EL VETO DE BEATRIZ

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de septiembre de 2017)

Beatriz Sánchez se niega a concurrir a un programa de debate porque uno de sus panelistas colaboró con la dictadura. Es una decisión controvertida. Sánchez aspira a ejercer un cargo al servicio de todos los chilenos, no sólo de aquellos que comparten su visión ideológica o su juicio histórico. La candidata presidencial del Frente Amplio no ignora aquello, pero añade que como candidata puede permitirse esas licencias. No es una respuesta convincente: una candidatura es un examen de condiciones. En una campaña presidencial no se le habla solamente a los propios sino a toda la nación –en la cual subsisten grupos ligados afectivamente al régimen de Pinochet.

La posición de Beatriz Sánchez sería más defendible si el personaje en comento estuviera directamente involucrado en violaciones a los derechos humanos. Una objeción moral, en ese sentido, es procedente. Pero el panelista Sergio Melnick no está en esa ominosa categoría. El problema para Sánchez es que hay miles de civiles y militares que colaboraron con la dictadura en distintos niveles, en distintas etapas y por diversas razones, y que por tanto no es posible meterlos a todos en el mismo saco. Resulta injusto y ciertamente impracticable establecer un veto en todos los casos. Si quisiera ser consecuente, tendría que partir por cortar relaciones con todos los medios que apoyaron la dictadura.

Por otro lado -y éste es el argumento central de Sánchez-, Sergio Melnick no fue un simple funcionario sino un ministro. Es una responsabilidad política que pesa. Pero fue titular tardío del ministerio a cargo de la superación de la pobreza. Muchos otros no fueron ministros como Melnick pero sí tienen las manos manchadas. Quizás haya que mirar los desempeños caso a caso a la hora de formular un veto. También sería más defendible el veto si Melnick hiciera apología directa de la violencia política y las violaciones a los DDHH. Ciertamente un discurso de esas características no debiera tener pantalla. Sin embargo, sus intervenciones usualmente rescatan la labor “fundacional” de la dictadura en la dimensión institucional. ¿Basta aquello para el veto?

Finalmente, Sánchez dice no querer “validar” con su asistencia que un ministro de Pinochet esté en televisión. Es una respuesta que deja que desear . Ejerciendo su labor de periodista, Beatriz Sánchez entrevistó a decenas de colaboradores y protagonistas del régimen militar, partiendo por los dirigentes históricos de la derecha. Es decir, “validó” que tuvieran tribuna para exponer sus puntos de vista. Aquello parece un ejercicio de tolerancia y profesionalismo, que hoy le niega a sus colegas de Canal 13.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-09-22&NewsID=382593&BodyID=0&PaginaId=24

 

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