“Bienvenido al Club, Adolfo” (Jorge Schaulson, Revista Qué Pasa)

 

“En menos de doce meses la Concertación se apresta a batir todo un récord: por segunda vez expulsar a uno de sus fundadores. Hace justo un año yo me encontraba exactamente en el lugar que hoy ocupa Adolfo Zaldívar, siendo objeto de la ira de una cúpula dirigente que reemplazó el diálogo por la represión, la tolerancia y la diversidad por la uniformidad y la disciplina forzada.

Aun cuando los pretextos puedan ser diferentes, el instrumento es el mismo: Los Tribunales Supremos, una especie de travestismo judicial, cuyos integrantes son en su mayoría funcionarios públicos serviles y dependientes de los acusadores, al estilo de lo que fue nuestra Corte Suprema en tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet; y cuyas resoluciones resultan tan predecibles como aquellas que emitían los “jueces” durante las purgas de Stalin.

En todos estos casos, al igual que entonces, siempre hay un documento, una declaración, un gesto que sirve de excusa a los inquisidores para denunciar y estigmatizar a su víctima. En mi caso fue una entrevista en El Mercurio y en el de Adolfo Zaldívar un pacto con la derecha totalmente inexistente, una invención. Luego surgen las voces de los “leales” al partido que proclaman a los cuatro vientos los pecados del hereje (traidor, vendido, apóstata). Este sólo puede optar entre el arrepentimiento o la hoguera. Los demócratas de ayer devienen en los represores de hoy, y los camaradas y compañeros de tantas luchas en enemigos mortales a los que hay que liquidar a toda costa sin importar la verdad.

Me pregunto qué pasó con la Concertación del arco iris, la de la impronta libertaria, la de la ética, la del estilo renovado, que nació como la máxima expresión de la sociedad civil; la que fundamos, junto con Adolfo Zaldívar, para derribar los muros de la intolerancia y terminar con los discursos crueles y castigadores. La Concertación que se comprometió con Chile a hacer una política diferente y ajena a los vicios que destruyeron la convivencia y la democracia.

¿Cómo explicar el silencio cómplice de tantos, que ocultando su vergüenza y desilusión no se atreven a alzar su voz, sometidos como están a la dictadura de los cupos?

¿Cómo entender la paradoja de que todo esto ocurra justamente durante la administración de Michelle Bachelet, que llegó al poder predicando un gobierno ciudadano y terminó en brazos de los viejos tercios, operadores y mercaderes del poder en la sombra?

Sorprende particularmente la ingratitud del gobierno frente a alguien como Adolfo Zaldivar, que jugó un papel clave en la elección de la Presidenta, luchando con tesón y con éxito al cerrarle el paso a los cantos de sirena de Sebastián Piñera hacia el electorado democratacristiano. Impacta el contraste, inimaginable hace unos cuantos meses, con la Alianza por Chile que hoy aparece más tolerante que la Concertación y no se le pasa por la cabeza tomar medidas contra Joaquín Lavín que no sólo se declara aliancista-bacheletista, sino que se muestra dispuesto a aceptar un cargo de ministro de Estado.

El origen de la metamorfosis radica en la fusión que a lo largo del tiempo se ha ido produciendo entre su “establishment” y el aparato del Estado y que ha culminado en una total y absoluta simbiosis. La Concertación actual no existe sino dentro del Estado y para administrarlo. Sus líderes actúan como si la Concertación ya no les perteneciera a los ciudadanos que le dieron vida, sino a los operadores encargados de repartir las pegas y como si su finalidad última ya no es servir a Chile, sino conservar el poder y garantizar el usufructo del aparato público; los partidos no son agentes del cambio sino verdaderas agencias de empleos.

Esto es lo que yo definí como la ideología de la corrupción, hoy más extendida que nunca. En aquella época, no sabíamos de la magnitud de la crisis de EFE, ni existían antecedentes sobre las asesorías brujas en Gendarmería, no conocíamos todas las ramificaciones del escándalo de los planes de empleo, ni de Publicam y, ciertamente, el desastre de Transantiago no aparecía en el radar.

Esta “ideología” pone como un valor superior y obligatorio la lealtad al grupo, por sobre los principios. En este contexto, todo aquel que con un juicio crítico o actitud disidente amenace la integridad del “aparato” ¡debe ser exorcizado! Porque se vive para conservar el poder y ello se logra por medio de su uso y abuso, descalificando moralmente al adversario y no ganando la batalla de las ideas.

Aquí no hay espacio para la crítica ni la autocrítica. Tampoco se sanciona a los corruptos ni a los ineptos si es que son “de los nuestros”. Y, al igual que como ocurre con los nostálgicos del régimen militar, cada vez que hay un fiasco, un fracaso o un robo, en vez de reconocerlo es preferible hacer un llamado a defender la maciza obra de la Concertación. Ello explica también que un hombre intrínsecamente decente y honorable como René Cortázar haya preferido faltar a su palabra empeñada y continuar en su cargo pese a reconocer su propio fracaso; porque lo más importante no es defender la fe pública sino evitar un problema político para la coalición.

A Zaldívar, a mí y a otros nos pueden expulsar pero por desgracia para los autores de la felonía somos parte de un club de millones de chilenos leales al espíritu fundacional de la Concertación, que se han autoexcluido en señal de protesta y rebeldía, como queda de manifiesto al examinar las encuestas donde, por primera vez desde 1988, sólo el veinte por ciento de los chilenos se siente identificado con ella. Razón suficiente como para que los responsables de este desastre -los presidentes de los partidos- renuncien a sus cargos. Sin embargo, y al igual que la famosa orquesta del Titanic, ellos continúan caminando inexorablemente hacia el abismo, con paso firme, cortando cabezas con sus “corvos acerados”, bajo la ilusión de que utilizando las platas del cobre podrán comprar las conciencias de los ciudadanos y respiran aliviados soñando con cuatro años más en el poder.”

3 comentarios to ““Bienvenido al Club, Adolfo” (Jorge Schaulson, Revista Qué Pasa)”

  1. MK Says:

    Si bien hay cosas muy ciertas en lo que dice… La dupla Schaulsohn – Zaldívar me parece execrable. Claro que lo defenderá, si con él hizo su maravillosa alianza para sacara a Trivelli (el candidato “lógico” por “aclamación popular”) para la alcaldía de Santiago. Desoyendo al electorado y “cobrando cupos”. U ahora se llena la boca buscando rendición de cuentas sobre la “participación ciudadana”.

    Que él se abogue el derecho y pretenda hablar a nombre del “espíritu fundacional de la Concertación” me parece una soberana tontera.

    Hay partes de su “ideología de la corrupción” que hacen sentido… pero delatar sin hacer su “mea culpa” le quita peso. Mucho.

    Y para colmo de incosistencias, sigue hablando de un “espíritu de la Concertación” como algo vigente, cuando su actuar y el discurso de sus nuevos compañeros hablan de la obsolescencia de ese discurso.

    Para mí, defender a Zaldívar nunca será un “plus”. Encarna la política cupular, alejada de las bases, oportunista en lugar de firme en sus ideales. Y como presidente de partido, creo que le faltaron pocas cosas por hacer para tratar de arrebatarle a quien sea y como sea la oportunidad de ser candidato a la presidencia. E hizo la del hortelano (no come ni deja comer) con la candidatura de Alvear.

    Y, no es que sea algo particularmente bueno, pero si es por decir que el colorín ha sido fiel a la Concertación… pfff… la trató de dar por muerta cuando fue presidente de la DC… y se retractó de la “salida” seguramente cuando le ofrecieron compensaciones electorales en las municipales.

    Eso sin mencionar los nexos oscuros con los Angelini, su desvergonzada intervencion en la ley de pesca y su intento por acallar a los legítimos críticos (Marcel Claude).

    Puaj puaj y mil veces puaj.

    De verdad… me gusta la idea de renovar la política. Pero si la alternativa la encarnan ilustres próceres como estos dos… creo que una renovación intra- concertación parece hasta más atractiva y creible.

    (hablando principalmente desde la guata)

  2. MK Says:

    Y me sigue pateando este colorin desgraciado. Dando pataletas contra “el modelo”, cuando este mismo modelo nunca fue tan lieral como con Eduardo Frei, su gran amigo. Ay caramba, el descaro.

  3. vozyvoto Says:

    Mi respuesta, estimado Mathias, en la próxima columna…

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