CAPOTERA INTELECTUAL

junio 20, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de Junio de 2017)

Manuel José Ossandón ha recibido una verdadera capotera intelectual por reconocer que en algunas materias de crucial importancia –como el Acuerdo de París sobre compromisos de mitigación del cambio climático- no sabe nada. Los ingeniosos le pusieron Manuel “No Se” Ossandón. En los sectores más ilustrados de la población, la ignorancia que ha demostrado el senador santiaguino se considera inexcusable, al menos para aspirar a la primera magistratura de la nación.

Ossandón se defiende argumentando que los presidentes no necesitan ser expertos en todo. Tiene razón. En ese sentido, la vara que deja Piñera es alta. Más allá de los clichés y los lugares comunes de su predilección, Piñera se maneja en todos los temas de estado como pez en el agua. Pero eso no garantiza –por sí mismo- una buena presidencia. No seré experto, dice Ossandón, pero por lo menos soy honesto. Esa es la carta que usa para equilibrar las cosas con el ex presidente.

En cualquier caso, el bullying de redes sociales y medios de comunicación puede constituir una oportunidad para Ossandón. El caso Trump está fresco en la memoria: el actual presidente estadounidense ganó contra la corriente de la elite cultural e intelectual de su país, la cual no podía comprender cómo un hombre de una mente tan tosca fuera capaz de convocar tantas voluntades.

Pero resulta que aquellas voluntades no estaban buscando un referente ilustrado sino al portavoz de un par de ideas básicas. “Me gusta Trump porque dice las cosas como son”, decían sus partidarios. “Denuncia al establishment de Washington”, decían otros. El Ossandonismo baila el mismo compás. Como buen heredero de Carlos Larraín, Ossandón se jacta de su estilo campechano frontal –como si hubiese que disculparle ciertas expresiones por una consideración folclórica. Eso se traduce muchas veces en la percepción de “dice las cosas como son”. No porque las cosas sean realmente así, sino porque sortean las vallas de la corrección política. No hay un mérito intrínseco en aquello. Algunas cosas son políticamente incorrectas por buenas razones. El punto es que se trata de opiniones que existen y tienen arrastre en la ciudadanía.

Por eso, cada vez que nos reímos de su simpleza apatronada y su falta de estatura intelectual, Ossandón se anota un poroto. Cada vez que tiene que excusar su experticia, se posiciona en una victimización conveniente en el clima político actual: mejor tonto que deshonesto.

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LA RELIGIÓN DEL CRECIMIENTO

junio 15, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 9 de Junio de 2017)

Hay un vector fundamental del debate político en el cual derechas e izquierdas coinciden: sin crecimiento económico es poco lo que se puede hacer. Para unos, el crecimiento es consecuencia del libre despliegue de las capacidades humanas. Para otros, es la fuente que posibilita la redistribución. Pero casi nadie visualiza un mundo en el cual mañana tengamos menos (o lo mismo) que tenemos hoy. La idea es que siempre hay que tener más.

La necesidad de incrementar la productividad está inscrita en el credo de la modernidad. Hubo una época –prácticamente durante toda nuestra historia como especie- en la cual los humanos vivíamos prácticamente al día. Nadie se preocupaba mucho de invertir con la esperanza de obtener un retorno futuro. Si este año cultivábamos 10 hectáreas, para el próximo año cultivaríamos las mismas. A fin de cuentas, las bocas que alimentar eran más o menos las mismas. Según el historiador Yuval Noah Harari, el estancamiento se explicaba en gran medida por la dificultad de financiar nuevos proyectos. Nadie prestaba plata para abrir nuevas rutas comerciales, investigar una posible cura para la peste o desarrollar nuevas tecnologías alimentarias. Era un círculo vicioso: había poco crédito porque la gente no creía que el crecimiento fuese posible y dicha creencia se basaba en que la economía estaba siempre estancada. La confianza capitalista cambió las reglas del juego. La inversión se convirtió en mandato privado y público. Emprendimiento e innovación son el resultado. No hay nada de natural en esto: la obsesión por el crecimiento no es una tendencia que compartamos con el resto de los mamíferos. Nos habíamos acostumbramos a pensar que la economía era un juego de suma cero.

Lo interesante es que la religión del crecimiento copó el horizonte ideológico. La gran discusión política del siglo XX fue acerca de la propiedad de los medios de producción: la derecha decía que la propiedad debía ser privada y la izquierda que debía ser colectiva.  Pero nadie ponía en discusión la importancia de crecer. La propaganda de la Unión Soviética no se limitaba a subrayar la importancia moral de la solidaridad entre los trabajadores; con el mismo énfasis explicaba que el socialismo podía producir más y mejor.

En este sentido, la izquierda democrática contemporánea ya no clama por la estatización violenta de los medios de producción, pero sugiere que deberíamos revisar ese dogmático complejo gremialista con el estado empresario. Es la tesis que promueve la economista Mariana Mazzucato. En corto: que el estado tiene un rol primordial que jugar en áreas que tradicionalmente han sido asociadas al sector privado, especialmente aquellas que requieren de alta inversión. Ya lo ha hecho, sostiene Mazzucato. Recientemente en Chile, tanto Alejandro Guillier como Beatriz Sánchez se han referido a la idea del estado productor o el estado empresario en sus entrevistas. Sin embargo, nadie promete “crecer menos”. (Interesantemente, Bachelet habló muy poco de crecimiento en su última elección –a diferencia de la anterior. No le prestó atención a la lección de Lula: para distribuir hay que agrandar la torta. Alberto Arenas fue juzgado por no generar un clima pro-crecimiento. Es injusto: esa nunca fue una promesa de campaña).

El problema que acarrea este consenso en torno al crecimiento es su efecto sobre la sustentabilidad ecológica. Si la promesa de izquierdas y derechas es que todos tendremos más –ya sea provisto por el estado o los particulares- entonces la Tierra sufrirá las consecuencias. Pinochet profetizó una vez que todos los chilenos tendrían auto y casa propia. Suena bien. Pero nuestras ciudades serían invivibles si aquello ocurriera. La democratización del consumo tiene una veta igualitaria, pero su realización total sería una pesadilla. Si todas las personas de China o la India tuviesen acceso a los grados de consumo de una persona afluente en Europa, el mundo se acaba pasado mañana. Sin embargo, ¿Cómo no aspirar a aquello? ¿No se trata de eso la justicia? Recuerde que hubo una época –no hace mucho- en la cual se celebraba que todos pudieran viajar gracias a la aparición de las líneas aéreas de bajo costo. Se había democratizado hasta el aire. Pero esa bendición llamada Ryan Air o Easy Jet ha significado un incremento brutal en emisiones de gas de invernadero. Las personas más conscientes del cambio climático ya consideran que volar es éticamente problemático. ¿Será usted quien le diga a la familia que va por primera vez a Disney que no tiene derecho a hacerlo? Este no es el malestar de las elites del cual escribieron los sociólogos; es el malestar de lo que Francisco llamó la “casa común”.

Si nos tomáramos el problema en serio, estaríamos dispuestos a hacernos preguntas difíciles, preguntas que nos ponen entre la espada y la pared. Los seres humanos, para bien o para mal, tenemos poca capacidad de mirar lejos en el tiempo. Por tanto, se nos hace más fácil pensar en la posibilidad de colonizar nuevos planetas para sostener el tren de gastos antes que aprender a vivir con menos aquí en el nuestro. El problema ya no es la escasez. Es la abundancia que necesitamos producir para cumplir las promesas de izquierda y derecha. Mientras más democratizamos el consumo y el acceso, más en peligro ponemos al medio ambiente. Da lo mismo, a esas alturas, si los medios de producción  los tiene el estado o los privados.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/06/08/140284/la-religion-del-crecimiento

¿SE PUEDE ESTAR A FAVOR DE LAS BECAS Y CONTRA DE LA GRATUIDAD?

junio 13, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de Junio de 2017)

¿Se puede estar en contra de la política de la gratuidad universitaria de pregrado y al mismo tiempo haber estudiado gratis un postgrado? Sí, se puede. No hay, como algunos piensan, una necesaria inconsistencia.

En primer lugar, porque la gratuidad que impulsa el gobierno de Bachelet depende de la idea de educación terciaria como derecho social. En cambio, las becas que otorga el estado u otras instituciones -a través de las cuales se suelen financiar magísteres y doctorados- no se adjudican en esa calidad. Así lo intuyó correctamente el movimiento estudiantil, que le señaló al entonces gobierno de Piñera que no andaban buscando becas en tanto beneficios individualizados sino un cambio de paradigma en la forma de entender -y financiar- la educación superior.

Esta puede ser una discusión semántica. En la práctica, estudiar con una beca es estudiar gratis. He aquí donde corresponde introducir una diferencia entre la lógica que subyace al financiamiento de carreras profesionales, por una parte, y la llamada formación de capital humano avanzado, por la otra. Esa diferencia está en el retorno esperado. Lo que hace el estado de Chile cuando se mete la mano al bolsillo para financiar programas de postgrado en las mejores universidades del mundo -especialmente cuando se trata de doctorados- es invertir en musculatura académica, imprescindible en términos de investigación científica y contribución intelectual, al menos si se quiere competir en las grandes ligas del conocimiento. Financiar la educación de pregrado también es una inversión social, pero su dimensión de beneficio personal es comparativamente más significativa.

Magísteres y doctorados financiados a través de becas también generan beneficio personal. Pero las condiciones de dichas becas entregan ciertas pistas sobre lo que se espera de sus beneficiarios: que regresen al país y pongan al servicio de la comunidad lo que aprendieron. En cambio, no existen obligaciones de retribución semejantes en el caso de la gratuidad como derecho social.

Aun así, queda para algunos la sensación de una disparidad de criterios. Quizás por esto el precandidato Felipe Kast propuso que los beneficiarios de Becas Chile tengan además la obligación de pagar parte del financiamiento recibido. Kast cree que la gratuidad universitaria es injusta considerando las prioridades y urgencias de un país como el nuestro. La derecha, en general, sostiene que el sistema más justo es uno de créditos contingentes al ingreso. Su idea puede ser criticada en tanto “nivela hacia abajo”, pero al menos es un esfuerzo por mitigar esa sensación de inconsistencia.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-12&NewsID=374940&BodyID=0&PaginaId=38

UNA CANDIDATURA QUE NO PRENDE

junio 11, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 10 de Junio de 2017)

Carolina Goic no prende. Como fuego artificial chingado, la candidata presidencial de la DC apenas tira chispas que llegan al 3% en las encuestas. Para colmo, le caen críticas internas por el manejo de la campaña. Su lugarteniente, Pablo Badenier, acaba de abandonar el buque. En la Falange temen que éste se hunda con más pena que gloria.

Nunca en la historia un abanderado democratacristiano ha hecho un papelón en las presidenciales. Lo más bajo que han sacado lo obtuvo el mismísimo Frei Montalva en 1958: llegó tercero con 20 puntos. Ni en sus mejores sueños Carolina Goic logra igualar la marca. Todo indica que llegaría cuarta después de Piñera, Guillier y Bea Sánchez. O más atrás.

Los pragmáticos le piden que termine con esta aventura y se baje en favor del candidato oficial de la Nueva Mayoría. Así se negocia mejor la lista parlamentaria. Ella contesta con la mística de los convencidos: la suya es una decisión no negociable. Fue refrendada por el partido. El resultado, en este fervor, es secundario. Lo importante es competir para encender las pasiones propias –eso es romántico- y al mismo tiempo medirse en la arena electoral sin subsidios coalicionales –eso es riesgoso.

Es riesgoso, sabemos, enfrentarse a la realidad: puede que la vieja y gloriosa DC sea menos de lo que cree. La candidatura de Goic puede ser un baño de realidad. En un escenario donde la derecha tiene su candidato claro y la izquierda tiene un par de opciones razonables, la DC pensó que coparía el centro. En ese registro, reivindicó el discurso de Lagos. Pero parece que ni siquiera ese mundo moderado la considera “su” candidata.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-06-10&NewsID=374800&BodyID=0&PaginaId=18

¿ECOS DE ATOCHA?

junio 8, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de Junio de 2017)

Escribir sobre un atentado terrorista es una invitación a los lugares comunes. Es insistir en la cobardía y sadismo de los atacantes. Es destacar la entereza de las víctimas y cantar las virtudes de una ciudad. Es teorizar sobre la relación entre fanatismo religioso y violencia. Es alarmar sobre las nuevas técnicas que se utilizan para sembrar el terror y esparcir la muerte. Los columnistas de derecha sugerirán que el problema está en la inmigración y exigirán más controles de seguridad. Los analistas de izquierda insinuarán que la responsabilidad final es compartida, ya que Occidente no cesa de hostigar al mundo musulmán. Es difícil escapar de este repertorio de conversaciones.

El caso de Reino Unido ofrece una conversación adicional, pues las elecciones generales son esta mismísima semana. La pregunta es inevitable: ¿qué bando se beneficia y qué bando sale perjudicado por el terrorismo? El caso de estudio paradigmático es España 2004, cuando los yihadistas atacaron la estación madrileña de Atocha a días de las elecciones. El derechista Partido Popular punteaba en las encuestas, pero el escenario cambió drásticamente después de que el gobierno de Aznar culpara a la ETA y se descubriera que los reales perpetradores pertenecieran a Al Qaeda -que reaccionaba contra la incursión española en Irak. Entonces, los votantes le entregaron el poder a la oposición socialista liderada por Rodríguez Zapatero en desmedro de Mariano Rajoy.

En el caso británico, el sentido común indica que ante el miedo ganan los grupos políticos que prometen mano dura. Es justamente el discurso que promueve la primera ministra Theresa May: votar por los Conservadores es votar por seguridad.

Sin embargo, podría darse una reacción inversa. En las últimas semanas, sorpresivamente, el laborismo vintage de Jeremy Corbyn ha tomado vuelo. La diferencia con May se ha achicado considerablemente. Esa brecha puede acortarse aún más si los británicos consideran que la estrategia Conservadora está agotada y es tiempo de virar hacia una política menos confrontacional en materia de relaciones internacionales. Las credenciales pacifistas de Corbyn son conocidas. Si se trata de prevenir el terrorismo, podría pensar el elector, quizás sea mejor entregarle el poder a un viejo hippie que libró una guerra personal contra la invasión de Irak y otras tantas incursiones “democratizadoras” alrededor del mundo.

Por supuesto, el caso español tiene particularidades que no aplican en el caso británico. Pero no es descabellado especular sobre el hastío que provoca un discurso que parece haber agotado sus recursos. Frente al tipo de modus operandi del nuevo terrorismo, ya no tiene mucho sentido seguir endureciendo controles aeroportuarios  Entregar aún más facultades a las policías para hurgar en nuestras comunicaciones es una derrota para las sociedades abiertas. Anunciar la suspensión de los tratados sobre Derechos Humanos, otro tanto. En una de esas, el viejo hippie y su prédica pacifista resulta mejor estrategia para detener el terror.

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EL ARTE DE CONTAR UNA BUENA HISTORIA

junio 6, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de Junio de 2017)

Se acaba de publicar un libro con las ideas que la derecha quiere poner en práctica en el próximo gobierno. El capítulo que escribe el senador Allamand lleva por título “Gobernar es Relatar”. Es un evidente tirón de orejas a Sebastián Piñera, quien como presidente no fue capaz de articular una narrativa política que acompañara las acciones del gobierno. En ese sentido, Lagos siempre ha sido la envidia de la derecha. Ayer, Michelle Bachelet se graduó en el arte de contar una historia luminosa de lo que ha ocurrido en su gobierno.

Esto no significa que todo sea humo. Hay mucho de realidad en este cuento. No son pocas las reformas que la Nueva Mayoría ha logrado concretar. Por cierto, Bachelet no se hace cargo de los traspiés, las políticas mal pensadas o los anhelos que chocaron con la realidad. El imperativo es subrayar las nobles motivaciones políticas que subyacen a su programa de transformaciones. Ahora que se acerca el final, lo que nos pide es que tomemos distancia y miremos su aporte en perspectiva.

Ya lo dijo el filósofo escocés Alasdair Maclntyre: los humanos somos animales que cuentan historias. Durante estos cuatro años pateamos la perra innumerables veces por los desaciertos del gobierno. Pero al final del camino esos malos ratos se difuminan en la memoria. Parafraseando a psicólogos y economistas conductuales, la política no se trata de experimentar el momento, sino de cómo nos contamos a nosotros mismos lo que ocurrió.

Así, los chilenos nos contaremos una historia sobre lo que fue este gobierno. Bachelet quiere que en la narrativa final no se nos olviden las reformas claves, tanto las que se cerraron como las que siguen en interminable trámite. Pero por sobre todo, quiere que no se nos olviden los ideales y principios que inspiraron dichas reformas. Más allá del accidente trágico que fue Caval, quiere que se nos venga a la mente un gobierno que estuvo en el lado correcto de la historia. De eso se trató su última Cuenta Pública.

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COARTADAS PELIGROSAS

mayo 31, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 26 de mayo de 2017)

El episodio que puso al PS en el foco por sus inversiones en el mercado financiero y la revelación sobre la participación accionaria de los hijos e incluso nietos de Piñera en algunas de sus empresas tienen un patrón en común. Más allá de las aristas legales e incluso éticas de los dos casos –sobre las cuales no me pronuncio en esta columna-, ambos esconden un cortocircuito respecto de los principios políticos que se dicen defender.

Partamos por los socialistas. La pregunta más recurrente fue si acaso los dineros del partido estaban siendo invertidos en empresas cuyo giro es altamente regulado por la política. La razón es obvia: en caso afirmativo, se estaría configurando un cuadro de conflicto de interés, una acusación que se pega a piel aunque no exista evidencia de abuso. Como coartada, los jerarcas del PS juraron de guata que no tenían información respecto de la estrategia de inversión de los tesoreros. Una coartada fatal, pues la tradición marxista –la misma que dice continuar la declaración de principios del partido- es particularmente crítica respecto de ese tipo de especulación capitalista. No saber en qué se invierte la plata es un salvavidas para sacarle el cuerpo al primer problema -el potencial conflicto de interés- pero hace aparecer un segundo problema que afecta la consistencia ideológica del partido. Como fue advertido por Ernesto Águila, lo que corresponde es saber en qué empresas se invierte para cerciorarse de que sus actividades no violen la ética del socialismo.

Esta es una lección que no viene de Marx sino de Adam Smith. El padre de la economía moderna era un entusiasta del emprendimiento, pero expresaba serias reservas respecto del tipo de inversión ciega que suponían las nacientes compañías anónimas. Según Smith, no había mérito económico en confiar la multiplicación de los recursos propios a un extraño sobre el cual no se tiene ningún control. De todas las formas de crear riqueza en las naciones, diría Smith, aquella que ejercía el PS es la más baja forma de capitalismo. Siguiendo la misma intuición, Marx criticará la desaparición de todo vestigio real de trabajo -y de relaciones sociales- en este nuevo tipo de producción capitalista, donde el capital produce capital por sí mismo. Lo que Polanyi llamaría más tarde la comodificación del dinero.

Esta no es una crítica al modo de funcionamiento del mercado financiero. Es una reflexión sobre la posible contradicción que se genera entre la coartada del PS y la posición que define al socialismo en su guerra histórica contra el capitalismo. Es, por tanto, una crítica que no se aplica por igual a todos los partidos aunque tuviesen estrategias de inversión similares.

Sigamos con Sebastián Piñera. Según se informó, el expresidente habría creado sociedades en paraísos fiscales, en las cuales toda su descendencia tiene participación accionaria. Piñera nunca le ha declarado la guerra al capitalismo, por tanto no hay contradicción por ese lado. Mucho menos al arte de la especulación bursátil. El problema, nuevamente, se revela en la coartada. Piñera no puede decir que estaba jugando a la elusión tributaria. Tiene que decir que lo suyo es una forma de asegurar el futuro económico de sus seres queridos a través de una gimnástica de donaciones anticipadas.

La tensión se genera entonces respecto del discurso meritocrático que la derecha dice promover. Según este discurso, las personas tienen lo que se merecen por su esfuerzo y no por sus particulares condiciones de partida. No hay derecha moderna en el mundo que no despliegue un relato de estas características, pues le sirve para justificar normativamente las desigualdades de resultado que se producen en la sociedad. Sin ir más lejos, el precandidato Felipe Kast ha hecho de la meritocracia un pilar central de su relato de campaña.

En este sentido, como alguna vez lo articulara Bruce Ackerman, una teoría de justicia liberal cuestiona el derecho de una generación de ganadores en el mercado a traspasar dichas ganancias económicas a sus hijos sin proveer iguales oportunidades para los niños que tuvieron la mala suerte de tener padres pobres. Esto no significa, necesariamente, que los liberales modernos estén en contra de la institución de la herencia. La mayoría considera que los padres tienen el derecho de invertir en la educación de sus hijos, aunque ello signifique evidentemente una alteración de las condiciones de partida. El propio Piñera usa este argumento en su relato biográfico, cuando señala que el gran legado que sus padres le dejaron fue una buena educación. Los hijos de Piñera, qué duda cabe, también la tuvieron. Son todos profesionales extraordinariamente cualificados y varios se desarrollan laboralmente en forma independiente de los privilegios familiares. La pregunta es si acaso legar una buena educación es lo mismo que convertir a un niño en millonario vía participación accionaria. Es difícil defender lo segundo si se predica el evangelio de la igualdad de oportunidades.

Por cierto, Piñera podría replicar que su tipo de liberalismo no es igualitario -como el que promueve Emmanuel Macron en Francia- sino más bien libertario a-la-Káiser. En ese caso no habría inconsistencia, pues se afirmaría el derecho sagrado de cualquier persona a disponer libremente de sus bienes, incluyendo la transferencia intergeneracional de la riqueza. En ese caso, empero, Piñera debiera ir borrando la invocación del principio de igualdad de oportunidades de sus discursos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/05/25/139809/coartadas-peligrosas

EL LADO OSCURO DE LA FUERZA

mayo 30, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 29 de Mayo de 2017)

Todo partió con un tweet de la Presidenta Bachelet, celebrando los 40 años del estreno de La Guerra de las Galaxias y homenajeando la lucha de la Princesa Leia contra el lado oscuro de la Fuerza. El candidato Piñera se dio por aludido y señaló que la derecha no representaba al lado oscuro. Aunque Bachelet no aseveró nada semejante, Piñera valida la pregunta: ¿Quién se parece más al lado oscuro de la Fuerza?

Para responder, hay que recordar los principios políticos de las órdenes que declaran su lealtad al lado oscuro. Aquellos quedan resumidos en una conversación que sostiene Anakin Skywalker con la entonces senadora Padme Amidala en Naboo, mientras se revuelcan entre la hierba como dos adolescentes despreocupados. En la ocasión, Anakin confiesa su escepticismo frente al sistema republicano. Se queja de la ineficiencia de los políticos. No entiende qué impide que se pongan de acuerdo. Alguien tiene que obligarlos, añade, alguien sabio. Padme lo mira con incredulidad: suena como dictadura. Bueno, replica Anakin, si funciona…

Es decir, la intuición del futuro Darth Vader es que a veces hay que poner orden a toda costa. Muchas peleas políticas, como habría dicho Lavín en su  momento. Mucha ideología, como diría el propio Piñera. Es decir, hay una conexión en la especial valoración del principio de autoridad y la eficiencia del gobierno, por sobre los valores de la deliberación y la participación. En este particular sentido, parte importante de la derecha política chilena tiende a compartir la intuición: el orden es más importante que la libertad.

Según cuenta la leyenda, George Lucas se habría inspirado en la historia de Roma: una república que se vuelve lenta y pesada de administrar, que muta en un modelo imperial bajo la férrea conducción de un líder. Es la narrativa de Palpatine, que comienza como senador, continúa como canciller y logra finalmente concentrar todos los poderes del Senado en su mano. En Latinoamérica, sin embargo, esta trayectoria se parece más bien a la de Nicolás Maduro. El lado oscuro tiene además una debilidad por la militarización, tal como la tiene el chavismo venezolano.

Como fuese, la épica de La Guerra de las Galaxias es la hazaña de un grupo de rebeldes que derriban un gobierno tiránico. Bachelet podría decir que, mirando la historia reciente de Chile, los rebeldes fueron aquellos que se opusieron a Pinochet y recuperaron la democracia. Piñera dirá que se siente tributario de esa rebeldía. Pero no todos en su sector pueden decir lo mismo. En una de esas les resulta más honesto reconocer que las intuiciones del joven Anakin no son del todo descaminadas.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-05-29&NewsID=374010&BodyID=0&PaginaId=51

HECHO EN CASA

mayo 25, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de Mayo de 2017)

El terrorismo islámico se superó a sí mismo propinando uno de sus golpes más bajos: una bomba en un concierto de niñas y adolescentes. Manchester es una ciudad de duros dura pero oscila entre la incredulidad y el horror. Se multiplican los llamados a extremar medidas de seguridad, lo que corona el objetivo de los cobardes: obligarnos al miedo como forma de vida.

El fanático suicida no es un refugiado sirio, sino nacido y criado en Manchester en el seno de la comunidad libia residente. Lo mismo respecto del asesino de Westminster que aterrorizó Londres hace unos meses: nacido Adrian Russell, se cambió de nombre a Khalid Masood después de convertirse al Islam. Es decir, el problema de seguridad no parece estar en la inmigración –como alega la derecha que empujó el Brexit- sino en la radicalización doméstica. Desde hace un tiempo que el gobierno británico implementa programas para prevenir la radicalización en las escuelas y las comunidades musulmanas. Sin embargo, algo no está resultando. El terrorismo que muerde en Inglaterra es hecho en casa.

Donald Trump entregó una clave. Aunque se trata de un hombre pobre de vocabulario, maneja la jerga del matón. Señaló que los terroristas no merecían ser calificados de monstruos sino de perdedores (losers). Digamos que son perdedores porque fallaron en la tarea de integrarse a la sociedad. Esto no implica desconocer el nexo entre violencia y fanatismo musulmán. Pero sugiere que el problema no se circunscribe al exceso de fe, sino que se extiende al exceso de antagonismo social. No es un niño integrado quién saca una pistola en un colegio de Estados Unidos para acribillar a sus compañeros, así como no es un ganador un tipo de veintidós que se vuela en mil pedazos para yacer con setenta vírgenes.

La yihad se alimenta del odio que corroe al perdedor. Se nutre de su resentimiento. Le provee una narrativa sobrenatural. Produce como resultado un cóctel de pólvora y sangre. Por eso es inoficioso discutir sobre nuevas medidas de seguridad, si mañana los perdedores van a rellenar de dinamita a Peppa Pig, tal como es infructuoso seguir debatiendo si el Corán incita a la violencia, pues siempre habrá perdedores disponibles para interpretarlo como grito de guerra. El verdadero problema de los británicos es que no saben qué hacer con los perdedores locales.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-05-24&NewsID=373637&BodyID=0&PaginaId=28

LA IMPORTANTÍSIMA SEGUNDA PELOTA

mayo 23, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de mayo de 2017)

En jerga futbolística, se le suele llamar segunda pelota es la jugada que viene a continuación de algún tiro o cobro cuyo desenlace no ha sido definitivo. Es decir, es una jugada que depende del resultado de la primera. Hay que estar bien parado para aprovecharla. Desentenderse de la segunda pelota es un error característico del fútbol amateur. En política pasa otro tanto. Cuando las elecciones no arrojan resultados definitivos, hay que estar bien parado para aprovechar la segunda pelota.

Ese pareciera ser el juego de varios en la escena nacional. Piñera tiene la elección más o menos cocinada. Pero hay mucho más en juego. Por primera vez tendremos elecciones parlamentarias sin binominal. Nadie sabe a ciencia cierta cómo quedará ordenado el naipe del poder a partir de marzo del 2018. Entre otras cosas, algunos analistas han profetizado que las coaliciones, de ahora en adelante, se armarán después de las elecciones y no antes. Por eso es importante ponerle el ojo a la segunda pelota.

Esa puede ser una clave para entender la tenacidad de Marco Enríquez-Ominami, que acaba de inscribir su tercera candidatura presidencial. Su primera intentona estuvo cargada de una irresistible frescura hedonista. A estas alturas parece vía crucis. ME-O sabe que sus posibilidades son inexistentes, pero entiende que no puede alejarse mucho del arco mientras la pelota siga en movimiento. Aunque saque 4 puntos, debe rentabilizarlos de alguna manera. Lo mismo puede decir Carolina Goic y la DC. La primera vuelta es un centro llovido que puede caer en cualquier lado. Ahí se verá qué conviene hacer. Pero las prevenciones hay que tomarlas con tiempo. El que anda paveando en el círculo central no aprovecha la segunda pelota. Hay que saber dónde uno quiere estar cuando el balón quede picando en el punto penal.

Si no le gusta la jerga futbolística, llámelo el plan del día después. Así por ejemplo, la precandidatura presidencial de Felipe Kast hace mucho sentido. Lo que le importa no es ganar ahora, sino quedar legitimado para conducir la renovación generacional de la derecha. Lo de Ossandón es menos claro, pues parece estar dinamitando puentes en lugar de construirlos. Le sacó la vista a la pelota. Está mirando las canillas del rival. La segunda pelota del Frente Amplio no es para Beatriz Sánchez. Ella está sacando el centro. El cabezazo ganador está planificado para cuando Boric o Jackson se arrimen al área chica. Las políticas de alianzas, por tanto, quedan supeditadas a la segunda pelota.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-05-22&NewsID=373486&BodyID=0&PaginaId=33