LA IMPORTANTÍSIMA SEGUNDA PELOTA

mayo 23, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de mayo de 2017)

En jerga futbolística, se le suele llamar segunda pelota es la jugada que viene a continuación de algún tiro o cobro cuyo desenlace no ha sido definitivo. Es decir, es una jugada que depende del resultado de la primera. Hay que estar bien parado para aprovecharla. Desentenderse de la segunda pelota es un error característico del fútbol amateur. En política pasa otro tanto. Cuando las elecciones no arrojan resultados definitivos, hay que estar bien parado para aprovechar la segunda pelota.

Ese pareciera ser el juego de varios en la escena nacional. Piñera tiene la elección más o menos cocinada. Pero hay mucho más en juego. Por primera vez tendremos elecciones parlamentarias sin binominal. Nadie sabe a ciencia cierta cómo quedará ordenado el naipe del poder a partir de marzo del 2018. Entre otras cosas, algunos analistas han profetizado que las coaliciones, de ahora en adelante, se armarán después de las elecciones y no antes. Por eso es importante ponerle el ojo a la segunda pelota.

Esa puede ser una clave para entender la tenacidad de Marco Enríquez-Ominami, que acaba de inscribir su tercera candidatura presidencial. Su primera intentona estuvo cargada de una irresistible frescura hedonista. A estas alturas parece vía crucis. ME-O sabe que sus posibilidades son inexistentes, pero entiende que no puede alejarse mucho del arco mientras la pelota siga en movimiento. Aunque saque 4 puntos, debe rentabilizarlos de alguna manera. Lo mismo puede decir Carolina Goic y la DC. La primera vuelta es un centro llovido que puede caer en cualquier lado. Ahí se verá qué conviene hacer. Pero las prevenciones hay que tomarlas con tiempo. El que anda paveando en el círculo central no aprovecha la segunda pelota. Hay que saber dónde uno quiere estar cuando el balón quede picando en el punto penal.

Si no le gusta la jerga futbolística, llámelo el plan del día después. Así por ejemplo, la precandidatura presidencial de Felipe Kast hace mucho sentido. Lo que le importa no es ganar ahora, sino quedar legitimado para conducir la renovación generacional de la derecha. Lo de Ossandón es menos claro, pues parece estar dinamitando puentes en lugar de construirlos. Le sacó la vista a la pelota. Está mirando las canillas del rival. La segunda pelota del Frente Amplio no es para Beatriz Sánchez. Ella está sacando el centro. El cabezazo ganador está planificado para cuando Boric o Jackson se arrimen al área chica. Las políticas de alianzas, por tanto, quedan supeditadas a la segunda pelota.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-05-22&NewsID=373486&BodyID=0&PaginaId=33

EL REGALO

mayo 17, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 12 de mayo de 2017)

La Nueva Mayoría le va a regalar el gobierno a Sebastián Piñera y la derecha. Es probable, incluso, que la coalición que reemplazó a la Concertación sea más responsable del fracaso que el propio Ejecutivo que encabeza Michelle Bachelet. Pero el flojo desempeño político del oficialismo no comenzó con en marzo de 2014. Viene de mucho antes.

El problema empezó cuando los sacaron de La Moneda por primera vez, cuando todavía tenían otro nombre. Se dijo entonces que la Concertación había desperdiciado cuatro años, pues en lugar de generar un trabajo intelectual decente para renovar el disco duro, prefirieron administrar el tiempo a sabiendas que la popularidad de Bachelet invernaba intacta en Nueva York. Entonces aparecieron las Camilas, los Giorgios, y la calle se inundó de política. La verdadera oposición a Piñera en el poder la hizo el movimiento social. Entonces la Concertación cometió un error de cálculo: pensó que las reivindicaciones –ideológicas y generacionales- de los jóvenes tenían por enemigo principal a la derecha. Aplaudió con entusiasmo los discursos que ponían al gobierno de la Alianza entre las cuerdas. Jugó el triste papel del eyaculador precoz. Lo único que importaba era recuperar el botín arrebatado.

La Concertación solía ser una familia que tenía tantos operadores políticos como intelectuales públicos. Los segundos se fueron callando con el tiempo. Hoy tienen menos impacto que los que aparecen fuera de sus fronteras. Atria les hizo un favor entrando al PS: bien podría ser el tótem doctrinario del Frente Amplio. Ahí está Alberto Mayol, Carlos Ruiz, Claudia Sanhueza. En la derecha está Mansuy, Ortúzar, Herrera, Káiser. Todos irrumpieron en los últimos años. La Concertación no propuso ninguna idea importante ni sentó las bases de ningún debate relevante durante el gobierno de Piñera. Sólo se fue acunando esa sensación de que había que abjurar de lo realizado. Fue en ese proceso que murió Lagos, como bien apuntó Daniel Matamala.

Mientras tanto, los jóvenes estaban construyendo sus barcas para hacerse a la mar electoral. No tenían intención de ocupar las viejas armaduras de la transición. No querían oxigenar a un cuerpo gastado. Acaban de inscribir a Revolución Democrática para montar la primaria del Frente Amplio. Da lo mismo que la contienda sea una pantomima amistosa. Lo que importa –lo saben bien- es reemplazar en el imaginario popular a la antigua Concertación. Tomar su lugar. Desplazarla a un segundo plano. La Nueva Mayoría es un bisonte herido en la sabana. El Frente Amplio es una jauría con los dientes afilados. La sufrirá el candidato Guillier en noviembre.

En Chile Vamos, es la tesis de cabecera: el rival del futuro es el Frente Amplio. Lo dijo hasta el cansancio Jaime Bellolio en su intentona por el control del gremialismo y lo ha venido repitiendo Felipe Kast como relato presidencial. Hasta ahí parecía entendible: las estrellas jóvenes de la derecha estaban, naturalmente, asignando especial preponderancia a sus con-generacionales de la izquierda. Hasta que vino Pablo Longueira y ratificó la tesis: el adversario que viene ya no es la Nueva Mayoría. Puede ser una treta electoral; a fin de cuentas, a Piñera le conviene que Guillier llegue desangrado a la segunda vuelta. El riesgo es hacer crecer demasiado a Bea Sánchez, como ya temieron respecto de ME-O allá por septiembre de 2009.

Por cierto, la política es tierra es zombis y los cadáveres se levantan de sus tumbas. Le ocurrió al PRI mexicano, esa veterana cultura concertacionista azteca. El Podemos español ha logrado achicar considerablemente al PSOE, pero no lo suficiente como para desplazarlo completamente. Pero claro, ambos ocuparon su tiempo en el exilio político para renovar sus cuarteles y sus narrativas. Ambos tenían caciques in situ y no en el espacio exterior.

¿Qué pudo hacer distinto la Concertación en tiempos de Piñera? Dos cosas. Una, si no creía realmente en las virtudes del discurso estudiantil, podría haber tendido una mano al gobierno en lugar de haberle pegado en el suelo (“Chile no se merece un presidente con este nivel de aprobación” Andrade dixit). Habría creado así un pacto silencioso que para evitar el eventual desastre. Dos, si realmente estaba convencida de la justicia y prudencia del petitorio de los jóvenes, podría haber facilitado sus estructuras para generar la renovación por dentro. No hizo ni la una ni la otra. Bachelet intuyó en su momento que la estrategia era la segunda, y pujó para que la Nueva Mayoría le diera el pase a Giorgio Jackson en Santiago. Intuyó –esta vez correctamente- que había que absorberlos. Pero no fue un plan sistemático. Ahora está a punto de entregarle el gobierno en bandeja a Piñera por haber flojeado las neuronas cuando más necesitan acción: cuando se pierde el poder.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/05/12/139509/el-regalo

¿ES GUILLIER UN CANDIDATO SIN CONTENIDO?

mayo 15, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de mayo de 2017)

Circula la idea de que Alejandro Guillier no tendría el espesor intelectual suficiente o la densidad programática necesaria para encarar la próxima presidencial. Lo sugirió Osvaldo Andrade apenas los socialistas lo ungieron como candidato del partido: “ahora hay que dotarlo de contenido”. Guido Girardi insinuó lo mismo, al declarar que el PPD tiene que aportar a Guillier “una visión más intelectual de la política”. Pareciera como si el senador por Antofagasta fuera un lienzo blanco que necesita ser pintado, pues no es capaz de ofrecer por sí mismo una robusta y coherente visión de país.

En varios sentidos, esta es una polémica hipócrita. En primer lugar, porque a Guillier no lo eligieron por la potencia filosófica de su relato. Lo eligieron porque es el más competitivo electoralmente contra Piñera. Su popularidad se debe a su credibilidad, no a su sofisticación intelectual. De hecho, puede que sea justamente esa carencia de sofisticación lo que lo conecta con ciertas capas de la población. El candidato de las grandes ideas era Ricardo Lagos, ideas tan grandes que pesaban en sus bolsillos como piedras. El PS optó conscientemente por abandonar esa estrategia. No vale llorar ahora.

En segundo lugar, porque la liviandad que se le atribuye a Guillier es exagerada en perspectiva comparada. Los actuales dirigentes de la Nueva Mayoría no destacan por la belleza del pensar. De hecho, hay que tener mucha personalidad para decir lo que dijo Girardi. Por su parte, Michelle Bachelet ganó dos elecciones presidenciales sin ser un portento cerebral. En 2013, Bachelet no compuso la canción de su victoria. Fue solamente la intérprete. La partitura la hicieron otros. Lo mismo podría aplicarse con Guillier.

En tercer lugar, porque tampoco hay espacio para grandes innovaciones programáticas. Guillier está atrapado entre dos tierras. Las propuestas radicales vienen del Frente Amplio. El candidato del oficialismo tiene que mostrarse más responsable, pero no tanto. Por el centro se le metió Carolina Goic. Sin la DC –que más de alguna vez operó como piedra en el zapato- lo más honesto sería que Guillier se reconociera como continuador programático de Bachelet. Pero no es muy atractivo ser el continuador de un gobierno bajo los treinta puntos de aprobación.

En resumen, es una mala idea que sus propios promotores estén animando la leyenda de que Guillier es una cáscara sin contenido. Como candidato, Guillier sí ha sido explícito en temas de regionalización y ha ofrecido su visión respecto de la importancia de recuperar el rol productivo del estado, entre otras cosas. Nada del otro mundo, pero no prestaremos atención a esas ideas si seguimos en el debate hipócrita sobre su idoneidad intelectual y ausencia de contenidos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-05-14&NewsID=372958&BodyID=0&PaginaId=17

 

SOCIALISTAS S.A.

mayo 12, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de mayo de 2017)

El Partido Socialista está financieramente sanito. La plata que recibieron como indemnización por los bienes requisados en dictadura ha rentado gracias a una serie de inversiones en el mercado financiero. Hasta ahí, nada ilegal. No sólo de votos vive la política. Hay que pagar las cuentas. Escandalizarse porque un partido maneja bien sus dineros es una tontera. Los socialistas pueden tener objeciones respecto del lucro en ciertas áreas como educación, pero eso no los condena a la pobreza franciscana en la administración de sus bienes. Lo que no pueden decir es que no le tienen fe a la vitalidad -y a la legitimidad- de la especulación capitalista.  

Los verdaderos problemas aparecen en dos dimensiones. La primera es política. El PS invirtió sus lucas en empresas que actúan en áreas estratégicamente sensibles y altamente reguladas. Ello genera potenciales conflictos de interés. En castellano: sus parlamentarios estaban legislando sobre la suerte que corrían las acciones del partido. Habrá que creerles que no sabían nada del asunto. La segunda dimensión es ética. El PS puso sus fichas en empresas ligadas a personajes que son vilificados en el discurso público. El mejor ejemplo es SQM, históricamente controlada por el yerno de Pinochet. Nuevamente, lo más probable es que la inmensa mayoría de sus militantes no haya tenido idea del asunto.

La nueva directiva socialista hizo un mea culpa al respecto. No ignoran que la opinión pública no está para sutilezas ni para votos de confianza. El zumbido que queda en el ambiente es que el PS se hizo rico jugando a la bolsa. Elizalde tendrá que persignarse ante las cámaras y prometer que de ahora en adelante operará un fideicomiso mega-ciego. Guillier hizo lo propio: se desmarcó como un campeón. Piñera aprovechó de sacar los estoques. En la UDI anunciaron una de esas inútiles comisiones investigadoras. Sin embargo, si algo hemos aprendido en estos años es que todos tienen tejado de vidrio y es mejor no entusiasmarse tirando piedras si no se está libre de pecado. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-05-12&NewsID=372836&BodyID=0&PaginaId=26

The end: Chilean legend exits presidential race, ushering in a new political era

mayo 11, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Conversation Global el 28 de abril de 2017)

In a dramatic change of heart, former Chilean president Ricardo Lagos, who played a central role in the country’s return to democracy in the 1980s, has withdrawn from the upcoming presidential race. It seems Lagos’ lengthy career in public service has finally reached its end.

The decision came after the Socialist Party, historically an ally of his Party for Democracy, publicly backed a different candidate – the independent senator Alejandro Guillier – for this year’s election.

It is the end of an era in Chile. As the 79-year-old Lagos withdraws, an entire generation of ageing leaders is also being symbolically retired. The mood in the nation’s political establishment is funereal.

Most of Chilean people, however, have already moved on.

A fruitful trajectory

Ricardo Lagos Escobar has been a towering figure in Chilean politics for over three decades. He became a political celebrity in the 1980s after pointing his finger at the Chilean dictator Augusto Pinochet on live national television, an act of bravery that catapulted him into the front lines of the opposition against the authoritarian regime.

When democracy was restored in 1990, he served Chile’s first democratically elected president, Patricio Aylwin (1990-1994), as secretary of education and then his successor, Eduardo Frei (1994-2000), as secretary of public works. In 2000 Lagos, long thought to be a presidential frontrunner, finally became the third president of modern Chile. During his six-year term, he enacted numerous progressive reforms, including having crucial authoritarian clauses removed from the constitution, ending military influence over key institutions, establishing universal health care, launching anti-poverty programs, overhauling Chile’s infrastructure, legalising divorce, abolishing the death penalty and instituting a modern civil service.

Lagos even refused US president George W. Bush’s plea in 2003 to join the Iraq War.

When he left office in 2006, Lagos had an approval rating of over 60%. This was symbolically important: he was the first Socialist to take office since Salvador Allende, and his generally well-regarded administration dispelled the widespread but unfounded notion that a leftist president would only lead the country to economic mismanagement and political chaos.

A different country

But things have changed since then, and Lagos’ 2017 campaign was dogged by crucial policies of the time that have now come under severe scrutiny. A full-scale transformation of public transit in Santiago he orchestrated, for example, turned out to be disastrous. Train lines were inaugurated but never run, and public service concessions granted to private companies have since been questioned.

Lagos’s legacy among young Chilean leftists was also damaged by his decision as president to invite Chile’s big banks to fund tuition fees as a way of increasing access to higher education. While this policy did indeed extend the system’s coverage, thousands of families became indebted. The discomfort of the middle class exploded in the massive 2011 student protests, which irrevocably changed Chile’s political landscape.

The generation that followed Lagos never questioned him, but the generation after them – citizens his grandchildren’s age – weren’t so easily won over. Born into democracy, they were not enticed by Lagos’s finger-to-Pinochet tale. For them, Lagos was the status quo. In this year’s presidential race, young leftists have argued that some of Lagos’ fundamental achievements as president may have looked good at the time but sorely need upgrading today.

Case in point: Chile’s debate over writing a new constitution. While Lagos was proud of amendments he orchestrated to make the nation’s constitution more democratic, protestors on the street said that these amendments did too little and were too few. They wanted a brand new constitution for Chile.

Lagos, unmoved, announced in September 2016 that he would run for president again as a candidate of the ruling Concertación coalition. The energetic near-octogenarian organised town hall meetings across Chile and convened policy groups to furnish a robust centre-left government programme. He insisted on the need to discuss substantive ideas. The public was less enthusiastic. Polls consistently showed Lagos with 5% support.

He was trying to hold a national conversation, but Chile had already checked out.

Treason or renewal?

In March, President Michelle Bachelet’s Socialist Party, currently the strongest wing of the ruling coalition, declined to back Lagos, putting its money instead on Alejandro Guillier, an independent Senator and former TV news anchorman whose polling was in the 20% range.

Pundits said it was an act of radical pragmatism. Elected Socialist officials are, after all, naturally interested in retaining their posts. And Guillier likely represents the best chance to beat the front-runner, the right-wing former president Sebastián Piñera.

But for others, this pragmatism reeked of betrayal: Lagos was being humiliated by his own people, who opted for a character of unknown doctrinal inclinations and little political experience. Some likened Lagos’s defeat to the assassination of Julius Caesar by his disciples.

Editorials and opinion pieces, particularly from right-wing sources, have bid farewell to Lagos in an obituary mood, singing his virtues and remembering his good deeds. The establishment was eager for an electoral battle between Piñera and Lagos, two former presidents with proven credentials. With Guillier, they fear a populist in the making.

But other interpretations hold that what the Socialist Party did was to put an end to an era that needed to be over. Lagos’ generation has been one of the most politically fertile in Chilean history. They suffered under (or encouraged) the military coup in 1973, and then fought (or supported) Pinochet’s dictatorship for 17 years. And for two decades after his defeat, they lead a never-ending transition to democracy. They changed the face of Chile in many substantial ways, most of them positive. But they refused to retire.

According to this thesis, the Socialists probably did the right thing in bringing in some new blood.

The two best-rated politicians in Chile are former student leaders Gabriel Boric, 31, and Giorgio Jackson, 30. And the Socialist Party’s new leader, Alvaro Elizalde, is 47 years old. The right is seeing a similarly long-awaited generational renewal: congressman Felipe Kast, 39, has challenged Piñera in the primaries. Lagos’ fall cannot be isolated from these events.

“My friends”, said Lagos in announcing his withdrawal from the race, “life goes on…” It would only be fair to add that in his case, “…but, for us, political life does not.”

Link: https://theconversation.com/the-end-chilean-legend-exits-presidential-race-ushering-in-a-new-political-era-76143

CUÉNTAME TU GABINETE

mayo 9, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 7 de mayo de 2017)

En regímenes parlamentarios, la mayoría de los ministros de un gobierno son, a la vez, representantes que han sido elegidos por voto popular en sus respectivos distritos. El primer ministro, entre ellos. En regímenes presidenciales, en cambio, los nombres que integran el gabinete los decide el presidente de la república en forma soberana. El problema de la segunda fórmula es doble: los ministros carecen de cierta legitimación democrática y nadie se entera quiénes son hasta el último momento. Es decir, la ciudadanía tiene pocas herramientas para evaluar y controlar si un determinado gabinete cumple con las expectativas depositadas en el presidente electo.

Una forma de remediar este aparente problema es sincerando la identidad de los colaboradores claves que acompañarán al eventual presidente en su tarea. Es decir, que los candidatos en carrera le cuenten al electorado con quién piensan gobernar. Así como no era lo mismo Bachelet con Peñailillo y Arenas que Bachelet con Burgos y Valdés, no es lo mismo Piñera rodeado de un círculo gremialista que Piñera con un equipo político más moderado. Del mismo modo, sería interesante saber si se repiten el plato Chadwick en Interior y Felipe Larraín en Hacienda, o si acaso esta vez será invitado Alberto Espina, cuyas visiones en materia de seguridad interior son bastante explícitas.

La pregunta es especialmente interesante respecto de aquellos candidatos sobre los cuales sabemos menos. ¿Con quién gobernaría Ossandón, por ejemplo? Moya. El senador por Santiago tiene ideas, pero no tenemos pistas acerca de quiénes serían los encargados de ponerlas en práctica. No todo se resuelve con su equipo municipal de Puente Alto. Felipe Kast, por su parte, ha mostrado a algunos de sus escuderos, pero no nos ha contado quiénes serían los titulares de las carteras más importantes: ¿podría tratarse del primer gabinete generacionalmente post Pinochet? Otro tanto pasa con Guillier, quien presentó hace algunas semanas un equipo político gris y con escaso peso específico. Del entorno de Carolina Goic se sabe todavía menos. Un elector indeciso entre Guillier y Goic podría definirse al conocer los nombres claves del primer gabinete.

Más allá del muro, Beatriz Sánchez tiene aquí una oportunidad. Aunque sus partidarios insisten en la loable idea de construir participativamente el programa, lo que mucha gente quiere saber es quiénes estarán a cargo del buque si la Bea llega a dar el batatazo. ¿Serían Boric o Jackson ministros o se quedarán en el Congreso? ¿Quién llevaría las finanzas públicas en un gobierno que -algunos temen- tendría una tendencia al derroche? ¿Quién sería el responsable de las relaciones exteriores, en una región ideológicamente polarizada?

En resumen, los chilenos ganan con más elementos de juicio para decidir. Y para los candidatos que todavía son un misterio, mostrar algunas cartas puede ser una oportunidad para aplacar críticas de ingobernabilidad y mostrar músculo colectivo. Si ningún candidato presidencial le resulta atractivo, quizás sea buena idea echar un vistazo a sus potenciales gabinetes para decidir.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-05-07&NewsID=372409&BodyID=0&PaginaId=19

LA OTRA RENOVACIÓN

mayo 3, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 28 de abril de 2017)

Las elecciones de las entidades gremiales del empresariado nunca son muy adrenalínicas. Generalmente el asunto viene cocinado. No parece ser el caso de la próxima elección de la Sofofa. Tanto Bernardo Larraín de la poderosa familia Matte como el ex ministro piñerista Rodrigo Álvarez van por la presidencia de los industriales. Lo que usualmente es una lata, podría tener subtextos interesantes para el análisis.

En lo grueso, la narrativa más tentadora es la del enfrentamiento generacional. Aunque Larraín y Álvarez tienen la misma edad (50), el primero representa a un bando que ha subrayado la importancia de la renovación de las elites empresariales. En ese relato, Álvarez sería el candidato de los ‘históricos’, de los viejos tercios que han dominado el territorio por décadas. El de los industriales es un gremio con aire gerontocrático. Los famosos tres mosqueteros de la actividad –Ernesto Ayala, Eugenio Heiremans y Hernán Briones- se mantuvieron vigentes hasta el final. Según trascendió, los próceres la industria se refieren al grupo que lidera Bernardo Larraín Matte como “los niños”.

Tal como ocurre en la narrativa generacional en el ámbito político, el desafío de los aspirantes a renovadores es darle contenido sustantivo a la propuesta. La pregunta es por qué al empresariado chileno, en general, le vendría bien un cambio de mirada. En ese sentido, Larraín ha insistido en la importancia central de revertir la crisis reputacional. Es decir, su gobierno gremial estaría marcado por una agenda política y cultural al servicio de la validación social de la empresa y el mercado. Sin esa validación social, piensa el lote de Larraín, no hay incidencia en las políticas públicas. Los empresarios siempre han sido influyentes, pero ahora ya no bastaría –según este diagnóstico- con hacer lobby en los pasillos del congreso.

En efecto, los tiempos han cambiado. El héroe noventero que creaba riqueza ha caído en desgracia ante los ojos de la ciudadanía. Nuevas estrategias de largo plazo deben ser seriamente consideradas por un mundo que tiene cierta resistencia a la horizontalidad de las relaciones y que tiene problemas para comprender el entorno social. Cuando estamos acostumbrados a procesar la realidad desde arriba, es difícil que nuestra mirada no sea vertical. El experimento de Andrónico Luksic nadando como un igual en el pantano de las redes sociales es interesante en este contexto.

Pero el desafío no se agota en las relaciones públicas y las buenas prácticas. Como ha deslizado Larraín, hay que dar otra batalla conceptual e ideológica en defensa de la esencia de la empresa: la moralidad del lucro. Es una batalla que requiere seso, pues consiste en la articulación de la dimensión ética del capitalismo, aquella que considera legítima la utilidad privada y acepta las consecuencias de la desigualdad económica. Un empresariado que se aferra a una posición de poder sin articular las razones morales que justifican dicha asimetría se expone a que la ciudadanía considere que dichas distribuciones desiguales son fundamentalmente injustas. Esa es, al menos, la posición liberal: las asimetrías de poder deben ser justificadas en el debate público. No es poco desafío en el clima actual.

El gran ‘pero’, añaden los opositores a Bernardo Larraín, es que la reputación no mejorará llevando a la presidencia del gremio a un miembro del grupo que se coludió con el papel higiénico. Es una objeción seria. Desde su rol en Colbún, Bernardo Matte tiene poco que ver con la administración de la Papelera. Pero es una pregunta inescapable en sus entrevistas. A ella se suma la intuición de que Rodrigo Álvarez puede ser buena idea si Piñera vuelve a La Moneda, más allá de las virtudes intelectuales y personales que todos parecen reconocerle. Álvarez ha decidido no reficharse en la UDI, que a estas alturas es otro lastre en términos reputacionales.

Evidentemente, estos procesos tienen características únicas que no admiten analogías políticas. Son culturas con reglas propias. Pero, como hemos visto, hay similitudes a la vista. La más llamativa es la narrativa del recambio, que suele instalarse cuando se produce una tensión entre un grupo que ha estado demasiado tiempo a cargo y otro que puja por acceder al poder. Es la narrativa que inauguró Marco Enríquez, a quien Escalona se refirió en su momento como “marquitos”. Es lo que está pasando ahora. En el PS, al fin, la generación de Álvaro Elizalde acaba de ajusticiar al padre Ricard Lagos. En la derecha, Felipe Kast está obligando a Piñera a competir en primarias. Su pyme política -Evopoli- guapea de igual a igual con los perros grandes de la derecha. Más allá del muro, Boric y Jackson son dinamita. Acaban de ungir a Beatriz Sánchez y ya va tercera en las encuestas. En cualquier caso, encarnar la renovación generacional no asegura ganar la batalla electoral, como lo padeció Jaime Bellolio en la UDI. A veces la gente prefiere diablo conocido.

En cualquier caso, el enfrentamiento electoral entre una elite renovadora y una vieja guardia más conservadora no es tan inédito en la Sofofa. Ya ocurrió con Juan Claro, que derrotó en 2001 a la lista de los históricos. En tiempos de Lagos, Claro hizo dupla con Felipe Lamarca en la CPC. Eso salió bien. Por el bien de Chile, ya es hora que el empresariado vuelva a hacerlo bien.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/04/27/138986/la-otra-renovacion

EL GRITO DE GUERRA DE LA DC

mayo 2, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 30 de abril de 2017)

Carolina Goic va a primera vuelta. La DC se escinde del pacto histórico que le dio a Chile sus mejores años, pero también del pacto que en su versión moderna tiene poco brillo. La DC, después de echar la choreada quinientas veces, al fin se anima a tomar el camino propio. Una tesis largamente acariciada pero nunca ejecutada. Como el cuento de Pedrito y el lobo. Bueno, están cerca de ejecutarla.

Desechar la primaria, en todo caso, no es garantía de llegar a primera vuelta. Ciertas voces sugieren que la camarada Goic podría dimitir en el camino en favor de Alejandro Guillier. Todo sea por salvar la negociación parlamentaria. Algo parecido ocurrió en su momento de Soledad Alvear en favor de Michelle Bachelet. Esta vez parece que la cosa va más en serio.

Para la candidatura de Sebastián Piñera, la noticia tiene dos lecturas. La buena es que Guillier llegará todavía más debilitado a noviembre. Si Goic llega efectivamente a primera vuelta y es capaz de conectar con el corazón electoral de la DC, debería llevarse una tajada significativa del voto de la gran familia concertacionista, aunque no le baste para amenazar seriamente a los punteros. La mala noticia para la derecha es que también se podría llevar una porción de moderados que ya estaban pensando en votar por Piñera. Carolina Goic representa mejor el centro político.

La DC votó relativamente dividida, por lo tanto la primera tarea es socializar la importancia de la misión. Los camaradas tendrán que pelarse el lomo para llevar adelante una campaña con mística partidaria y capacidad de apertura. Puede resultar bien. Goic todavía es un misterio para la opinión pública. Es una apuesta. Pero a las apuestas hay que ayudarlas. Esa debiera ser la convicción en la tribu falangista, esa de raigambre social-cristiana y comunitarista.

De ratificarse la carrera de la DC a primera vuelta, se cierra un capítulo de la historia política chilena. La DC solía ser el partido eje de la Concertación que recuperó la democracia. Fue perdiendo influencia con el paso del tiempo. De protagonista pasó a comparsa. Ayer dio su grito de guerra reclamando un lugar central en el próximo capítulo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-30&NewsID=371962&BodyID=0&PaginaId=22

LAS OPCIONES DE CIUDADANOS

mayo 1, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de abril de 2017)

El partido en formación Ciudadanos recibió una mala noticia: el Servel rechazó su inscripción oficial al disputar un conjunto de firmas presentadas por el referente que lidera el ex ministro Andrés Velasco. La historia aún no termina. Sus dirigentes afirman que entregaron firmas de sobra. Ciudadanos puede apelar y exigir una reconsideración de los antecedentes acompañados. En ese caso, todo habría sido un susto y sus candidatos parlamentarios –entre ellos el mismo Velasco- podrían competir sin problemas en noviembre. Ese es el primer camino: la vía burocrática.

Si la apelación fracasa, la cosa se pone color de hormiga, pues ni Velasco ni los otros candidatos del proto-partido tendrían derecho a competir en las parlamentarias. Partidos amigos –como Amplitud- han ofrecido sus cupos para cobijar a los representantes de Ciudadanos. En ese caso el problema es la controvertida ley anti-díscolo, que prohíbe competir a aquellos que renunciaron a un partido con menos de 12 meses de anticipación. La aplicación de dicha ley sería injusta en este caso, tomando en cuenta que los precandidatos en comento nunca renunciaron, sino que su partido fue disuelto. El espíritu de esa ley es castigar al que se va del partido porque no le dieron el cupo o porque perdió la primaria interna. No es la situación.

Si ese segundo camino tampoco prospera, la fusión con Amplitud –y Red Liberal- es la alternativa final*. No es lo ideal que se produzca en condiciones tan exigidas, pero no es nada tan dramático. A fin de cuentas, muchos sueñan con un gran partido liberal unificado en el centro político y éste podría ser el comienzo.

Lo que genera sospecha es que, según trascendió, fueron los miembros del Servel más cercanos a los partidos políticos tradicionales son los que insistieron en descalificar a Ciudadanos. No es novedad. Nos hemos acostumbrado a que los incumbentes decidan e interpreten las reglas, haciendo usualmente las cosas más difíciles a los desafiantes.

*Me refiero a una fusión política antes que legal, ya que lo segundo queda descartado si Ciudadanos es disuelto. La fusión política consiste en inscribirse los miembros de los tres grupos en uno solo (en este caso, Amplitud). Para ello también debiera suspenderse la aplicación de la ley antidíscolos. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-28&NewsID=371801&BodyID=0&PaginaId=26

EL CENTRO ESTÁ DE VUELTA

abril 24, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de abril de 2017)

El centro político nunca ha sido muy sexy. Son las posiciones extremas las que encienden pasiones. Sin embargo, en Francia, todo indica que el próximo presidente será un orgulloso centrista. Emmanuel Macron lideró las preferencias de primera vuelta (23%) con un discurso que apeló a los valores liberales europeístas y pro-globalización. En segundo lugar llegó Marine Le Pen (21%) del ultraderechista Frente Nacional, que justamente tiene entre sus objetivos sacar a Francia de la Unión Europea y blindar al país de la inmigración.

Macron –ex ministro de Economía- se presentó como el único capaz de detener el avance del populismo. Tiene la elección en el bolsillo. Varios candidatos perdedores ya le han dado su apoyo para el ballotage. Le Pen, en cambio, no tiene mucho espacio para crecer. Es la maldición que ya le ocurrió a su padre Jean-Marie, que al pasar a segunda vuelta en 2002 motivó a la inmensa mayoría de los franceses a votar por Chirac. Todo con tal de preservar la república, dijeron entonces. La narrativa de hoy es similar: todos contra Le Pen.

La tendencia Brexit-Trump parece haber perdido tracción en el 2017. En marzo recién pasado, el partido del ultraderechista Geert Wilders perdió las elecciones holandesas con una narrativa de tintes xenófobos e islamófobos. Contra las expectativas, ganó por lejos la derecha liberal de Mark Rutte. También en Francia se pensó mucho tiempo que Marine Le Pen obtendría la primera mayoría. No fue el caso.

Por esfuerzo no se quedó. El partido de Le Pen tiene mala fama. Ella intentó suavizar algunos de los elementos más tóxicos del legado del viejo Jean-Marie. Así por ejemplo, Marine decidió abandonar el integrismo moralista para conquistar a un electorado más joven y progresista. Se concentró en la idea de proteger a Francia de las inclemencias del mundo. El corazón del debate fue Europa.

Para el oficialismo, fue una debacle. El candidato del socialismo francés -Benoît Hamon- obtuvo apenas un 7% de los votos. Le fue bastante mejor al candidato de la izquierda rupturista, Jean-Luc Mélenchon, que consiguió un 19%. Mélenchon fue comparado con Bernie Sanders y relacionado con el Podemos español. En ese sentido, el mensaje es claro: hay una nueva izquierda en el vecindario, más radical en su prédica anticapitalista. Por su parte, la derecha tradicional –representada por François Fillon- llegó apenas tercera (19%). El veterano y pro-católico Fillon se vio contaminado por acusaciones de nepotismo que nunca pudo del todo despejar.

Así las cosas, los dos actores históricos de la política francesa quedan fuera de carrera. Tal como en 2002, no llega a la final ningún representante de izquierda –en un país que se suele considerar mitocondrialmente socialista. Será centro liberal versus derecha nacionalista, con Macron llevando todas las de ganar.

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