EL CENTRO ESTÁ DE VUELTA

abril 24, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de abril de 2017)

El centro político nunca ha sido muy sexy. Son las posiciones extremas las que encienden pasiones. Sin embargo, en Francia, todo indica que el próximo presidente será un orgulloso centrista. Emmanuel Macron lideró las preferencias de primera vuelta (23%) con un discurso que apeló a los valores liberales europeístas y pro-globalización. En segundo lugar llegó Marine Le Pen (21%) del ultraderechista Frente Nacional, que justamente tiene entre sus objetivos sacar a Francia de la Unión Europea y blindar al país de la inmigración.

Macron –ex ministro de Economía- se presentó como el único capaz de detener el avance del populismo. Tiene la elección en el bolsillo. Varios candidatos perdedores ya le han dado su apoyo para el ballotage. Le Pen, en cambio, no tiene mucho espacio para crecer. Es la maldición que ya le ocurrió a su padre Jean-Marie, que al pasar a segunda vuelta en 2002 motivó a la inmensa mayoría de los franceses a votar por Chirac. Todo con tal de preservar la república, dijeron entonces. La narrativa de hoy es similar: todos contra Le Pen.

La tendencia Brexit-Trump parece haber perdido tracción en el 2017. En marzo recién pasado, el partido del ultraderechista Geert Wilders perdió las elecciones holandesas con una narrativa de tintes xenófobos e islamófobos. Contra las expectativas, ganó por lejos la derecha liberal de Mark Rutte. También en Francia se pensó mucho tiempo que Marine Le Pen obtendría la primera mayoría. No fue el caso.

Por esfuerzo no se quedó. El partido de Le Pen tiene mala fama. Ella intentó suavizar algunos de los elementos más tóxicos del legado del viejo Jean-Marie. Así por ejemplo, Marine decidió abandonar el integrismo moralista para conquistar a un electorado más joven y progresista. Se concentró en la idea de proteger a Francia de las inclemencias del mundo. El corazón del debate fue Europa.

Para el oficialismo, fue una debacle. El candidato del socialismo francés -Benoît Hamon- obtuvo apenas un 7% de los votos. Le fue bastante mejor al candidato de la izquierda rupturista, Jean-Luc Mélenchon, que consiguió un 19%. Mélenchon fue comparado con Bernie Sanders y relacionado con el Podemos español. En ese sentido, el mensaje es claro: hay una nueva izquierda en el vecindario, más radical en su prédica anticapitalista. Por su parte, la derecha tradicional –representada por François Fillon- llegó apenas tercera (19%). El veterano y pro-católico Fillon se vio contaminado por acusaciones de nepotismo que nunca pudo del todo despejar.

Así las cosas, los dos actores históricos de la política francesa quedan fuera de carrera. Tal como en 2002, no llega a la final ningún representante de izquierda –en un país que se suele considerar mitocondrialmente socialista. Será centro liberal versus derecha nacionalista, con Macron llevando todas las de ganar.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-24&NewsID=371470&BodyID=0&PaginaId=37

EL ESTÁNDAR MORAL DE LOS POLÍTICOS

abril 23, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de abril de 2017)

¿Cuál es el estándar ético que debemos exigir de nuestros políticos? ¿Deben ser juzgados con una vara más alta que los ciudadanos ordinarios? Hay, básicamente, dos respuestas. La primera –que llamaremos teoría del umbral extraordinario- sugiere que los políticos deben ser sometidos a una regla más exigente, pues deben ser figuras ejemplares. Con ellos no bastaría el cumplimiento de lo estrictamente legal, sino que se necesitaría un testimonio moral a toda prueba. La segunda –que llamaremos teoría del umbral ordinario- señala que los políticos no deben ser santos ni ejemplos de virtud. Que en la medida que cumplan sus funciones representativas con responsabilidad no hay por qué meterse con sus vicios privados. Que la ley basta como estándar para todos.

El debate reapareció a propósito de la decisión de Revolución Democrática de bajar la candidatura parlamentaria de Javiera Parada. Según trascendió, los miembros del comité político estimaron que el reciente problema que afectó a la correligionaria Parada –tuvo un accidente menor de tránsito con algunas copas en el cuerpo- bastaba para descalificarla. En paralelo, se supo que la DC no castigaría al diputado Ricardo Rincón, acusado de violencia intrafamiliar. El partido aún no ratifica su candidatura, pero si lo hace, se estarán observando criterios muy dispares. En el primer caso, queda la sensación de que se actuó con mucha severidad. Lo de Parada es, hasta ahora, una falta. No hubo lesionados y la propia involucrada se apresuró a pedir las disculpas del caso sin evadir responsabilidad. Desde la teoría del umbral ordinario, Parada debe comparecer ante la justicia en la dimensión civil y penal, pero eso no debería afectar su idoneidad como representante política. En el caso de Rincón, queda la sensación opuesta. Un episodio de agresión a una mujer es ciertamente más grave. Si la DC confirma la repostulación de Rincón, estará tomando una posición en las antípodas de aquella que tomó RD.

Esta conversación se cruza con otra. Tal como han señalado varios analistas, parece que estamos en busca de representantes –especialmente en el caso presidencial- que sean puros, castos y virginales. Es la teoría del “buenismo”. Obviamente, eso es difícil cuando se trata de políticos con trayectorias más o menos largas. La narrativa del “buenismo” fue un problema para Lagos y lo será para Piñera. Le favorece a Guillier y a Bea Sánchez. Al tener menos historia, cargan necesariamente con menos culpas. Pero la política, advertía Maquiavelo, es una ocupación que demanda decisiones difíciles e incluso moralmente controvertidas. A veces, reconocía Michael Walzer, los políticos tienen que ensuciarse las manos para conseguir ciertos objetivos que en la película completa resultan beneficiosos. Por eso, creen algunos, se necesita un estándar moral aún más flexible para evaluar las acciones de los políticos, tanto para acceder al poder como para ejercerlo. ¿Qué cree usted?

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-23&NewsID=371383&BodyID=0&PaginaId=15

PARIR UN SUCESOR

abril 17, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 16 de abril de 2017)

Cuenta la leyenda que poco tiempo después de asumir la presidencia de la república, Patricio Aylwin recibió una curiosa pregunta del entonces Canciller de Alemania, Helmut Kohl. El líder teutón –también democratacristiano- quería saber si acaso Aylwin ya tenía en mente a su sucesor. La pregunta tomó a Aylwin por sorpresa. Kohl le habría señalado que hay pocas cosas más importantes en política que la continuidad de la obra propia. En ese sentido, la historia terminó bien para Aylwin, quien pudo entregarle la banda presidencial a su camarada Eduardo Frei Ruiz-Tagle. A su vez, Frei se la entregó seis años después a su ministro Lagos y Lagos seis años después a su ministra Bachelet. Todos cumplieron con la tarea que les puso Kohl. Todos parieron un sucesor.

En ese sentido, la deuda de Michelle Bachelet es gigantesca. Durante su primer gobierno, caía de cajón que había que poner las fichas en Andrés Velasco. El entonces ministro de Hacienda era uno de los personajes mejor evaluados después de haber sorteado con inteligencia la crisis económica. Sin embargo, Bachelet ni se inmutó. En lugar de poner su capital político a disposición de un delfín, dejó que la Concertación fuera a buscar candidato al baúl de los recuerdos: Lagos, Insulza, Frei. Sabemos cómo terminó esa historia: Bachelet le entregó la banda a Sebastián Piñera, del equipo rival.

Parece que ahora el asunto se repite. No sólo porque lo más probable es que gane de nuevo Piñera, sino porque el candidato del oficialismo no nace del núcleo político de la presidenta. Salvo un milagro, Guillier será el hombre de la Nueva Mayoría. Pero Guillier no es un sucesor de Bachelet. Hasta cierto punto, su relativo fenómeno tiene que ver con la distancia que ha adoptado. Su fuente de popularidad no tiene ninguna relación con la gestión del gobierno, como suele ocurrir cuando los candidatos salen del gabinete.

Así ocurrió con Piñera. Todos los candidatos que la derecha fundió en 2013 fueron sus ministros: Golborne, Longueira, Allamand y Matthei. El primero habría sido un heredero perfecto, pues no tenía nombre propio. La gente lo ubicaba por la epopeya de los mineros, que al mismo tiempo era el hito más glorioso del gobierno. Ya que no funcionó el verdadero delfín (Hinzpeter), Golborne funcionaba bien. A Bachelet tampoco le resultó el plan original. Si las cosas hubiesen sido distintas, quizás tendríamos a Rodrigo Peñailillo coqueteando con la papeleta. Pero, desde la caída de su primogénito político, Bachelet no se ha visto muy urgida por promover un sucesor. Ya no ocurrió. El profesor Kohl habría reprobado la (falta de) estrategia.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-16&NewsID=370905&BodyID=0&PaginaId=17

IZQUIERDA Y DERECHA: UNA BRÚJULA

abril 14, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 13 de abril de 2017)

A propósito de la reticencia de los voceros del Frente Amplio para declararse de izquierda y las declaraciones de la vocera de Chile Vamos (“Piñera no es de derecha”), algunas personas señalaron que las categorías clásicas de izquierda y derecha estaban obsoletas. Que funcionaron bien en el siglo XX, pero que serían inservibles en el contexto actual. Esta columna tiene por objeto rehabilitar dichas categorías.

Una prevención es necesaria. Sostener que las nociones de izquierda y derecha expresan un contenido ideológico diferenciado no equivale a sostener que son las únicas coordenadas válidas para situarse en el mapa político. Los cuadros complejos tienen más de un eje. Así, por ejemplo, en temas morales se suele dividir el espectro entre liberales y conservadores. Entonces se dice que los liberales son de izquierda y los conservadores de derecha, pero las categorías no siempre calzan, pues existe derecha liberal tanto como izquierda conservadora. También está el eje que divide autoritarios –partidarios del orden- y libertarios –partidarios de la libertad. Se suele pensar que los primeros representan a la derecha y los segundos a la izquierda, pero eso tampoco es enteramente exacto: hay ejemplos de izquierdas autoritarias y derechas libertarias.

Sin perjuicio de lo anterior, parece posible identificar un eje propio de la distinción entre izquierda y derecha. Se trata del eje que divide a la población frente a preguntas de índole “socio-económica”. En su fórmula clásica, la izquierda tendría entre sus planes expandir el radio de acción del estado para cubrir ciertas necesidades y abordar ciertos problemas, mientras la derecha se inclinaría por entregar esas mismas áreas al dominio del mercado. Esta es, por cierto, una simplificación. De hecho, la tesis de esta columna es que la dicotomía ‘Estado vs. Mercado’ puede ser articulada de mejor manera en los tiempos que corren, especialmente respecto del debate político en Chile. La diferencia crucial entre la izquierda y la derecha, sostengo, está en su posición respecto de si la diferencial capacidad de poder adquisitivo puede traducirse legítimamente en diferencial acceso a bienes y servicios.

Piense en la discusión sobre el copago en educación. La derecha señaló que las familias deben ser libres de complementar la subvención básica con sus propios recursos. Por un lado, se dijo, las personas tienen el derecho de disponer de su plata como estimen conveniente. Como los padres naturalmente quieren lo mejor para sus hijos, es lógico que hagan esfuerzos adicionales para asegurarles una educación que, intuyen, es de mejor calidad. Ello incluye tanto la dimensión curricular como la cultural. Si ello genera segregación social, se trata de una consecuencia inevitable del ejercicio de dicha libertad. Por otro lado, se agregó, ello no perjudica la posición de aquellos que no pueden costear financiamiento adicional. Estos últimos deben seguir siendo objeto de políticas públicas focalizadas que apunten a mejorar los mínimos educacionales con los impuestos de todos los chilenos. La izquierda, en cambio, sostuvo que permitir criterios de mercado en la educación era violar la esencia de un derecho social al cual todos los ciudadanos deben tener acceso en condiciones universales. ¿De qué otra manera podría asegurarse una verdadera igualdad de oportunidades? En términos de Fernando Atria, había que descomoditizar la educación. La única manera de hacerlo es prohibiendo que el dinero haga la diferencia. Es el mismo argumento que sirve para promover la gratuidad universitaria. El problema no es que los ricos puedan pagarla; el problema es que permitirles que la paguen transforma la educación en un bien de consumo y no un derecho social.

Piense ahora en el caso de la salud. Imagine un sistema que opera con las reglas que prefiere la izquierda: todos los ciudadanos tienen acceso a una prestación igualitaria sin costo, con independencia de su capacidad de pago. Si alguien quiere pagar para saltarse la fila o acceder a una tecnología superior, la recepcionista le dirá “su dinero no sirve aquí”. De pronto la derecha propone que se permita que aquellos que pueden poner unos pesos más sobre la mesa, reciban prestaciones adicionales. Esta posibilidad sería un reconocimiento a la libertad inherente de las personas de disponer de sus bienes –hay personas que se interesan más por su salud que otras- y contribuiría además al financiamiento adicional del sistema público. De ahora en adelante habrá accesos estratificados a la salud, pero aquello no sería problemático si todos reciben una prestación de calidad.

Esta sigue siendo una simplificación pero revela la médula del argumento. Una izquierda radical abogaría por un sistema en el cual la mayor cantidad de bienes y servicios –todos, si fuese posible- queden sustraídos a la lógica del mercado. Una derecha radical abogaría por un sistema en el cual todo tiene precio y las personas escogen dónde poner su dinero, como si el país fuera un gran concierto donde se pueden adquirir entradas platinium, vip o estándar dependiendo de la capacidad de pago y las preferencias subjetivas. Entre ambos extremos hay un sinnúmero de posiciones intermedias, y es probable que la mayoría de la gente se ubique en ellas. Pero los hitos descritos sirven como coordenadas.

Esta columna no ha tenido por objeto juzgar qué posición es normativamente más atractiva o filosóficamente robusta, sino esbozar una conceptualización de izquierda y derecha en el Chile contemporáneo. Bajo esta conceptualización, hace pleno sentido pensar en el Frente Amplio en la izquierda y en Chile Vamos a la derecha.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/04/12/138593/izquierda-y-derecha-una-brujula

LA EXCUSA PERFECTA

abril 11, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 11 de abril de 2017)

A la Democracia Cristiana no le cayó bien que el Partido Socialista ungiera a Alejandro Guillier en lugar de Ricardo Lagos como abanderado presidencial. Con Lagos fuera de carrera, el PPD -probablemente- también apoyará a Guillier. Lo mismo harán los comunistas. Es decir, todos los partidos de la Nueva Mayoría están con el senador por Antofagasta, menos la DC que promueve la opción de su presidenta Carolina Goic.

A la DC no le gusta este escenario de todos contra Goic. Se exponen a una paliza. La primaria tenía sentido si por lo menos participaban tres contendores. Por eso era importante que Lagos siguiera en carrera. Ahora el entorno de Goic está pensando seriamente en competir directamente en primera vuelta. De esa manera, piensan, se puede apelar al voto de centro que queda huérfano si la disputa es Guillier vs. Piñera, tomando en cuenta que este último ha optado por fortalecer el voto duro de derecha.

Quizás llegó el momento de que la DC abandone la coalición en la cual participa –aunque con otro nombre- desde hace treinta años. Su poder relativo ha menguado considerablemente. De ser protagonista pasó a ser actor secundario. Tal vez una invitación al camino propio sirva para recuperar la mística. Total, el gobierno lo van a perder igual. La entrada de Beatriz Sánchez se parece mucho a la entrada de Marco Enríquez en 2009: facilita las cosas para Sebastián Piñera. En ese escenario, no es tan dramático salirse de una coalición a la baja. Las verdaderas complejidades no están en la decisión presidencial, sino en sus implicancias parlamentarias.

El elemento Lagos funcionaba como estabilizador. Sin Lagos, desde la DC indican que la coalición pasó de la centro-izquierda a la izquierda a secas. Eso no es enteramente cierto. Guillier no está programáticamente más a la izquierda que Bachelet o que Lagos versión 2017. Pero se van a convencer de aquello si les sirve como la excusa perfecta para abandonar el buque.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-11&NewsID=370537&BodyID=0&PaginaId=20

LAS PUÑALADAS DEL PRAGMATISMO

abril 10, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 10 de abril de 2017)

Se han escrito ríos de tinta sobre la necesidad de “matar al padre” en la política chilena. Ricardo Lagos Escobar ha sido uno de los más duros de matar. Ayer, los miembros del Comité Central del PS ajusticiaron al padre con 67 puñaladas. Las puñaladas del pragmatismo. Las ideas tuvieron poco que ver en el debate. Lagos marca escuálidos puntos en las encuestas y el único que aparece competitivo contra Piñera es Alejandro Guillier. Fin de la historia.

Evidentemente, otras razones pueden articularse. Habrá quienes quieran pintar a Guillier como paladín progresista y presentar a Lagos como derechista encubierto. Pero esa es una narrativa infundada. No son tan distintos. Más promisoria es la tesis de que primó una lógica anti-transición, un reflejo de la sensación térmica ciudadana. A fin de cuentas, Lagos era el candidato de los viejos tótems del partido, desde Camilo Escalona a Ricardo Núñez. El problema con Lagos no es programático, sino simbólico. Lagos representa ciertas coordenadas histórico-generacionales que generan resistencia en la población. Es difícil contradecir aquello: en el Chile donde los dos políticos mejor evaluados son Millennials, Lagos resulta matapasiones.

He ahí el meollo del asunto: el PS quiere arrimarse a buen árbol y Lagos no está dando suficiente sombra. No es una decisión obscena ni mucho menos. La política tiene una dimensión estratégica. El objetivo de los actores grandes es guapear por el poder, no hacer campañas testimoniales. Pero el pragmatismo descarnado también tiene un precio. Los socialistas contaban con tres precandidatos de sus filas –Atria, Insulza y Lagos, que para estos efectos tiene doble militancia- y terminaron ungiendo a un independiente. Es decir, hubo nula voluntad de jugársela por cambiar el estado de la situación. Hubo escasa convicción en las capacidades propias. Hubo poco cariño a la camiseta. En fin, hubo mucho de aquello que la gente estima cuestionable de la actividad política.

Para Lagos es una derrota durísima. No sería raro que abandonara la carrera. Ello tendría efectos relevantes. Carolina Goic, la precandidata democratacristiana, está pensando seriamente en ir directamente a primera vuelta si la primaria se transforma en un duelo entre ella y Guillier apoyado por todos los partidos del bloque salvo la DC. Pero Guillier dice que no compite si no es por ratificación vía primarias. Zapato chino. Por un momento, parece que la Nueva Mayoría necesita que Lagos siga vivo, pero difícil después del baño de sangre patriarcal que tiñó a la gloriosa comuna de San Miguel.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-10&NewsID=370495&BodyID=0&PaginaId=36

TODO MAL

abril 6, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 31 de marzo de 2017)

¿En qué se parece la derecha que lidera Sebastián Piñera y el Frente Amplio que se ubica –principalmente- a la izquierda de la Nueva Mayoría? A primera vista, en poco. Sin embargo, sus narrativas tienen una característica común: ambos buscan instalar un diagnóstico opaco del presente nacional.

Partamos por Piñera. Su discurso de lanzamiento recordó aquel viejo dilema de yo o el caos. Según su visión, Chile está sumergido en una crisis de proporciones en su dimensión económica, política e incluso moral. La culpa, evidentemente, la tendría Michelle Bachelet y el gobierno de la Nueva Mayoría, autores de reformas que no dieron pie con bola. Reformas inspiradas en ideologías añejas y probadamente fracasadas, añade el ex presidente. Como resultado, el país estaría mucho peor que en 2014, cuando Piñera dejó La Moneda.

El Frente Amplio, por su parte, tiene una mirada crítica no sólo del actual gobierno, sino que en general de la marcha del país desde hace un buen tiempo. En corto, desde que el neoliberalismo fue forzado sobre la ciudadanía. La queja particular que tienen contra la segunda administración de Bachelet es que no profundizó las reformas prometidas y la Nueva Mayoría no exhibió la voluntad de hacer cambios más profundos. Es decir, es una crítica opuesta a la que hace Piñera en el sentido normativo pero similar en su tono desaprobatorio.

Lo interesante es que cada uno escoge la evidencia y los temas que le convienen para que el relato sea consistente. Piñera, por ejemplo, tomó los -siempre importantes- datos duros de la macroeconomía para testimoniar la ineptitud de este gobierno, pero no se refirió ni a las necesarias reformas electorales que se aprobaron ni a los avances en materia de igualdad y no discriminación. Un recorrido de los tres años de gobierno que llevamos merece un juicio más balanceado de aciertos y errores. Salvo que, por supuesto, la derecha considere que dichas iniciativas son equivocadas, pero en ese caso sería necesario explicitar. De lo contrario parece que se están tomando los datos de manera selectiva. Esto no es, en todo caso, inusual en política. Al revés, a veces pareciera que la política se trata de eso.

El Frente Amplio, por su parte, acaba de ser reconvenido por el académico Mario Waissbluth por exagerar la nota en la imagen que proyectan del país. El argumento de Waissbluth, en una frase, es que la gente está bastante mejor de lo que el Frente Amplio supone, al menos en base a índices que buscar medir bienestar objetivo. Les recuerda que millones de chilenos están optando por lógicas de mercado y segregación voluntariamente. Dicen que Fernando Atria también ha tenido que reacomodar su visión al percatarse de la dificultad de promover el socialismo. Evidentemente, las complejidades fácticas y los mapas de la realidad no son obstáculo para la utopía de un mundo más justo. Lo que Piñera llama ideologismos no son más que profundas y nobles convicciones sobre cómo vivir en comunidad. Solo que no son las suyas. Pero el efecto de esta miopía hacia las eventuales virtudes del sistema es, como en el caso anterior, la selectividad de los números a presentar.

Dominado por esta curiosa polarización traslapada, el clima político chileno se hace hostil para los viejos (y nuevos) ‘autocomplacientes’, que se han convertido en la auténtica contracultura de las redes sociales. Son esos pocos que todavía sienten algo por Lagos. Esos que encuentran que el gobierno ha sido sistemáticamente desprolijo pero que lo importante sigue siendo la película completa, donde se hace imposible desconocer las transformaciones que ha experimentado nuestro país en materia de prosperidad y desarrollo humano, al menos en perspectiva latinoamericana. Son que transmiten una sobria moderación. Son los que postean tanto los avances como los condoros. Son los que sufren la estridencia de los juicios tajantes y sin matices. Son lo que creen que probablemente la verdad se encuentre a medio camino entre lo que dice la Fundación Sol y lo que sugiere Libertad y Desarrollo.

Son los que no se extrañaron cuando leyeron que Chile estaba entre los veinte países más felices del mundo según Naciones Unidas -sólo superado por Costa Rica a nivel regional. El ranking fue confeccionado a partir de varios factores entre los cuales se incluyó ingreso per cápita, salud y expectativa de vida, grados de libertad, niveles de generosidad, e incluso confianza en instituciones públicas y privadas. Los extremos que dominan la conversación, en cambio, reaccionaron con escepticismo y sospecha: no puede ser que estemos tan bien, señalaron. Seguramente recopilaron los datos en Zapallar y Cachagua, escribió alguien en Twitter. Pues no. Lo que ocurre es que nos cuesta aceptar lo que contradice nuestros supuestos.

Estamos a punto de sumergirnos de lleno en una campaña presidencial y parlamentaria. Es entendible que los actores políticos busquen diferenciarse de un gobierno mal evaluado. Pero una cosa es pintar de negro el presente por razones puramente electorales y otra cosa -más preocupante- es creerse el diagnóstico en base a evidencia selectiva y exageración del malestar.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/03/30/138186/todo-mal

LA ESTRATEGIA “CIUDADANA” DEL FRENTE AMPLIO

abril 4, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de abril de 2017)

Los voceros del llamado Frente Amplio (FA) han insistido últimamente que la suya no es una coalición de izquierda, sino más bien una coalición “ciudadana”. La expresión no es afortunada. Ciudadanos somos todos. Decir que un referente político tiene características ciudadanas es decir poco y nada. Pero además es descaminada porque el término no funciona como sustituto de izquierda a la hora de dar a conocer las coordenadas ideológicas de la agrupación.

Es probable –y en esto tienen razón las voces del FA- que su convocatoria incluya a sectores que no se definen a sí mismos como de izquierda. Pero entonces el valor al que deben apelar es la transversalidad, no la ciudadanía. La transversalidad no tiene por qué ser absoluta. Sería raro que llegara hasta la derecha. Cuando se quiere representar a todos, no se representa a nadie. Los principios centrales del FA están asociados a lo que uno entiende comúnmente por izquierda y no debería existir vergüenza a la hora de defenderlos como tales.

Es comprensible que, en la refriega electoral, se quieran evitar esos motes. Pero no se condice con la narrativa eminentemente política de los líderes y movimientos que integran el FA. Se entiende que Piñera y la derecha le hagan el quite a esas definiciones. En ese mundo, tener ideología es como tener tiña. Ese es un error que no debiera imitar la izquierda.

En cualquier caso, la estrategia de la transversalidad parece ser la correcta. No solo porque le permite a los pocos grupos que no se definen de izquierda –como el renacido Partido Liberal del diputado Vlado Mirosevic- sentirse cómodos al interior del FA, sino porque declara que la intención del colectivo no es arrinconarse en un extremo del espectro sino expandirse a lo largo.

La apuesta del FA es, en el mediano plazo, ocupar el espacio que actualmente ocupa la gran familia concertacionista. Es reemplazo por la vía generacional. Por eso no es tan terrible para ellos que la irrupción de Bea Sánchez facilite el retorno de Piñera –como acusa la Nueva Mayoría. La pregunta es quién será la verdadera oposición al gobierno de Chile Vamos. Un FA con vocación transversal tiene más posibilidades que un FA químicamente puro en su compromiso con la izquierda.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-04-03&NewsID=369940&BodyID=0&PaginaId=35

OPERACIÓN BEA SÁNCHEZ

marzo 27, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de marzo de 2017)

La periodista, locutora radial y rostro televisivo Beatriz Sánchez ha aceptado la invitación que le hicieran los niños índigo de la política chilena –Giorgio Jackson y Gabriel Boric- en el sentido de evaluar una candidatura presidencial bajo los colores del llamado Frente Amplio. Su fichaje es un golazo en términos políticos. La Bea –como le llaman- es una figura interesante por varias razones.

En primer lugar, porque ya goza de ciertos niveles de reconocimiento a nivel nacional. Es decir, no hay que invertir muchos recursos en hacerla conocida, como habría ocurrido en el caso de otras figuras en la mira del Frente Amplio. En segundo lugar, porque –sabemos- las personas que dan las noticias gozan de especial credibilidad, el atributo más valioso del momento. Beatriz Sánchez se aprovecha en ese sentido del mismo fenómeno que catapultó a su colega Alejandro Guillier –con quien compartió pantalla en La Red. En tercer lugar, porque es mujer, lo que contribuye a la diversidad en una elección presidencial donde los dos favoritos son hombres. En cuarto lugar, porque es una cara fresca y descontaminada ante los ojos de la opinión pública –lo que no puede decir el senador Alejandro Navarro, por ejemplo, que también acaba de manifestar su intención de representar al Frente Amplio en la presidencial. En quinto lugar, porque aunque tiene un discurso fuertemente crítico no pierde el encanto, como le suele ocurrir a otras figuras en el mundo de la izquierda reivindicacionista. Su talón de Aquiles, según indican los críticos, es que abusa de la consigna y surfea en la ola en la indignación ciudadana, pero no tendría una comprensión compleja de los desafíos técnicos y normativos que enfrenta el país.

Por de pronto, su entrada a la carrera es una mala noticia para Guillier. Representan algo parecido para el común de los mortales y a la Nueva Mayoría no le conviene esa percepción de simetría. También es un balde de agua fría para Alberto Mayol, que si bien celebró su incorporación a la competencia interna, entiende que será difícil ganarle la primaria a la candidata de Jackson y Boric. Pero es una buena noticia para las aspiraciones electorales del Frente Amplio. Haciendo una buena campaña, la izquierda debiera superar el umbral de sus tradicionalmente escuálidas performances presidenciales y apuntar a transformarse en una tercera fuerza en serio. Ello implica apostar al 15% de los votos como base.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-03-26&NewsID=369356&BodyID=0&PaginaId=14

LA REBELIÓN DE O’HIGGINS

marzo 24, 2017

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 17 de marzo de 2017)

A propósito de la brecha política que se abre entre el flamante precandidato presidencial Alberto Mayol y su padre Manfredo, conocido por su historia al alero del gremialismo, el primero recordó que la historia de Chile estaba marcada por un conflicto familiar similar. Como señaló el sociólogo, Bernardo O´Higgins abrazó una causa opuesta a la de don Ambrosio, el viejo Virrey. La rebelión de O’Higgins no fue solo contra España; fue también la emancipación del hijo. Del mismo modo, otros tantos episodios de nuestra vida republicana calzan con este fenómeno. Aunque la mayoría de las personas adoptan el credo político de la familia, ocasionalmente ese patrón se rompe y nuevos cauces político se abren.

Así descrito, el relato biográfico de Mayol tiene un valor. Éste radica en la reflexión y el aprendizaje propios de un tránsito ideológico. La pura rebeldía adolescente no basta. Es un proceso que requiere consistencia y articulación de razones. Mayol lo ha hecho, sin duda. Ahora bien, no todos los casos en los cuales se reclama el derecho de disputar la herencia política familiar revelan un quiebre tan pronunciado. Lo relevante es que manifiestan la misma aspiración independentista. Hay varios ejemplos en la nueva camada de dirigentes políticos: el padre de Gabriel Boric es militante DC, pero el joven diputado tomó una ruta doctrinaria diversa. Nicolás Grau –otro Autonomista destacado- no siguió el camino de su madre, la ex ministra PS Paulina Veloso. Del mismo modo, Miguel Crispi renunció al PS de su madre -la ex ministra Claudia Serrano- para formar Revolución Democrática. Juan Pablo Mañalich entró a militar al PS cuando su padre juró como ministro de Salud de Piñera. Hernán Larraín Matte contribuyó a fundar Evópoli, lejos de la UDI de su papá senador. Carolina, la hija menor del propio Manfredo Mayol, estaba en la directiva de Ciudadanos. Luis Larraín participa en Red Liberal, también a distancia del Instituto Libertad y Desarrollo de su progenitor. Así sucesivamente. Algunos de estos giros son más bien estratégicos que sustantivos. Sin embargo, todos tienen algo en común: un deseo razonado de evaluar los componentes culturales de la herencia, la que suele incluir posición política, perspectiva religiosa y hasta adhesión deportiva.

Esto no quiere decir que continuar la tradición familiar no tenga valor. El pensamiento conservador, por ejemplo, considera que preservar ciertas formas de vida a través de la transmisión cultural que ocurre en la esfera doméstica es un componente fundamental de la vida buena. El mundo comunitarista piensa parecido: nuestra identidad estaría definida por una red inter-generacional de lealtades, ya sea a los emblemas patrios, a los artefactos de la tribu, al color de la camiseta. Podemos mencionar varios casos paralelos a los anteriores: Camila Vallejo es PC porque sus padres son antiguos comprometidos con la causa. Ella y su hermana Javiera llevan por segundo nombre Amaranta, el color de la Jota. Daniel Melo es tan PS como su padre, el infatigable alcalde de El Bosque Sadi Melo. De los jóvenes diputados Coloma y Lavín se puede decir lo mismo: optaron por defender las ideas que se defienden en sus casas. Y así sucesivamente. No hay nada de cuestionable en este vínculo, si es que efectivamente los hijos tuvieron la oportunidad de reflexionar libre y sistemáticamente sobre sus propios compromisos.

La idea de disputar la herencia política tiene un aire liberal. Se trata de ponerse uno mismo en una situación hipotética donde se decide racionalmente sobre ciertos principios, como si no existieran lealtades o pertenencias a las cuales necesariamente responder. Es un ejercicio de autonomía, en la medida que el horizonte se abre con distintos caminos entre los cuales escoger. Lo anterior no descarta, por ende, que se escoja el mismo camino político de los padres. Lo liberal está en el individualismo metodológico, en el procedimiento por el cual se justifica la decisión adoptada. De ahí la crítica ochentera de Michael Sandel a “la república procedimental y el yo desvinculado” que teóricamente promovía John Rawls.

En lo personal, fue justamente esta metodología liberal la que me hizo abdicar de ideas que se sostuvieron en el seno de mi propia familia. Una vez que fui capaz de articular los principios centrales de mi pensamiento político –básicamente, principios de libertad y justicia- caí en cuenta que cualquier defensa relevante de la dictadura resultaba profundamente contradictoria. Liberal-pinochetista es un oxímoron. Por cierto, las diferencias con mi tribu de origen no se limitan al pasado. Otras tantas discrepancias doctrinarias y prácticas se fueron generando. Otros tantos espacios de convergencia o diálogo subsisten.

Como fuere, que la metodología tenga un sabor liberal no determina en este caso el resultado. El caso de Mayol lo ilustra: un padre gremialista con un hijo socialista. Como fuere, es la narrativa de la rebelión familiar de O´Higgins, es el relato del hijo que enfrenta sus naves con las naves del padre. A veces en franca colisión, otras veces en forma tangencial. Pero guiados por la misma intuición que subyace al llamado beneficio de inventario: el derecho de revisar los elementos de la herencia cultural y eventualmente repudiar –como se dice en jerga jurídica- aquellas militancias familiares que no nos hacen sentido.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2017/03/16/137655/la-rebelion-de-ohiggins