Archive for the ‘Uncategorized’ Category

FERIADO PAPAL

agosto 16, 2017

por Cristobal Bellolio (publicada en Las Ultimas Noticias del 30 de Julio de 2017)

Las creencias religiosas, es evidente, juegan un rol preponderante en la vida de mucha gente. Los chilenos no son la excepción. Durante mucho tiempo se pensó que la relevancia de dichas convicciones justificaba asignarles un lugar también preponderante en la vida civil y políticas de las naciones. Sin embargo, aquello ha cambiado. La religión, en tanto sistema de creencias que definen la identidad de las comunidades y en el cumplimiento de cuyas prescripciones se jugaría la integridad de una persona, no es única, exclusiva o especial en ese sentido, al menos no en las sociedades pluralistas contemporaneas como la chilena.

En la era secular, como la define el sociólogo canadiense Charles Taylor, otros tantos sistemas de creencias (que determinan compromisos, adhesiones, rituales y pertenencias) conviven con la religión. Es por tanto recomendable, piensan los filósofos políticos liberales, que el estado se abstenga de ocupar sus recursos para favorecer a unas respecto de otras. Es la conclusión a la que han llegado las llamadas teorías igualitarias de la libertad religiosa. Ellas sostienen, en síntesis, que la religión puede ser equiparada a otras expresiones culturales igual de centrales en la vida de los ciudadanos.

Es en este marco que la solicitud que diputados de la UDI y la DC han hecho (declarar feriado legal los días de la visita del Papa Francisco) resulta improcedente. No declaramos feriado cuando se juegan trascendentales partidos de fútbol -que para millones tienen una dimensión cuasi religiosa- o cuando se estrena una nueva entrega de la Guerra de las Galaxias -ídem. La comparación no es insultante para los católicos; es un reconocimiento de la igualdad que, ante los ojos del poder político, tienen estas lealtades y prácticas.

Por cierto, el Papa viene como Jefe de Estado. Pero tampoco declaramos feriado cuando viene el presidente de Estados Unidos o la reina de Inglaterra. En el caso de la UDI, la petición peca además de inconsistencia: son ellos quienes suelen oponerse a perder días laborales por la pérdida de productividad que suponen. Por lo demás, en lugar de un estado que obliga, el gremialismo debiera impulsar acuerdos voluntarios entre empleadores y trabajadores para que los segundos puedan participar de las actividades papales.

Chile ya tiene una gran cantidad de feriados religiosos poco justificables para un estado laico. En lugar de seguir añadiendo a la lista, va siendo hora de reemplazarlos por alternativas capaces de unir en lugar de dividir.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-31&NewsID=378568&BodyID=0&PaginaId=36

EL CUENTO DEL TIO

agosto 15, 2017
por Cristobal Bellolio (publicada en Las Ultimas Noticias del 24 de Julio de 2017)

La abstención del diputado DC Marcelo Chávez en la votación del proyecto que despenaliza en aborto en 3 causales aguó la fiesta del oficialismo -y de más del 70% de los chilenos que apoya la moción. Es una historia de nunca acabar. Cuando se pensó que finalmente estaban los votos, el representante de Tomé -que salió arrastrado por la socialista Clemira Pacheco- dijo no haber declaró no haber llegado a la convicción necesaria para votar a favor.

Hasta aquí, todo en regla. Nadie espera que los legisladores voten contra su conciencia. La pregunta que ronda es por qué Marcelo Chávez hizo campaña prometiendo “un diputado para Bachelet”, entendiendo que este proyecto es emblemático para la presidenta. En ese sentido, lo de Chávez ha sido presentado como una traición. Es una acusación que no soporta en soledad: en reiteradas ocasiones los parlamentarios de la DC han sido recriminados por lo mismo. Felices se subieron al carro de la victoria bacheletista pero en el ejercicio de sus cargos no han tenido muchos problemas en actuar contra sus propuestas. Después de estos cuatro años, el progresismo chileno se graduaría de ingenuo si sigue creyendo que comparten una visión de mundo.

Sería injusto, en todo caso, echarle toda la culpa a la DC. La derecha votó en bloque contra el proyecto. Confirma lo que ya sabemos: no hay sector liberal entre sus filas. Aunque el proyecto es modesto en su alcance y apenas pone a Chile en el piso de los países civilizados en materia de derechos de la mujer, los congresistas de la UDI y RN en pleno lo rechazaron. Ese es el perfil de la coalición que acompañará a Piñera si gana en noviembre: sin matices, monolíticamente conservadora. El ex presidente entiende que esto es problemático y por eso le hizo quite al debate.

Uno puede estar en contra del aborto, pero varios de los argumentos expresados por sus congresistas rayan en la caricatura. No es necesario que nuestros representantes sean unas lumbreras, pero tampoco es grato constatar que no son mejores que el clásico tío en la sobremesa dominical, que con un par de copas de sobra frunce el ceño y con toda seguridad se lanza a proferir disparates para llamar la atención. Ni hablar de ofrecer razones públicas: parte de esta derecha todavía legisla con la biblia en mano y cree que en aquello no hay inconveniente cívico. Sería realmente preocupante que Piñera argumentara de igual modo.

Por una c(h)abeza, el proyecto que estaba en la puerta del horno pasa ahora a un nuevo trámite legislativo. Es una derrota momentánea para el gobierno, pero ante los ojos de la ciudadanía informada, son otros los que quedaron peor parados.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-24&NewsID=378020&BodyID=0&PaginaId=32

ALEGATO CONTRA LA NATALIDAD

agosto 14, 2017

por Cristobal Bellolio (publicada en revista Capital del 21 de Julio de 2017)

La política de un hijo por familia que imperaba en China hasta hace poco era considerada, al menos en el espacio cultural que me tocó habitar, como una violación del más sagrado de los derechos humanos: el derecho de crear otra vida humana. No se nos olvidaba que China tenía un régimen comunista y ateo, y que aquella combinación era la única manera de entender tanta maldad. Nosotros, en cambio, cobijados en la seguridad de los valores occidentales cristianos, estaríamos siempre del lado de la vida. El mandamiento bíblico era prístino: creced y multiplicaos.

La enseñanza secular neo-Darwiniana parecía discurrir por el mismo camino: estamos en el mundo para reproducirnos. Una especie exitosa es aquella que se las arregla para dejar más copias genéticas en el planeta. Religión y humanismo parecían coincidir en el punto: es un imperativo traer niños al mundo. Por lo anterior, recuerdo que las familias numerosas eran admiradas. En “Sumisión”, el último libro distópico de Michel Houellebecq, los musulmanes se convierten en la primera fuerza política de Francia justamente por su eficiencia reproductiva. En su relato, traer hijos al mundo ya no es solamente un imperativo ético sino una estrategia electoral de largo plazo, tal como alguna vez fue un plan económico para las familias necesitadas de mano de obra y dotes que negociar.

Sin embargo, el crecimiento demográfico incontenido que estas doctrinas han promovido no es enteramente saludable. Traer hijos al mundo ya no puede ser un derecho absoluto, al menos no si vamos a compartir el mismo suelo. Ya vamos en 7.500 millones de habitantes y según las proyecciones estaremos rozando los 10.000 millones a mediados del siglo XXI. En medio de las diversas presiones climáticas en curso, el panorama no pinta bien. Si Europa colapsó con la crisis de los refugiados sirios, piense cómo lidiaremos con desplazamientos masivos producto del hambre, la desertificación y los demás desbarajustes planetarios asociados al calentamiento global. Quizás, como en la película hollywoodense Elysium, los ricos se las arreglen para vivir en una estación espacial fuera de la Tierra. Pero esa no es opción para la inmensa mayoría. Todo esto sin entrar a mencionar los efectos devastadores de una especie parasitaria como la nuestra sobre el resto de los animales no-humanos.

A estas consideraciones medioambientalistas, la escuela anti-natalista de David Benatar añade una segunda razón para dejar de reproducirnos: crear vida es imponer sufrimiento innecesario. Dicho de otra manera, hay que abstenerse de tener hijos para ahorrarles una vida de miseria. Aunque en promedio la gente se considera a sí misma feliz, existe cierta evidencia de que generalmente lo pasamos mal o muy mal. Alternando argumentos Kantianos y Utilitarios, los anti-natalistas consideran moralmente problemático no sólo tener grandes familias, sino el mero hecho de dejar descendencia. Los anti-natalistas no sólo abogan por la despenalización de la interrupción del embarazo, sino que además argumentan que el aborto es el único camino éticamente correcto –junto con la adopción.

En lo personal, no me persuade la posición anti-natalista radical. La vida humana tiene una serie de bemoles, pero aun así es digna de ser vivida. Somos animales que contamos historias, decía MacIntyre. Podemos lidiar con cientos de malas experiencias pero al final del día ser capaces de narrar una historia positiva sobre nuestra existencia. En cambio, sí me parece persuasiva la posición anti-natalista relativa, es decir, que no existe un derecho absoluto a tener todos los hijos que queramos. “Dios proveerá” no parece una respuesta seria a un problema demográfico real. Por otro lado, una política de cero niños no se condice con nuestros imperativos biológicos ni con la inconmensurable satisfacción vital que nos produce la experiencia filial. Es decir, estamos llamados a encontrar una solución intermedia que sea éticamente sensata, políticamente responsable y medioambientalmente sustentable. Estos deberes recomiendan achicar el tamaño de las familias. Restringirse a dos hijos por familia  -por ejemplo- parece enteramente razonable, en la medida que no estamos contribuyendo a un crecimiento demográfico perjudicial para el mundo sino –aproximadamente- manteniendo los números.

Esta reflexión es de índole filosófica. No es una propuesta de política pública. Siempre habrá consideraciones adicionales dependiendo del contexto. Así como algunos países necesitan de alto crecimiento económico sostenido para dar el salto al desarrollo, otros requieren de altas tasas de natalidad para esos y otros fines similares (por ejemplo, para hacerse cargo de los viejos en un sistema previsional de reparto). El punto central es que hay que recibir con una cuota de escepticismo los discursos tradicionales –especialmente desde la derecha política- a favor de la natalidad. Un mundo menos sobrepoblado es un mundo donde nuestros (pocos) hijos vivirán mejor. Dada la naturaleza parasitaria de nuestra especie, es difícil imaginar que un escenario de sobrepoblamiento y cambio climático pueda resolverse con puro ingenio o nuevas tecnologías. Hay que ayudar en algo. Podríamos partir por cuestionar si acaso existe un derecho absoluto a crear vidas humanas sin consideración del impacto de dicho derecho en el planeta y el resto de la gente que lo habita. Después de todo, los chinos no estaban tan perdidos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/07/20/141507/alegato-contra-la-natalidad

CUATRO DEBATES QUE DEJA EL”BUS DE LA LIBERTAD”

julio 28, 2017

por Cristobal Bellolio (publicada en Las Ultimas Noticias del 16 de Julio de 2017)

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El episodio “Bus de la Libertad” nos ofrece al menos cuatro debates políticos relevantes: el debate sobre la tolerancia, el debate sobre la normatividad de los argumentos científicos, el debate sobre la representatividad y el debate acerca de la educación de los niños.

El primero es si acaso tiene derecho a circular en la vía pública un mensaje que un sector de la población considera ofensivo o degradante. En el fondo, el mensaje del bus es que la homosexualidad y otras expresiones de la diversidad sexual son anomalías que deben ser resistidas e incluso combatidas. Naturalmente, es una opinión que genera resistencia en sociedades cada vez más receptivas a la diversidad. Pero la tolerancia se trata justamente de aquello: de aceptar la existencia de expresiones que nos parecen chocantes o retrógradas. Ello exige apretar los dientes en vez de activar los mecanismos coercitivos del poder para prohibir su circulación. En ese particular sentido, los promotores de la controversial iniciativa tienen un punto: sus ideas, aunque repugnantes para muchos, deben ser toleradas, salvo que inciten directamente a la violencia -cuestión que parece difícil de probar.

El segundo debate gira en torno a la noción de ciencia y su pretensión de normatividad. Aunque la motivación subyacente al mentado mensaje es religiosa, varios de sus promotores han presentado sus visiones como típicamente científicas. De alguna manera reconocen que el lenguaje de la ciencia tiene ciertas características “públicas” que la razón religiosa no tiene. De acuerdo a este argumento, la oposición a la “ideología” de género nace de factores objetivos inscritos en la naturaleza humana. Es una movida inteligente. Sin embargo, la discusión científica – que va de la biología a la psicología – no es tan simple. Hay varias complejidades que se suelen pasar por alto. La distinción contemporánea entre sexo y género, por ejemplo, es olímpicamente ignorada. En resumen, si la ciencia manda, es dudoso que esté de lado de los partidarios del bus. Y aunque lo estuviera, el argumento de la naturaleza no se aplica automáticamente en debates normativos.

El tercer debate es acerca de la real representatividad de los voceros del movimiento. En cierto sentido, el nivel de los argumentos expuestos invita a la ridiculización. Muchos consideran que no vale la pena entablar una discusión con adversarios que no están a la altura del conflicto. El problema es que no sabemos cuán extendidas son las opiniones de, por ejemplo, Marcela Aranda. Si bien es cierto que no hay importantes referentes intelectuales, políticos o culturales articulando la misma demanda, aquello no impide que fuera de los círculos más educados estas ideas tengan arrastre popular. Una idea marginal en la elite puede no serlo en otros segmentos de la nación.

Finalmente, está el debate sobre la jurisdicción de los padres sobre la educación de sus hijos. El nombre del bus no es casualidad: sus promotores reclaman la libertad de inculcar a sus niños las ideas que estimen convenientes. Es aquí, sin embargo, donde más se equivocan. Los padres no son dueños de sus hijos. Tienen el derecho preferente de educarlos, pero no es un derecho absoluto sino asociado a un deber fiduciario y compartido. Los niños tienen derecho a una educación que los prepare para ser ciudadanos competentes -lo que incluye ciertas normas de respeto a la diversidad- e individuos autónomos -lo que implica ofrecerles un campo de visión lo suficientemente amplio para que puedan elegir su proyecto de vida con relativa independencia de las expectativas familiares. La ley de identidad de género y sus distintas aplicaciones es coherente con esos objetivos.

Link http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-16&NewsID=377427&BodyID=0&PaginaId=15

EL QUIJOTE FARÍAS

julio 27, 2017

por Cristobal Bellolio (publicada en Las Ultimas Noticias del 10 de Julio de 2017)

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El diputado PPD Ramón Farías pensó que la política tenía que ver con convicciones y se encontró con los molinos de viento del gobierno, que dejó caer la artillería ministerial sobre el Congreso para que no se aprobara el informe de la comisión Sename II. Farías sabe que el informe dice la verdad: hubo negligencia inexcusable en la gestión de la ex ministra de Justicia Javiera Blanco y en general en la operación de todos los últimos gobiernos respecto de la protección de los niños más vulnerables de Chile. Así también lo saben los integrantes de la comisión. En cambio, la administración Bachelet estaba más preocupada de ahorrarse una derrota política, especialmente dada la cercanía de la Presidenta con Blanco –a quien acaba de asegurar en un suculento empleo en el Consejo de Defensa del Estado.

Dicen desde la Nueva Mayoría que rechazaron el informe porque las culpas del desastre del Sename son compartidas y que no corresponde usar a Blanco como chivo expiatorio. Es una razón curiosa. Pocas responsabilidades políticas podrían hacerse efectivas si se puede escapar de ella apuntando a que tus predecesores hicieron (o dejaron de hacer) lo mismo. El informe reconoce que el problema no es nuevo, pero es natural que le cargue la mano a la gestión bajo la cual la negligencia se hizo más evidente. Es una razón curiosa, además, porque estos diputados no tuvieron problemas para usar al ex ministro de educación Harald Beyer como chivo expiatorio de las negligencias que arrastraba su cartera.

Mucha gente se sorprendió del rechazo de la denominada bancada estudiantil. Pero no hay que extrañarse demasiado. Los jóvenes dirigentes han construido una meteórica carrera política defendiendo los intereses de la población universitaria, no necesariamente de los niños del Sename. No se han hecho conocidos por sus llamados a priorizar la infancia por sobre, por ejemplo, la gratuidad de la educación superior. Esto los salva de la crítica de inconsistencia. Pero les impide aparecer como defensores de los más débiles del país.

En cuanto al gobierno de Bachelet, el episodio sirve para concluir que la promesa de terminar con los abusos quedó definitivamente incumplida. Para el oficialismo fue más importante salvar la honra del momento. Y ahí quedó el Quijote Farías, masticando la decepción, preguntando qué les ofrecieron a sus colegas que se hicieron los desentendidos ante un informe contundente que podría haber contribuido un grano de arena para ponerle fin a los abusos del Sename.

Link http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-10&NewsID=376959&BodyID=0&PaginaId=35

LA ERA CABURGA

julio 10, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 7 de Julio de 2017)

Desde la irrupción de Michelle Bachelet en la escena política –poco después de integrar el primer gabinete de Ricardo Lagos- ninguna otra figura de su sector ha sido capaz de rivalizar con su estrella. Soledad Alvear ni siquiera alcanzó a competirle en 2005. Luego de ganar su primera presidencia, las cosas no cambiaron: en vez de invertir en liderazgos de futuro, la Concertación se dedicó a discutir si era mejor Lagos, Insulza o Frei. Bachelet terminó su período con cifras exorbitantes de popularidad y los partidos de su coalición descansaron en la certeza de su retorno. Ganó la primaria de 2013 caminando y luego volvió a imponerse con holgura en la presidencial. Incluso después de la reciente aparición de Alejandro Guillier –como fenómeno de popularidad similar-, el espacio que deja Bachelet no ha sido realmente llenado. Por tres lustros, su hegemonía ha sido incontestable.

Piñera está ad portas de poder decir lo mismo en la derecha. Aunque apareció mucho antes que Bachelet en el mapa –fue senador y precandidato presidencial en los noventa-, nunca pudo afirmarse como la figura central de su sector. El Lavinismo lo relegó a un segundo lugar. En 2001 tuvo que bajarse de la senatorial porteña en favor del Almirante Arancibia. En 2004, Piñera y Longueira fueron “cesados” en sus respectivas presidencias partidarias a petición del propio Joaquín Lavín. Hasta entonces, Piñera era uno más de la “generación dorada” de la derecha chilena: la patrulla juvenil de RN y los coroneles en la UDI. Eso cambió en 2005, cuando Piñera le arrebató a Lavín la primera vuelta presidencial. Desde entonces, su hegemonía ha sido también incontestable: fue por lejos el candidato mejor aspectado durante los años siguientes y coronó sus esfuerzos ganando la presidencia en 2010. Piñera ya no era uno más: se convirtió en un primus inter pares (el primero entre sus pares). Tal como le ocurrió a Bachelet, ninguno de sus coetáneos pudo reclamar el derecho de sucesión. Ni Allamand ni Longueira ni Matthei estuvieron a la altura. Cuatro años después, Piñera obtiene en solitario lo mismo que obtuvieron –sumados- los dos candidatos de derecha en la primaria de 2013. En estos cuatro años, Piñera nunca ha abandonado la pole position. Si todo marcha sin sobresaltos, es muy probable que obtenga su segunda presidencia a fines de este año.

La cosa sería entonces Bachelet – Piñera – Bachelet – Piñera. Dieciséis años bastan para marcar una era. Dieciséis años en los cuales ambos han conocido las cúspides de la aprobación popular y los hondos pozos del descontento, pero en los cuales nunca han sido ni remotamente amenazados por figuras de sus propias coaliciones. La era Caburga, si tuviéramos que inventar un nombre de fantasía.

Es cierto que Piñera no ganó la reciente primaria con la misma sideral distancia con la que se impuso Bachelet en los albores de la Nueva Mayoría. Pero parece un detalle menor. La diferencia que sacó respecto de su más cercano competidor es contundente e inapelable: más de treinta puntos. Del mismo modo que Bachelet no se vio obligada a hacer muchas concesiones a sus contendores de entonces (Velasco, Orrego y Gómez), Piñera tampoco queda muy presionado al respecto. Esto no significa que los votos de Manuel José Ossandón o Felipe Kast no importen. Todos los votos importan para ganar competencias estrechas. Lo que significa es que no amagan la posición de Piñera como líder exclusivo y excluyente del sector. Es cada vez más primus y menos par.

La primaria era sin duda un riesgo. Pero tal como Bachelet en 2013, Piñera sale de este proceso fortalecido y recargado. Como no conoce el rencor –una de sus virtudes menos comentadas- el ex presidente no debiese tener problemas para integrar a los perdedores y a sus equipos. La derecha puede mostrar el brillo de sus credenciales democráticas y -por primera vez- contrastarlo con la opacidad de los procedimientos oficialistas. También puede ufanarse de jugar en una división superior a la que juega el Frente Amplio. Por cada cuatro ciudadanos que participaron en la primaria de Chile Vamos, sólo 1 votó en la competencia que medía a Beatriz Sánchez y Alberto Mayol. Por sí mismo, este número no debería ser muy preocupante para los dirigentes del Frente Amplio. Fue su inexperiencia la que generó expectativas más altas. Se trata de una fuerza emergente que debe transitar aún varias etapas. No tiene la maquinaria aceitada de los partidos tradicionales. Por todo lo anterior, no son –por ahora- amenaza real para Piñera.

La incógnita es qué viene después de la era Caburga. En la tribu de Bachelet no aparecen contendores serios a la sucesión. La izquierda tiene mejores prospectos en Jackson y Boric, quienes esperan pacientemente que el carnet de identidad acredite que cumplieron 35. Por el lado de la derecha, no es obvio que Ossandón tome la posta. Salir segundo en la primaria no asegura la nominación siguiente. No le ocurrió a Zaldívar ni a Velasco ni a Allamand. Seguramente, el piñerismo querrá parir un delfín propio. Felipe Kast está más cerca que Ossandón de esos afectos, pero quedó demostrado que su proyecto modernizador y versión liberal derecha tiene un arrastre interno limitado. Esto no hace más que reforzar la figura de Piñera como la encarnación del ethos contemporáneo de la derecha chilena, del mismo modo que Bachelet ha sintetizado lo mismo en la vereda izquierda en los últimos quince años.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/07/06/141094/la-era-caburgua

 

PIÑERA RECARGADO

julio 3, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de Julio de 2017)

Se dio la lógica: Sebastián Piñera ganó la primaria y será candidato oficial de Chile Vamos. Sus números estuvieron dentro de los pronósticos: ganó con autoridad y en un proceso con alta convocatoria. Aunque sufrió un par de embates en la campaña, Piñera sale finalmente legitimado y fortalecido en su aspiración a La Moneda. Se acercó a los 60 puntos y le sacó 30 de distancia a su más competidor más cercano, el senador Manuel José Ossandón. Aunque no es tan abrumadora como la victoria de Bachelet en las primarias de la Nueva Mayoría en 2013, es igualmente contundente e inapelable.

Esta es apenas la segunda primaria presidencial de la derecha. En 2013, dividida entre Pablo Longueira y Andrés Allamand, consiguió que se manifestaran 800 mil personas. Piñera acaba de ganar una primaria –con final futbolística incluida- que supera el millón de participantes. Cuando su liderazgo al interior del sector fue desafiado, Piñera respondió con una demostración de fuerza a la altura.

Es la confirmación de algo ya sabido: desde que irrumpió a mediados de 2005 como candidato presidencial de RN en desmedro de Joaquín Lavín –especialmente después de ganarle esa primera vuelta- Sebastián Piñera ha sido durante 12 años el primus inter pares de la derecha chilena. Si alguna vez hubo sensación de simetría con el poder que ostentaba Jovino Novoa o el propio Longueira, desde hace más de una década que Piñera ejerce el liderazgo indiscutible del sector. Su calidad de ex presidente no fue un lastre. Por el contrario, lo potenció.

Una vez que Piñera deje de ser opción, la derecha tendrá la difícil de tarea de parir un líder con estatura presidencial. El segundo lugar de Ossandón lo deja en posición expectante. El ex alcalde de Puente Alto debe decidir entre “domesticarse” y establecer un nuevo trato con el establishment de la derecha –partiendo por apoyar irrestrictamente a Piñera- o seguir desarrollando el personaje crítico y supuestamente renegado de su tribu cultural. Como sea, con este resultado Ossandón les sacó cuerpos en la línea de sucesión a todos los integrantes de la vieja patrulla juvenil y los coroneles. Es la figura electoralmente más poderosa de la derecha después de Piñera. Más complejo de interpretar es el tercer lugar de Felipe Kast. El diputado de Evópoli ganó en conocimiento nacional y estima intelectual en ciertos círculos sociales, pero quedó lejos de Ossandón. No queda con la primera chance para representar a la derecha en 2021. Tampoco obliga a Piñera a reconocerles más importancia política de la que sus votos sugieren.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-03&NewsID=376495&BodyID=0&PaginaId=46

LA SIESTA DE GUILLIER

julio 2, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de Julio de 2017)

El candidato presidencial de (lo que queda de) la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, llamó a los chilenos a quedarse en la casa este domingo –haciendo un asado, viendo el partido y luego durmiendo una siesta- en lugar de incentivar la participación en las primarias de Chile Vamos y el Frente Amplio. Aunque Guillier recibió fuertes críticas desde ambos conglomerados en competencia, en el fondo no puede hacer otra cosa. Sería absurdo que llamara a la ciudadanía a concurrir masivamente a un proceso democrático que tiene por objeto decidir a sus contrincantes en la primera vuelta de noviembre.

Más todavía, sería éticamente problemático que Guillier instara a sus huestes a votar en la primaria de los rivales, pues quedaría la sospecha de que busca interferir en el resultado. A mayor abundamiento, y dicho con toda crudeza, a la Nueva Mayoría no le conviene que las primarias sean un éxito rotundo de participación, pues eso serviría para fortalecer a sus adversarios, especialmente por el lado del Frente Amplio. Si la coalición de Jackson y Boric logra movilizar más de 200 mil personas, se ha dicho, dicho resultado permitiría especular acerca de una auténtica fuerza política con arrastre popular, eventualmente capaz de amagar al propio Guillier en su expectativa por acceder a segunda vuelta.

Lo único cierto es que la siesta ya se la durmió la Nueva Mayoría. Una primaria entre el propio Guillier, Carolina Goic y el desahuciado Ricardo Lagos habría sido atractiva desde el punto de vista electoral. Al restarse del proceso, queda la sensación que el Frente Amplio ocupó ese espacio político, desplazando a la Nueva Mayoría como alternativa a la derecha. Michelle Bachelet se refirió a los líderes del Frente Amplio como “hijos de militantes de partidos tradicionales”. Pues bien, si la primaria entre Beatriz Sánchez y Alberto Mayol resulta un éxito, los hijos habrán demostrado ser más hábiles –políticamente hablando- que los padres.

La forma en la cual se expresó Guillier puede ameritar reparos. Si en lugar de dirigirse a sus adherentes, hizo un llamado abierto a todos los sectores políticos, uno pensaría que Guillier tiene un problema con la democracia como ejercicio decisorio colectivo. Pero aunque así fuera, no habría razón para acoger dicho llamado desde los simpatizantes de Chile Vamos o el Frente Amplio. El fútbol es más poderoso como disuasivo que lo tenga que decir Guillier respecto de la primaria. Nadie se va a quedar en casa porque Guillier lo recomiende, salvo que se trate justamente de la otrora gran familia concertacionista. Esos están durmiendo siesta hace rato.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-07-02&NewsID=376421&BodyID=0&PaginaId=17

FELIPE KAST Y LOS LIBERALES: UNA ALIANZA RAZONABLE

julio 1, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el 29 de Junio de 2017)

La mayoría de los liberales chilenos se sienten frustrados ante la ausencia de candidaturas presidenciales que los representen. La coalición que lleva por nombre “Sentido Futuro” –que agrupa a Ciudadanos, Amplitud y Red Liberal- estaba llamada a portar dichas banderas. Por diversas razones que no vienen al caso, dicha alianza fue incapaz de parir una carta presidencial. Existen, sin embargo, otras fuerzas liberales. El Partido Liberal del diputado Vlado Mirosevic ha optado por integrar el Frente Amplio y apoyar a Beatriz Sánchez. Es una decisión políticamente legítima, pero que genera otras tantas preguntas legítimas sobre la consistencia entre ideología y estrategia. En la derecha agrupada en Chile Vamos, los pocos liberales que conozco participan del proyecto presidencial de Felipe Kast. Sobre este último, he llegado a la convicción de que se trata de un proyecto valioso no solo para la renovación de la propia derecha, sino para fortalecer la proyección del discurso liberal en Chile.

Salgamos altiro de dudas: ¿es Felipe Kast un liberal? Hace poco, sostuvo que estaba en contra del proyecto de aborto del gobierno justamente por su calidad de liberal. Creo que en aquello se equivoca. Tal como varios hemos señalado respecto del aborto, la posición liberal en general es aquella que se abstiene de colocar sobre los hombros de los ciudadanos cargas demasiado onerosas, es decir, aquellas que afectan radicalmente la igualdad de estatus en una determinada sociedad. Exigir a la mujer, bajo sanción penal, que cargue con un embarazo que pone en riesgo su vida o la expone a situaciones traumáticas o indignas no es propio de liberales. Para nosotros no existen los deberes jurídicos de sublimación. Kast cree que responde la pregunta del aborto desde la perspectiva liberal porque defiende la vida del embrión o feto. Es razonable. Pero suponer que ese embrión o feto dispone de la misma categoría moral de la madre es una posición controvertida. Ni siquiera es necesario tacharla de religiosa, como si Kast estuviera escondiéndonos que su posición –en el fondo- no es más que la consecuencia de su creencia en que Dios creó ahí una vida especial e irrepetible. No es la religiosidad de su postura el problema, al menos no desde la perspectiva liberal. Su posición podría estar igualmente fundada en una filosofía secular anti-abortista.

El problema va por otro lado: los liberales entienden que en sociedades pluralistas existen convicciones profundas y antagónicas sobre temas como el aborto. Son controversias que dependen de aquellos desacuerdos morales y metafísicos que Jonathan Quong llama fundacionales. Por su importancia, el liberalismo no busca zanjarlos definitivamente, imponiendo la tesis de un partido sobre su contrario. Pero, por otra parte, existen otros acuerdos fundamentales en torno a principios y valores comunes. Uno de ellos es que no impondremos a los ciudadanos deberes supererogatorios. Es esta convicción política profundamente liberal –que nace del encuentro entre la igualdad democrática y la idea de autonomía moral- la que debería guiar el razonamiento de Felipe Kast, sin abandonar en ningún minuto su propia convicción filosófica sobre la misma materia. Creo, por lo anterior, que el candidato de Evópoli yerra el marco de análisis. Citar a Sandel –un gran comunitarista crítico del liberalismo- en esta batalla no le será útil.

Pero esta no es, obviamente, razón suficiente para descalificarlo como liberal. De hecho, sus posiciones en varios otros temas del mismo talante “valórico” suelen zanjarse con un marco típicamente liberal, como es el caso del matrimonio igualitario (con posibilidad de adopción), el derecho a eutanasia y la despenalización del cannabis. En otros clivajes contemporáneos, Kast también toma la posición liberal: celebra la inmigración y reconoce el valor público de la ciencia. En la dimensión económico-social, la insistencia casi majadera en la importancia de poner a los niños al comienzo de la lista de prioridades resuena en el principio liberal de la igualdad de oportunidades. Si argumento de justicia para oponerse a la gratuidad universitaria proviene del repertorio liberal. Más todavía, Felipe Kast cree que sin esa igualdad de oportunidades no es posible hablar de libertad. Es decir, del mismo modo que muchos liberales modernos, cree que la libertad a perseguir no es puramente ausencia de interferencia sino autonomía. Esto implica separarse en dos sentidos de la tradición dominante en la centroderecha. Por un lado, que las libertades relevantes no son sólo las económicas. Por el otro, que generar capacidad de autonomía requiere de ciertas condiciones positivas de actividad pública. Si no fuera por su postura sobre el aborto, diría que personifica una versión criolla del socio-liberalismo de Emanuel Macron.

Más allá de sus definiciones doctrinarias y programáticas, Felipe Kast le hace bien a la derecha chilena. La saca de su zona de confort, allí donde todavía mandan los Baby Boomers. Dentro de su tribu, le genera una opción razonable a las generaciones que son genéticamente más liberales que sus padres. Por lo mismo, su aventura le hace bien al proyecto liberal en general. Es cierto que hoy Evópoli está dentro de una coalición con la UDI y RN. Es natural que esta combinación sea matapasiones en el mundo liberal; son dos partidos conservadores cargados al populismo penal y todavía conectados afectivamente con la dictadura. Sin embargo, no eran radicalmente distintas las sospechas que generaban, en otro lado del espectro, las alternativas a Andrés Velasco en la primaria neo-mayorista de 2013. Aun así, la mayoría de los liberales apoyó entonces a Velasco. No sería mala idea que esta vez hiciéramos lo mismo con Felipe Kast.

Puede ser ingenuo, a estas alturas, soñar con una gran referente liberal que vaya desde el Partido Liberal -probablemente estaría escribiendo esto mismo si el candidato del Frente Amplio fuese Vlado Mirosevic- hasta Evópoli, pasando por los integrantes de Sentido Futuro. No somos muchos; tiene sentido que los pocos que somos estemos juntos. Ciertas contingencias han separado a nuestros mejores dirigentes. No es necesario que todos piensen igual. Habrá algunos más orientados a la derecha y otros hacia a la izquierda. Las familias liberales son tolerantes a la divergencia de opinión. Lo importante es que el liderazgo que está construyendo Felipe Kast, el cuerpo de profesionales que lo rodea –que redactaron un programa en serio- y su naciente pero aceitada estructura partidaria, son todos activos en el proyecto liberal de largo plazo en Chile. Por todas estas razones me parece atractiva la idea de concurrir a la primaria a pedir el papelito donde sale Kast y hacerle una raya que no pide nada a cambio pero guarda una cierta esperanza en que, algún día, el puzzle se va armar.

Link: http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/06/29/felipe-kast-y-los-liberales-una-alianza-razonable/

LOS LIBERTARIOS Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

junio 28, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 23 de Junio de 2017)

La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París fue mal recibida por la comunidad científica así como por todos los líderes mundiales que dimensionan la magnitud del problema del cambio climático. Sin embargo, fue justificada en círculos autodenominados libertarios. Según ellos, Trump habría hecho lo correcto. ¿Por qué los libertarios se oponen al consenso científico en esta materia?

Las resistencias de la derecha estadounidense respecto de la ciencia son conocidas. Durante la última administración Bush, batallaron contra el consenso especializado no sólo en materia climatológica, sino además en controversias referidas a la teoría de la evolución, bioética y medicina alternativa, entre otras. Muchas de estas resistencias tienen un origen religioso. Ciertas confesiones reivindican su derecho a articular teorías explicativas de la realidad factual, las que pueden colisionar con las explicaciones provistas por la ciencia secular. Otras resistencias pueden rastrearse en intereses más bien mundanos. A la industria de combustibles fósiles sencillamente no le conviene que la teoría del cambio climático antropogénico sea cierta. Así, Trump hizo campaña prometiendo revitalizar las zonas que dependen de la extracción de carbón.

Sin embargo, ni la resistencia religiosa ni la resistencia por intereses capturan correctamente la fuente del descontento libertario con la idea de “consenso científico”. La resistencia libertaria es de índole epistemológica. Los libertarios disputan la autoridad de los expertos con la misma convicción con la cual disputan la autoridad del estado. Si el consenso científico se transforma en dogma, temen los libertarios, se ahoga la capacidad de cuestionar la verdad oficial.

Es una preocupación legítima que está en el centro del pensamiento liberal en general. Popper y Hayek escribieron sobre el peligro de las verdades oficiales, en tiempos en los cuales los totalitarismos amenazaban no solo con planificar la vida de la gente sino también con diseñar las interpretaciones permisibles sobre la realidad. De ahí la distopía orwelliana descrita en 1984. El triunfo del poder sobre el individuo es total cuando Smith es obligado a conceder que 2 + 2 = 5. Es también la intuición fundacional de la defensa que John Stuart Mill hace de la libertad de expresión. Hay una gran diferencia, señala Mill, entre dar una opinión por verdadera porque no ha podido ser refutada y dar una opinión por verdadera con el propósito de no permitir su refutación. Los libertarios creen que apelar al consenso científico sobre el cambio climático se parece mucho a lo segundo.

He ahí donde se equivocan. El consenso científico sobre el cambio climático –o sobre la teoría de la evolución o sobre la inocuidad de las vacunas- es producto justamente de un intenso proceso de revisión y escrutinio entre pares igualmente calificados. Es enteramente normal que los ciudadanos ordinarios no entendamos el lenguaje ni la lógica de los postulados científicos. Pero eso no afecta las virtudes epistémicas del método. También es cierto que la ciencia se equivoca. Alguna vez se creyó que las ondas electromagnéticas viajaban a través de una sustancia incorpórea llamada éter. También se creyó en la analogía del relojero de William Paley para explicar el origen de la biodiversidad. Pero el carácter esencialmente provisional del conocimiento científico no afecta sus prestigiosas credenciales: la ciencia –usualmente- funciona. Sus conclusiones son lo mejorcito que tenemos para navegar el mapa de la estructura material del universo.

Es decir, los libertarios confunden escepticismo con negacionismo. Lo primero es, siguiendo a Hume, una actitud sana: hay que dudar de aquellas verdades reveladas o impuestas por el peso de la tradición o la mano de la autoridad. En cambio, el negacionista rechaza aseveraciones que cuentan con evidencia relevante en su favor. Como ha sostenido Elizabeth Anderson, los ciudadanos ordinarios tienen –especialmente en la era de la información- los recursos para enterarse del estado del arte en materias como cambio climático. Dejar de hacerlo es cívicamente negligente.

Los libertarios tienen dos posibles salidas. La primera es reconocer que su resistencia frente al cambio climático no es realmente científica sino ideológica. El libertario teme que acciones de coordinación requeridas para enfrentar un problema global de estas características sean asumidas por el estado. Ello implica más coerción. Pero es un error confundir el plano descriptivo con el normativo. Un libertario consciente acepta la realidad del cambio climático y al mismo tiempo promueve alternativas no-estatales de mitigación. La segunda salida es abrazar un modelo epistemológico anarquista. Es decir, cuestionar el rol de la ciencia como generador de conocimiento “objetivo”. Siguiendo a Feyerabend, los libertarios podrían decir que todos los mecanismos epistémicos son igualmente válidos. Pero esa estrategia tiene dos problemas. En primer lugar, los mete en la cama con todas las corrientes postmodernistas que dicen detestar –feministas, entre ellas. Y en segundo lugar, los distancia del ideal liberal que insiste en la importancia moral de justificar las normas a todos los ciudadanos. Dicha justificación depende en parte de contar con ciertos criterios epistémicos comunes. La ciencia, con todos sus problemas, es uno de esos lenguajes compartidos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/06/22/140724/los-libertarios-y-el-cambio-climatico