después de ganarle esa primera vuelta- Sebastián Piñera ha sido durante 12 años el primus inter pares de la derecha chilena. Si alguna vez hubo sensación de simetría con el poder que ostentaba Jovino Novoa o el propio Longueira, desde hace más de una década que Piñera ejerce el liderazgo indiscutible del sector. Su calidad de ex presidente no fue un lastre. Por el contrario, lo potenció.

Una vez que Piñera deje de ser opción, la derecha tendrá la difícil de tarea de parir un líder con estatura presidencial. El segundo lugar de Ossandón lo deja en posición expectante. El ex alcalde de Puente Alto debe decidir entre “domesticarse” y establecer un nuevo trato con el establishment de la derecha –partiendo por apoyar irrestrictamente a Piñera- o seguir desarrollando el personaje crítico y supuestamente renegado de su tribu cultural. Como sea, con este resultado Ossandón les sacó cuerpos en la línea de sucesión a todos los integrantes de la vieja patrulla juvenil y los coroneles. Es la figura electoralmente más poderosa de la derecha después de Piñera. Más complejo de interpretar es el tercer lugar de Felipe Kast. El diputado de Evópoli ganó en conocimiento nacional y estima intelectual en ciertos círculos sociales, pero quedó lejos de Ossandón. No queda con la primera chance para representar a la derecha en 2021. Tampoco obliga a Piñera a reconocerles más importancia política de la que sus votos sugieren.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-03&NewsID=376495&BodyID=0&PaginaId=46

LA SIESTA DE GUILLIER

julio 2, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de Julio de 2017)

El candidato presidencial de (lo que queda de) la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, llamó a los chilenos a quedarse en la casa este domingo –haciendo un asado, viendo el partido y luego durmiendo una siesta- en lugar de incentivar la participación en las primarias de Chile Vamos y el Frente Amplio. Aunque Guillier recibió fuertes críticas desde ambos conglomerados en competencia, en el fondo no puede hacer otra cosa. Sería absurdo que llamara a la ciudadanía a concurrir masivamente a un proceso democrático que tiene por objeto decidir a sus contrincantes en la primera vuelta de noviembre.

Más todavía, sería éticamente problemático que Guillier instara a sus huestes a votar en la primaria de los rivales, pues quedaría la sospecha de que busca interferir en el resultado. A mayor abundamiento, y dicho con toda crudeza, a la Nueva Mayoría no le conviene que las primarias sean un éxito rotundo de participación, pues eso serviría para fortalecer a sus adversarios, especialmente por el lado del Frente Amplio. Si la coalición de Jackson y Boric logra movilizar más de 200 mil personas, se ha dicho, dicho resultado permitiría especular acerca de una auténtica fuerza política con arrastre popular, eventualmente capaz de amagar al propio Guillier en su expectativa por acceder a segunda vuelta.

Lo único cierto es que la siesta ya se la durmió la Nueva Mayoría. Una primaria entre el propio Guillier, Carolina Goic y el desahuciado Ricardo Lagos habría sido atractiva desde el punto de vista electoral. Al restarse del proceso, queda la sensación que el Frente Amplio ocupó ese espacio político, desplazando a la Nueva Mayoría como alternativa a la derecha. Michelle Bachelet se refirió a los líderes del Frente Amplio como “hijos de militantes de partidos tradicionales”. Pues bien, si la primaria entre Beatriz Sánchez y Alberto Mayol resulta un éxito, los hijos habrán demostrado ser más hábiles –políticamente hablando- que los padres.

La forma en la cual se expresó Guillier puede ameritar reparos. Si en lugar de dirigirse a sus adherentes, hizo un llamado abierto a todos los sectores políticos, uno pensaría que Guillier tiene un problema con la democracia como ejercicio decisorio colectivo. Pero aunque así fuera, no habría razón para acoger dicho llamado desde los simpatizantes de Chile Vamos o el Frente Amplio. El fútbol es más poderoso como disuasivo que lo tenga que decir Guillier respecto de la primaria. Nadie se va a quedar en casa porque Guillier lo recomiende, salvo que se trate justamente de la otrora gran familia concertacionista. Esos están durmiendo siesta hace rato.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-02&NewsID=376421&BodyID=0&PaginaId=17

FELIPE KAST Y LOS LIBERALES: UNA ALIANZA RAZONABLE

julio 1, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el 29 de Junio de 2017)

La mayoría de los liberales chilenos se sienten frustrados ante la ausencia de candidaturas presidenciales que los representen. La coalición que lleva por nombre “Sentido Futuro” –que agrupa a Ciudadanos, Amplitud y Red Liberal- estaba llamada a portar dichas banderas. Por diversas razones que no vienen al caso, dicha alianza fue incapaz de parir una carta presidencial. Existen, sin embargo, otras fuerzas liberales. El Partido Liberal del diputado Vlado Mirosevic ha optado por integrar el Frente Amplio y apoyar a Beatriz Sánchez. Es una decisión políticamente legítima, pero que genera otras tantas preguntas legítimas sobre la consistencia entre ideología y estrategia. En la derecha agrupada en Chile Vamos, los pocos liberales que conozco participan del proyecto presidencial de Felipe Kast. Sobre este último, he llegado a la convicción de que se trata de un proyecto valioso no solo para la renovación de la propia derecha, sino para fortalecer la proyección del discurso liberal en Chile.

Salgamos altiro de dudas: ¿es Felipe Kast un liberal? Hace poco, sostuvo que estaba en contra del proyecto de aborto del gobierno justamente por su calidad de liberal. Creo que en aquello se equivoca. Tal como varios hemos señalado respecto del aborto, la posición liberal en general es aquella que se abstiene de colocar sobre los hombros de los ciudadanos cargas demasiado onerosas, es decir, aquellas que afectan radicalmente la igualdad de estatus en una determinada sociedad. Exigir a la mujer, bajo sanción penal, que cargue con un embarazo que pone en riesgo su vida o la expone a situaciones traumáticas o indignas no es propio de liberales. Para nosotros no existen los deberes jurídicos de sublimación. Kast cree que responde la pregunta del aborto desde la perspectiva liberal porque defiende la vida del embrión o feto. Es razonable. Pero suponer que ese embrión o feto dispone de la misma categoría moral de la madre es una posición controvertida. Ni siquiera es necesario tacharla de religiosa, como si Kast estuviera escondiéndonos que su posición –en el fondo- no es más que la consecuencia de su creencia en que Dios creó ahí una vida especial e irrepetible. No es la religiosidad de su postura el problema, al menos no desde la perspectiva liberal. Su posición podría estar igualmente fundada en una filosofía secular anti-abortista.

El problema va por otro lado: los liberales entienden que en sociedades pluralistas existen convicciones profundas y antagónicas sobre temas como el aborto. Son controversias que dependen de aquellos desacuerdos morales y metafísicos que Jonathan Quong llama fundacionales. Por su importancia, el liberalismo no busca zanjarlos definitivamente, imponiendo la tesis de un partido sobre su contrario. Pero, por otra parte, existen otros acuerdos fundamentales en torno a principios y valores comunes. Uno de ellos es que no impondremos a los ciudadanos deberes supererogatorios. Es esta convicción política profundamente liberal –que nace del encuentro entre la igualdad democrática y la idea de autonomía moral- la que debería guiar el razonamiento de Felipe Kast, sin abandonar en ningún minuto su propia convicción filosófica sobre la misma materia. Creo, por lo anterior, que el candidato de Evópoli yerra el marco de análisis. Citar a Sandel –un gran comunitarista crítico del liberalismo- en esta batalla no le será útil.

Pero esta no es, obviamente, razón suficiente para descalificarlo como liberal. De hecho, sus posiciones en varios otros temas del mismo talante “valórico” suelen zanjarse con un marco típicamente liberal, como es el caso del matrimonio igualitario (con posibilidad de adopción), el derecho a eutanasia y la despenalización del cannabis. En otros clivajes contemporáneos, Kast también toma la posición liberal: celebra la inmigración y reconoce el valor público de la ciencia. En la dimensión económico-social, la insistencia casi majadera en la importancia de poner a los niños al comienzo de la lista de prioridades resuena en el principio liberal de la igualdad de oportunidades. Si argumento de justicia para oponerse a la gratuidad universitaria proviene del repertorio liberal. Más todavía, Felipe Kast cree que sin esa igualdad de oportunidades no es posible hablar de libertad. Es decir, del mismo modo que muchos liberales modernos, cree que la libertad a perseguir no es puramente ausencia de interferencia sino autonomía. Esto implica separarse en dos sentidos de la tradición dominante en la centroderecha. Por un lado, que las libertades relevantes no son sólo las económicas. Por el otro, que generar capacidad de autonomía requiere de ciertas condiciones positivas de actividad pública. Si no fuera por su postura sobre el aborto, diría que personifica una versión criolla del socio-liberalismo de Emanuel Macron.

Más allá de sus definiciones doctrinarias y programáticas, Felipe Kast le hace bien a la derecha chilena. La saca de su zona de confort, allí donde todavía mandan los Baby Boomers. Dentro de su tribu, le genera una opción razonable a las generaciones que son genéticamente más liberales que sus padres. Por lo mismo, su aventura le hace bien al proyecto liberal en general. Es cierto que hoy Evópoli está dentro de una coalición con la UDI y RN. Es natural que esta combinación sea matapasiones en el mundo liberal; son dos partidos conservadores cargados al populismo penal y todavía conectados afectivamente con la dictadura. Sin embargo, no eran radicalmente distintas las sospechas que generaban, en otro lado del espectro, las alternativas a Andrés Velasco en la primaria neo-mayorista de 2013. Aun así, la mayoría de los liberales apoyó entonces a Velasco. No sería mala idea que esta vez hiciéramos lo mismo con Felipe Kast.

Puede ser ingenuo, a estas alturas, soñar con una gran referente liberal que vaya desde el Partido Liberal -probablemente estaría escribiendo esto mismo si el candidato del Frente Amplio fuese Vlado Mirosevic- hasta Evópoli, pasando por los integrantes de Sentido Futuro. No somos muchos; tiene sentido que los pocos que somos estemos juntos. Ciertas contingencias han separado a nuestros mejores dirigentes. No es necesario que todos piensen igual. Habrá algunos más orientados a la derecha y otros hacia a la izquierda. Las familias liberales son tolerantes a la divergencia de opinión. Lo importante es que el liderazgo que está construyendo Felipe Kast, el cuerpo de profesionales que lo rodea –que redactaron un programa en serio- y su naciente pero aceitada estructura partidaria, son todos activos en el proyecto liberal de largo plazo en Chile. Por todas estas razones me parece atractiva la idea de concurrir a la primaria a pedir el papelito donde sale Kast y hacerle una raya que no pide nada a cambio pero guarda una cierta esperanza en que, algún día, el puzzle se va armar.

Link: http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/06/29/felipe-kast-y-los-liberales-una-alianza-razonable/