Archive for 12 diciembre 2017

CINCO CLAVES DE UNA TRISTE SEGUNDA VUELTA

diciembre 12, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 11 de diciembre de 2017)

  1. Campañas del Terror

Tanto Sebastián Piñera como Alejandro Guillier han acusado ser víctimas de una campaña del terror, mientras simultáneamente ambos han legitimado campañas del terror contra el adversario. Se habla de campaña del terror cuando el argumento para movilizar votantes no se concentra en las virtudes del candidato propio sino en las desgracias por venir si gana el otro. Desde la derecha se ha dicho que un triunfo de Guillier nos acerca peligrosamente al chavismo (de ahí el hashtag #Chilezuela que se viraliza en redes sociales) o bien nos pone en el umbral de una nueva UP. Desde la izquierda se dice que un nuevo gobierno de Piñera sería un retroceso en una serie de derechos sociales conquistados bajo la segunda administración Bachelet: se revocaría la ley de aborto en tres causales, se acabaría con la gratuidad y los funcionarios públicos tendrían que abandonar sus puestos de trabajo.

Todas estas son exageraciones. Chile no cambia radicalmente de semblante si gana Piñera o gana Guillier. Piñera entiende que no puede aplicar la lógica de la retroexcavadora sino más bien construir sobre lo obrado. Guillier se ha cuidado de no hacer promesas excesivamente onerosas. Pero sus comandos y colaboradores saben que en escenarios de voto voluntario gana el candidato más eficiente en movilizar su base electoral. Y la mejor manera de movilizar es pintar un cuadro de colores dramáticos. Imprimir sentido de emergencia es el mejor de los incentivos a la participación electoral: aunque muchos no crean realmente todo lo que dicen del rival, le meten carbón al fuego para que sus respectivos partidarios no se queden en la casa el próximo domingo.

  1. Guerra de Condoros

Los candidatos no andan finos. Cada vez que hablan, se exponen al condoro. Piñera ha tenido que volver sobre sus palabras varias veces. Si bien es cierto que hubo un par de denuncias de votos marcados en todo Chile, el número es anecdótico e irrisorio en la escala de las cosas que importan. Ponerlo en la agenda fue una irresponsabilidad. También tuvo que refrasear su posición sobre los niños transgénero.

Dicen que Piñera quedó tan quemado con sus asesores después de los resultados de primera vuelta, que decidió no escuchar a nadie y seguir sus instintos. ¿Se acuerdan de la serie política gringa The West Wing? Un capítulo se titulaba “Let Bartlet Be Bartlet”, en referencia a lo bueno que resultaba, estratégicamente hablando, que el (ficticio) presidente Jed Bartlet se soltara y siguiera sus propias ideas. No es el caso con el ex presidente chileno: Dejar que Piñera sea Piñera es una mala idea.

Un día después de los errores no forzados de Piñera, fue el turno de Guillier, quien habló de meter la mano en el bolsillo de los ricos que no hacen patria y concluyó con adolescentes consignas guevaristas. A mucha gente indecisa, cada vez que habla Piñera le dan ganas de votar por Guillier. Habla Guillier y le dan ganas de votar por Piñera. Cuando agarran el micrófono, sus colaboradores empiezan a preparar el control de daños.

  1. Llorones e hipersensibles.

¿Se ha fijado en lo desagradable que son esos partidos de fútbol donde los equipos están más preocupados de pedir tarjetas para los jugadores contrarios que de jugar a la pelota? Es una justa analogía para lo que ha ocurrido en esta campaña de segunda vuelta. Al menor roce, se movilizan los comandos para denunciar juego sucio. Así ocurrió, por ejemplo, con aquella fugaz escena de la franja de Guillier donde se alcanzan a leer algunos chilenismos que una de sus partidarias pone por escrito acerca de la derecha. Nada del otro mundo. El piñerismo en pleno explotó de falsa indignación como esos jugadores que se lanzan teatralmente al piso cuando los tocan. Corrieron hacia el árbitro con los ojos desorbitados exigiendo las penas del infierno, aun cuando el contexto de la escena hacía obvio que no pretendía ser ofensivo contra su candidato (aunque probablemente lo hicieron para tapar el condoro de los votos marcados).

La hipersensibilidad no es buena consejera en política. Perdieron el día lloriqueando en lugar de instalar su propia agenda. Desde el Guillierismo la actitud no es muy distinta. Se moviliza hasta La Moneda, magnificando y sobrerreaccionando cada expresión de Piñera. La ministra Narváez también lleva un mes corriendo detrás del árbitro pidiendo tarjetas.

  1. A la caza del voto huérfano.

Ambos candidatos quedaron lejos de la mayoría absoluta y se vieron en la obligación de salir a buscar el apoyo de los postulantes que quedaron en el camino. A Piñera se le hizo más fácil: José Antonio Kast se plegó a su campaña sin condiciones. Sin embargo, Piñera se vio obligado a realizar gestos al mundo evangélico y a la familia militar, gestos que pueden alejarlo del votante moderado. Más condiciones puso Manuel José Ossandón para ponerse al servicio de la causa. El caudillo de Puente Alto forzó a Piñera a prometer gratuidad en la educación superior, una política que va contra las ideas de la derecha al respecto. Los doctrinarios se preguntan si acaso vale la pena ganar a toda costa traicionando los principios. Felipe Kast, por su parte, han sido el encargado de sumar apoyos del centro político, abogando por una coalición donde quepan actores más liberales en materias “valóricas”. Es dudoso, sin embargo, que los respaldos que ha recibido Piñera de la tribu velasquista se traduzcan en un caudal electoral relevante.

En la otra vereda, Guillier vive su propia teleserie. No logró abrochar el apoyo institucional del Frente Amplio pero sí de sus figuras más importantes, entre ellas la propia Beatriz Sánchez. No ha cedido en todo lo que le han pedido pero sí se ha acercado con cierta ambigüedad –por ejemplo, anunciando una condonación parcial del CAE. Aunque se le sumó oficialmente la DC, varios en ese mundo han dicho que no votarán por Guillier. Son pocos, pero los medios conservadores disfrutan amplificándolos con megáfono.

  1. Demasiado largo.

No ha sido las mejores semanas para la política chilena. Los candidatos presidenciales en carrera no han sido inspiradores en su relato ni contundentes en su propuesta. No han añadido nada sustantivo a lo que ya sabíamos de ellos. Piñera ha estado más errático que en primera vuelta. Guillier ha mejorado levemente pero está lejos de ser una figura motivante. Por sobre todo, está resultando eterno. Un mes entre la primera y la segunda vuelta es demasiado. Es cierto que entre medio hay que hacer espacio para la Teletón y un feriado religioso de escasa justificación secular, pero lo ideal sería que en el futuro estos períodos se acorten. De lo contrario la ciudadanía se hostiga, especialmente con una campaña que no se ha destacado por sus luces sino por sus sombras. Tampoco tiene mucho sentido que los congresistas electos tengan que esperar cuatro meses para tomar posesión de sus cargos. Por si fuera poco, el gobierno en funciones debe convivir con 6 meses de clima electoral, lo que es excesivo en períodos de cuatro años y agudiza el fenómeno del pato cojo.

Que se termine luego.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-12-11&NewsID=388961&BodyID=0&PaginaId=48

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SONRISA DE MUJER

diciembre 8, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 7 de diciembre de 2017)

Michelle Bachelet esboza una sonrisa después de los resultados de la primera vuelta. No porque a la candidatura oficialista le haya ido muy bien. El rendimiento electoral de Alejandro Guillier fue malísimo. No, la presidenta no sonríe por eso. Bachelet sonríe por lo mal que le fue a Piñera y –en cierto sentido- por lo bien que le fue a Beatriz Sánchez.

Un triunfo de Piñera en primera vuelta –o una votación lo suficientemente abultada que lo dejara en el umbral de la mayoría absoluta- habría confirmado la tesis de que el diagnóstico que llevó a Bachelet a La Moneda por segunda vez estaba descuadrado. Es decir, que los chilenos no estaban ansiosos por derribar el modelo sino que aceptaban de buena gana su dinámica, aquella donde el mercado determina el acceso a bienes y servicios básicos de acuerdo al poder adquisitivo de los individuos. Fue la tesis que articuló –mejor que nadie- el intelectual público Carlos Peña.  Los chilenos, decía Peña, valoran la dimensión emancipadora de la modernización capitalista. La expansión del consumo les ha abierto puertas que antes estaba reservadas para unos pocos. Hay cosas que el dinero sí puede comprar –escribe Peña en un guiño antagónico al pensador comunitarista y crítico del liberalismo Michael Sandel- y eso se siente bien. Entre las cosas que se pueden adquirir bajo este sistema no sólo hay bienes materiales; el mercado es también una competencia abierta por estatus.

La tesis de Carlos Peña es sociológica y no necesariamente normativa. Su objetivo es describir el nuevo paisaje más que pontificar sobre los valores que debiéramos profesar. Por cierto, Peña cree que hay algo valioso en la descripción. El suyo no es precisamente un lamento. Pero sus críticos olvidan  –probablemente porque no se han tomado el tiempo de leer su último libro- que Peña reconoce que estos procesos van aparejados de una persistente sensación de malestar social. Aun así, remataba Peña, la clase media chilena se ha encariñado con el vilipendiado modelo, y quien mejor representaba esos anhelos era Sebastián Piñera, no la izquierda quejumbrosa encarnada por el Frente Amplio. Una victoria arrolladora del candidato de Chile Vamos habría dado a Peña la razón y nos habría permitido sostener –ahora con la seguridad que dan los números- que el diagnóstico 2013 estaba ciertamente mal calibrado.

Pero no fue así. Piñera no fue capaz siquiera de repetir la votación que obtuvo ocho años atrás. Aunque gane la segunda vuelta, la sensación que queda en el ambiente es que no confirma ninguna tesis sobre una clase media fundamentalmente satisfecha con el modelo. Entre Guillier, Sánchez, Goic, ME-O, Navarro y Artés –todos más o menos críticos del mismo- acumularon el 55% de los votos válidamente emitidos. En estricto rigor, esto no refuta a Peña: sólo sugiere que su tesis sociológica no se traduce en lenguaje electoral (lo que puede tener explicación dada la naturaleza polarizadora del voto voluntario: quizás los chilenos satisfechos con la modernización capitalista no sufragaron). No prueba tampoco la tesis del derrumbe del modelo. Pero probablemente alcanza para especular que no se han rendido a sus pies.

Por lo mismo se ha puesto hincapié en las holgadas votaciones que consiguió la candidata del Frente Amplio en núcleos urbanos típicamente de clase media –sea lo que eso signifique. Varios integrantes de la familia que pasa el fin de semana en el mall de Maipú o Puente Alto marcaron Beatriz Sánchez. Aunque no es sabio reducir el electorado de la “Bea” a un solo perfil ideológico, parte importante de su base no cree que las reformas de Bachelet sean malas para Chile. Por el contrario, creen que el gobierno de la Nueva Mayoría ha sido tímido al respecto.

En ese sentido, los resultados del domingo 19 nos entregan pistas para resolver un puzzle que parecía insoluble: si acaso la baja popularidad de Michelle Bachelet se debía al rechazo mayoritario de la ciudadanía a sus reformas o a los efectos devastadores que significó el caso Caval para su capital político. Lo primero es de fondo. Lo segundo es contingente. A la derecha le habría gustado que fuera lo primero. Al Frente Amplio le convenía que fuese lo segundo. Ahora es plausible sostener que los últimos estaban en lo correcto: el gobierno no cayó por su programa sino por una falla en el liderazgo encargado de promoverlas.

Eso, paradójicamente, le saca una mueca de alivio a Bachelet –que compara campante sus actuales treinta y tanto de popularidad con la votación de Piñera. No alcanza para carcajada, pero sí para sonrisa. La presidenta no ha sido exitosa en parir sucesores a la altura. En su primer gobierno, tuvo dos hijos políticos: Andrés Velasco y Marco Enríquez. El mateo y el díscolo. Pero Bachelet le cortó las alas al primero –que la seguía en popularidad- y no pudo respaldar la aventura del segundo –que representaba chasconamente sus ideas. Tuvo que apoyar al tío poco agraciado de la familia. En este segundo mandato lo intentó con Peñailillo. Terminó mal. A última hora apareció Beatriz Sánchez, el conchito de este árbol genealógico llamado progresismo. Guillier es otro tío poco agraciado. A Bachelet le habría gustado votar por el Frente Amplio. A fin de cuentas, juntos corrieron el cerco de la política chilena. Por eso se contenta su corazón en el epílogo. Por eso se pasea, como su política pública estrella, con sonrisa de mujer.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/12/06/146057/sonrisa-de-mujer

AMARILLOS, PERO NO TONTOS

diciembre 4, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de Diciembre de 2017)

“Amarillos” –recuerdo de mis tiempos universitarios- se le decía a quienes no manifestaban posiciones políticas claras y definidas. Ser amarillo era ser ambiguo, no casarse con ninguna opción, querer navegar en la indefinición. Esa es la acusación que ha recibido el Frente Amplio en los últimos días: su declaración frente a la segunda vuelta –en resumen: llamamos a votar, que cada uno decida libremente, pero Piñera nos parece un retroceso- habría sido amarilla. Lo señaló el propio Guillier: “Uno espera en política que la gente tenga posiciones definidas”, dando a entender que el Frente Amplio no las tenía.

En la derecha celebraron. Con exceso de entusiasmo, el senador Allamand indicó que el Frente Amplio le estaba dando un portazo al candidato de la Nueva Mayoría. No es tan así. Hasta Humbertito, si fuese militante de alguno de los colectivos que apoyaron a Beatriz Sánchez, entendería perfectamente que en este caso la libertad de acción no implica que Guillier y Piñera sean opciones igualmente válidas. Lo que Guillier perdió, en cualquier caso, fue la posibilidad de marcar un hito y generar momentum electoral.

El Frente Amplio habría preferido no encontrarse en esta situación. La gran familia concertacionista todavía no perdona a Marco Enríquez por el tibio apoyo que le dio a Frei en la segunda vuelta de 2009. Hay algunos que todavía le echan la culpa por haberle entregado el gobierno a la derecha en bandeja. La coalición de Boric, Jackson y Mayol no quería verse sometido al mismo chantaje. Querían apartar ese cáliz. Ellos esperaban una votación presidencial más acotada, junto a un Sebastián Piñera muy cerca de conseguir la mayoría absoluta. En ese escenario, nadie les podría haber recriminado nada. Pero consiguieron más poder del esperado, y con el poder vienen las responsabilidades.

Esto no se trata de que sean cabros chicos porfiados o Millennials. Estratégicamente hablando, al Frente Amplio no le conviene que la Nueva Mayoría recomponga sus fuerzas y se consolide como la principal coalición política de la centroizquierda. El oficialismo está herido –el magro porcentaje obtenido por Guillier en primera vuelta lo refleja- y en una de esas es mejor dejar que se desangre para que sea una nueva generación la que reclame su derecho a ocupar ese espacio. Esto puede sonar feo en algunos oídos, pero es una táctica razonable pensando las aspiraciones futuras del Frente Amplio. Si gana Piñera, la competencia por la conducción de la oposición queda abierta. Y para varios en la Nueva Mayoría –especialmente el PC y ciertos sectores del PS- se haría atractiva la idea de unirse a la savia joven del izquierdismo nacional cuyas acciones van al alza. Serán amarillos, pero no tontos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-12-03&NewsID=388240&BodyID=0&PaginaId=29

ENFERMO TERMINAL

diciembre 1, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de noviembre de 2017)

Todas las personas tienen una imagen de sí mismas. Cada cierto tiempo, sin embargo, esa imagen debe actualizarse. No es lo mismo tener veinte años que cuarenta. No es lo mismo tener cuarenta que ochenta. Varias cosas cambian. Quienes no actualizan la imagen que tienen de sí mismo corren el riesgo de hacer el loco.

Es lo que le pasa la Democracia Cristiana. Nació irreverente con sus padres, escindiéndose del viejo Partido Conservador. Contó con liderazgos de vanguardia, decididos a llevar los ideales de la doctrina social de la Iglesia a la política. Fue una gallarda tercera vía entre el marxismo ateo y el capitalismo salvaje. Llevó la mística de la militancia al paroxismo en la marcha de Patria Joven que condujo Frei Montalva. En su adultez, guió la delicada transición a la democracia. La DC puede decir que durante una década fue el partido más importante de la coalición política más exitosa de la historia de Chile.

El cambio de siglo le hizo mal. Zaldívar fue destrozado por Lagos en 99, Alvear ni siquiera llegó a la cita con Bachelet en 2005, Frei Ruiz-Tagle fue el candidato del 29% en 2009 y a Orrego le ganó hasta Velasco sin partido en 2013. El eje de poder pasó a manos del progresismo. La modernización capitalista y el discurso de las libertades individuales -éxitos de la propia Concertación que algún día lideraron- aceleraron la obsolescencia de su narrativa comunitarista y socialcristiana. La DC perdió influencia en círculos intelectuales y entre los estudiantes se transformó en una rareza. Sus príncipes nunca se hicieron reyes. Pero cada vez que se miraba al espejo, la DC seguía viendo al musculoso joven que alguna vez fueron.

La reciente paliza que acaban de recibir en la presidencial y parlamentaria fue un baño de realidad. En eso hay que agradecer la aventura de Carolina Goic. Aunque el propósito era revivir la identidad del falangismo, sirvió finalmente para que supiéramos el real estado de salud de la DC. Su agonía será lenta. Aunque dejen de ser gravitantes, los partidos pueden sobrevivir largo tiempo conectados al respirador artificial. Es cosa de mirar al Partido Radical.

En ese contexto hay que entender las peleas que hoy cruzan a la DC. Peleas de viejo achacoso que no soporta contemplar su progresiva intrascendencia. A estas alturas da lo mismo quien lidere el partido. La conducción cayó ahora en manos de una desconocida dirigente. Su principal misión es contribuir a que gane Guillier para que los militantes que trabajan en el gobierno no pierdan la pega. Así se aseguran que el respirador artificial siga funcionando por un rato más.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-11-28&NewsID=387864&BodyID=0&PaginaId=16