UN ESLOGAN PARA PIÑERA

septiembre 28, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 4 de septiembre de 2017)

Cambio, futuro y esperanza. Arriba los corazones. Vienen tiempos mejores. A Sebastián Piñera le encantan estos eslóganes, que dicen poco pero buscan contagiar una sensación de optimismo. Sin embargo, si tuviésemos que acordar un eslogan que resumiera la propuesta político-programática del candidato de Chile Vamos, este sería Orden, Crecimiento y Moral.

Orden, porque la derecha insiste en que la delincuencia está fuera de control y lo que se necesita es mano dura. A partir de los últimos sucesos en la Araucanía, este discurso ha tomado nuevos bríos. Sus parlamentarios se cuadraron con el control de identidad y no sería raro que intentaran escalar la agenda represiva. Estas medidas son más efectistas que efectivas, pero la derecha entiende que se trata de una cancha retórica propicia. Piñera ya prometió una vez acabar con la fiesta de los delincuentes. No lo consiguió, pero es un libreto que le acomoda (esta vez sin tanta mención a la otra mano acogedora).

Crecimiento, porque la derecha confía en la relación directa entre una economía pujante y una mejora en la calidad de vida material de los chilenos. Es una presunción fundada. Parafraseando a Lagos, el piñerismo sostiene que lo más importante es crecer y lo demás es música. A fin de cuentas, la gente no se alimenta de buenas intenciones y cuando no hay trabajo las demás necesidades son secundarias. A diferencia del ítem seguridad ciudadana, en esta dimensión Piñera puede mostrar mejores resultados. Ya sea porque sus políticas económicas son las apropiadas, ya sea porque el empresariado (grande y chico) percibe un mejor clima para los negocios o sencillamente porque le tocan buenos ciclos internacionales, está claro que Piñera es el candidato del crecimiento.

Moral, porque esta vez el postulante de la derecha no coquetea con posturas liberales en la llamada agenda valórica, como sí lo hizo en su primera campaña presidencial. Piñera entiende por moral un conjunto de principios tradicionales de inspiración cristiana. Lo demás es relativismo o perversión, como han sugerido en su entorno. Sus representantes en el Congreso lo han dejado en claro cada vez que les toca votar. Piñera versión 2017 bien podría ser el portavoz de la UDI. No parece ser una cuestión puramente estratégica (para contener a José Antonio Kast, por ejemplo), sino un reflejo de sus genuinas y legítimas convicciones conservadoras.

La promesa de Orden, Crecimiento y Moral tiene a Piñera punteando -con distancia- en las encuestas. Aunque es difícil saber si sus partidarios aprueban el paquete completo o asignan especial relevancia a alguna de sus partes. Para el candidato de Chile Vamos, sin embargo, las partes no se venden por separado.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-09-04&NewsID=381267&BodyID=0&PaginaId=30

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LA LEY DE HIERRO DE LA GEOGRAFÍA

septiembre 25, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 1 de Septiembre de 2017)

La presente edición trata de las encrucijadas que depara el futuro. Parte de ellas están vinculadas a la emergencia de nuevas tecnologías, que plantean preguntas en términos éticos y otros tantos desafíos políticos y económicos. Esta columna fija mirada en aquellos factores que no cambian –o que cambian menos. Uno de ellos es la geografía, que a su vez determina el interés nacional de los estados.

La geografía es, según el analista internacional Tim Marshall, una variable comúnmente subvalorada. La gente suele asignar más importancia a factores ideológicos, culturales o religiosos para explicar por qué las naciones se comportan de determinada manera. Sin embargo, cree Marshall, los datos duros que representan las montañas, los ríos y los desiertos son los que constriñen y en gran medida orientan las decisiones de sus líderes.

Es la tesis de su libro Prisoners of Geography. Aquí, Marshall recorre panoramicamente la topografía, demografía y geo-estrategia de todas las regiones del planeta: Rusia, China, Estados Unidos, Europa Occidental, África, el Oriente Medio, India & Paquistán, Corea & Japón, Latinoamérica y finalmente el Ártico.

El enfoque es principalmente realista. En relaciones internacionales, esto significa que autoridades de un país se guían por criterios de estricto interés nacional. En la vereda contraria, las teorías liberales sostienen que existen ciertos valores y principios –como la paz, la autodeterminación o la democracia- priman por sobre las consideraciones egoístas de cada estado. Estos nobles ideales no juegan un rol preponderante en el libro de Wallace.

Por el contrario, después de leerlo uno queda con la sensación de que Vladimir Putin no tenía otra alternativa que invadir Crimea tras la revolución del “Euromaidán” en Ucrania. Los rusos, explica el autor, tienen un (justificado) trauma con la extensa planicie abierta que pone a Moscú a merced de una incursión enemiga. Por ende necesitan controlarla y jamás permitirán que su patio trasero pase a enlistarse en el equipo OTAN / Unión Europea. Ya lo aceptaron a regañadientes con los países Bálticos. Por lo demás, piensa Marshall, el control de Sebastopol les entrega la única alternativa de un puerto que no se congela en invierno. Los partidarios de la independencia del Tíbet también quedan descorazonados: los intereses geopolíticos de China y la India son incompatibles con los anhelos del Dalai Lama. Wallace se pregunta por qué estos dos gigantes asiáticos no viven de las mechas, tomando en cuenta que comparten una interminable frontera terrestre y un puñado de conflictos fronterizos. Fácil: ningún ejército convencional cruza el Himalaya como pedro por su casa.

El control de los recursos, principalmente hídricos, es parte de la ecuación geopolítica. China necesita las aguas que nacen del Tíbet. Egipto no puede permitir que Etiopía construya represas que interrumpen el caudal del Nilo. Turquía tiene similares intereses respecto de las aguas que nacen en Siria e Iraq. Las guerras hídricas, cree Wallace, están en el menú del siglo veintiuno. No habrá inteligencia artificial capaz de alterar aquello en el corto plazo.

La importancia del diseño geográfico es tal, piensa Marshall, que los europeos deben su avanzado desarrollo industrial a la benevolencia de sus ríos navegables y no –como pensaba Max Weber- a la ética protestante como inspiradora del capitalismo. La falta de ríos navegables es, entre otras cosas, el problema de África. Es difícil abrir rutas comerciales cuando las aguas caen en picada cada tantos kilómetros. La infraestructura africana, en todo caso, está mejorando gracias a la inversión china. Los chinos no preguntan por el ranking de libertades políticas ni por el compromiso con los derechos humanos a la hora de poner plata. Están comprando influencia y debutando en la generación de poder blando. Incluso en Latinoamérica, lo que pone a Estados Unidos en una situación crecientemente incomoda. Ironías del desarrollo tecnológico: la generación de nuevas alternativas energéticas podría emancipar al gigante norteamericano de la dependencia del petróleo árabe. Sin esa dependencia, disminuye el interés político. Ese vacío será ocupado por… China.

Marshall no desestima el impacto de las nuevas tecnologías. Hay formas, reconoce, de doblarle la mano a la geografía. Pero incluso los drones necesitan despegar desde una locación física. Los portaaviones siguen siendo piezas fundamentales de mapa del poder naval. El país que quiere penetrar en las riquezas escondidas del Ártico necesita buques rompehielos. El libro de Marshall se parece, en un particular sentido, al celebrado trabajo de Jared Diamond en Guns, Germs and Steel. Según Diamond, lo que explica la desigualdad de poder político, económico y militar entre las naciones contemporáneas no es la diversidad de capacidad intelectual o cultural innata de los pueblos, sino ciertas consideraciones arbitrarias o casuales. Diamond responsabiliza a la introducción de las armas de fuego, el efecto destructivo de los gérmenes y la aparición primitiva del hierro. Marshall sindica a las condiciones geográficas de los países, condiciones que ellos no eligieron pero que limitan en forma trascendental sus posibilidades y estrategias.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/08/31/143090/la-ley-de-hierro-de-la-geografia

DONDE MANDA CAPITÁN

septiembre 22, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 1 de septiembre de 2017)

En su primera campaña presidencial, allá por 2005, Michelle Bachelet prometía seguir la senda laguista de apertura comercial y énfasis en crecimiento económico. Ocho años después, su narrativa fue distinta. Sus lugartenientes le dijeron que los chilenos se habían cansado del modelo. En lugar de crecimiento, le recomendaron, había que insistir en terminar con los abusos y avanzar en igualdad. Bachelet no solo les hizo caso. Era también un relato que se acomodaba a su corazón socialista.

Al comenzar su segundo mandato, Bachelet puso a su estrecho colaborador Alberto Arenas a cargo de las finanzas públicas. Arenas nunca fue el ministro del crecimiento. No lo nombraron para eso. Pero, Caval mediante, las cosas cambiaron y la Presidenta tuvo –casi a regañadientes- que dar señales acerca de la importancia del crecimiento para su gobierno. Llegó entonces Rodrigo Valdés a Hacienda. Los mercados respiraron aliviados. Pero Valdés nunca estuvo muy cómodo en la función, menos aún después de la salida de su tándem Jorge Burgos.

El rechazo ministerial del proyecto minero Dominga hizo que Valdés sacara la voz. Deslizó que había colegas en el gabinete que no entendían que el crecimiento es prioritario. La presidenta Bachelet se alineó con el rechazo: hay cosas más importantes que el crecimiento, apuntó, sentenciando el partido. Esta vez no se trata de más igualdad o menos abusos, sino de entregar una señal política de protección al medioambiente. Donde manda capitán, no manda marinero. Seguramente existen otras hipótesis e interpretaciones de la salida del equipo económico -que aparte de Valdés se extiende a Luis Felipe Céspedes y Alejandro Micco- pero esta lectura es plausible: Bachelet vuelve a la narrativa original, en la cual el crecimiento no es la estrella polar de la gestión de gobierno, aquella narrativa a la cual se vio obligada a renunciar a medio camino.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-09-01&NewsID=381031&BodyID=0&PaginaId=60

ESTRATEGIAS RAZONABLES

septiembre 21, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 27 de agosto de 2017)

En el famoso y disputado distrito 10 -el mismo de la teleserie del Frente Amplio-, Evópoli acordó facilitar un cupo al dirigente de la fundación Iguales, Luis Larraín Stieb. La decisión molestó a sus socios de la UDI. No sólo porque el candidato en comento representa un pensamiento liberal que se aleja muchísimo del gremialismo, sino porque Luis Larraín ha señalado públicamente que no apoya a Sebastián Piñera, el presidenciable oficial de la coalición. Larraín tiene buenas razones: en 2009, Piñera utilizó su imagen para posicionarse como el líder de una derecha abierta y moderada. Sin embargo, en su gobierno se hizo poco para terminar con la discriminación a las minorías sexuales.

La respuesta de Evopoli ante la queja de la UDI fue impecable: el partido de calle Suecia dio libertad de acción a sus militantes que quieran apoyar la postulación presidencial independiente de José Antonio Kast. En rigor, eso daña más a Piñera que la situación excepcional de Larraín. Es cierto que el díscolo Kast no aspira a una alta votación, pero cada voto cuenta si se trata de acercarse a la mayoría absoluta en primera vuelta.

En cualquier caso, ambos partidos ejecutan una estrategia razonable. Sería una torpeza que la UDI amenazara con sanciones a quienes apoyan al diputado por La Reina. José Antonio Kast cultivó estrechas relaciones personales en ese partido. En ese contexto se entiende que reciba el apoyo de un puñado de dirigentes locales o de protagonismo acotado. Que lo apoye Hermógenes Pérez de Arce o Gonzalo Rojas tampoco tiene mucha relevancia. Aunque se trata de militantes históricos de la UDI, hace rato se cansaron de criticar y renunciaron al partido. Una campaña de persecución interna equivale a darles más importancia de la que tienen. Es innegable que Kast, con su discurso integrista y pro-militar, interpreta a muchos en la UDI. Pero la mayoría no está para cruzadas fundamentalistas y lo que le interesa es volver a gobernar (Piñera, por lo demás, ha resultado casi tan apetecible para el paladar conservador del gremialismo). 

Evópoli, por su parte, también hace lo correcto. Luis Larraín tiene su domicilio político en el centro liberal que lidera Andrés Velasco. Habría competido con los colores de Ciudadanos si la inscripción de dicho partido hubiese sido exitosa en la región Metropolitana. Al tenderle una mano a Larraín, Evópoli tiende un puente con ese mundo pensando en el próximo ciclo político. Además fortalece la opción electoral de Luciano Cruz Coke, con quien Larraín comparte subpacto.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-08-27&NewsID=380622&BodyID=0&PaginaId=15

LA MORAL DE LA TURBA

septiembre 20, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de agosto de 2017)

Me cuentan que el Pastor Soto fue uno de los expositores ante el Tribunal Constitucional que debe decidir sobre la procedencia jurídica de la recientemente aprobada ley de aborto en tres causales. Está bien, me digo: todos tienen derecho a voz. Aunque me preocupa -por razones prácticas- la inexistencia de filtro. Si pudo intervenir el Pastor Soto, cualquiera puede ir y hacer perder el tiempo de los jueces constitucionales.

Pero mucho más preocupantes me parecen las agresiones que sufrieron el ministro del tribunal Domingo Hernández y el diputado y presidenciable José Antonio Kast, pues revelan la incapacidad sistémica de ciertos grupos para entender las reglas democráticas. Como representante de un mundo ultraconservador, Kast se sitúa a distancia sideral de mi propio pensamiento. Pero más que sus ideas, me repugna la posibilidad de vivir en una sociedad donde él no tenga derecho a promoverlas por miedo a ser víctima de violencia. La moral de la turba es el credo del matonaje, incompatible con el respeto básico que exige la convivencia democrática. A nuestros adversarios hay que vencerlos con votos y argumentos, no con piedras ni escupitajos. No quiero militar en ninguna causa que reivindique lo segundo como método legítimo de expresión.

Otro tanto con el pobre ministro Hernández, perseguido a cartelazo limpio por un piquete a favor del proyecto del gobierno -incluidas banderas del Partido Comunista. Es irónica la ignorancia de los manifestantes: Hernández se cuenta entre los liberales del TC. Su voto ratificaría la constitucionalidad del proyecto. Probablemente lo agredieron solo por integrar una institución que -a juicio de la turba- no debería existir. Pero no tiene sentido ético ni político aporrear al jurisconsulto Hernández por aquello, quien cumple con desempeñar el cargo con la dignidad que corresponde. Si estos violentistas son mis compañeros de ruta en la defensa del proyecto, me avergüenzan más que las escenas de señoras tristes velando guaguas inexistentes. Me avergüenzan más que los predicadores enajenados y psicóticos. De ellos no espero mucho más. Pero de quienes han luchado por conseguir un piso civilizatorio básico en los derechos reproductivos de la mujer, espero un poco más. Así lo entendió correctamente Miles Chile – el principal grupo de activistas al respecto-, que también condenó la agresión a Hernández.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-08-21&NewsID=380133&BodyID=0&PaginaId=33

LA ADVERTENCIA DE HARARI

septiembre 15, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 18 de agosto de 2017)

La historia del siglo XX, según el historiador israelí Yuval Noah Harari, puede resumirse en el enfrentamiento entre tres tipos de humanismo secular -la religión, en su presentación característica, ya no es competencia. El primer tipo de humanismo es liberal, el segundo es socialista y el tercero evolucionario. El humanismo liberal, con su especial valoración del individuo y sus derechos, se habría impuesto en la contienda. En la arena política, la democracia significa que cada uno de nosotros cuenta con un voto. En la dimensión económica, el mercado se configura a partir de un complejo entramado de señales entre oferentes y demandantes. En el amor, se impuso la idea romántica de que podemos escoger libremente a nuestra pareja.

Sin embargo, advierte Harari, las premisas del liberalismo están siendo amenazadas a medida que nos adentramos en el siglo XXI y el conocimiento científico se abre camino. Para comenzar, las ciencias naturales habrían desmentido la idea de libre albedrío. No hay, al parecer, ningún “yo” tomando decisiones, sino más bien una secuencia de disparos neuronales fuera de control antecedente. El individuo aparenta estar eligiendo en la cámara secreta, el supermercado o en Tinder. La realidad sería otra: nuestras decisiones son el producto de un proceso que oscila entre la determinación y la aleatoriedad.

La implicancia práctica de este “descubrimiento” salta a la vista. El modelo liberal de responsabilidad individual se basa sobre la idea de que cada uno toma sus propias decisiones y por tanto debe responder por ellas. De ahí la legitimidad de un sistema de penas y recompensas sociales. Si no hemos decidido libremente, ¿cómo podemos castigar o premiar? Sin embargo, Harari olvida que los pensadores liberales -al menos los que han abandonado la escatología cristiana- están suficientemente enterados de este asunto: es común que consideren el libre albedrío como una especie de ilusión útil antes que como una realidad metafísica. La moral del liberalismo descansa sobre la ilusión de que somos libres, aunque finalmente no lo seamos.

Pero Harari plantea otros problemas que parecen más difíciles de resolver. Éstos nacen de la probable obsolescencia del ser humano en tanto individuo. Hubo una época en la cual éramos imprescindibles para ganar guerras, comprar acciones y componer canciones. Ya no lo somos. La inteligencia artificial es una realidad. Desde la revolución industrial que sabemos del potencial de las máquinas para reemplazarnos. Pero esta vez las máquinas no se contentarán con labores automatizadas. Ahora vienen a quedarse con el trabajo de doctores y profesores. Vienen a sentarse en los directorios. Vienen a arbitrar las copas del mundo (el VAR del futuro no necesita humanos erráticos e influenciables en una caseta). Casi todos estaremos tarareando el baile de los que sobran. A fin de cuentas, tal como nosotros, estas inteligencias representan complejos algoritmos, pero muy superiores. El supermercado Santa Isabel dice que “te conoce” y lo tomamos como un mero eslogan comercial. Pero Google y Facebook sí te conocen. Porque saben de ti más que tú mismo, los algoritmos pueden reclamar su mejor derecho a tomar decisiones por nosotros. El individuo puede perder valor, reconoce Harari, pero colectivamente todavía seremos útiles como fuente alimentaria del dios de la información, aka Big Data.

El segundo problema es que se hará crecientemente complejo distinguir entre sanar y mejorar. La historia de la medicina es el relato de una especie que se niega a aceptar la mortalidad. Cada vez estiramos más la cuerda vital. Consideramos que hay un set de condiciones fisiológicas aceptables y reparamos el cuerpo humano cuando alguna de sus piezas se estropea. Hace algunos años me operé la vista de una severa miopía. Ahora veo como una persona “normal”. En Barcelona, sin embargo, camina un personaje daltónico al cual le fue injertado un chip en la corteza cerebral. El chip está conectado a una antena que recibe y envía señales para que su cerebro capte los colores. Los científicos más optimistas creen que más temprano que tarde esa antena podría permitirle otras tantas formas de visión (por ejemplo, nocturna) que el ojo humano normal no disfruta.

Entonces, una manera de evitar la obsolescencia será volverse cyborg -es decir, incorporar dispositivos tecnológicos que mejoren nuestro funcionamiento. O bien derechamente ajustar las piezas genéticas que sea necesario en la etapa embrionaria. Así nos aseguramos una descendencia no sólo sana sino mejorada. Esto genera varias interrogantes éticas que ponen en aprietos al liberalismo y su filosofía igualitaria. No todas las personas podrán acceder a dichas tecnologías. Por ende, la brecha entre los poderosos y los débiles se ensanchará. Los ricos, teme Harari, podrían transformarse en una especie super-humana. El Homo Sapiens que conocemos será cosa del pasado. El humanismo evolucionario -que, a diferencia de sus competidores, no teme categorizar entre mejores y peores- volverá por sus fueros.

Las respuestas al desafío planteado por Harari -que en cierto sentido resuenan con la obra del filósofo político y crítico del liberalismo John Gray- están en desarrollo. Interesantemente, en muchos de estos debates, el bando del liberalismo estará llevando también las banderas de los derrotados: el socialismo e incluso la religión.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/08/17/142540/la-advertencia-de-harari

LA TELESERIE DEL DISTRITO 10

septiembre 13, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de agosto de 2017)

Circula una teoría curiosa: el joven diputado Giorgio Jackson habría bloqueado la candidatura parlamentaria del ex precandidato presidencial Alberto Mayol para no enfrentar competencia en su reelección. Es curiosa porque tiene poco fundamento. Jackson es una de las figuras políticas más populares del país. Me atrevería a vaticinar que gana caminando donde lo pongan. Lo que menos necesita es blindaje. Por lo demás, lo que Mayol quería era acompañar a Jackson en el distrito 10 para obtener un segundo escaño, nunca para amagar las pretensiones del favorito.

En castellano, Mayol buscaba ser arrastrado por los votos de Jackson. Para ello era reglamentariamente necesario competir en su mismo subpacto. En su derecho, Revolución Democrática se negó, pues ya tenía a sus candidatos acordados. Si Jackson blindó a alguien, fue a su correligionaria Natalia Castillo.

¿Debería el Frente Amplio haber acomodado su plantilla para hacerle un espacio a Mayol en el codiciado distrito 10? La respuesta no es fácil. No hay mala práctica en negarse. A fin de cuentas, RD se ajustó a sus procedimientos democráticos.

Es probable, sin embargo, que Alberto Mayol mereciera mejor trato. Sus socios advirtieron un cortocircuito ético en la forma en que Mayol desplegó su demanda electoral. Pero tienen con Mayol una deuda de gratitud: les posibilitó una primaria -para lucir la victoria de Beatriz Sánchez- y obtuvo una relevante cantidad de votos. Políticos más duchos habrían negociado una salida más civilizada.

Para estropear más las cosas, el FA acusó a Mayol de machismo en su comunicación con Natalia Castillo. Mayol le habló en forma directa y apelando a los códigos universales de la política. Quien quiera ver en aquello una forma de opresión sexista le hace un flaco favor al feminismo. Las mujeres en política no requieren un trato meloso ni zalamero. Sugerir aquello es banalizar la pretensión sustantiva de igualdad.

Finalmente, algunos se han aprovechado del episodio para cuestionar la promesa renovadora de la política que suponía el Frente Amplio. Pero es un error basal pensar que las nuevas generaciones adoptarán procedimientos enteramente distintos a los tradicionales. La renovación de la política no se trata de eso. Las dinámicas de poder no cambian. Lo que cambia es la capacidad de una determinada élite de conectarse con las experiencias históricas de su cohorte generacional, con sus hitos y sus épicas. Dicho de otra manera, la única renovación que importa tiene todo que ver con el carnet (aunque algunos sostengan lo contrario) y poco que ver con la moralidad irrestricta de los procederes. Lo segundo no tiene por qué cambiar y es injusto evaluar al FA por aquello, aunque en un arrebato de entusiasmo adolescente lo hayan prometido.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-08-17&NewsID=379875&BodyID=0&PaginaId=16

 

EL ‘VAR’ DE LA POLÍTICA

septiembre 8, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de agosto de 2017)

La suerte del recién aprobado proyecto de ley que despenaliza la interrupción del embarazo en tres causales está ahora en manos del Tribunal Constitucional (TC). Hay mucha gente que considera que dicha institución le hace trampa a la democracia. A fin de cuentas, el TC funciona como una especie de tercera cámara legislativa, con la salvedad que sus miembros no fueron electos directamente por la ciudadanía para tal efecto. Resuena con el recuerdo de los senadores designados.

Sin embargo, en principio y en todo el mundo, los TC juegan un rol relevante en el resguardo de ciertos derechos fundamentales que -al menos en las democracias liberales- no deben ser pasados a llevar por mayorías parlamentarias circunstanciales. En ese sentido, el TC es como el VAR de la política: independiente del fallo original del árbitro del partido, los jueces en la caseta pueden dictaminar un cobro diferente. Aunque a veces nos indigne -especialmente cuando el cobro definitivo nos perjudica- lo cierto es que el VAR entrega una sentencia menos excitante pero más apegada a la justicia del reglamento.

Por lo anterior, recurrir al TC después de perder una batalla legislativa no necesariamente convierte al recurrente en un mal perdedor. De hecho, en teoría, el papel del TC es que no haya malos ganadores en el proceso de formación de la ley. Hasta ahí, todo bien: la derecha está por tanto en su derecho de apelar a su derrota respecto del aborto.

El problema es que nuestro TC está cuoteado políticamente de tal manera que se parece más a una tercera cámara que a un órgano independiente de eximios juristas constitucionales. Es cierto: no cualquiera llega a integrar el TC. Pero el requisito esencial parece ser la capacidad de representar ciertas sensibilidades ideológicas. De muestra un botón: el último en entrar fue un ex diputado UDI.

Dicho de otra manera, nuestro problema no debiera ser con el TC como institución sino con su modelo de composición. Es esto último lo que atenta contra su legitimidad en el contexto de un sistema democrático. Mientras aquello no se corrija, las cruciales atribuciones del TC seguirán en tela de juicio.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-08-13&NewsID=379560&BodyID=0&PaginaId=15

REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y EL PROBLEMA DEL CHAVISMO

septiembre 7, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de agosto de 2017)

Revolución Democrática es probablemente el más importante de los partidos y movimientos que conforman el Frente Amplio. Su candidata presidencial ya está segunda en algunas encuestas. Es, junto a Evópoli, el referente generacional de mayor proyección en nuestro país. Por eso es relevante examinar su doctrina y la manera en la cual articula su discurso político.

En ese contexto, su declaración sobre la crisis venezolana es preocupante. El argumento central del comunicado pareciera ser el siguiente: las democracias no se evalúan según el cumplimiento de ciertos procedimientos sino a partir de los valores sustantivos que promueve. El proyecto chavista que hoy encabeza Nicolás Maduro, en esta narrativa, estaría transitando por el lado correcto de la historia.

El problema es que esos procedimientos están justamente instituidos para garantizar a todos los sectores iguales condiciones de participación y acceso al poder. Una vez violados dichos procedimientos, cuesta hablar de democracia (aunque no baste para hablar de dictadura en el sentido tradicional, como le preocupa a RD).

En el caso venezolano, ha sido el chavismo en el poder el que ha erosionado dichas garantías. Lo ha hecho diseñando un aparato estatal -que incluye a las fuerzas armadas y las cortes de justicia- a imagen y semejanza ideológica del gobierno de turno. Y aquello porque el chavismo no se concibe a sí mismo como un titular temporal del poder político, sino como un proyecto revolucionario llamado a cumplir un designio histórico que no admite alternancia ni paréntesis. Dicho de otro modo, los valores sustantivos de dicho proyecto justiciero no pueden ser importunados por formalidades burguesas -los procedimientos a los que se refiere RD.

Maduro lo ha dicho sin anestesia: defenderán la revolución bolivariana con sangre si es necesario. Ni siquiera con las propias reglas del juego planteadas por la constitución chavista. Maduro ya se hizo el sordo con el referéndum revocatorio que correspondía convocar y más tarde despojó al Congreso -de mayoría opositora- de parte importante de sus atribuciones. En resumen, Maduro y sus partidarios (dentro y fuera de Venezuela) creen que la pureza de sus anhelos y reivindicaciones están por sobre todo lo demás. Es una convicción implacable -la convicción de los fanáticos- que resulta incompatible con un principios democrático fundamental, a saber, la conciencia de que a veces el poder será ejercido por quienes piensan distinto a nosotros. El que no está dispuesto a compartir y soltar el poder, no está capacitado para la democracia. Desmerecer la función garante de las reglas procedimentales de una democracia es como aceptar la moralidad de la trampa en un juego porque “en el fondo merecemos ganar”.

Pero además de preocupante es estratégicamente torpe. Los movimientos de izquierda que pueden darse el lujo de defender a Maduro son otros. En cambio, RD tiene un rol preponderante que jugar en la discusión constituyente chilena. Representa, se supone, una izquierda sensata capaz de establecer puentes, generar confianzas y construir acuerdos de largo plazo. Pero pocos puentes, confianzas y acuerdos se producen si -de entrada- nos notifican que su estilo es el chavista. No se juega con aquellos que justifican la trampa y se llevan la pelota para la casa cuando no les gusta el resultado.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-08-06&NewsID=379044&BodyID=0&PaginaId=13

UNA MALA IMAGEN

septiembre 6, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 4 de agosto de 2017)

Image result for straw man

A propósito de los piedrazos y escupitajos que padeció el empresario Andrónico Luksic en las afueras de los tribunales hace ya varios meses, despotriqué a través de mi cuenta de Twitter contra aquellos que justificaban la cobarde agresión. Entonces, alguien me preguntó quiénes –efectivamente- estaban justificando la agresión. Si no eran muchos, los pocos que fueran tenían que tener cierta relevancia pública. De lo contrario, ¿contra quién estaba disparando? ¿No estaba acaso inventándome un adversario fácil de descalificar con el objeto de aparecer del lado de los buenos en las redes sociales? En efecto, ninguno de los miles de usuarios que sigo estaba haciendo apología de la violencia que sufrió Luksic. Muy por el contrario. Seguramente, en otros círculos y foros, no faltarían comentarios de ese tipo. Pero, ¿no estaba amplificando aquellas voces insensatas prestándoles una importancia que no tenían?

El asunto volvió a mi cabeza a partir de la viñeta que el conocido caricaturista satírico “Mala Imagen” dibujó sobre las reacciones que generó la denuncia realizada por Valentina Henríquez contra Camilo Castaldi, vocalista de Los Tetas. En la secuencia, tres hombres forman un verdadero tribunal que desecha sistemáticamente las acusaciones de Valentina con argumentos que oscilan entre el machismo y la misoginia. Dicho de otra manera, Mala Imagen (dejando en paréntesis la obvia consideración de que los caricaturistas justamente caricaturizan la realidad con propósito humorístico) tiene una muy mala imagen del tipo de discurso que impera en estas situaciones de violencia intrafamiliar. No es el único. Otras tantas personas postearon tóxicos comentarios que encontraron en alguna red social, para luego añadir frases como “cerremos por fuera”, “que se acabe el mundo”, etcétera. La sensación que queda es que la mayoría de nuestros compatriotas piensa como energúmeno y que nosotros constituimos una minoría decente y sensata bajo asedio.

Sin embargo, tal como en el caso anterior, no pude encontrar mucha gente que justificara las golpizas atribuidas a Tea Time. No conecté con nadie que pudiera personificar a los protagonistas de la viñeta en comento. Tampoco leí o escuché a nadie que merezca cierta consideración intelectual poniéndose del lado del agresor. La doctora Cordero no cuenta. Por el contrario, refuerza el punto: hay que transformarse en una caricatura para sostener posiciones semejantes.

Digamos entonces que hay dos posibilidades. La primera tesis es que ventilar nuestra indignación en conversaciones y redes sociales contra posiciones tan evidentemente estúpidas o marginales no hace más que amplificar la estupidez, pues hacemos pasar por socialmente relevantes opiniones que no lo son. En corto, pintamos un mundo peor de lo que es, ya sea porque tenemos un diagnóstico distorsionado de la realidad o porque nos genera cierta satisfacción el arte de pontificar en situaciones relativamente seguras, donde esperamos obtener el reconocimiento de nuestros pares. Si esta tesis es correcta, la recomendación estratégica sería, entonces, abstenerse cuando no hay adversarios a la altura del conflicto. De lo contrario le hacemos un favor a las ideas tontas.

La segunda hipótesis le da la razón a Mala Imagen: la realidad es tan mala como la imagen. Probablemente mi Timeline ya está lo suficientemente depurado. Salvo que se trate de un experimento etnográfico, trato de evitar cuentas que producen basura. Entonces el problema sería mío: mi visión es sesgada e ignora que allá afuera el mundo es una selva de racistas, xenófobos, homofóbicos y, por supuesto, misóginos. Si ése es el caso, entonces hay que seguir dando la batalla en todos los frentes de disputa cultural, redes sociales inclusive. En lugar de estar alumbrando nuestra rectitud moral ante adversarios inexistentes, estaríamos efectivamente librando una lucha con desenlace incierto contra poderosas fuerzas cavernarias. Huelga decir que eventos como la elección de Trump –quien sostuvo posiciones que pensábamos marginales y por tanto políticamente incorrectas- confirman esta tesis.

Pongámosle números a la pregunta. Imagine una comunidad de 100 personas donde 5 manifiestan opiniones moralmente repugnantes. Dentro de la mayoría de 95, un grupo denuncia la posición divergente pero la presenta como prácticamente hegemónica, amplificando su real importancia y reforzando el buenismo de los denunciantes. La otra posibilidad es que no sean 5, que sean 50. En este caso, la posición moralmente repugnante no es marginal y por tanto merece ser expuesta y rebatida. El problema es que parece muy difícil determinar cuál es el caso en términos numéricos.

Por cierto, hay otras consideraciones en juego. Incluso una minoría marginal puede hacer mucho daño. Las ideas pueden ser tontas pero igualmente peligrosas en su espacio. Quizás no haya que darse por vencido hasta erradicar hasta la última de las ideas misóginas. Pero no es lo mismo decir que algunos hombres y mujeres justifican la violencia en una relación que dar la sensación de que se trata de la posición dominante y por ende hay que “cerrar por fuera”. Es un catastrofismo muy propio de las redes sociales, sobre el cual vale la pena reflexionar.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/08/03/142041/una-mala-imagen