LOCAL O VISITA EN PROVIDENCIA

septiembre 24, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de septiembre de 2016)

La derecha está mentalizada para recuperar Providencia. La derrota de Cristián Labbé en 2012, en una de las comunas supuestamente más conservadoras del país, simbolizó la mala racha de todo ese sector en aquellas municipales. Por lo mismo, la escogida para representar los colores del pacto Chile Vamos es nada menos que la ex candidata presidencial Evelyn Matthei. En la otra esquina, busca la reelección la actual alcaldesa Josefa Errázuriz, que emergió en aquel entonces como una alternativa ciudadana y progresista al eterno reinado de Labbé. El pronóstico es reservado: algunas mediciones anticipan un triunfo de la Evelyn, otras apuestan por Josefa.

En lo que va de campaña, Evelyn Matthei ha intentado transmitir la sensación de una comuna en retroceso, donde cada día se hace más difícil vivir. Ella sería la restauradora del antiguo régimen labbeista, cuando las cosas funcionaban como reloj militar. Sin embargo, la idea de una Providencia en estado de descalabro es poco creíble. Como siempre, hay vecinos que sienten que la gestión de Josefa no ha dado el ancho. Pero muchos otros vecinos piensan exactamente lo contrario: que la actual administración municipal ha sido estupenda para la comuna. En efecto, Josefa se anota porotos en la defensa patrimonial, la movilidad urbana, la integración de la diversidad y la promoción cultural, entre otras cosas. Su punto más bajo fue la restricción draconiana de horarios nocturnos. Resulta algo irónico que sea la derecha la que prometa mayor libertad en ese sentido.

Aunque apoyada por la centroizquierda institucional, Josefa Errázuriz sigue siendo la dirigente vecinal que llegó a ser alcaldesa. Matthei, en cambio, tiene la fortaleza de ser una figura nacional pero con escasa identificación local. En cierto sentido, se huele que quiere sacarse los balazos de su pronunciada derrota presidencial y terminar su carrera con honores. Le tiene ganas al Palacio Falabella: junto a la UDI, se las arregló para neutralizar al propio Labbé y luego para sacar del camino a la histórica concejal Pilar Cruz. La derecha solía jugar de local en Providencia. Esta vez juega de visita.

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LA CIENCIA EN EL ESTADO LIBERAL

septiembre 22, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 16 de septiembre de 2016)

Los grupos antivacunas en Chile y el mundo entero plantean un problema serio para las democracias liberales. Si bien la comunidad científica es prácticamente unánime en recomendar la inmunización obligatoria vía vacunación –lo que implica movilizar los recursos del estado- existe una fracción no insignificante de la ciudadanía que se opone. La pregunta, realmente, no es si acaso estos grupos tienen razón. Existe demasiada evidencia de que no la tienen. La suya no es una posición científicamente respetada, tal como tampoco son muy respetadas las visiones de los creacionistas o -en cierta medida- de los negacionistas del cambio climático. La pregunta políticamente relevante es si acaso la oposición de estos grupos es atendible, digna de una excepción o de un régimen especial.

Usualmente damos por descontado el sitial de privilegio epistémico de la ciencia en las sociedades contemporáneas. Sus métodos y conclusiones no nos parecen discutibles. La ciencia dice cómo son las cosas. Nos cuidamos de no darle a la ciencia propiedades normativas o moralizantes. En ese sentido decimos, en terminología liberal, que son neutrales. No le pertenecen a ningún colectivo identitario particular. Todos debiésemos captar su radical capacidad de generar conocimiento útil y confiable. Son recursos de la razón pública, diría Rawls.

Pero, en la práctica, no todos son de la misma idea. La ciencia recibe dos tipos de ataques que es preciso distinguir. Uno de estos ataques apunta en contra de particulares conclusiones del método científico. Personas que leyeron en ciertas plataformas de difusión que, por ejemplo, las vacunas son peligrosas. Su caso no es contra el edificio cognitivo de la ciencia. Ellos creen, de hecho, que la buena ciencia está de su lado. Citan Journals y ponen sobre la mesa lo más parecido que tienen a una evidencia. No desmerecen el proyecto histórico de la ciencia, sino su específica aplicación en ciertos casos. El otro ataque se encuentra en un nivel superior: es una crítica a la hegemonía epistemológico-cultural de la ciencia. Es el caso de ciertas denominaciones religiosas. Les parece, por decirlo de alguna forma, que los presupuestos naturalistas del método desequilibran la cancha de tal manera que sus conclusiones ontológicas resultan irremediablemente materialistas. Así se reconstruye, por ejemplo, la demanda creacionista de incorporar alternativas no-materialistas a Darwin en la clase de biología. El caso de los testigos de Jehová también es interesante: no se niegan a las transfusiones de sangre porque crean que el procedimiento es médicamente errado. Saben que aquella transfusión puede salvar la vida de sus hijos, como bien lo saben los personajes de The Children Act, la novela de Ian McEwan. Sin embargo, se resisten a ella por mandato aparentemente divino: Dios no querría en tu cuerpo la sangre de otra persona.

Como fuere, en todos estos casos se suelen generar problemas políticos considerables. La razón es similar: no quieren seguirle la corriente a lo que ordena el consenso científico, y por extensión no quieren someterse a la coerción del gobierno. En muchos casos, por lo mismo, se sienten luchando una batalla épica. La complicación fundamental de la mayoría de estos casos es que involucran menores de edad. Es decir, se opone el derecho de los padres a decidir por sus hijos, con el deber social –encarnado en la compulsión estatal- de velar por los derechos de esos niños. Los padres tienen el derecho preferente de criar a sus niños como estimen conveniente, pero el reverso de ese derecho es la obligación fiduciaria de hacerlo pensando en los mejores intereses del niño. Y aunque la mayoría de las veces ese derecho se ocupa correctamente, otras veces no es el caso. Por supuesto, los padres pueden insistir: que no vacunarse ahorra enfermedades, que la narrativa bíblica sobre los orígenes de la vida es la correcta, que si se resiste a la transfusión será recompensado por Jehová. En todos estos casos, el estado se arroga la autoridad de ignorar esa insistencia.

No es extraño que varias de estas demandas sean apoyadas por grupos libertarios. Son los mismos que defienden la educación en el hogar, extendiendo al máximo el ámbito de atribuciones paternas y minimizando la intervención social. En su versión radical, es una forma de propietarismo filial: los hijos le pertenecen a los padres. El liberalismo igualitario, en cambio, considera que los derechos de esos niños – a recibir la debida inmunización, a aprender la verdadera historia de nuestros orígenes, a continuar viviendo gracias a un oportuno procedimiento médico- prevalecen en consideración de igual capacidad moral. Le interesa asegurar, por lo bajo, que puedan desarrollar ciertas formas de autonomía y que tengan competencias cívicas y de urbanidad social básicas. Muchas de estas se dan en el ámbito educativo –como es el caso del alfabetismo científico- pero otras ocurren en hospitales y consultorios. El desafío del liberalismo es extender esa protección igualitaria, pero hacerlo con una narrativa legítima respecto de su epistemología preferida, de aquella ciencia que identifica con razón pública. De ahí la pregunta inicial: cómo justificar a todos lo que para algunos es controvertido –como para los grupos antivacunas. Estamos acostumbrados a que las doctrinas controvertidas sean morales o normativas, pero también puede serlo las epistemológicas. A la ciencia hay que defenderla explicándola, no dándola por descontado.

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¿UNA INVITACIÓN INOCUA?

septiembre 21, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de septiembre de 2016)

El gobierno ha sido acusado de intervencionismo electoral. ¿La razón? La candidata de la Nueva Mayoría en la comuna de Ñuñoa, Helia Molina, fue invitada a la comitiva presidencial que aterrizó en Nueva York para la Asamblea General de la ONU.

No es una invitación inocua, dicen en la derecha: en tiempos en los cuales la propaganda tradicional ha sido restringida, los candidatos con mayor exposición mediática obtendrían una ventaja. Así, la candidata Molina se beneficiaría de salir en todos los canales de televisión acompañando a la Presidenta Bachelet en su gira. Por su parte, Helia Molina se defendió diciendo que su participación en dicho foro internacional no tiene nada que ver con su candidatura edilicia, sino con su experiencia en temas de infancia. ¿Tiene razón la oposición o le están poniendo mucho color?

No hay razón para negar la capacidad de la ex ministra Molina. Quizás sea cierto que la Presidenta requiere de su asesoría en la preparación de ciertos temas. Pero estamos en plena campaña municipal y todas estas maniobras lucen sospechosas. Más grave que su presencia en la delegación presidencial es la denuncia que hizo su competidor, el actual alcalde Andrés Zahri: Helia Molina figuró en las primeras filas del Te Deum, a tiro de cámara, en un espacio que supuestamente está reservado para las autoridades del país. ¿Cómo se explica aquello?

Se dice que la ex ministra de Salud es cercana a la Presidenta Bachelet. Tuvo que abandonar su puesto sin haber cumplido un año en la cartera por declaraciones políticamente desafortunadas –aunque no del todo irreales- y no porque Bachelet la quisiera afuera. De ahí que sea plausible pensar que el entorno de la primera mandataria esté muy interesado en rehabilitar su figura a través de un triunfo municipal importante (Ñuñoa ha estado casi siempre en poder de la derecha). Ese comprensible exceso de interés, sumado a un registro oficialista de continuas desprolijidades, configura un cuadro de posible intervencionismo. Pero eso lo tendrá que determinar Contraloría.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-09-21&NewsID=355432&BodyID=0&PaginaId=18

AQUILES, BORIC Y LOS ESCOLTAS DE PINOCHET

septiembre 20, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de septiembre de 2016)

En la Ilíada de Homero, Aquiles venga la muerte de su amante Patroclo matando al héroe troyano Héctor. Cegado por la ira, Aquiles arrastra el cuerpo de Héctor y lo conserva como trofeo de guerra. En medio de la noche, el rey Príamo visita la tienda de Aquiles y le ruega que le entregue el maltrecho cuerpo de su hijo, para enterrarlo de acuerdo a los ritos funerarios troyanos y para que los suyos puedan despedirlo como corresponde. Aquiles empatiza con la pena del viejo Príamo, mientras lloran juntos por sus pérdidas y los infortunios del mundo. No dejan de ser enemigos. Aquiles se lo advierte. Por lo mismo, el pasaje se atesora en los anales de la literatura como enseñanza de que la compasión es un rasgo de decencia humana básica que subsiste aún entre adversarios a muerte.

La semana pasada, el diputado Gabriel Boric se sumó al minuto de silencio que sus colegas derechistas de la Cámara pidieron para los escoltas de Pinochet que murieron en el atentado que ejecutó el FPMR en 1986. Boric recibió duras críticas, entre ellas la del alcalde –y nuevo presidenciable comunista- Daniel Jadue. Según Jadue, Boric se prestó para homenajear a los esbirros del dictador, lo que revelaría un pésimo juicio político y moral. Otros atacaron a Boric desde la izquierda por renunciar al derecho a la memoria histórica, aquella que no concede ni perdón ni olvido.

Pero Boric no hizo ninguna de estas cosas. El minuto de silencio no es necesariamente un homenaje, sino fundamentalmente una muestra de respeto al dolor ajeno. Aquiles no rindió honores a Héctor. Muy por el contrario. Lo que hizo fue entender que, en un mundo azotado por tragedias, lo único que nos queda como refugio es ese residuo común de humanidad. Cuando Boric participa de un momento de silencio por los escoltas de un dictador que fue nefasto para su tribu ideológica, lo que hace es revelar algo de esa misma humanidad homérica: hasta los más encarnizados enemigos tienen derecho a ser recordados.

Evidentemente, esta no es una exigencia. Los dolores del pasado no pueden ponerse en pausa. Los gestos de grandeza son voluntarios y no siempre se dan recíprocamente. Para qué hablar de la calidad ética de quienes aún retienen información sobre el paradero de los desaparecidos. Ellos están en las antípodas morales de la lección de Aquiles. Pero lo que hace Boric no solo demuestra humanidad en la dimensión personal, sino que ensancha las posibilidades de la política misma. Un acuerdo de convivencia que se sostiene en la certeza de que existe un depósito último de moralidad compartida –aun en medio de profundas y radicales discrepancias- es más sustentable que aquel en el cual cada bando está esperando la caída del otro para barrer con su existencia.

Jadue dice que la actuación de Boric revela “inmadurez”. Paradójicamente, es todo lo contrario. Hay que tener un entendimiento político sofisticado para entender que la demanda de justicia histórica y la capacidad de empatizar con el dolor ajeno son cosas distintas y no incompatibles.

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¿TIENE FUTURO LA CANDIDATURA DE ME-O?

septiembre 12, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 11 de septiembre de 2016)

Marco Enríquez-Ominami irrumpió en la política chilena con una refrescante candidatura presidencial en 2009. Obtuvo un importante 20% de los votos. Amenazó seriamente con sobrepasar a Eduardo Frei, la carta oficialista. En el piñerismo temían que si ME-O llegaba a segunda vuelta, el impulso lo hiciera imparable. Fue la cúspide del Marquismo. Después de eso, las cosas han sido menos luminosas. Por un lado, ME-O y su entorno comenzaron la trabajosa y poco sensual tarea de montar un partido político, con el objeto de transmitir que lo suyo era seriedad institucional y no desvarío personalista. Por el otro, Marco Enríquez debió repostularse en 2013 para mantener la llama encendida. Esta vez, sin embargo, no era una novedad. Obtuvo el 10% de los votos, la mitad de la vez anterior, y ningún militante del PRO llegó al Congreso.

La tercera es la vencida, dicen. Pero el escenario objetivo no es auspicioso para ME-O. En vez de subir sus bonos, las encuestas señalan que su figura concita menos adhesión. Los problemas de financiamiento irregular de la política también tocaron a su puerta y lo dejaron herido. ¿Cómo podría revertir Marco este infortunio político? ¿Tiene algún futuro su postulación en 2017?

A simple vista, ME-O tiene dos opciones. La primera es que la Nueva Mayoría lo considere en una gran primaria. ME-O sabe que no tiene muchas posibilidades de llegar a La Moneda como llanero solitario. Necesita mayor musculatura partidaria. En esa hipótesis, le conviene competir con varios pesos medianos para que las preferencias se fragmenten. No es descabellado pensar en un buen resultado si los adversarios son Ignacio Walker, Isabel Allende y Alejandro Guillier. Con Ricardo Lagos adentro, la ecuación es más difícil. Pero es un dulce para ME-O: le permitirá distinguirse –con su acidez y genialidad habitual- tal como lo hizo con Frei.

La otra opción es olvidarse de la Nueva Mayoría y convertirse en el candidato de la izquierda, aquella que justamente no quiere apoyar a Lagos. Me refiero a la izquierda de Jackson, Boric y compañía. El problema es que la mayoría de estos grupos no quiere nada con Marco. No pareciera ser una diferencia estrictamente ideológica sino un cortocircuito de confianzas. La pregunta es si acaso ME-O está a tiempos para recomponer esos puentes y convertirse en su carta principal en primera vuelta.

Finalmente, si todo sale mal en esta pasada, ME-O recuerda bien que a Salvador Allende le tomó cuatro intentos llegar a La Moneda.

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LA CRISIS DE AJENIDAD: FUTURO, POLÍTICA E IDENTIDAD

septiembre 9, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 5 de septiembre de 2016)

Hablemos del futuro. ¿Cómo será el mapa político chileno en diez, quince o veinte años más? ¿Cuál será el modo de relación de los actores políticos con la ciudadanía? Desde hace un buen tiempo a esta parte, he dedicado artículos, exposiciones e incluso libros a promover un proceso de renovación generacional en la política chilena. En esta columna intentaré sintetizar la hipótesis que subyace a esa demanda y vincularla con la pregunta sobre el futuro.

Mi punto de partida es la crisis de representatividad actual no es de índole ideológica. Si bien es cierto que la sociedad chilena se pone relativamente más “liberal” en algunos temas –especialmente en materia de moral sexual y otras que subrayan la autonomía individual- y más “izquierdista” en otros –lo que se traduce en un rechazo a ciertas lógicas de mercado heredadas de la dictadura-, en general la distribución ideológica de la población chilena no ha cambiado sustancialmente: se reparte un poco a cada lado, con una mayor concentración hacia el centro. De hecho, el sistema de partidos cubre un rango bastante amplio de preferencias doctrinarias, que van desde la UDI hasta el PC. La crisis no se debe, por tanto, a que los chilenos carezcan de coordenadas referenciales en el marco de la oferta electoral.

La crisis, sostengo, es la crisis de un elenco. Son los actuales elencos –identificados con la recuperación de la democracia y la conducción de la transición- los que están deslegitimados en su calidad de intérpretes de la realidad política. Con ellos, también se han deslegitimado las estructuras partidarias que los cobijan. De ahí la emergencia de nuevos movimientos. Es decir, el sistema no reacciona destruyendo la política, sino buscando otras vías –institucionales y no institucionales- para que la política se abra camino. Evidentemente, el hastío de la gente con todo lo que suena a política es lo suficientemente hondo como para afectar la posibilidad de éxito de estos nuevos referentes, pero en general, el descalabro reputacional se concentra en los elencos tradicionales.

Esta es, entonces, la hipótesis: el problema que tenemos entre manos se reduce –en parte- a la crisis reputacional de un elenco. Es una crisis de personas y símbolos. No es necesariamente una crisis en “la manera de hacer política”. La historia enseña que esas promesas deben ser recibidas con escepticismo. Ni Evopoli ni Revolución Democrática, por ejemplo, van a descubrir una nueva forma de practicar el viejo arte de gobernar. La política seguirá siendo la capacidad de articular y perseguir demandas e intereses colectivos a través de la conquista del poder. No hay, por ende, ninguna garantía ni siquiera ética respecto de que las nuevas generaciones vayan a ser mejores que las pasadas. El caso a favor del recambio no se agota en esa cándida esperanza.

Una crisis nominativa que afecta a los portadores de la representatividad política sólo se soluciona reemplazando a dichos portadores. Los vínculos se han erosionado a tal nivel que la lectura generalizada es que las estructuras de representación –a nivel organizacional y relacional- son ajenas, no nos pertenecen, tienen que ver con un mundo que no es el nuestro. Son ajenas aquellas conversaciones en las cuales no estamos incluidos. Por lo anterior, cualquier tentativa de salida de la actual crisis pasa por reconectar la experiencia de representantes y representados, la que debe volver a ser una experiencia histórico-cultural compartida. Esa es la razón por la cual la alianza sellada en octubre de 1988 fue tan importante como adhesivo social entre los elencos que representaban y la ciudadanía que aceptaba dicha representación. Después del 2011, ese adhesivo perdió su pegamento. La proliferación de los nuevos movimientos –marcadamente generacionales- debe leerse en esa clave: es el desesperado intento de los hijos de la transición por renovar los votos de dicha alianza con aquellos con quienes comparten una experiencia histórica. Es volver a encontrar coordenadas comunes que permitan superar la crisis de ajenidad. Ése es el quid del asunto: en democracia, la ciudadanía debe sentir que las estructuras de representación disponibles le pertenecen, no en el sentido de propiedad privada, sino en el sentido de experiencia compartida.

Es llamativo que ni la izquierda ni la derecha chilena hayan entendido que la discusión constituyente se trata, finalmente, de aquello. Los primeros creen que se trata de cambiar el modelo neoliberal y el estado subsidiario que nos legó Pinochet. Los segundos temen una asonada socialista e insisten en las virtudes operativas del marco constitucional vigente, el que sólo necesitaría reformas específicas. Ambos yerran. El proceso constituyente –en su versión procedimental ideal- era una oportunidad para recrear las condiciones de un acuerdo político transversal basado en una nueva alianza generacional.

El futuro político, entonces, pasa por terminar de matar lo viejo para dar paso a lo nuevo. Es una necesidad fundamentalmente identitaria. Para resumirlo, se me vienen a la mente las palabras de la sabia Maz Kanata a la intrépida Rey en la nueva entrega de Star Wars: “La pertenencia que tu buscas no está hacia atrás, sino que yace adelante”.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/09/05/090941-la-crisis-de-ajenidad

ABORTO: HORA DE VOTAR

septiembre 7, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 7 de septiembre de 2016)

Los teóricos de la democracia deliberativa sostienen que las partes de un debate político deben hacer lo posible por entregar razones y persuadir a sus conciudadanos de la justicia de sus posiciones. Sin embargo, hasta estos idealistas reconocen que ese deber cívico tiene un límite. A veces es sencillamente imposible convencer al otro. A veces no queda más que pasar a la agregación de preferencias, es decir, a votar. Y el que consigue más votos, gana. Ese parece ser el batallado caso del aborto en Chile.

El senador Andrés Zaldívar pidió suspender la discusión legislativa por haber otros temas más importantes, para darle otra vuelta al asunto. Pero lo cierto es que quiere comprar tiempo para la Democracia Cristiana. Su partido suscribió el programa de Michelle Bachelet, que prometía despenalizar el aborto en las tres causales por todos conocidas. Ahora alegan incomprensión lectora retroactiva. No es una excusa muy respetable.

Llevamos demasiado tiempo discutiendo este asunto. Décadas de foros universitarios, columnas de opinión, artículos académicos, sobremesas domingueras y debates en redes sociales. Ya no quedan esperanzas de persuadir a la contraparte ni de cumplir los estándares ideales de la democracia deliberativa. Cada bando ya hizo lo posible y escogió a sus representantes. Nadie, a estas alturas, cambiará de opinión. No hay que esperar un año más. Llegó la hora de votar, gane quien gane.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-09-07&NewsID=354453&BodyID=0&PaginaId=32

PRUEBA DE FUEGO

septiembre 6, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 5 de septiembre de 2016)

El escenario Lagos versus Piñera es malo para la naciente coalición de centro liberal que lleva por nombre “Sentido Futuro” –que incluye a Ciudadanos, Amplitud y Red Liberal. Sus dos figuras presidenciables son Andrés Velasco y Lily Pérez. Pero el ex ministro Velasco difícilmente correrá contra Lagos, así como es improbable que la senadora por la Quinta Cordillera compita contra Piñera. De hecho, Velasco piensa que la alternativa de Lagos no es muy distinta a la suya propia. Lily Pérez ha dicho que sería bueno para Chile que la segunda vuelta se decida entre los dos ex presidentes. El problema de esa segunda vuelta para este joven matrimonio político es que existe el riesgo de que los novios quieran regresar a la casa de los papás: Ciudadanos a una nueva versión de la Concertación, Amplitud a una nueva versión de la Alianza.

Esa será la prueba de fuego. Los movimientos que integran esta novel coalición deben resistir la tentación de apoyar a uno u otro. Para hacerlo, lógicamente, es mejor contar con un candidato propio. Pero ni siquiera Velasco está convencido de que sea útil hacer ese sacrificio. Es probable que busque un escaño en el Senado. Lo mismo Lily Pérez, quien iría a la reelección. Es decir, tendrán que inventar un presidenciable que los represente al menos en primera vuelta. Dicho presidenciable tiene, además, la misión de amplificar las posibilidades de éxito de la lista parlamentaria.

No será tarea fácil. Aunque en algunas latitudes sobran los precandidatos –Ignacio Walker volvió a insistir esta semana en su disponibilidad, Jorge Tarud no pierde oportunidad para promocionarse- en el mundo de los liberales el abanico es menos generoso. Pero no es menos imperioso que esa búsqueda sea exitosa. Con ella se reducen las tentaciones del duelo Lagos versus Piñera y se renuevan los votos matrimoniales del pacto.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-09-05&NewsID=354284&BodyID=0&PaginaId=32

LAGOS VA POR PIÑERA

septiembre 4, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de septiembre de 2016)

Un viejo dicho politiquero dice que a las elecciones se va a dos cosas: a ganarlas, o a perderlas por buenas razones. Los candidatos chicos, usualmente, van por lo segundo. Para ellos, el acto de presentarse a una elección es plantar una bandera. Por ella vale la pena el esfuerzo de competir, aunque haya pocas posibilidades realistas de ganar la carrera. Para un expresidente, en cambio, sólo existe la primera razón. Correr para perder es un riesgo demasiado alto para sus republicanos egos. Cuando un expresidente se vuelve nuevamente candidato, es para vencer.

Esa es la primera lectura de la decisión de Ricardo Lagos Escobar. Sabe que Sebastián Piñera le lleva ventaja, pero abriga la esperanza de que sea un duelo estrecho, que se pueda dar para cualquiera. Lagos se tiene fe. De otra manera no se entiende su piquero al barro electoral. Lagos cree que le puede ganar a Piñera. Quizás, en algún momento por allá por 2009, Eduardo Frei pensó lo mismo. Se equivocó. Lagos piensa que su caso es distinto. Lagos se siente más competitivo.

¿Quiénes son sus principales aliados estratégicos? En principio, la guardia de la vieja Concertación. Desde Burgos hasta Escalona, todos ven con buenos ojos el retorno de un estadista que encarna progresismo moderno y reformismo gradualista. Incluso en el centro político, la alternativa de Lagos despierta ciertos sentimientos. Es, a fin de cuentas, un socialdemócrata liberal. Es lo que algunos llamarían la alternativa no-populista de centroizquierda. El mundo empresarial tampoco se queja. Con Lagos las cosas anduvieron bien. Es un tipo conectado al mundo, piensan, que no es prisionero de su propia ideología.

¿Quiénes son sus adversarios? La noticia es recibida con muecas de asco en el mundo que rodea a los emblemas del 2011. Jackson y Boric, Vallejo y Cariola, todos han manifestado sus reparos al plan Lagos. Los primeros tienen más cintura para emanciparse. Les conviene levantar una figura propia. Las segundas tienen menos independencia. Camila Vallejo dijo una vez que no haría campaña por Bachelet y lo terminó haciendo. Mejor que esta vez no escupa al cielo. En términos doctrinarios, reina en la izquierda la percepción de que Lagos, el gran concesionador, no posee la voluntad anti-capitalista transformadora que requiere el momento político. Lagos sería, en síntesis, más de lo mismo.

Lagos es precandidato y va por Piñera, que se comporta como precandidato. La ironía de presenciar un choque de trenes donde nadie quiere salir herido.

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RODEO Y FILOSOFÍA

agosto 29, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 29 de agosto de 2016)

Lo que hace particularmente interesante el debate sobre la eventual prohibición del rodeo es que ninguna de la posiciones se impone con obviedad. Los defensores de este “deporte” sostienen que se trata de una manifestación propia de nuestra tradición, enraizada en el mundo cultural del campo chileno. Sus detractores argumentan que –una vez que acordamos que los animales no humanos son dignos de nuestra protección y respeto moral- no existe razón para distinguir entre distintas formas de maltrato deliberado.

Fue el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue (PC) el que hizo la primera movida vetando la práctica del rodeo en su comuna –así como el uso de animales en espectáculos circenses. Han sido, en cambio, políticos de la UDI -como el senador Coloma- lo que han salido con mayor fuerza a defenderlo. Quizás sea posible identificar un viejo patrón: mientras la izquierda aboga por la expansión del radio de los derechos –en este caso, de nuestra especie a otras especies- la derecha considera que hay un valor fundamental en la tradición, en aquella sabiduría que se acumula con el tiempo.

Son dos causas básicas de la acción política, pero ninguna de las dos puede darse por descontada. La tradición, por ejemplo, no es autoexplicativa. Lo que queremos saber no es si acaso se viene practicando hace mucho tiempo o si sus cultores representan al huaso chileno, lo que queremos saber es si acaso se trata –normativamente hablando- de algo bueno o malo. Y si es malo, si es de aquellas conductas que por su desvalor no pueden quedar entregadas al criterio privado sino que requieren intervención pública. Mencionar la cantidad de empleos que genera el rodeo tampoco es un argumento invencible. Si bien es una consideración práctica relevante, es el juicio moral sobre la actividad lo que determina la decisión. La esclavitud, sin ir más lejos, fue siempre un negocio rentable.

Quienes se oponen al rodeo se enfrentan a un mar de preguntas: ¿no son acaso los mismos que apoyan el aborto los que ahora dicen defender a los animales? Si son animalistas, ¿por qué entonces no promueven con la misma fuerza la prohibición del consumo de carnes y pescados? Si los animales tienen derechos, ¿no deberíamos ser todos veganos? Por supuesto, estas preguntas cargan muchas falacias, pero es importante hacerse cargo de ellas.

Este tipo de debates públicos –que se toman las editoriales y los foros universitarios- son fundamentales para ejercitar el músculo reflexivo de la ciudadanía. Con razón nos quejamos de la eliminación de filosofía del currículum. Pero ésta es la verdadera clase de filosofía democrática: la que nos permite razonar colectivamente sobre los argumentos a favor y en contra de una posición. Y usted, ¿cree que el rodeo es una institución tradicional que hay que defender? ¿O es de aquellos que apela por su abolición en consideración al sufrimiento animal?

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