ESTRECHEZ DE CORAZÓN

agosto 24, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 19 de agosto de 2016)

Uno de los hitos más llamativos de la marcha “No+AFP” fue la moralización del problema político. El veredicto de la calle era lapidario: quienes administran los fondos previsionales de los chilenos son unos ladrones. A través de un gran esquema ideado en dictadura, han montado un sistema que sistemática y deliberadamente defrauda a la ciudadanía. No se trataría –solamente- de un modelo ineficiente para asegurar una vejez pecuniariamente digna. No es que los principios que justifican la mecánica de capitalización individual sean ideológicamente deficientes -aunque también hay parte de ello. Junto a la crítica práctica y teórica que recae sobre las AFP’s, se colaba como un virus la idea de que un grupo de personas de carne y hueso tenía un tinglado armado para quedarse con nuestra plata. Es un fenómeno tan interesante como preocupante.

Interesante, porque usualmente bastan las dos primeras –la cuestión de la capacidad de una política pública para cumplir sus promesas y a cuestión de los fundamentos normativos de la misma- para construir una demanda robusta. No en todos los reclamos sociales va explícita una acusación personal de una manera tan nítida. Es una variable adicional, no necesaria. Pero que dota al movimiento de una rabia particularmente movilizadora: los malos ya están identificados. Preocupante, porque con esos niveles de confianza pública –especialmente respecto de uno de los actores en la mesa- se dificulta el acuerdo amplio que busca patrocinar la Presidenta Bachelet. Sin embargo, ninguna institución se sostiene en el tiempo con un déficit tan pronunciado de legitimidad. En otras palabras, la sobrevivencia de las AFP’s depende de varias cosas pero entre ellas de su propia habilidad para recrear esas condiciones de aceptabilidad social. O, como mínimo, que sean capaces de atenuar la mácula reputacional que los acompaña. Mejor que pasen como ineficientes o burocráticos. Como cantaba González, se puede entender estrechez de mente, soportar la falta de experiencia, pero no se va a aguantar estrechez de corazón.

De la dimensión “técnico-económica” del problema se ha escrito mucho. Gran parte se reduce al anhelo básico y central de gozar de una jubilación decente, cuestión que no se está cumpliendo para demasiada gente. De ahí que el debate entre el sistema actual y sus alternativas dependa de datos duros en materia de ahorro, rentabilidades, demografías, comisiones y años de trabajo. Así por ejemplo, cuando la Presidenta dice que no hay vuelta atrás a un sistema de reparto, lo que hace es reconocer las condiciones de (in)factibilidad del reparto tradicional, pero no juzga las propiedades normativas de un modelo de solidaridad intergeneracional. Hasta ahora, las AFP’s han participado en esta pura narrativa, sin moverse hacia la filosofía que sostiene el modelo. A sus defensores les exaspera –como lo vimos en el caso de José Piñera- que la gente en sus casas no entienda las virtudes numéricas del asunto.

Algunos intelectuales como Carlos Peña y Pablo Ortúzar han articulado el problema “político-ideológico” que subyace a la conversación sobre las pensiones. Peña homenajeó los principios del liberalismo-igualitario y recordó la idea de justicia Rawlsiana, ésa en la cual los individuos pactan un acuerdo social que los proteja a todos contra las arbitrarias contingencias del destino, y por tanto estén dispuestos a compartir parte de los frutos de la cooperación social. Ortúzar, por su parte, argumenta que el valor de la justicia intergeneracional debe medirse en base de la capacidad efectiva de la población para hacerse cargo de sus viejos. Es decir, se pregunta por los límites justos de la solidaridad. Como ambos señalan, son debates fundamentales. Sin embargo, es poco probable que sean muy relevantes para el ciudadano promedio, que básicamente quiere tener una buena pensión. La mayoría de la población, posiblemente, es tan práctica como Deng Xiaoping: le da lo mismo el color del principio, lo que le importa es que asegure un ingreso parecido a lo que ganaba cuando trabajaba.

Y luego viene, finalmente, esta tercera dimensión profundamente condenatoria de las intenciones éticas de quienes participan –e incluso defienden- el sistema de pensiones. No sólo del privado. Sin la chispa que encendió la abultada pensión de la señora Olate en Gendarmería, probablemente no habríamos tenido el incendio que tuvimos. El movimiento para derribar a las AFP’s no es nuevo. El malestar tampoco. Pero faltaba la infracción moral para combustionar la indignación. En esto, políticos y empresarios caen –hasta cierto punto- en el mismo saco. Al senador Navarro –histórico enemigo del sistema- lo sacaron a chuchadas de la manifestación. “Ladrón”, “Corrupto”, le gritaron. Ni a los representantes del PC los dejaron marchar en Iquique. A José Piñera lo pintaron, en un grafiti, tras las rejas. La sensación instalada es que unos y otros se hacen ricos a costa del pueblo: los políticos trabajan poco y ganan millones, e instalan a sus familiares en lugares estratégicos para sacar pensiones de lujo. Los dueños de las AFP’s nadan en billetes gracias a sus abusivas comisiones negras. Es una narrativa agria. Pero ya lo decía Zurita, “Chile entero es un desierto… no hay un alma que camine por sus calles, y solo los malos parecieran estar en todas partes”.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/08/18/120826-estrechez-de-corazon

EL MENOS MALO

agosto 22, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 20 de Agosto de 2016)

A dieciocho meses de las próximas elecciones presidenciales, existe incertidumbre respecto de su desenlace. Por supuesto, Sebastián Piñera lidera la tabla de posiciones pero su posición está lejos de estar consolidada -marca apenas 14% en mención espontánea. Dos de cada tres chilenos dice no tener remota idea de por quién votar. Eso significa que se trata de una carrera abierta. Si todo se mantiene en el mismo estado –helado como lago de invierno- es probable que Piñera llegue a La Moneda por segunda vez. No será por entusiasmo. Será porque es el único parado después de un vendaval.

En el Chile de hoy, ningún aspirante a la presidencia despierta muchas adhesiones espontáneas. Algunos han hablado de una peruanización del escenario político chileno. Conocido por ser estable y predecible, nuestro panorama se estaría atomizando, generando un esparcimiento de la representación. Pero sobre todo, una altísima abstención. Una crisis de representatividad es una crisis de identidad política. Dejar de participar es la respuesta natural.

Si gana Piñera, por ende, es porque es el menos hundido un pantano que tiene a sus potenciales rivales con el barro hasta el cuello. En eso se ha convertido para mucha gente esta carrera presidencial: en la elección del menos malo. Hasta la irrupción de Alejandro Guillier debiese leerse en esas líneas: su principal virtud es la poca resistencia que genera. En cualquier caso, Guillier también puntea en credibilidad.

Algunos creen que Piñera tiene en ese sentido su talón de Aquiles, y que el caso de Lan en Argentina podría afectarlo. No es tan así. Fue Camilo Escalona quien profetizó en 2007 –cuando el entonces candidato RN fue multado por la SVS por no abstenerse de usar información privilegiada- que la carrera de Piñera llegaba hasta ahí.  Se equivocó medio a media. Piñera, parece, es inmune a ese tipo de cargos y acusaciones. Pero aunque haya demostrado ser inmune, si el clivaje de la credibilidad de instala como el gran tema de la elección, Piñera tendrá un vuelo con turbulencias hacia La Moneda.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-08-20&NewsID=353175&BodyID=0&PaginaId=4

LA HIPÓTESIS GUILLIER

agosto 18, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de agosto de 2016)

El Partido Radical no es el más sexy del vecindario político. Después de décadas gloriosas a mediados del siglo pasado, nunca ha podido recuperar el grado de influencia que tuvo. Durante los últimos lustros, se las ha ingeniado para sobrevivir a la cola del vagón concertacionista. Su figura más protagónica ha sido José Antonio Gómez, que si bien no se ha perdido gabinete alguno –en este segundo gobierno de Bachelet ya lleva dos carteras en el cuerpo- tampoco ha prendido como presidenciable.

Sin embargo, hace pocas semanas los radicales lanzaron su campaña municipal asociada a la imagen del senador Alejandro Guillier. Aunque Guillier no es militante del partido, obtuvo su escaño en la Cámara Alta con cupo y apoyo radical. Tímidamente, algunas encuestas han comenzado a medir al legislador por Antofagasta como potencial carta presidencial. Mal no le ha ido. De pronto, a los radicales se les abre un horizonte insospechado. Si Ricardo Lagos finalmente declina competir en una primaria de la Nueva Mayoría, Guillier se transforma en un nombre competitivo. Ni Isabel Allende ni José Miguel Insulza –por el lado de los socialistas- ni Carolina Goic ni Ignacio Walker ni Jorge Burgos –por el lado democratacristiano- tienen ventaja sobre Guillier en un escenario sin Lagos.

Guillier tiene a su favor algo que sus eventuales contendores no tienen: un grado respetable de credibilidad pública. No la consiguió en la política, claro está, sino en sus años de comunicador y rostro ancla de las noticias. Es un activo que vale su peso en oro en los tiempos que corren. No genera grandes entusiasmos –no es un personaje muy adrenalínico- pero tampoco levanta rechazo considerable. Tiene, además, una habilidad similar a la que hizo célebre a Michelle Bachelet: se maneja bastante bien en el ámbito de la indefinición ideológica, lo que invita a que distintas corrientes puedan verse identificadas en él. Hay un Guillier versión centrista, moderado y gradualista, del mismo modo que hay un Guillier versión progresista, laico y republicano. La hipótesis Guillier toma vuelo. Como toda hipótesis, habrá que probarla para ver si resulta.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-08-18&NewsID=352976&BodyID=0&PaginaId=20

JACKSON Y BORIC, UNA IDEA OBVIA

agosto 12, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 5 de agosto de 2016)

La idea es tan obvia que llega a ser extraño que todavía no sea una realidad. Los dos políticos más populares de Chile –por no decir, los únicos populares- son Giorgio Jackson y Gabriel Boric. Ambos transmiten la energía de una generación que quiere cambiar varios –y sustantivos- aspectos del país que recibieron de aquellos que administraron la transición. Ambos pertenecen a movimientos de izquierda cuyas diferencias ideológicas son, en la película completa, pequeñas. De hecho, las divergencias entre Revolución Democrática y los Autonomistas son más estratégicas que doctrinarias. Son dos grupos críticos de la Nueva Mayoría en el poder y hacen caras de asco cuando les preguntan si apoyarían a Ricardo Lagos. En resumen, una alianza entre ambos está cantada.

Su pronóstico no es nada de malo: aunque ambos grupos tienen un valor más especulativo que real hasta el momento, cualquier campaña que recorra Chile con la cara de Jackson y Boric en el cartel tiene mejor llegada que todas las otras combinaciones imaginables. Sin el cerrojo del binominal, la cancha está abierta para que una fuerza de estas características haga su primera cosecha parlamentaria relevante en 2017. Sin embargo, muchos de los integrantes de estos movimientos preferirían algo más masivo, menos concentrado en la promesa de renovación generacional y la política de los rostros pop. Algo con más tierra, más historia. Algo que agrupe a muchos colectivos y partidos de izquierda, a la usanza del Frente Amplio uruguayo. La sola mención del nombre les evoca fantasías. Pero ese trato debiese incluir al PC. Y el PC no va de comparsa. Complicado para los jóvenes. Pero la política es el arte de la conversación, la que muchas veces incluye negociación y compromiso para alcanzar acuerdos superiores.

En el marco de esas conversaciones, “sorprendieron” a dirigentes de RD reunidos con Lagos. “Sorprendidos”, porque el hecho fue comunicado con el susurro de una infidencia y el estruendo de una acusación. Se juntaron porque querían hablar del sendero constituyente y otras hierbas. Papá Lagos consideró que había ganancia en la noticia –la había- pero cometió el error de filtrarla cuando recién tejía las primeras confianzas. Dinamitó los puentes antes de construirlos. Cuanta la leyenda que ME-O hizo la misma en 2011 y desde entonces el problema con esa generación de líderes estudiantiles es personal.

Como sea, estos dirigentes y movimientos –flamante partido, en el caso de RD- tienen la responsabilidad política de ofrecer una alternativa presidencial, con la propuesta programática y la actitud cultural que ello implica. La figura de Cristián Cuevas puede servir de catalizador. Aunque nadie escribe ni se pregunta mucho por Cuevas en los medios de la elite, en un escenario donde las alternativas son conservadoras –dígase Piñera vs. Lagos- su participación puede ser electoralmente honrosa.

Pero los lotes de Jackson y Boric tienen dificultades internas. Por ejemplo, el arco ideológico que cubre la membresía de RD va del jesuitismo progresista al entusiasta chavista. Eso es bastante. Los primeros votarían por Lagos. Quizás habrían preferido copar el espacio político que ocupa actualmente la vieja DC, en retirada por una cuestión cronológica. En el medio existen otros tantos que prefieren la tesis del partido instrumental, jugando un rol parecido al que jugó el PPD, en retirada por una cuestión reputacional. Más a la izquierda, están los que creen que las teclas correctas son las del anticapitalismo declarado. Para ellos, no hay vida dentro de la Nueva Mayoría ni de su heredero histórico. Sin decirlo, van por el voto del PC. Como los mecanismos deliberativos de RD pretenden ser transparentes y democráticos, tomar estas decisiones no está fácil.

Dicen que RD se parece al MAPU: un grupo de elite que se radicaliza respecto de la tradición familiar y se encarna en una expresión política más o menos transversal que despliega un grado respetable de influencia. Pero hay otra analogía histórica que parece más acertada: del mismo modo que la generación de sus padres encontró una fuente (casi) inagotable de poder político en la épica del 1988, los hijos la encontraron en las movilizaciones del 2011. A propósito del MAPU, cuenta el relato que sus dirigentes sesenteros fueron un día a visitar a Fidel Castro. Le pidieron consejo sobre estrategia y posicionamiento. Fidel, sabio, les recomendó no declararse marxistas sino de una izquierda cristiana. Así, pensó el dictador, vamos a estar ampliando la base de la UP. Marxistas había suficientes. Los jóvenes estaban pasados de revoluciones y no le hicieron caso. Es una incógnita si RD seguirá el mismo derrotero.

Los sucesos recientes dentro de la Izquierda Autónoma tampoco ayudan. Cuando se pasa más tiempo en dividir que en sumar se pierden oportunidades políticas. En la interna todas las cosas se sienten intensas, pero le sugieren al espectador externo la idea de un fraccionamiento con motivos mezquinos. Como sea, la figura de Boric sigue siendo su principal activo, gústeles o no su modo de ejercer liderazgo.

Una alianza formal entre Jackson y Boric tiene un potencial insospechado. En otros países, movimientos con características similares han logrado éxitos electorales en poco tiempo. La idea es tan obvia que llega a ser extraño que todavía no sea una realidad.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/08/04/110851-jackson-y-boric

AUN TENEMOS PRESIDENTA

agosto 11, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 11 de agosto de 2016)

A los gobiernos les cuesta controlar la agenda. Nos hemos acostumbrado a que el ritmo de la discusión política lo marque la calle y la contingencia. Sin una masiva marcha convocada para echar abajo las AFP’s, la Presidenta Bachelet no habría desplegado una batería de propuestas legislativas en cadena nacional. Aunque su gobierno le había encargado a una comisión de expertos el estudio de mejoras al sistema, nadie en el oficialismo parecía muy urgido por ponerle ruedas al asunto. Fue la propia mandataria la que dijo que la “obra gruesa” de su segundo período estaba concluida. Pero así como los estudiantes obligaron a la clase política a reaccionar en materia educacional, el movimiento que dirige Luis Mesina obligó al Ejecutivo a tomar cartas en el asunto.

Legislar bajo presión es un arma de doble filo. Por un lado, es bueno que los gobernantes mantengan el oído afinado a lo que ocurre en su entorno, y que tengan la capacidad de adaptar su marcha a las necesidades políticas del momento. Por el otro, propuestas diseñadas a la rápida carecen de la seriedad técnica que algunas materias complejas requieren, y generan la sensación de que el gobierno está obligado a responder con una sonrisa a todas las demandas sociales. Sin embargo, Michelle Bachelet salió jugando relativamente bien. Su paquete previsional toma en consideración varias aspiraciones de los críticos del sistema actual, pero en términos generales mantiene las vigas centrales del modelo de capitalización individual. Es decir, mientras busca avanzar en solidaridad –incorporando ciertos aspectos de justicia intergeneracional y cargándole la mano a los empleadores antes que a los trabajadores- se cuida de no caer en la irresponsabilidad de desbaratar una de las vigas maestras del mercado de capitales, y por ende de la economía chilena. Además promete regulaciones a los cacareados abusos de las administradoras privadas de pensiones y poner fin a las discriminaciones entre distintos tipos previsionales, lo que recoge parte importante de la indignación de la ciudadanía.

Por supuesto, la propuesta de la Jefa no dejó contentos a los extremos del debate. Quizás sea eso un buen síntoma. Tampoco hay claridad respecto de cuándo estos cambios se harán realidad. Bachelet es maestra en mandar la pelota al córner. Dijo que se necesitaba un amplio acuerdo nacional, con todos los actores, para entrar a picar. En el clima de desconfianza actual y con dos años electorales por delante, no está fácil. Por lo menos, La Moneda cumplió con sacar a Bachelet de su marasmo político, recordando a los chilenos que todavía la tienen por Presidenta.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-08-11&NewsID=352422&BodyID=0&PaginaId=19

JORGE BURGOS: UNA EXÉGESIS

agosto 9, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en http://www.capital.cl el 9 de agosto de 2016)

Jorge Burgos rompió el silencio para decir básicamente tres cosas: que el proyecto ideológico de la Nueva Mayoría debiese terminar al completar Michelle Bachelet su segundo período –es decir, prácticamente el próximo año; que no es buena idea tener a los comunistas en el gobierno, al menos no con el grado de influencia del que gozan; y que la agenda de la centroizquierda de futuro tiene que ser menos voluntarista y más realista respecto de las posibilidades del país.

Respecto de lo primero, Burgos no está diciendo un disparate. El proyecto ideológico de la Nueva Mayoría nace en la alquimia de los movimientos sociales que atormentaron a Piñera y la incombustible popularidad -personal e intransferible- de la candidata. Las condiciones del próximo ciclo electoral serán distintas. Esta vez no hay una figura carismática cuya capacidad expansiva permita cobijar a tantas tribus distintas bajo el mismo paraguas. Por su parte, las reformas emblemáticas que el programa de gobierno absorbió de la calle han generado altos costos políticos y no se han traducido necesariamente en inyecciones de aprobación ciudadana. Por supuesto, siempre se puede sacar un conejo del sombrero. Dos marchas más contra el sistema de capitalización individual y no habría que sorprenderse si algun parlamentario plantea que derribar la herencia previsional de la dictadura debe constituir el pilar programático de la Nueva Mayoría 2.0. Pero en términos generales, es evidente que hay que darle una vuelta al asunto. Las encuestas son engañosas, pero nunca tan engañosas como para pensar que un 19% de aprobación esconde un contundente apoyo a la gestión del gobierno. En resumen, la Nueva Mayoría ha funcionado reguleque. Tiene bastante sentido preguntarse si vale la pena continuar la relación o explorar un divorcio.

En segundo lugar, Burgos no será el primero ni el último democratacristiano en hacerles el quite a los comunistas. Es historia antigua. Lo dijeron incluso varios prohombres falangistas en el umbral del retorno de Bachelet. La voz del Gute todavía resuena con advertencias. Nadie puede decir que no lo intentaron. El testimonio de Burgos es ex post: se acostó con ellos y amaneció mojado. La legendaria disciplina del PC, dijo, es cosa de pasado. El terror del ex ministro es que sus camaradas quieran participar en una nueva primaria donde gane el candidato de los comunistas -que no tienen un pelo de tontos y apuestan a ganador (en la primaria pasada resultaba evidente que José Antonio Gómez representaba mejor sus convicciones doctrinarias, pero el partido de Teillier se fue con la invencible Michelle). En ese escenario, piensa Burgos, la DC sigue encorvando su influencia. ¿Por qué sus camaradas querrían participar en esas condiciones? Porque no sólo de convicciones vive el democratacristiano. El aparato del estado es un fruto maduro que alimenta las necesidades materiales.

Finalmente, en la tesis de la gradualidad, la moderación y los grandes acuerdos aparece el Burgos noventero, nostálgico de una Concertación de la cual sus pares abjuraron. Hay que retomar el crecimiento, recuerda. Hay que enrielar este tren que perdió la dirección. No repitió la teoría de Lagos sobre la crisis institucional, pero presentó una visión casi tan sombría. De Lagos se dijo que le había puesto la lápida a Bachelet. Similarmente, de Burgos se critica su sentido de la lealtad: ¿Cómo puede decir que Chile está descarrilado si hace unas semanas era el ministro más importante de La Moneda? Pero es una crítica algo injusta. Como ministro realizó los esfuerzos que estimó necesarios para detener la ansiedad adolescente y atenuar el ímpetu retroexcavador de sus socios. Es probable, en ese sentido, que la verdadera piedra en el zapato de la Nueva Mayoría haya sido Burgos y no el PC. Dicho de otra manera, que siempre hayan sido los comunistas los que interpretaron mejor la partitura programática y que hayan sido los Burgos del oficialismo los que remaron para el otro lado. Burgos podrá defenderse diciendo que remó para el lado correcto, pensando en Chile. Pero ése es otro asunto. Si mapeamos el código genético de la Nueva Mayoría, no sería sorpresivo que el ADN político de Guillermo Teillier arrojara una mayor coincidencia que el ADN político de Jorge Burgos.

El drama de Burgos, en cualquier caso, es el drama de parte importante de la DC. Fueron relevantes cuando la centroizquierda se componía –como bien recordó Burgos- de un elemento socialcristiano y un elemento socialdemócrata. Esos contornos ideológicos se han difuminado y complejizado. Será difícil volver atrás. Salvo que el hombre sea Lagos. Con Lagos no resulta tan absurda la idea porque el personaje en sí mismo constituye una vuelta al pasado. Si no es Lagos, la DC sólo participa en una primaria si tiene un nombre capaz de ganarle a Isabel Allende. Bancarse otros cuatro años de comparsa lloriqueando por la influencia del PC, es masoquista. Como decía Bridget Fonda en Singles (1992) de Cameron Crowe, “estar solo, tiene su dignidad”.

Link: http://www.capital.cl/poder/2016/08/09/090833-el-drama-de-jorge-burgos-y-la-dc-segun-cristobal-bellolio

LAS LÁGRIMAS DE CAMILA

agosto 8, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de agosto de 2016)

Las lágrimas que derramó Camila Vallejo durante la interpelación a la ministra Javiera Blanco fueron genuinas. La diputada floridana estaba visiblemente emocionada recordando las condiciones de precariedad y vulnerabilidad de los niños del SENAME. Como madre, sugirió, estos temas le dolían el alma. No fue show ni puesta en escena; Vallejo fue sincera. También parece sincera la preocupación que el diputado Giorgio Jackson ha mostrado por los problemas de la cartera de Justicia. A pesar de discrepar con la derecha, el legislador de Revolución Democrática se sumó a la interpelación. No sería descabellado que se sumara a la acusación constitucional en contra de Blanco.

Sin embargo, ni las lágrimas ni las declaraciones de buena voluntad son suficientes. Si bien es innegable que la crisis del SENAME desnuda un problema estructural en la manera que el estado de Chile lidia con sus niños en abandono y marginalidad –y por tanto requiere reflexiones a largo plazo- también es cierto que –en el corto plazo- lo que se necesita son recursos. Lamentablemente, los recursos son escasos. Gobernar implica priorizar el gasto. La contingencia impone ciertas urgencias políticas, evidentemente. Pero si realmente estamos preocupados de nuestros niños olvidados, entonces debería existir un compromiso real de priorizar el gasto en mejorar las condiciones en las que opera el SENAME.

Tanto Vallejo como Jackson han sido protagonistas de la demanda por gratuidad universitaria. Se trata sin duda de una demanda legítima. Pero corresponde preguntarse si acaso no palidece de frivolidad ante la realidad social de miles de niños cuyas necesidades son mucho más básicas. Por supuesto, se puede caminar y mascar chicle. Tampoco hay una incompatibilidad ideológica entre ambos anhelos. Pero Chile no es un país rico. Aunque resulte difícil, hay que decidir qué hacer con los escasos pesos del baúl fiscal. No sólo es una decisión estratégica, sino moral. Sería realmente decidor si ambos diputados manifestaran, por ejemplo, que están dispuestos a priorizar el gasto en los niños del SENAME antes que el presupuesto de gratuidad universitaria. En otras palabras, hay que poner la plata donde ponemos nuestras lágrimas.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-08-08&NewsID=352209&BodyID=0&PaginaId=33

LA SOBREVIVIENTE DE TEGUALDA

agosto 3, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de agosto de 2016)

Cuatro mosqueteros de la campaña presidencial de Michelle Bachelet fueron premiados con ministerios. Rodrigo Peñailillo y Alberto Arenas por su trabajo político-programático, Álvaro Elizalde y Javiera Blanco por sus vocerías. De los cuatro, sólo Blanco sobrevive en el gabinete. Los otros tres salieron en el ajuste ministerial más radical que ha hecho la presidenta. En dicha ocasión, Javiera Blanco pasó de Trabajo a Justicia. No sabía con la chichita que se estaba curando. Un ministerio relativamente tranquilo se volvió en cuestión de semanas una tormenta perfecta.

Partidarios y adversarios le han recomendado a la presidenta que reemplace a la ministra Blanco. Pero a Bachelet –sabemos- no le gusta que la pauteen. Es la única que queda del comando de calle Tegualda y la Jefa le tiene sobrado cariño. No quiere sacrificar a otro de sus críos políticos. En una de esas, piensan los optimistas de La Moneda, la interpelación le da un nuevo aire. Si no están los votos necesarios para una acusación constitucional en toda regla, en una de esas la ministra Javiera Blanco pasa agosto.

Sin embargo, la derecha no anda tan perdida sacando al pizarrón a la titular de Justicia. El escándalo de las pensiones engordadas entre gallos y medianoche en Gendarmería no ha tenido una respuesta a la altura. La renovada rabia contra las AFP tiene su origen en el jubilazo de la mujer de Osvaldo Andrade. Lo que refuerza la percepción orwelliana de que- para el socialismo versión bacheletista- todos somos iguales pero hay algunos más iguales que otros. Luego vino el drama del Servicio Nacional de Menores. Otra vez, aparece la inconsistencia de un gobierno que se devanea los sesos haciendo cálculos para cubrir matrículas universitarias mientras sus niños más vulnerables mueren o son abusados en medio de la indiferencia general del sistema política y la repartija de cargos para satisfacer a los partidos.

En síntesis, los últimos meses de la cartera de Justicia han resumido los problemas endémicos del actual gobierno. Muchos de ellos vienen arrastrándose de hace tiempo y no son responsabilidad de Javiera Blanco. A la ministra le correspondía navegar políticamente estas tempestades y el resultado –hasta el momento- no es muy alentador. Si se queda, es porque la presidenta no quiere perder a una colaboradora leal.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-08-03&NewsID=351881&BodyID=0&PaginaId=14

EL DILEMA DE PAPÁ LAGOS

julio 31, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 31 de Julio de 2016)

Los titulares son engañosos. Ricardo Lagos Escobar no dijo que Chile estuviera atravesando por la crisis institucional más seria de su historia republicana. Dijo que, descontando el ’73, era la crisis más compleja de la que tuviese memoria. Eso deja fuera a las crisis más dramáticas de nuestra vida independiente, incluyendo un par de guerras civiles. Lagos no está gagá. Sabe perfectamente bien de lo que está hablando.

Ricardo I decidió pasar el cambio desde la teoría de la crisis política a la teoría de la crisis institucional. Como tantos, el ex presidente está consciente de los misérrimos grados de credibilidad de la clase política y de la erosión de la representatividad. Sin embargo, a todo eso se le llamaba crisis política. Crisis institucional eran palabras mayores. El colmo de Lagos: que las instituciones no funcionen. Ahora el propio Lagos sostiene que el nivel de desconfianza ha horadado de forma tan tóxica a las instituciones del estado –todas en el mismo saco- que la situación nacional se pone se pone incierta.  “Yo no sé si el país aguanta año y medio con esta crisis”, remata fatalista.

Lagos presentó una visión sombría. Pero la bilis de la conversación pública está a la vista y Lagos la interpreta correctamente. El olor a sospecha cruza la cordillera. Por ahí dijeron que su discurso se parecía al de Donald Trump, que alerta a los estadounidenses que su país se va por el wáter. Trump advierte “yo o el caos”. Queda abierta la pregunta de si Lagos cree lo mismo. Intuye que las actuales condiciones son engañosas: si bien hay un vacío de autoridad –cuestión que le favorece- se enfrenta al mismo tiempo con una ciudadanía emancipada de paterfamilias. Una cosa es dejarse querer y la otra es creerse el cuento. No quiere terminar como Frei Ruiz-Tagle en el 2009. Lagos sabe de presidentes. Conoce las circunstancias en la cuales ganaron y gobernaron sus colegas.

En abstracto, Lagos sería un excelente mediador en una crisis de estas características –en la necesidad de un gran acuerdo nacional, como le gusta señalar. Pero el escenario tiene complejidades inhóspitas para su figura. No por su edad ni por su pasado concertacionista –ninguna de las cuales tenga por qué arrepentirse- sino porque los acuerdos necesarios para superar la crisis demandan un impulso histórico que difícilmente podrá patrocinar un nombre tan asociado al pasado. Salvo que Lagos quiera adoptar definitivamente la opción constituyente radical, es decir, la redistribución del poder vía asamblea. Es una de las pocas cartas que tiene para conquistar a la izquierda, pero no le grajeará muchos afectos en la derecha –para la cual se había transformado en el último tiempo en una opción nada despreciable. En síntesis, Lagos sabe que hay que hacer algo al respecto. Lo que no sabe es si acaso la piscina tiene agua suficiente para que sea él quien promueva la solución.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-31&NewsID=351609&BodyID=0&PaginaId=15

EL SEGUNDO GOBIERNO DE SEBASTIÁN PIÑERA

julio 27, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 22 de Julio de 2016)

Sebastián Piñera ha señalado que es prematuro hablar de candidaturas presidenciales, cuando falta todavía un año y varios meses para la elección. No alcanzamos a elegir un presidente, sostuvo, cuando ya estamos pensando en el siguiente. Es como un deporte nacional, remató. Tiene razón. Pero no se puede hacer mucho al respecto. Con períodos tan cortos como el nuestro, los últimos dos años suelen estar dominados por el debate electoral. A eso se suma el síndrome del “pato cojo”: algunos gobiernos parecen acabarse antes de tiempo entre la irrelevancia y la escasa popularidad. Hay que agregar, por cierto, que las palabras de Piñera son estratégicas: no quiere parece preocupado de las próximas presidenciales pero prácticamente todas sus acciones delatan que sí lo está. La verdad es que no queda más alternativa que entregarse a este deporte de política ficción. La pregunta de esta columna es cómo debiese ser un segundo gobierno de Sebastián Piñera.

A poco de asumir, el propio Piñera dijo en una entrevista que “sólo los muertos y los santos no tienen conflicto de intereses”. Honestidad brutal, pero también escasa sensibilidad política frente a un asunto que le costó varios malos ratos. Después del festival de escándalos de los últimos años -que vio a la presidenta más querida de la historia de Chile descender a los infiernos de la desaprobación ciudadana- un nuevo gobierno de derecha no tiene espacio para ser indolente frente a las crecidas demandas de probidad y transparencia. Piñera está en la mira. Aunque zafe en lo personal, sus opositores le enrostrarán que una docena de sus más estrechos colaboradores –incluyendo ministros estelares como Golborne y Longueira- se han visto manchados hasta el tuétano con las irregularidades del dinero y la política. Es decir, si la derecha regresa a La Moneda, el primer mandatario tendrá que ser más papista que el Papa con sus designaciones y nombramientos. Usando su propia metáfora, debe ser el gobierno de los muertos y los santos. Si antes se trató de convocar a los “mejores” de acuerdo a sus credenciales académicas y ejecutivas, los “mejores” serán ahora los que muestren su hoja de servicios –públicos y privados- inmaculada. El comité de chequeo y re-chequeo de antecedentes deberá actuar con un celo draconiano. A partir del caso Wagner, sería negligente no endurecer las normas internas contra el tráfico de influencias. Piñera no es el adalid de las buenas prácticas, pero puede preocuparse de que su segundo gobierno no se caiga donde todo el mundo está esperando que se caiga.

Piñera enfrenta otro dilema respecto de los elencos que lo acompañarán en un eventual segundo mandato. El 2013 quedará registrado en los anales de la historia de la derecha chilena como el año que fundió políticamente a su generación dorada, justamente la generación de Piñera. Si no fuera por la resurrección senatorial de Allamand, la pérdida habría sido completa. Los años posteriores se han encargado de rematar a los coroneles más emblemáticos de la UDI. Dicho de otro modo, Piñera tendrá que recurrir a una generación distinta a la suya. No debiera ser un problema. Su primera administración se caracterizó por dar espacio a miles de jóvenes que dieron sus primeros pasos como empleados del estado. Varios aprendieron a costalazos. Ya no son novatos. Necesariamente, Piñera tendrá que conferirles mayores responsabilidades políticas. Hay que tomar en cuenta, también, que la UDI no es la misma de hace unos años. Piñera entiende de avalúos. El gremialismo no vale lo mismo en 2017 que en 2009. Si su crisis reputacional –grave por sí  misma- va acompañada de una crisis electoral a partir del fin del binominal, Piñera no está obligado a darles mucho protagonismo. Por decirlo de algún modo, un segundo gobierno suyo debiera acercarse más a la frescura incierta que representa Evopoli que a los cuadros tradicionales del aliancismo de la transición. Queda siempre rondando la pregunta de qué hacer con Allamand…

Finalmente, está el tema del relato. No se gobierna en poesía sino en prosa, dicen los entendidos. Gobernar es navegar, no filosofar. Pero la ostentosa superficialidad de la primera vez tampoco resultó ser provechosa. Un par de ideas centrales que revelen un mínimo de densidad intelectual pueden ser útiles. A la gente le cuesta identificar cuál fue la gran contribución por la cual el primer gobierno de Sebastián Piñera pasará a la historia. Se hicieron varias cosas, pero no pareciera existir un hilo conductor. Se creció económicamente y se generó empleo. Pero es dudoso que eso baste para generar una narrativa capaz de dejar una huella en los libros. A diferencia de la vez anterior, esta vez Piñera cuenta con un cuerpo de promisorios intelectuales y centros de pensamiento que pueden ayudar en la tarea. En una frase, menos Instituto Libertad, más Instituto de Estudios de la Sociedad.

Un segundo gobierno de Piñera debe ser menos piñerista que el anterior. Es decir, menos amigos y parientes, y más mentes independientes. Menos hombres blancos capitalinos heterosexuales católicos del barrio alto y egresados de colegio particular. Más mujeres, más voces regionales, y por cierto más diversidad racial, social, sexual, religiosa y educacional. En lugar de sumar uno que otro Ravinet, su norte debiese estar en la conquista política de la izquierda liberal que representan los Brunner y los Engel. Por supuesto, esto es pura ficción. Pero no está de más practicar el deporte nacional.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/07/21/090714-el-segundo-gobierno-de-sebastian-pinera


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