¿DE QUÉ CAMPAÑA ME HABLAN?

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de Octubre de 2017)

Pareciera que no hubiese campaña. Las calles no están saturadas de propaganda electoral, como solían estarlo a estas alturas. Las nuevas restricciones legales y presupuestarias han hecho lo suyo: han pospuesto la batalla en la vía pública hasta la recta final*. Los candidatos están obligados a desplegarse de forma distinta. Las reglas del juego han cambiado.

Por un lado, es una novedad positiva. La ciudad no se puebla de basura. Tal como ocurre en en los países desarrollados, donde es muy raro ver las plazas llenas de palomas y el tendido eléctrico adornado con caras y eslóganes vacíos. Sin embargo, un tejido urbano despolitizado sugiere una población menos pendiente de la campaña.

Esto último, piensan algunos, es malo. Solo van a votar aquellos que ya están naturalmente politizados. En un escenario de voto voluntario, gana el que logra movilizar a los votantes propios. El incentivo, por tanto, es hacer campañas focalizadas. Si el resto ni se entera que hay elecciones, mejor aún.

Así explican los expertos la estrategia de Sebastián Piñera. A diferencia de la elección del 2009, en la cual la derecha tiró toda la carne a la parrilla, esta vez Piñera prefiere pasar piola. Una campaña ruidosa puede ser contraproducente: no suma muchos más votos de los que ya se tienen pero despierta a potenciales adversarios. Es mejor que no despierten, piensan en el piñerismo. En ese sentido, al ex presidente le conviene que no vote mucha gente.

La mayoría de los políticos profesionales, sin embargo, se siente jugando con las piernas amarradas. Le echan la culpa a la comisión Engel y sus reformas. Como Engel es un académico y no un político, insisten, ideó un sistema que mata el fervor eleccionario. Este es un problema especialmente agudo para aquellos candidatos que compiten contra incumbentes y tienen que darse a conocer en corto tiempo. Es también un problema, dicen los cientistas políticos, porque los sectores naturalmente más politizados son los más educados y pudientes. Los pobres, sostiene este argumento, necesitan de la paloma y la pancarta tradicional para enterarse de lo que está ocurriendo. Las redes sociales constituyen una tribuna de creciente importancia, pero no todos los chilenos participan de las redes sociales.

En conclusión, una campaña que deja la calle limpia sería también una campaña elitista. Es una tensión no resuelta entre las nobles aspiraciones por reducir el poder del dinero en democracia, por un lado, y la realidad práctica de hacer campaña, por el otro.

*Los candidat@s tienen derecho a instalar palomas y los clásicos afiches callejeros sólo durante el último mes de campaña (que comienza este viernes) y en lugares expresamente habilitados para ello.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-10-08&NewsID=383801&BodyID=0&PaginaId=15

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