Archive for 27 agosto 2019

BALAS DE PLATA

agosto 27, 2019

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 16 de agosto de 2019)

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En política no existen las balas de plata. Es decir, no existen propuestas o medidas que cumplan todos los objetivos socialmente deseables. Algunas serán buenas en un sentido pero malas en otro sentido, mientras que las que son malas en el primer sentido pueden ser buenas en el segundo. Los actores políticos, sin embargo, intentan persuadir a la ciudadanía de que sus propuestas y medidas son buenas en todos los niveles posibles. Eso es, usualmente, falso.

Algo parecido está ocurriendo en la discusión sobre la jornada laboral. Derecha e izquierda postulan sus proyectos como si fuesen capaces de conjugar las evidentes tensiones que los atraviesan. Si bien la flexibilización de la jornada -como propone el Gobierno- es positiva para muchas ocupaciones, es innegable que para otras genera los clásicos problemas asociados a la asimetría de poder negociador entre empleador y empleado. Si bien la reducción de la jornada -como propone la oposición- es positiva para que los trabajadores puedan disfrutar, entre otras cosas, de más tiempo libre con sus familias, perfectamente podría significar un costo para muchas empresas -grandes y chicas- y eventualmente un sacrificio de la productividad. En resumen, ambos proyectos permiten proyectar beneficios pero también tienen sus puntos ciegos.

Lo políticamente honesto es reconocer esos puntos ciegos y justificar normativamente por qué hay que bancárselos. Es decir, construir un argumento que no mienta ni oculte los eventuales costos, sino que los asuma en nombre de los valores superiores que encarnan los beneficios proyectados. Por ejemplo, el Gobierno podría reconocer que flexibilizar la jornada laboral podría generar escenarios de precarización pero que, en el agregado, es la dirección obligada que debe tomar una economía que busca revitalizarse. Del mismo modo, la bancada transversal por las 40 horas podría transparentar que tiene escaso control sobre la reacción del mundo empresarial y que más de alguno podría quedarse sin trabajo.

Esto no significa que los dos proyectos sean igual de buenos o igual de malos. Significa que la decisión final que tomemos depende de una evaluación sobre el tipo de sociedad que queremos. Esa evaluación, en último término, es principalmente ideológica y no meramente técnica. No tiene ningún sentido acusar al adversario político de defender un proyecto ideológico -como se han acusado ambos bando en forma cruzada- si la razón final por la cual se promueven dichos proyectos es legítimamente ideológica, es decir, representa una manera de comprender el mundo que asigna mayor importancia a unos valores que a otros. Todos quieren libertad, justicia, igualdad, paz, solidaridad, etcétera. Todas las ideologías, en este sentido no-marxista del término, se constituyen a partir de estos ingredientes, pero cada fórmula ideológica tiene una receta distinta. En algunos casos será más importante la libertad, en otros casos la igualdad, en otros tantos la paz social, y así sucesivamente.

El caso de la reforma a la jornada laboral no es, en el fondo, distinto. El gobierno tiene una convicción ideológica respecto de la importancia de reactivar la economía dándole mayor libertad a los empleadores, en la esperanza que dicha reactivación sea beneficiosa para todos en el agregado. Es la misma convicción que trasunta su reforma tributaria. Esa no es una posición puramente técnica, en el sentido que no descansa sobre la constatación empírica de la efectividad de la política del chorreo. Por supuesto que la derecha cree que el chorreo funciona, pero aunque no funcionara todo lo bien que cree, la convicción ideológica sobre la importancia de la libertad económica no se ve alterada. La oposición, por su parte, tiene la convicción ideológica de que no todo es trabajo en la vida, en la esperanza que trabajadores más plenos en otras áreas de su vida sean también más productivos en el lugar de trabajo. Tampoco es una posición estrictamente técnica. Si bien hay correlaciones entre salud mental y productividad laboral, es posible que en Chile no aumente un ápice la productividad sino todo lo contrario. Pero tampoco sería el fin del mundo, desde esta perspectiva ideológica. Hay cosas más importantes que el crecimiento, sentenció la ex presidenta Bachelet, haciendo frente a las críticas por los magros números de su gestión económica. Lo dijo cuando se rechazó el proyecto minero Dominga. La ocasión fue propicia. Bachelet construía así una coartada plausible para explicar el bajo crecimiento de su segundo gobierno: hay cosas más importantes, entre ellas la protección medioambiental. Esa decisión, entre crecimiento económico y protección medioambiental, por mencionar solo un ejemplo, es finalmente una evaluación política que se toma desde un marco ideológico determinado.

Por eso es tan importante que los actores políticos no esquiven ni omitan evidencia o datos empíricos, para que los ciudadanos podamos desentrañar y evaluar las verdades razones que motivan sus propuestas. Estas razones no son ideológicamente neutras ni de mero sentido común, como algunos pretenden. Están ligadas a una cierta prelación de valores. Eso es completamente normal en sociedades pluralistas, donde las personas tienen legítimas discrepancias sobre lo que constituye una vida buena. Lo que no es normal es encontrar balas de plata que resuelvan todos los problemas y se conecten con todas las aspiraciones normativas del espectro político.

Link: https://www.capital.cl/balas-de-plata/

LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

agosto 8, 2019

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 2 de agosto de 2019)

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La gobernación provincial de Antofagasta acaba de facilitar una propiedad fiscal al “centro de sanación espiritual Luz y Progreso” que, según la declaración de la propia autoridad, trata a los enfermos con la ayuda de “médicos que han fallecido y que siguen trabajando en esta tierra, pero desde otra dimensión”. El comunicado detalla que estas almas (¿en pena?) tendrían “diferentes especializaciones”, las que se harían efectivas a través de la acción de una médium.

Naturalmente, la noticia despertó la indignación de las sensibilidades más racionalistas y las comunidades científicas. El senador por la zona, Alejandro, Guillier pidió incluso un informe del ministro de Bienes Nacionales, comparando las actividades del centro en comento con el tierraplanismo y el movimiento antivacunas. El gobierno provincial, por su parte, se defendió argumentando que la casa en comento estaba infestada de drogadictos y okupas. Desde ese punto de vista, la asignación sin duda mejora la situación actual. Sin embargo, se supo que había otras instituciones -como la Cruz Roja- que también habían postulado -sin éxito- a terrenos fiscales para desarrollar su labor social. La diputada RN Paulina Núñez avaló las actividades del grupo -aparentemente cristiano- Luz y Progreso, por su larga trayectoria sirviendo a la población local a través de actividades de extensión social y cultural. Pero esa no fue la razón por la cual se les asignó el inmueble, según el propio documento oficial. La discusión está circunscrita a sus métodos controversiales de sanación vía participación sobrenatural.

A primera vista, este es un clásico caso donde falla la separación entre estado e iglesia. Al aceptar la validez de las prácticas de este centro de sanación espiritual, el estado chileno estaría reconociendo la veracidad de un postulado metafísico de textura religiosa: que los muertos siguen participando de alguna manera en los asuntos terrenales. No obstante, tal como lo sugiere Guillier, estos rituales de sanación espiritual se parecen al tierraplanismo y al antivacunismo. Pero estos últimos no son fenómenos religiosos sino bastante seculares. Lo que los hace problemáticos desde el punto de vista político no es su carácter religioso o secular, sino ciertas deficiencias epistémicas: no cuentan con evidencia a su favor, no siguen el método científico, no son creencias justificadas ante estándares de razonamiento compartido, no funcionan, etcétera.En Estados Unidos, por ejemplo, los creacionistas que desafían la teoría de Darwin han intentado varias veces hacerse un espacio en los textos escolares y las clases de biología. Las cortes han fallado que, en la medida que se propone una hipótesis sobrenatural para explicar la biodiversidad, el creacionismo es religión y por tanto debe quedar fuera del currículo. Sin embargo, esta lógica parece igual de equivocada: la razón por la cual el creacionismo queda fuera del currículo no es porque invoque agencia sobrenatural sino porque es mala ciencia.

Piense en el caso de la homeopatía. En Reino Unido y Francia se ha debatido intensamente si acaso los servicios públicos de salud deben costear tratamientos y medicinas homeopáticas. Mucha gente piensa que no. Y sus razones no tienen ninguna relación con la religión, sino con que se trata de una pseudo-ciencia igual de desacreditada que la quiromancia, la numerología, la iridología o las teorías agrícolas de Lysenko en la Unión Soviética. Lo que se advierte es que sólo la ciencia occidental establecida y convencional basta como estándar justificatorio para el desembolso de recursos fiscales y como base para las políticas públicas. Ninguna medicina alternativa, por ejemplo, cumpliría esas condiciones. Los ciudadanos conservan el derecho de recurrir a ellas, pero no pueden esperar ayuda del gobierno para acceder a ellas.

Piense ahora en el siguiente ejemplo. Tenemos tres alternativas y debemos escoger una para el currículum escolar obligatorio: dos horas de educación física, dos horas de Yoga, o dos horas de plegarias. A mucha gente le parece obvio que debemos optar por lo primero. El Yoga todavía suena demasiado oriental, místico, esotérico. Sin embargo, si se hacen explícitos sus objetivos beneficios físicos y mentales, quizás estén dispuestos a reevaluar su decisión. La razón por la cual no escogerán las plegarias no tiene que ver con su carácter religioso, sino con que no son efectivas como práctica gimnástica o deportiva. Es decir, la decisión dependerá de cuál de las alternativas parece ser más efectiva para los propósitos específicos. Lo mismo ocurre con la ciencia: damos por sentada su primacía justificatoria porque casi siempre funciona.

Pero esto no resuelve el problema que se genera en sociedades pluralistas donde coexisten grupos de personas que tienen distintas ideas de lo que funciona para ellos. Esta discusión se vincula con el tipo de reconocimiento que deben (o no deben) tener los placebos y se extiende hacia las distintas nociones de efectividad que caben en medio de la diversidad cultural y cognitiva contemporánea. No basta, por tanto, decir que la casa de los espíritus de Antofagasta es una afrenta contra la ciencia. Hay que explicar por qué la ciencia goza de un lugar preferencial en la estructura de justificación en democracias donde hay gente que cree en métodos alternativos. Esa tarea, al menos desde la filosofía política, está incompleta, y se hace cada vez más urgente en un mundo donde las grandes autoridades epistémicas se han debilitado y las personas reivindican su derecho a conducirse de acuerdo con teorías que desafían el consenso científico.

Link: https://www.capital.cl/la-casa-de-los-espiritus/