Archive for 16 agosto 2017

FERIADO PAPAL

agosto 16, 2017

por Cristobal Bellolio (publicada en Las Ultimas Noticias del 30 de Julio de 2017)

Las creencias religiosas, es evidente, juegan un rol preponderante en la vida de mucha gente. Los chilenos no son la excepción. Durante mucho tiempo se pensó que la relevancia de dichas convicciones justificaba asignarles un lugar también preponderante en la vida civil y políticas de las naciones. Sin embargo, aquello ha cambiado. La religión, en tanto sistema de creencias que definen la identidad de las comunidades y en el cumplimiento de cuyas prescripciones se jugaría la integridad de una persona, no es única, exclusiva o especial en ese sentido, al menos no en las sociedades pluralistas contemporaneas como la chilena.

En la era secular, como la define el sociólogo canadiense Charles Taylor, otros tantos sistemas de creencias (que determinan compromisos, adhesiones, rituales y pertenencias) conviven con la religión. Es por tanto recomendable, piensan los filósofos políticos liberales, que el estado se abstenga de ocupar sus recursos para favorecer a unas respecto de otras. Es la conclusión a la que han llegado las llamadas teorías igualitarias de la libertad religiosa. Ellas sostienen, en síntesis, que la religión puede ser equiparada a otras expresiones culturales igual de centrales en la vida de los ciudadanos.

Es en este marco que la solicitud que diputados de la UDI y la DC han hecho (declarar feriado legal los días de la visita del Papa Francisco) resulta improcedente. No declaramos feriado cuando se juegan trascendentales partidos de fútbol -que para millones tienen una dimensión cuasi religiosa- o cuando se estrena una nueva entrega de la Guerra de las Galaxias -ídem. La comparación no es insultante para los católicos; es un reconocimiento de la igualdad que, ante los ojos del poder político, tienen estas lealtades y prácticas.

Por cierto, el Papa viene como Jefe de Estado. Pero tampoco declaramos feriado cuando viene el presidente de Estados Unidos o la reina de Inglaterra. En el caso de la UDI, la petición peca además de inconsistencia: son ellos quienes suelen oponerse a perder días laborales por la pérdida de productividad que suponen. Por lo demás, en lugar de un estado que obliga, el gremialismo debiera impulsar acuerdos voluntarios entre empleadores y trabajadores para que los segundos puedan participar de las actividades papales.

Chile ya tiene una gran cantidad de feriados religiosos poco justificables para un estado laico. En lugar de seguir añadiendo a la lista, va siendo hora de reemplazarlos por alternativas capaces de unir en lugar de dividir.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-31&NewsID=378568&BodyID=0&PaginaId=36

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EL CUENTO DEL TIO

agosto 15, 2017
por Cristobal Bellolio (publicada en Las Ultimas Noticias del 24 de Julio de 2017)

La abstención del diputado DC Marcelo Chávez en la votación del proyecto que despenaliza en aborto en 3 causales aguó la fiesta del oficialismo -y de más del 70% de los chilenos que apoya la moción. Es una historia de nunca acabar. Cuando se pensó que finalmente estaban los votos, el representante de Tomé -que salió arrastrado por la socialista Clemira Pacheco- dijo no haber declaró no haber llegado a la convicción necesaria para votar a favor.

Hasta aquí, todo en regla. Nadie espera que los legisladores voten contra su conciencia. La pregunta que ronda es por qué Marcelo Chávez hizo campaña prometiendo “un diputado para Bachelet”, entendiendo que este proyecto es emblemático para la presidenta. En ese sentido, lo de Chávez ha sido presentado como una traición. Es una acusación que no soporta en soledad: en reiteradas ocasiones los parlamentarios de la DC han sido recriminados por lo mismo. Felices se subieron al carro de la victoria bacheletista pero en el ejercicio de sus cargos no han tenido muchos problemas en actuar contra sus propuestas. Después de estos cuatro años, el progresismo chileno se graduaría de ingenuo si sigue creyendo que comparten una visión de mundo.

Sería injusto, en todo caso, echarle toda la culpa a la DC. La derecha votó en bloque contra el proyecto. Confirma lo que ya sabemos: no hay sector liberal entre sus filas. Aunque el proyecto es modesto en su alcance y apenas pone a Chile en el piso de los países civilizados en materia de derechos de la mujer, los congresistas de la UDI y RN en pleno lo rechazaron. Ese es el perfil de la coalición que acompañará a Piñera si gana en noviembre: sin matices, monolíticamente conservadora. El ex presidente entiende que esto es problemático y por eso le hizo quite al debate.

Uno puede estar en contra del aborto, pero varios de los argumentos expresados por sus congresistas rayan en la caricatura. No es necesario que nuestros representantes sean unas lumbreras, pero tampoco es grato constatar que no son mejores que el clásico tío en la sobremesa dominical, que con un par de copas de sobra frunce el ceño y con toda seguridad se lanza a proferir disparates para llamar la atención. Ni hablar de ofrecer razones públicas: parte de esta derecha todavía legisla con la biblia en mano y cree que en aquello no hay inconveniente cívico. Sería realmente preocupante que Piñera argumentara de igual modo.

Por una c(h)abeza, el proyecto que estaba en la puerta del horno pasa ahora a un nuevo trámite legislativo. Es una derrota momentánea para el gobierno, pero ante los ojos de la ciudadanía informada, son otros los que quedaron peor parados.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-24&NewsID=378020&BodyID=0&PaginaId=32

ALEGATO CONTRA LA NATALIDAD

agosto 14, 2017

por Cristobal Bellolio (publicada en revista Capital del 21 de Julio de 2017)

La política de un hijo por familia que imperaba en China hasta hace poco era considerada, al menos en el espacio cultural que me tocó habitar, como una violación del más sagrado de los derechos humanos: el derecho de crear otra vida humana. No se nos olvidaba que China tenía un régimen comunista y ateo, y que aquella combinación era la única manera de entender tanta maldad. Nosotros, en cambio, cobijados en la seguridad de los valores occidentales cristianos, estaríamos siempre del lado de la vida. El mandamiento bíblico era prístino: creced y multiplicaos.

La enseñanza secular neo-Darwiniana parecía discurrir por el mismo camino: estamos en el mundo para reproducirnos. Una especie exitosa es aquella que se las arregla para dejar más copias genéticas en el planeta. Religión y humanismo parecían coincidir en el punto: es un imperativo traer niños al mundo. Por lo anterior, recuerdo que las familias numerosas eran admiradas. En “Sumisión”, el último libro distópico de Michel Houellebecq, los musulmanes se convierten en la primera fuerza política de Francia justamente por su eficiencia reproductiva. En su relato, traer hijos al mundo ya no es solamente un imperativo ético sino una estrategia electoral de largo plazo, tal como alguna vez fue un plan económico para las familias necesitadas de mano de obra y dotes que negociar.

Sin embargo, el crecimiento demográfico incontenido que estas doctrinas han promovido no es enteramente saludable. Traer hijos al mundo ya no puede ser un derecho absoluto, al menos no si vamos a compartir el mismo suelo. Ya vamos en 7.500 millones de habitantes y según las proyecciones estaremos rozando los 10.000 millones a mediados del siglo XXI. En medio de las diversas presiones climáticas en curso, el panorama no pinta bien. Si Europa colapsó con la crisis de los refugiados sirios, piense cómo lidiaremos con desplazamientos masivos producto del hambre, la desertificación y los demás desbarajustes planetarios asociados al calentamiento global. Quizás, como en la película hollywoodense Elysium, los ricos se las arreglen para vivir en una estación espacial fuera de la Tierra. Pero esa no es opción para la inmensa mayoría. Todo esto sin entrar a mencionar los efectos devastadores de una especie parasitaria como la nuestra sobre el resto de los animales no-humanos.

A estas consideraciones medioambientalistas, la escuela anti-natalista de David Benatar añade una segunda razón para dejar de reproducirnos: crear vida es imponer sufrimiento innecesario. Dicho de otra manera, hay que abstenerse de tener hijos para ahorrarles una vida de miseria. Aunque en promedio la gente se considera a sí misma feliz, existe cierta evidencia de que generalmente lo pasamos mal o muy mal. Alternando argumentos Kantianos y Utilitarios, los anti-natalistas consideran moralmente problemático no sólo tener grandes familias, sino el mero hecho de dejar descendencia. Los anti-natalistas no sólo abogan por la despenalización de la interrupción del embarazo, sino que además argumentan que el aborto es el único camino éticamente correcto –junto con la adopción.

En lo personal, no me persuade la posición anti-natalista radical. La vida humana tiene una serie de bemoles, pero aun así es digna de ser vivida. Somos animales que contamos historias, decía MacIntyre. Podemos lidiar con cientos de malas experiencias pero al final del día ser capaces de narrar una historia positiva sobre nuestra existencia. En cambio, sí me parece persuasiva la posición anti-natalista relativa, es decir, que no existe un derecho absoluto a tener todos los hijos que queramos. “Dios proveerá” no parece una respuesta seria a un problema demográfico real. Por otro lado, una política de cero niños no se condice con nuestros imperativos biológicos ni con la inconmensurable satisfacción vital que nos produce la experiencia filial. Es decir, estamos llamados a encontrar una solución intermedia que sea éticamente sensata, políticamente responsable y medioambientalmente sustentable. Estos deberes recomiendan achicar el tamaño de las familias. Restringirse a dos hijos por familia  -por ejemplo- parece enteramente razonable, en la medida que no estamos contribuyendo a un crecimiento demográfico perjudicial para el mundo sino –aproximadamente- manteniendo los números.

Esta reflexión es de índole filosófica. No es una propuesta de política pública. Siempre habrá consideraciones adicionales dependiendo del contexto. Así como algunos países necesitan de alto crecimiento económico sostenido para dar el salto al desarrollo, otros requieren de altas tasas de natalidad para esos y otros fines similares (por ejemplo, para hacerse cargo de los viejos en un sistema previsional de reparto). El punto central es que hay que recibir con una cuota de escepticismo los discursos tradicionales –especialmente desde la derecha política- a favor de la natalidad. Un mundo menos sobrepoblado es un mundo donde nuestros (pocos) hijos vivirán mejor. Dada la naturaleza parasitaria de nuestra especie, es difícil imaginar que un escenario de sobrepoblamiento y cambio climático pueda resolverse con puro ingenio o nuevas tecnologías. Hay que ayudar en algo. Podríamos partir por cuestionar si acaso existe un derecho absoluto a crear vidas humanas sin consideración del impacto de dicho derecho en el planeta y el resto de la gente que lo habita. Después de todo, los chinos no estaban tan perdidos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/07/20/141507/alegato-contra-la-natalidad