UNA ELECCIÓN SOBRE LIBERTADES EN EDUCACIÓN

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de Noviembre de 2017)

“Vamos a devolverle a los padres el derecho de aportar a la educación”, sostuvo esta semana el candidato presidencial Sebastián Piñera. Es un desafío abierto a una de las aristas centrales de la llamada ley de inclusión que promovió el gobierno actual. Michelle Bachelet operó sobre la base de que los chilenos no aprueban el efecto segregador que produce el copago en la educación particular subvencionada. Piñera opera sobre la premisa opuesta: las familias reclaman la libertad de escoger establecimiento y eso incluye al derecho a pagar por algo –que se supone- mejor.

Esta es la madre de las batallas de la próxima elección presidencial. Quizás no sea un debate lo suficientemente comprehensivo como para subsumir todo lo que entendemos por derecha e izquierda. Pero si el factor ideológico importa –como debería importar, más allá del carisma personal y la plata invertida en campaña-  ésta debiera ser la línea divisoria de aguas de la segunda vuelta: si crees que debiera restituirse un modelo similar al de financiamiento compartido, tu voto debiera ser para Piñera o J.A. Kast*; si crees que el diferencial en la capacidad de pago no debiera determinar el colegio al que van tus hijos, entonces tu voto debiera ir a cualquiera de los otros seis. El caso de la DC es el único que complica la escena, porque parte importante de ese mundo se siente a gusto con el copago e incluso promueve esquemas de emprendimiento educacional. No se equivocan quienes anticipan que muchos votantes de Goic preferirían a Piñera en el balotaje.

La batalla sobre la eliminación del copago separa también dos ideas respecto de lo que entendemos por libertad. Para unos, libertad es el derecho a escoger educación dentro de las posibilidades económicas que se tengan. Para otros, un sistema estratificado según capacidad de pago reduce la libertad: los que menos tienen, a fin de cuentas tienen menos opciones. Es una discusión más vieja que el hilo negro en la filosofía política. Inspirados en la tradición liberal –de Hayek y Berlin a Rawls- la derecha cree que la ausencia de dinero no constituye falta de libertad, estrictamente hablando. Inspirados en la tradición socialista –y en la interpretación de G.A. Cohen- la izquierda considera que la exigencia de dinero a cambio de ciertos bienes y servicios destruye la lógica de los derechos y de paso hace inútil la idea de libertad. Para éstos, la libertad aumenta cuando hay más opciones y la cantidad de opciones que uno tiene –realmente, no en el papel- suele estar determinada por la cantidad de plata que uno puede poner.

Por eso la bandera que clava Piñera en el campo de batalla programático es tan relevante. Ordena la discusión: a un lado, los que apoyan el sentido de la ley de inclusión y especialmente el fin del copago en la educación escolar; al otro, los que creen que hay que devolver a los padres el derecho a un esquema de financiamiento compartido que tiene un inevitable pero legítimo efecto diferenciador –segregador, dirán algunos- en la sociedad.

*En estricto rigor, Piñera no propone restituir el sistema de copago que eliminó la nueva ley de inclusión, sino generar un sistema paralelo de aportes voluntarios. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-11-06&NewsID=386012&BodyID=0&PaginaId=52

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