Archive for 20 noviembre 2017

Y NO ERA TAN MALA CANDIDATA

noviembre 20, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 20 de noviembre de 2017)

Beatriz Sánchez obtiene el 20% de los votos en la elección presidencial y se transforma en la principal ganadora de la jornada. Es cierto: solo llega tercera. Pero le pisa los talones al candidato oficialista Alejandro Guillier. Le respira en la nuca. En regiones emblemáticas, incluso, le gana. No solo lo supera en la región Metropolitana y Valparaíso, sino además lo vence en Antofagasta, donde Guillier es senador. La Bea, como cariñosamente se le conoce, se convierte en elemento clave para el desenlace de la segunda vuelta.

Su desempeño como candidata del Frente Amplio fue criticado. Se decía que no estaba lo suficientemente preparada, que su falta de experiencia le pasaba la cuenta, que en los debates se veía superada por candidatos profesionales. Finalmente, estuvo muy por sobre lo esperado. Se sabía que obtendría dos dígitos, pero pocos apostaban a superar el 15% -lo que ya habría sido digno para la primera aventura presidencial de su coalición. El debut del Frente Amplio fue un éxito y eso se debe en parte a la figura de Beatriz. Tuvo la capacidad de bajar a tierra el discurso de la izquierda, combinando la sensación de malestar respecto del modelo económico con su natural calidez y simpatía. Los diputados Jackson y Boric pueden estar tranquilos: eligieron bien.

No solo eso. Beatriz Sánchez fue un excelente paraguas para la lista parlamentaria del Frente Amplio, que gozará de una respetable bancada en el próximo Congreso. A diferencia del fenómeno que representó Marco Enríquez-Ominami en 2009 -que también llegó a 20 puntos- la candidatura de Sánchez tiene espalda institucional. Su futuro no está definido. En teoría, prestaría sus servicios en esta elección y luego dejaría la primera línea. Ahora, ese plan se reevalúa.

Por de pronto, Beatriz Sánchez tiene un rol fundamental que jugar en las negociaciones que vienen. No todos piensan igual en el Frente Amplio respecto de la posibilidad de apoyar a Guillier. En cierto sentido, no era tan malo para ellos que ganara Piñera: así se agudizan las contradicciones y se debilitaba la centroizquierda tradicional, abriendo un espacio de disputa por el protagonismo opositor. Ahora, de ellos depende -en parte- que Guillier llegue a La Moneda. Esperaban gobernar más adelante, cuando sus jóvenes liderazgos maduraran un poco más. La baja votación de Guillier y la sorpresiva votación de Sánchez cambian el panorama: una alianza entre el Frente Amplio y la Nueva Mayoría aleja a Piñera de la presidencia. El frenteamplismo no esperaba tener la llave de la elección. La Bea la acaba de conseguir.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-11-20&NewsID=387292&BodyID=0&PaginaId=10

 

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LA BATALLA DE LOS DIAGNÓSTICOS

noviembre 19, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de Noviembre de 2017)

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Michelle Bachelet arrasó en la última elección presidencial por dos factores. Uno, su capital político personal e intransferible, el mismo que la hizo terminar su primer mandato con cifras tropicales de aprobación. Dos, porque desplegaba un discurso –plasmado en el famoso programa de reformas- que conectaba con la gran mayoría de los chilenos: había llegado la hora de desmontar las vigas centrales de un modelo de desarrollo basado en el mercado.

A poco andar, la popularidad de la Presidenta se erosionó. El caso Caval la hirió fatalmente. En paralelo, al interior del propio oficialismo se comenzaron a preguntar si acaso el diagnóstico del 2013 –una formulación derivada de las demandas estudiantiles que desbordaron las calles en 2011- era tan certero como se pensaba. En una de esas, los chilenos disfrutaban la dimensión emancipatoria de lo que Carlos Peña ha llamado “la modernización capitalista”. Aunque no contó con la fuerza de otras manifestaciones, el hito simbólico clave fue aquella marcha en la cual los apoderados de colegios particular subvencionados le decían al gobierno “no nos queremos mezclar”.

Hoy, lo más probable es que triunfe la derecha. El diagnóstico del piñerismo es exactamente opuesto al de hace cuatro años: los chilenos estiman perfectamente legítimo que el acceso a distintos bienes y servicios esté mediado por su capacidad de pago. Es decir, han abrazado el juego del esfuerzo individual y los incentivos monetarios que opera en un modelo de mercado. Si Sebastián Piñera termina propinándoles una paliza a sus contrincantes, será difícil moderar la convicción de que cuentan con la lectura correcta de la sociedad chilena. Sería la derecha, y no la izquierda, la que entendería mejor los sueños y aspiraciones de la clase media chilena.

A los observadores externos les llama mucho la atención esta bipolaridad. Hace cuatro años, parecía que queríamos derribar el modelo a martillazos. Hoy, pareciera que lo abrazamos como quien se aferra a un ser querido que estuvo a punto de perder. Por lo mismo, sería un error que la derecha se enamorara de su diagnóstico e imitara la retórica de la retroexcavadora. Quizás la impopularidad de este gobierno se debe más a la erosión del capital personal de Bachelet que a un rechazo consciente de las ideas que inspiraron las reformas. No lo sabemos a ciencia cierta. Por ahora, sin embargo, pareciera que la batalla de los diagnósticos la gana la derecha. Eso es lo que está en juego en la elección de hoy.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-11-19&NewsID=387059&BodyID=0&PaginaId=17

VOTO DESIERTO

noviembre 16, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 10 de Noviembre de 2017)

Nunca me había pasado: no tener candidato en una elección presidencial chilena. Que quede claro: no soy de los ilusos que esperan de un candidato presidencial todas las virtudes. Soy demasiado cínico para comprar el buenismo. A veces hay que bajar la vara. A veces las elecciones se tratan de escoger al menos malo. Pero esta vez no puedo: cada una de las ocho postulaciones encarna un proyecto que me hace ruido en varios niveles. Vamos por parte.

Comienzo por descartar la opción de Eduardo Artés: creo que sencillamente no comparte los elementos centrales de una democracia liberal. No pienso que la rabia que lo inspira sea ilegítima. Por el contrario, la rabia contra la injusticia es un poderoso motor motivacional. Sin embargo, es el tipo de rabia que genera revanchismos autoritarios cuando no derechamente tiránicos. Algo distinto me sucede con Alejandro Navarro: creo que se trata de una candidatura absolutamente superflua, innecesaria, levantada artificialmente por el narcisismo de su titular. No hay prácticamente nada sustantivo en su propuesta que no esté ya encarnado en las otras candidaturas de izquierda. Artés parece representar parte de esa izquierda marginal y popular que tuvo en Roxana Mirada su último estandarte. Navarro juega para él. Sus opiniones respecto de las vacunas me terminaron por convencer de que se trata, además, de un peligro público.

Luego viene José Antonio Kast, cuya visión de mundo se encuentra prácticamente en las antípodas de la mía. Kast mira a Chile como una gran familia donde hay ciertos valores objetivos –asociados a sus creencias religiosas- que deben determinar los modelos de convivencia social. Los liberales creemos en el pluralismo moral y en la importancia de la razón pública a la hora de justificar el ejercicio del poder. Discrepamos en materia de inmigración, impuestos, educación, derechos civiles, seguridad ciudadana y una larga lista de etcéteras.

Aunque le guardo especial aprecio, no votaría por ME-O en esta pasada. No tiene nada que ver con sus líos judiciales. Me parece más relevante su sistemática apología del régimen chavista, que para mí constituye lo que los angloparlantes llaman un deal-breaker. También me parece algo impostada su virulencia frente a Piñera. Si algo positivo logró en 2009 fue posicionarse como candidato transversal, capaz de invitar a gente de distinta proveniencia política a cruzar el río. Ha perdido esa habilidad.

Me han sugerido mirar con atención a Carolina Goic, ya que ambos nos sentimos parte del centro político. Pero mi centro político es liberal, no socialcristiano. No sólo el mío: es una tendencia creciente en nuestro país. La DC tiene poca razón de ser en el Chile del futuro. No basta autoproclamarse elemento moderador o bisagra. Cuando escucho a Goic diciendo que en ciertas materias quiere ser “muy clara”, lo que produce a continuación es ambigüedad y lugar común. Por lo demás, su apelación a la ética y la decencia no es consistente con la trayectoria de un partido que en el último tiempo se ha destacado -en parte- por profitar del aparato público sin ninguna de esas cualidades.

Luego pienso en Beatriz Sánchez. Tengo muchas coincidencias con el Partido Liberal, matriculado en el Frente Amplio. También he promovido expresamente el recambio generacional y he justificado la emergencia de nuevos movimientos. Pero hasta ahí llego. Pienso que hay un problema en el diagnóstico que realiza ese mundo. Pienso que los chilenos tienen serios inconvenientes con ciertos aspectos del modelo pero parecen abrazar otros tantos -como lo ha articulado sistemáticamente Carlos Peña. Por ejemplo, no estoy seguro que haya que eliminar el sistema de capitalización individual en materia previsional ni creo compartir su visión en materia de educación superior, ni tampoco me convence la beatería moralizante que se cuela en su discurso.

¿Y Alejandro Guillier? Parecía una alternativa interesante: sobrio, mesocrático, laico. Casi siempre sensato y ponderado. Pero me supera su coalición. Es un elenco muy opaco. Su comando es un botón de muestra: una lúgubre colección de operadores. Tengo la sensación que los cuadros técnica e intelectualmente más preparados son viudos de Lagos. Lo que queda de la otrora gran familia concertacionista es abundante en improvisación y desprolijidad. No veo mucho más que ganas de aferrarse al poder. En resumen, no desapruebo muchas de las ideas que promueve Guillier, pero creo que le falla el capital humano.

Piñera, en cambio, se ufana de contar con los mejores equipos –esta vez ya no son novatos que vienen a turistear al estado. Ya voté por él en 2005 y en la segunda vuelta del 2009. Pero esta vez se me hace muy difícil. Su derechización es la piedra de tope. La fuerza de la UDI es internamente incontrarrestable. RN, por su parte, abandonó el libreto liberal hace siglos. Piñera es el candidato ideal de los evangélicos. No creo que su gobierno sea necesariamente un retroceso –la alternancia hace generalmente bien- pero es muy probable que nos situemos en veredas opuestas en una serie de temas relevantes: separación estado – iglesia, garantismo vs. populismo penal, discusión constituyente, política de drogas, etc. Salvo honrosas excepciones, la derecha que llega a La Moneda con Piñera es la cavernaria, no la moderna que gobierna en otros países. Por alguna razón, a Piñera le exijo más que al resto. Por eso me aproblema especialmente su carencia de formas republicanas, su hostigante repetición de eslóganes vacíos y su tendencia irrefrenable a ser cumpleañero de todos los cumpleaños.

Al menos en primera vuelta, declaro mi voto desierto.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/11/09/145259/voto-desierto

PRONÓSTICOS ELECTORALES

noviembre 14, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de Noviembre de 2017)

A una semana de las elecciones, los expertos parecen coincidir en tres cosas: la participación será baja, habrá segunda vuelta en la presidencial y el Congreso no tendrá dueño absoluto.

En 2013, un 49% de los chilenos en condiciones de votar concurrieron a hacerlo. Esta vez, se anticipa, la participación podría ser aún menor. La evaluación del voto voluntario, en todo caso, debiera esperar. Esta es apenas la segunda elección presidencial bajo el sistema de voluntariedad del sufragio. Parece sensato darle algo de tiempo para tener más elementos de juicio y comparación entre comicios similares. Por supuesto, si vota menos del 40% de la población habilitada, es una vergüenza para nuestra democracia. Pero si estamos por sobre el 45%, no es para alarmarse; estaríamos manteniendo el promedio. Muchas democracias sanas funcionan en ese margen.

Sebastián Piñera no ganaría en primera vuelta, pero podría superar los 44 puntos que obtuvo en la primera vuelta del 2009. Eso lo dejaría con un pie en La Moneda. Especialmente porque Alejandro Guillier se ubicaría en torno al 25%. Veinte puntos es mucha diferencia para remontar.

Beatriz Sánchez tiene la misión de llegar a dos dígitos. El Frente Amplio debe celebrar si su candidata se ubica en torno al 13% o 14%. Esperar más es subir peligrosamente las expectativas. La única incertidumbre es quién llega cuarto. Mi apuesta es que el orden será Carolina Goic, Marco Enríquez-Ominami y José Antonio Kast, en un arco que iría de los 7 a los 4 puntos porcentuales. No da lo mismo la ubicación entre estos tres: varias conclusiones se intentará extraer de ello. Alejandro Navarro y Eduardo Artés no existen.

Finalmente, el nuevo sistema electoral beneficiaría, paradójicamente, a la derecha que se oponía a cambiarlo. Aunque difícilmente obtenga los 78 diputados que se requieren para manejar la Cámara a voluntad, la concentración de los candidatos de Chile Vamos en una sola lista es mejor estrategia que la fragmentación que ofrecen las distintas izquierdas. La Democracia Cristiana, por su parte, se prepara para un día jodido: bajaría su representación parlamentaria a niveles inéditos en el escenario post dictadura. El Frente Amplio tiene como único objetivo ensanchar su contingente parlamentario. Que Giorgio Jackson obtenga primera mayoría en su distrito y Gabriel Boric se reelija en Magallanes es fundamental. El proyecto que alguna vez se presentó como alternativa de centro liberal pende de la elección senatorial de Andrés Velasco en el Maule. Evópoli también se juega mucho con la postulación de su líder Felipe Kast en la Araucanía. El socialismo chileno sufriría la derrota de varios históricos, incluido el presidente del partido. Piñera ya se hace la idea: enfrentará a un Congreso en condiciones similares o mejores que aquellas que tuvo en su primer gobierno.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-11-12&NewsID=386489&BodyID=0&PaginaId=19

UNA ELECCIÓN SOBRE LIBERTADES EN EDUCACIÓN

noviembre 9, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de Noviembre de 2017)

“Vamos a devolverle a los padres el derecho de aportar a la educación”, sostuvo esta semana el candidato presidencial Sebastián Piñera. Es un desafío abierto a una de las aristas centrales de la llamada ley de inclusión que promovió el gobierno actual. Michelle Bachelet operó sobre la base de que los chilenos no aprueban el efecto segregador que produce el copago en la educación particular subvencionada. Piñera opera sobre la premisa opuesta: las familias reclaman la libertad de escoger establecimiento y eso incluye al derecho a pagar por algo –que se supone- mejor.

Esta es la madre de las batallas de la próxima elección presidencial. Quizás no sea un debate lo suficientemente comprehensivo como para subsumir todo lo que entendemos por derecha e izquierda. Pero si el factor ideológico importa –como debería importar, más allá del carisma personal y la plata invertida en campaña-  ésta debiera ser la línea divisoria de aguas de la segunda vuelta: si crees que debiera restituirse un modelo similar al de financiamiento compartido, tu voto debiera ser para Piñera o J.A. Kast*; si crees que el diferencial en la capacidad de pago no debiera determinar el colegio al que van tus hijos, entonces tu voto debiera ir a cualquiera de los otros seis. El caso de la DC es el único que complica la escena, porque parte importante de ese mundo se siente a gusto con el copago e incluso promueve esquemas de emprendimiento educacional. No se equivocan quienes anticipan que muchos votantes de Goic preferirían a Piñera en el balotaje.

La batalla sobre la eliminación del copago separa también dos ideas respecto de lo que entendemos por libertad. Para unos, libertad es el derecho a escoger educación dentro de las posibilidades económicas que se tengan. Para otros, un sistema estratificado según capacidad de pago reduce la libertad: los que menos tienen, a fin de cuentas tienen menos opciones. Es una discusión más vieja que el hilo negro en la filosofía política. Inspirados en la tradición liberal –de Hayek y Berlin a Rawls- la derecha cree que la ausencia de dinero no constituye falta de libertad, estrictamente hablando. Inspirados en la tradición socialista –y en la interpretación de G.A. Cohen- la izquierda considera que la exigencia de dinero a cambio de ciertos bienes y servicios destruye la lógica de los derechos y de paso hace inútil la idea de libertad. Para éstos, la libertad aumenta cuando hay más opciones y la cantidad de opciones que uno tiene –realmente, no en el papel- suele estar determinada por la cantidad de plata que uno puede poner.

Por eso la bandera que clava Piñera en el campo de batalla programático es tan relevante. Ordena la discusión: a un lado, los que apoyan el sentido de la ley de inclusión y especialmente el fin del copago en la educación escolar; al otro, los que creen que hay que devolver a los padres el derecho a un esquema de financiamiento compartido que tiene un inevitable pero legítimo efecto diferenciador –segregador, dirán algunos- en la sociedad.

*En estricto rigor, Piñera no propone restituir el sistema de copago que eliminó la nueva ley de inclusión, sino generar un sistema paralelo de aportes voluntarios. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-11-06&NewsID=386012&BodyID=0&PaginaId=52

LAS PODEROSAS SEÑALES DE LA CEP

noviembre 2, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 30 de octubre de 2017)

La última encuesta CEP entregó algunas poderosas señales. La primera es que tendríamos segunda vuelta. Sebastián Piñera está cerca de conseguir mayoría absoluta el próximo 19 de noviembre, pero los números anticipan que la pelota pegará en el palo. La segunda vuelta, en cualquier caso, tiene cara de trámite. El escenario se parece mucho al de 2013, cuando Michelle Bachelet obtuvo 46,7% de los votos y le sacó más de 20 puntos de diferencia a su más cercana perseguidora, Evelyn Matthei. Esta vez Piñera jugaría el rol de Bachelet y Alejandro Guillier el de Matthei. Es decir, Guillier enfrenta un escenario casi imposible de remontar.

La segunda noticia es la caída de Beatriz Sánchez. La candidata del Frente Amplio irrumpió con fuerza en el escenario político nacional después de vencer en su respectiva primaria. Llegó a amenazar seriamente el segundo lugar de Guillier. Algo parecido a lo que ocurrió con Marco Enríquez-Ominami en 2009: en aquella ocasión, el comando de Eduardo Frei pasó susto ante la arremetida del entonces joven diputado progresista. El peligro finalmente se disipó y Frei superó a ME-O por nueve puntos en la primera vuelta. Ahora es el entorno de Guillier el que respira tranquilo: el segundo puesto parece asegurado. ¿Cómo explicar el fuerte tropiezo de la candidata de Boric y Jackson? Algunos creen que se trata de una cuestión programática: los chilenos no quieren un viraje radical a la izquierda. Otros piensan que se trata de una cuestión más bien contingente: Sánchez no resultó tan buena candidata como se pensaba, y los líos internos del Frente Amplio le han pasado la cuenta. Como fuese, sus promotores deben ponerse las pilas: para instalarse en el imaginario nacional como una fuerza política de cuidado, el Frente Amplio debe aspirar a un 15% en la presidencial. Menos de dos dígitos es un fracaso.

La tercera señal es la resurrección de ME-O. No es para destapar champán. En su primera incursión presidencial obtuvo el 20% de las preferencias. Bajó a 10% en su segundo intento. Ahora está festejando un 5%. Sin embargo, en las últimas mediciones prácticamente no existía. ME-O ha aprovechado la campaña para recordar a los chilenos que la suya no es una postulación improvisada, que se maneja en todos los temas y puede ser el candidato que la izquierda necesita. Su crecimiento parece ser a costa de lo que pierde Beatriz Sánchez.

Finalmente, la encuesta CEP sugiere que José Antonio Kast no era tan temible como se pudo pensar. Está lejos de los 7 u 8 puntos que lo convertirían en un pequeño fenómeno electoral en la derecha. Es una buena noticia para el piñerismo: no hay que sobre-preocuparse por contener a Kast con un discurso de extrema derecha. Si llega sexto después de ME-O y Carolina Goic, lo suyo habrá sido una anécdota.

La encuesta CEP es seria, aunque le moleste a Goic -que hizo la pataleta de una mala perdedora. No es un oráculo, pero es una de las mejores fotos del momento.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-10-30&NewsID=385451&BodyID=0&PaginaId=35