Archive for 27 junio 2009

ALA DE COLIBRÍ

junio 27, 2009

Ayer por la noche ví “Milk”. Me conmovió. Una causa clara y consistencia entre el personaje y el mensaje. Hoy me nace sólo dejarlos con la letra de una canción, nada más. Ala de Colibrí de Silvio Rodríguez. Gracias a una buena amiga que me la mostró…

Hoy me propongo fundar un partido de sueños,
talleres donde reparar alas de colibríes.
Se admiten tarados, enfermos, gordos sin amor,
tullidos, enanos, vampiros y días sin sol.

Hoy quiero a patrocinar el candor desahuciado,
esa crítica masa de Dios que no es pos ni moderna.
Se admiten proscritos, rabiosos, pueblos sin hogar,
desaparecidos, deudores del banco mundial.

Por una calle descascarada
por una mano bien apretada.

Hoy voy a hacer asamblea de flores marchitas,
de deshechos de fiesta infantil, de piñatas usadas,
de sombras en pena del reino de lo natural
que otorgan licencia a cualquier artefacto de amar.

Por el levante, por el poniente,
por el deseo, por la simiente.

Por tanta noche, por el sol diario.
En compañía y en solitario.

Ala de colibrí,
liviana y pura.
Ala de colibrí
para la cura.

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¿EL REY O EL VEHÍCULO?

junio 25, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador hoy jueves 25 de junio)

Un alumno de una universidad penquista me contó que siguió a Sebastián Piñera en su gira por varias ciudades del sur. Una cosa en particular me llamó la atención de su relato. En cada acto de campaña, a Piñera le cantaban “El Rey”. Aun entendiendo que la música mexicana goza de gran aceptación en nuestro país, no pude evitar un flash back a mediados de los noventa, cuando en cada ceremonia de la Fundación Pinochet, el ex presidente era agasajado con la cancioncita esa.

Dejando de lado la arrogancia explícita de la letra (“con dinero o sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”), cabe preguntarse  acerca de la conveniencia de seguir endiosando la figura del candidato presidencial de la centroderecha. Es innegable que sus atributos personales son el principal capital que sustenta sus opciones de llegar a La Moneda (su expectante pole position no es mérito de su partido ni de la consistencia de sus propuestas programáticas), pero una vez que dichos atributos ya son conocidos por los chilenos, vale la pena indagar otras alternativas de crecimiento marginal, especialmente las que vayan más allá de su persona. Me imagino que en un entorno donde la crítica política es leída como deslealtad esta idea no debe gozar de adeptos, pero quizás llego la hora de cambiar el enfoque: El candidato no es más importante que el proyecto.

Cuando los grupos Tantauco entregaron sus propuestas en un concurrido evento a principios de abril, el telón de fondo no decía “Alianza 2010-2014”, “Tantauco 2010-2014” o por último “Chile 2010-2014”. Decía “Sebastián Piñera 2010-2014”. Son detalles, por cierto, pero van trasuntando una manera de entender la política. En la última campaña presidencial fue proverbial el contrapunto en las biografías de cada candidato. Mientras Piñera aparecía en la franja como el mejor de los mejores (en la universidad, en el Senado, en la empresa privada), Bachelet contaba cómo su historia personal estaba marcada por la historia reciente de Chile, mientras iba a dejar a su hija al colegio.

“Despiñerizar” la campaña de Sebastián Piñera puede además ser una buena idea para contrarrestar otro fenómeno: La sensación de que estamos trabajando para él. Y si en política fijamos nuestras lealtades en personas con nombre y apellido y no en los proyectos colectivos, entonces todo emprendimiento partirá con pies de barro. La pregunta no es porqué apoyar al ciudadano Piñera en su carrera presidencial, sino cómo colectivamente nos hacemos cargo del próximo gobierno y del desafío de llegar al desarrollo en el verdadero bicentenario. Podríamos ser incluso más radicales. Cada vez que alguien me dice que Piñera quiere utilizarnos para sus propósitos personales, pienso que puede ser exactamente lo inverso: Es una nueva generación la que instrumentaliza a Piñera para llegar al poder y poner manos a la obra. Si algunos entusiastas quieren ver a Frei como “puente” entre lo antiguo y lo nuevo, Piñera funciona mucho mejor como el “vehículo” con el que los jóvenes con talento y pasión por cambiarle la cara a Chile pueden ingresar a los asuntos públicos: Un medio de transporte, que pasa sobre los puentes y está en permanente movimiento en busca de pasajeros. Todos estaríamos llamados a utilizarlo, en el mejor sentido del término.  

Si la inversión semántica de la campaña estará concentrada en seguir potenciando al “Rey”, entonces no esperemos que los puntos que faltan caigan del cielo. Hay poco que seguir explorando ahí. Pero si cambiamos la mexicana por música de carretera, puede que en los pueblos cercanos se encuentre el combustible que falta para llegar a la meta.

Link: http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/el-rey-o-el-vehiculo/

LA LUNA DE MIEL DE BOWEN

junio 23, 2009

por Cristóbal Bellolio B. (publicada en la Revista City de junio 2009)

Nota: La siguiente columna fue escrita en el mes de abril del presente año, pero recién publicada este mes.

El candidato presidencial de la Concertación acaba de dar un golpe inesperado, poniendo a la cabeza de su campaña a un joven de 27 años sin mayor experiencia política. Y si bien todos parecen estar de acuerdo en que la jugada constituye un riesgo, la mayoría cree que se trata de uno bien tomado, en tiempos en los cuales Chile pide a gritos una renovación en las caras de la política.

La pregunta que viene a continuación es obvia: ¿Podrá Sebastián Bowen hacer cambios sustanciales en la manera en que operan los políticos tradicionales? ¿Bastará su carisma para movilizar personas e instituciones ancladas a prácticas viejas y mal evaluadas por la ciudadanía? El mismo Bowen ha respondido que su designación es sólo un primer paso, y que difícilmente podrá revertir por sí sólo el desprestigio enorme de la clase política y en particular de la Concertación.

Pero más allá de acotar las expectativas, lo que siempre es importante, lo llamativo es que el nuevo generalísimo de Frei tendrá poco tiempo para demostrar por qué su ingreso significa al mismo tiempo la entrada de una generación que hace las cosas distinto. Si se cuida demasiado de no romper huevos para evitar la irritación de algunas facciones, puede que pase su cuarto de hora y finalmente sea identificado por la opinión pública como “uno más” de la Concertación de siempre. Bowen tiene hoy la oportunidad de dar algunos golpes con más libertad y soltura que nunca, probablemente con más autonomía que la que tendrá en unos meses más. En efecto, parte su tarea con una especie de “cuenta de ahorro” relativamente abultada: Su perfil social, su juventud, su mirada transparente, incluso la mera novedad. Pero no es una “cuenta de ahorro” para guardar, sino para jugar. Si la guarda la irá perdiendo poco a poco. Si la juega existen dos posibilidades: La puede perder, pero también puede ganar el doble o el triple, haciéndole un tremendo bien a la política chilena.

Esta es la “luna de miel” de Bowen. Los periodistas califican así a la primera etapa de los presidentes, generalmente los primeros meses de su administración. La presidenta Bachelet tuvo una muy corta, dicen, porque los secundarios se encargaron de interrumpirla ruidosamente, desnudando de paso ciertas falencias en la composición del equipo de gobierno. En Estados Unidos Barack Obama parece estirar la cuerda para que la suya no acabe. Pero lo importante es que se ha encargado de usar los altos grados de popularidad que disponía previamente a la elección en función de sus objetivos transformadores. Recorre el mundo tratando a los demás países de “socios” (algo inédito en los últimos años de política exterior norteamericana) y recientemente levantó la restricción de viajar a Cuba junto a la liberalización del envío de  remesas a la isla. Esta última medida le valió fuertes críticas de los dirigentes cubano-americanos, pero Obama entiende bien que este es el momento de dar pasos valientes aunque levanten polvareda. Nunca estará mejor habilitado que ahora para hacerlo.

Eduardo Frei ya movió sus piezas. No puede echarse para atrás ahora. Eso empodera a Bowen. Si como se dice en buen chileno, “le hacen la cama”, el joven coordinador de la campaña pateará la mesa y en ese instante se acabará todo olorcillo a renovación. Tiene la sartén por el mango. Y poco tiempo para actuar. Ahora es cuando.

LO (IM) PROYECTABLE

junio 19, 2009

por Cristóbal Bellolio B. (publicada el lunes 22 de junio en www.latercera.com)

Para comenzar, nobleza obliga, debo reconocer que mis pronósticos sobre la encuesta CEP anduvieron bastante lejos de los resultados conocidos ayer. Y eso que fijé generosos rangos de 5 puntos para cubrir las aproximaciones. Los anoté en una servilleta que se fue desintegrando en mi billetera. Siempre hablando de la pregunta abierta acerca que “¿por quién votaría si la elección fuera este domingo?”, a Piñera le daba entre 39 y 44 puntos (obtuvo 37), a Frei entre 22 y 27 (obtuvo 30) y a Marco Enríquez-Ominami entre 12 y 17 (el único dentro del rango, ya que obtuvo 13). Después de sobreponerme a la realidad (que soy un pésimo predictor de números), quise jugar a las matemáticas para ponderar la sinceridad de los entusiasmos de los respectivos comandos presidenciales.

Lo primero que hice fue transformar el 83% que suman los 6 candidatos a 100%. Esto significa excluir todas las respuestas que no marcan preferencia, lo que efectivamente ocurre el día de la elección. En esta proyección Piñera lidera con 44,5, seguido del senador Frei con 36,1 y de Marco con 15,6. Los “chicos” (Zaldívar, Navarro y Arrate) obtienen 1,2 cada uno. Si los comicios se celebraran este domingo, el candidato de la Coalición por el Cambio sería el primero desde el retorno de la democracia en llegar en primer lugar en la primera vuelta en desmedro de un candidato oficialista. Ese me parece un dato de por sí relevante. Y Frei se encontraría con la dura tarea de sumar muchos votos en la segunda vuelta, con toda la incertidumbre y el desgaste que eso conlleva.

La pregunta a continuación sería ¿quién se lleva los votos de los 4 candidatos que quedaron en el camino? El botín de Marco es el más jugoso y lo repartí salomónicamente mirando las mediciones de la misma CEP: Dos tercios para Frei, un tercio para Piñera. Segundo dato relevante: Se confirma que el diputado ex PS sí le roba votos al empresario RN. El resto de los votos dispersos los asigné arbitrariamente según el perfil de sus electorados: Los de Zaldívar se reparten en partes iguales, y los de Navarro y Arrate enteramente a Frei. Si se nos permitiera hacer una proyección de esta naturaleza, Piñera en segunda vuelta obtendría el 50,3% de los votos y Frei alcanzaría el 49,5%. Más estrecho, imposible. Quizás ahí está el origen de la alegría del comando concertacionista: Hace poco se pensaba que la carrera estaba totalmente perdida.

¿Conclusiones? No está nada dicho aun y los próximos meses serán decisivos. Creo sin embargo que hay una estrategia evidente que debiera ser puesta en juego por la campaña de Piñera lo antes posible: Evitar la legitimidad de un pacto en segunda vuelta entre Frei y Marco. Digo “evitar la legitimidad” porque no es posible desde Apoquindo 3000 evitar un eventual pacto, pero sí socavar su mérito incluyendo en la propuesta de Piñera la sensibilidad que actualmente representa Marco. Aunque estemos de acuerdo en que ni el matrimonio homosexual ni la legalización de la marihuana definirán la elección, Piñera no puede arrinconarse como el candidato de los conservadores. Eso sería renunciar al voto de Marco en segunda vuelta. Parte de su mirada debe estar puesta en esas pocas semanas de diciembre y enero en las cuales debe atraer convincentemente a un electorado progresista y liberal.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/cep_lo_im_proyectable

INSTITUTO NACIONAL Y LA FÁBULA DE LOS REMEROS

junio 15, 2009

por Cristóbal Bellolio B.

Lo primero que se me vino a la cabeza al leer los lienzos y pancartas desplegadas en el Instituto Nacional en toma, así como en otros liceos emblemáticos de Santiago, fue una teoría que aprendí gracias a los muchachos del Centro de Liderazgo de la Universidad Adolfo Ibáñez. La llaman la “teoría del remo”, aunque para el caso es más bien una fábula. Dice así:

Hace unos años se enfrentaron el equipo chileno y el equipo japonés de remo. ¿El resultado? Los nipones llegaron a la meta una hora antes que nuestros compatriotas. La dirigencia nacional tomó cartas en el asunto y observó un interesante detalle: El equipo japonés se organizaba con 10 remeros y un jefe, mientras el chileno con 10 jefes y un remero.

Al año siguiente, los siempre inquietos dirigentes chilenos planificaron un cambio en la estrategia. El equipo chileno se estructuró esta vez con un jefe general, dos asesores directos, siete subjefes de área y un remero. Los asiáticos mantuvieron su táctica de un jefe y 10 remeros. Y llegaron finalmente a la meta ¡dos horas! antes que el equipo chileno.

Contrariados y buscando explicaciones, los dirigentes chilenos cranearon un plan aun más vanguardista para el año siguiente. Chile competía esta vez con una nueva formación, que anticipaban, daría espléndidos resultados: Un jefe general, un gerente de planificación, un auditor externo, un analista de proyecciones y seis vigilantes privados que no le sacarían los ojos de encima al único remero, que esta vez fue castigado sin bonos ni incentivos por sus magra performance anterior. Los japoneses, fieles a su estilo, competirían con un jefe y 10 remeros. Esta vez llegaron a la meta ¡tres horas! antes que su símil chileno.

En el clásico ritual post derrota, los dirigentes chilenos buscaron a los culpables del desastre. Así, se acordó en una extenuante reunión a puertas cerradas el inmediato despido del remero por escasa actitud y proactividad, y por no apegarse a la visión / misión / objetivos del plan maestro del remo nacional.

¿Encontraron el parecido? Desde hace años el movimiento estudiantil, azuzado por la izquierda política chilena, aboga por la “desmunicipalización” de la educación. La solución de la calidad de la educación pasaría por devolver los colegios y liceos al gobierno central, particularmente al ministerio de educación.

¿Cuánto hay de dogmatismo en este reclamo? ¿Cuánto revanchismo por tratarse de una “ley de Pinochet”? ¿Cambiar la dependencia de los establecimientos nos entregará las respuestas al problema? ¿No estaremos creyendo, ingenuamente, que se trata de un sencillo problema técnico cuando realmente es un profundo desafío adaptativo? ¿Cuánto nos cuesta reconocer nuestra propia responsabilidad en la fracaso?

Escribo estas líneas desde Helsinki, Finlandia. He estado averiguando sobre el modelo educacional finlandés, entre otras cosas. Y me ha llamado profundamente la atención que se trata de educación pública, gratuita y… municipal. Estamos hablando de uno de los países más exitosos en la materia según las mediciones internacionales, y aquí nadie parece quejarse por la dependencia de los colegios a los gobiernos locales. Por el contrario. Parece que la cosa va más bien por la cultura y la mentalidad que por la estructura técnica. Habría que contarles a los estudiantes en toma acerca de la fábula de los remeros, para que no sigamos replicando los mismos errores como país.

Would You Slap Your Father? If So, You’re a Liberal (Nicholas D. Kristof)

junio 12, 2009

Los dejamos con una interesantísima columna de Kristof publicada el pasado 27 de mayo en el New York Times, que aborda la pertenencia a la tribu liberal y conservadora a partir de ciertas inclinaciones casi inconscientes. Gracias a Patricio Navia por el dato:

“If you want to tell whether someone is conservative or liberal, what are a couple of completely nonpolitical questions that will give a good clue?

How’s this: Would you be willing to slap your father in the face, with his permission, as part of a comedy skit?

And, second: Does it disgust you to touch the faucet in a public restroom?

Studies suggest that conservatives are more often distressed by actions that seem disrespectful of authority, such as slapping Dad. Liberals don’t worry as long as Dad has given permission.

Likewise, conservatives are more likely than liberals to sense contamination or perceive disgust. People who would be disgusted to find that they had accidentally sipped from an acquaintance’s drink are more likely to identify as conservatives.

The upshot is that liberals and conservatives don’t just think differently, they also feel differently. This may even be a result, in part, of divergent neural responses.

This came up after I wrote a column earlier this year called “The Daily Me.” I argued that most of us employ the Internet not to seek the best information, but rather to select information that confirms our prejudices. To overcome that tendency, I argued, we should set aside time for a daily mental workout with an ideological sparring partner. Afterward, I heard from Jonathan Haidt, a psychology professor at the University of Virginia. “You got the problem right, but the prescription wrong,” he said.

Simply exposing people to counterarguments may not accomplish much, he said, and may inflame antagonisms.

A study by Diana Mutz of the University of Pennsylvania found that when people saw tight television shots of blowhards with whom they disagreed, they felt that the other side was even less legitimate than before.

The larger point is that liberals and conservatives often form judgments through flash intuitions that aren’t a result of a deliberative process. The crucial part of the brain for these judgments is the medial prefrontal cortex, which has more to do with moralizing than with rationality. If you damage your prefrontal cortex, your I.Q. may be unaffected, but you’ll have trouble harrumphing.

One of the main divides between left and right is the dependence on different moral values. For liberals, morality derives mostly from fairness and prevention of harm. For conservatives, morality also involves upholding authority and loyalty — and revulsion at disgust.

Some evolutionary psychologists believe that disgust emerged as a protective mechanism against health risks, like feces, spoiled food or corpses. Later, many societies came to apply the same emotion to social “threats.” Humans appear to be the only species that registers disgust, which is why a dog will wag its tail in puzzlement when its horrified owner yanks it back from eating excrement.

Psychologists have developed a “disgust scale” based on how queasy people would be in 27 situations, such as stepping barefoot on an earthworm or smelling urine in a tunnel. Conservatives systematically register more disgust than liberals. (To see how you weigh factors in moral decisions, take the tests at www.yourmorals.org.)

It appears that we start with moral intuitions that our brains then find evidence to support. For example, one experiment involved hypnotizing subjects to expect a flash of disgust at the word “take.” They were then told about Dan, a student council president who “tries to take topics that appeal to both professors and students.”

The research subjects felt disgust but couldn’t find any good reason for it. So, in some cases, they concocted their own reasons, such as: “Dan is a popularity-seeking snob.”

So how do we discipline our brains to be more open-minded, more honest, more empirical? A start is to reach out to moderates on the other side — ideally eating meals with them, for that breaks down “us vs. them” battle lines that seem embedded in us. (In ancient times we divided into tribes; today, into political parties.) The Web site www.civilpolitics.org is an attempt to build this intuitive appreciation for the other side’s morality, even if it’s not our morality.

“Minds are very hard things to open, and the best way to open the mind is through the heart,” Professor Haidt says. “Our minds were not designed by evolution to discover the truth; they were designed to play social games.”

Thus persuasion may be most effective when built on human interactions. Gay rights were probably advanced largely by the public’s growing awareness of friends and family members who were gay.

A corollary is that the most potent way to win over opponents is to accept that they have legitimate concerns, for that triggers an instinct to reciprocate. As it happens, we have a brilliant exemplar of this style of rhetoric in politics right now — Barack Obama.”

Link: http://www.nytimes.com/2009/05/28/opinion/28kristof.html?_r=1

DE LA “GENEROSIDAD” A LA “RESPONSABILIDAD” HAY UN PASO

junio 10, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicado el martes 9 de junio en www.latercera.com)

Ya no hay nada que hacerle. Se instaló la pregunta que nadie en la Concertación quería hacerse: Si Frei no sale del estancamiento, ¿habrá que conseguir otro candidato? La semana pasada me tocó responder un sondeo de un periódico en el cual se interrogaba abiertamente por la posibilidad de poner en marcha un Plan B si los resultados de la CEP son malos para el candidato oficial de la Concertación. Y las opciones se reducían a tres: Apoyar a Marco Enríquez-Ominami, resucitar al ex presidente Ricardo Lagos, o persuadir a Andrés Velasco. Lo primero sería una claudicación mayor para el orgullo de los partidos y por ende es inimaginable. Lo segundo no arregla tampoco el panorama: Los defectos de una candidatura tan poco sexy como la de Frei serían sin dudas replicados en el caso de Lagos. Entonces la tercera opción cobra fuerza. Y aunque el ministro de Hacienda ha sido enfático al señalar que “no está en eso”, lo cierto es que lo mismo dijo cuando colaboraba en la campaña de Bachelet: Que no buscaba un cargo y terminada la elección retornaría a su cátedra universitaria en Harvard. Pero resulta que él era idóneo para conducir las finanzas públicas, y al servicio a Chile no se le dice que no. ¿Y si estuviésemos hoy en la misma encrucijada? ¿Y si las encuestas revelaran que no hay nadie mejor que Velasco para ganar un quinto gobierno concertacionista? ¿Podría el ministro estrella rehusar su “responsabilidad histórica”?

Su posición no es fácil. No puede hacer nada para aserrucharle el piso a Frei. Y tampoco creo que quiera hacerlo. Aunque se diga que todos los políticos sueñan con ser presidentes, no me cabe duda de que Velasco prefiere volver a la comodidad de la academia, dando la vuelta al mundo como conferencista bien pagado contando cómo Chile sorteó la crisis. Por eso en el comando de Frei optaron por la vieja estrategia de la cooptación. La idea es que Velasco asuma un rol preponderante en la campaña para ver si en una de esas transfiere algo de la popularidad de la presidenta o la suya propia al deslucido candidato oficialista. Lectura correcta: Ante la falta de potencia de la figura de Frei, la estrategia es diversificar el liderazgo. El problema es que las cosas no siempre resultan como uno quiere. En una campaña centrada en la personas del candidato, quizás ni Bachelet ni Velasco sean capaces de revivir a Frei. Y en ese escenario reaparece la odiosa pregunta que abrió esta columna… ¿y si Velasco fuera el hombre?

La semana pasada le pregunté al diputado Burgos qué tan dramático era llegar a diciembre con dos candidatos (Frei y Enríquez-Ominami, se entiende), si la Alianza lo había hecho en 2005 y ahora la veíamos más unida que nunca. Me respondió que esa no era la lógica de la Concertación, y que en esa misma carrera su candidata Soledad Alvear había “observado los datos” y en un acto de “generosidad” había reclinado su propia opción a favor de Michelle Bachelet. Me quedó dando vueltas el argumento. ¿Acaso no se le podría pedir al senador Frei que “observara los datos”? ¿Acaso no se le podría pedir la misma “generosidad”? Pasando por alto el curioso uso del concepto (¿qué generosidad puede haber en reconocer la evidente imposibilidad de ganar?), ha sido el propio Frei el que ha repetido una y mil veces que no hace política mirando las encuestas, y que ningún sondeo lo desviará del camino trazado (reflejando un parecido asombroso a la obstinación de su padre Eduardo Frei Montalva al señalar que no cambiaría una coma de su programa ni por un millón de votos).

Lo aconsejable, ya que la pregunta está instalada, es acumular algunos datos, particularmente midiendo la performance de Andrés Velasco compitiendo contra Marco al interior de la Concertación y contra Piñera en la segunda vuelta. Si los “datos” arrojados son contundentes, entonces los llamados a la “generosidad” estarán a la orden del día. Y después de eso no nos daremos ni cuenta y ya estarán algunos invitando a asumir “responsabilidades históricas”.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/de_la_generosidad_a_la

“A new politics: We need a massive, radical redistribution of power” (David Cameron)

junio 8, 2009

Aprovechando el debate sobre mal uso de fondos públicos por parte de parlamentarios británicos, y lo que se conversa en Chile al respecto, los dejamos con esta reciente columna (publicada en The Guardian el 25 de mayo) del líder del Partido Conservador inglés David Cameron, autor de un ejemplo de renovación política digno de destacar. Agradecimientos a Hernán Larraín Matte por el dato.

“The public reaction to the political crisis over MPs’ expenses is far too serious to be assuaged by any instant package of measures, or even the sight of MPs paying the price for unethical behaviour. I think the British people’s fury at politicians today indicates a much deeper problem in our political system, that’s been growing for years. That’s why the Guardian’s A New Politics debate is so important. It’s vital we examine the deeper political problems Britain faces, and consider all potential solutions. And while I think much of the recent excited talk of “revolution” is overblown – we need to keep a cool head and a sense of proportion – we mustn’t let ourselves believe that a bit of technocratic tinkering here, a bit of constitutional consultation there, will do the trick. No, this crisis shows that big change is required. We do need a new politics. We do need sweeping reform. But we’ve got to get it right.

We should start by trying to understand what’s gone wrong. Of course, the immediate trigger of anger over expenses is the realisation of what some MPs have been doing with taxpayers’ money. But the fundamental cause is, I believe, different. It is in fact the same thing that made people so angry about the bankers who got rich while they were bringing the economy to its knees. It’s the reason people are angry with councils that fine them for putting their rubbish out on the wrong day; with the NHS managers who shut down a much-loved maternity unit; with the local officials who are super-efficient when it comes to chasing up your council tax bill, but super-useless when it comes to giving your child a place in a good school. It’s the reason so many innocent citizens mistrust and even fear the police – the very people who should be protecting them – and why so many people increasingly feel that the state is their enemy, not their ally.

The anger, the suspicion and the cynicism – yes, with politics and politicians, but with so much else – are the result of people’s slow but sure realisation that they have very little control over the world around them, and over much that determines whether or not they’ll live happy and fulfilling lives. In media, shopping, travel, entertainment and music, we have huge choice and control provided by many organisations that offer us incredible service and value. But when it comes to the things we ask for from politics, government and the state, there’s a sense of power and control draining away; having to take what we’re given, with someone else pulling the strings.

This wouldn’t be so bad if the powerful simply left the powerless to get on with the rest of their lives. But in Britain today, a growing culture of rule-following, box-ticking and central prescription robs people of the chance to use their judgment or take responsibility. And an increasingly Orwellian surveillance state (symbolised by the simultaneously ineffective and intrusive ID card scheme) reminds people that the powers that be don’t trust them.

Progressive Conservatism

Our philosophy of progressive Conservatism – the pursuit of progressive goals through Conservative means – aims to reverse the collapse in personal responsibility that inevitably follows this leeching of control away from the individual and the community into the hands of political and bureaucratic elites. We can reverse our social atomisation by giving people the power to work collectively with their peers to solve common problems. We can reverse our society’s infantilisation by inviting people to look to themselves, their communities and wider society for answers, instead of just the state. Above all, we can encourage people to behave responsibly if they know that doing the right thing and taking responsibility will be recognised and will make a difference.

So I believe the central objective of the new politics we need should be a massive, sweeping, radical redistribution of power: from the state to citizens; from the government to parliament; from Whitehall to communities; from the EU to Britain; from judges to the people; from bureaucracy to democracy. Through decentralisation, transparency and accountability we must take power from the elite and hand it to the man and woman in the street. Yes, as many Guardian commentators in their contributions to A New Politics have argued, that means reforming parliament. But it means much more besides. The reform that’s now required – this radical redistribution of power – must go through every public institution, not just parliament.

We should start by pushing political power down as far as possible. Politicians will have to change their attitude – big time. Politicians, and the senior civil servants and advisers who work for them, instinctively hoard power because they think that’s the way to get things done. Well we’re going to have to kill that instinct: and believe me, I know how hard that’s going to be. It will require a serious culture change among ministers, among Whitehall officials – and beyond. With every decision government makes, it should ask a series of simple questions: does this give power to people, or take it away? Could we let individuals, neighbourhoods and communities take control? How far can we push power down?

It’s by asking those questions that you arrive at our plans for school reform. Right now, parents just have to hope for the best and take the school place they’re given. You sit there waiting for the letter from the local authority, hoping you get your first choice of school, or at least hoping you avoid the schools at the bottom of your list. One of the most important things in your life – the education of your children – is largely out of your hands. Our reforms will take the power over education out of the council’s hands and put it directly in parents’ hands, so they have control.

We’ll end the state monopoly in state education, so that any suitably qualified organisation can set up a new school, and any parent who isn’t happy with the education their child is receiving can send their child to a new school – backed by state money, including a new extra payment for children from the poorest families. This is the kind of redistribution of power that will be the starting point for a Conservative government: transferring power and control directly to individuals.”

Link: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/may/25/david-cameron-a-new-politics

LAS DIFICULTADES EN LA CANDIDATURA DE FREI

junio 5, 2009

por Nicolás Chadud, polítólogo

Para nadie es un misterio que la candidatura de Eduardo Frei Ruiz-Tagle no ha despegado como se esperaba, incluso para los propios líderes de la Concertación de Partidos por la Democracia[1]. Dicho diagnóstico político no se desprende del mero dato cuantitativo medido en diversas encuestas, de que pierde en primera y en segunda vuelta con Sebastián Piñera, sino porque su candidatura no ha sido ni siquiera capaz de captar la adhesión mayoritaria de los denominados “votos duros” de la Concertación, votos que actualmente tampoco alcanzan para obtener la mayoría absoluta como la que obtuvo el mismo Eduardo Frei durante la primera vuelta en 1993.  A lo que se debe agregar que la “Alianza por Chile” por primera vez desde la elección de 1999, presenta un candidato único, aparentemente atractivo para los sectores medios y empresariales.

Existen diversas razones causales que explican el insuficiente apoyo de la ciudadanía hacia el candidato concertacionista. Por de pronto, no es responsabilidad exclusiva y directa del candidato oficialista, que ha levantado su candidatura con un voluntarismo y empeño impresionante, dejando atrás nada menos que a Soledad Alvear, José Miguel Insulza y  a  Ricardo Lagos Escobar, entre otros. A su vez, estuvo dispuesto, retóricamente hablando, a someterse a cualquier tipo de mecanismo para dirimir el candidato oficialista, que en este caso se trató de una “primaria protegida”, puesto que carecía de las cualidades propias de un proceso político abierto, convocante y se acotó a la participación ciudadana de sólo dos regiones en el país (Maule y O´Higgins). De esta forma, la Concertación perdió la oportunidad de “re-legitimarse” ante la ciudadanía y de paso diferenciarse de la derecha, que ostenta un candidato poco novedoso y con un alto nivel de rechazo en los sectores populares, variable que no ha sido medida de manera rigurosa y sistemática por las últimas encuestas.

El problema central de la candidatura de Frei es que refleja a ésa Concertación que fue capaz de someterse a las “reglas del juego” diseñadas por el régimen militar y de derrotar a Pinochet en el plebiscito de 1988, para luego dar paso a una democracia limitada que ha obtenido logros socioeconómicos de importancia. Pero, simultáneamente, representa también a una Concertación desgastada, “golosa” y anquilosada en el poder. Es cierto que el ex presidente DC hace referencia al futuro y realiza propuestas para enfrentar los desafíos que debería asumir el país en la próxima década, por ejemplo, en materia energética, tecnológica o educacional. Pero su rostro y estampa personal no ha hecho posible un necesario desplazamiento radical de dicho pasado. Por otro lado, se suma su condición de “empresario progresista”, que tampoco le ayuda a diferenciarse de Piñera, que también votó por el NO.

Si bien el candidato oficialista tiene el apoyo oficial de los partidos[2] de la Concertación y se declaran trabajando en favor de su candidatura, hasta el momento no han sido eficaces en aglutinar a sus militantes y adherentes para captar y transmitir la alta adhesión de la Presidenta Bachelet hacia la candidatura de Frei. Los factores que explican la alta aprobación de la Jefa de Estado, podrían darnos algunas pistas adicionales sobre las dificultades de Frei y la consecuente encrucijada que enfrenta la Concertación.

La alta adhesión ciudadana de Bachelet ha ido en aumento desde fines de 2008 cuando comenzó a tener un protagonismo sobresaliente como presidenta interina de UNASUR y en general en materia internacional[3], de paso el sistema de transporte público capitalino ha mejorado substancialmente su servicio[4]. Por su parte, la crisis económica internacional se ha convertido efectivamente en una oportunidad para demostrar autenticidad, liderazgo, coherencia y consistencia en la política económica emprendida por su gobierno, política que en su momento fue bastante impopular, siendo a menudo criticada y cuestionada por la derecha y también por sectores oficialistas durante casi todo el mandato[5].

A lo anterior se debe sumar la implementación de una “red de protección social” desde la infancia hasta la vejez, con bonos de dinero incluidos, para los sectores más vulnerables. Si bien el Senador Frei ha tenido una actitud de lealtad hacia la Presidenta Bachelet, sus intervenciones públicas previas a la carrera presidencial, no se caracterizaron precisamente por un gran entusiasmo en relación a la Política de Hacienda y, más concretamente, tomó distancia de la forma en que el gobierno pretendía resolver el cuestionado Transantiago. En todo caso, a la candidatura oficialista se le debe reconocer su capacidad de convocar a liderazgos jóvenes no partidistas[6], para que tomen un rol protagónico en la campaña y la utilización de un discurso en favor de la continuidad de los avances en materia social obtenidos por el actual gobierno.

Sin embargo, dichas decisiones no han sido suficientes para neutralizar el liderazgo electoral de Marco Enríquez- Ominami, que se desenvuelve como un desafiante, desde dentro, al “establishment político”, encarnando propiamente la visión crítica de gran parte del electorado “progresista y/o liberal”, que se encuentra descontento e incluso decepcionado de la forma en que toma decisiones la “casta partidista y burocrática”. Cabe destacar, que la superación del clivage autoritarismo-democracia estimula un electorado con mayores niveles de volatilidad, a pesar del envejecido padrón electoral, lo que refuerza a candidaturas transversales y no propias de las élites clásicas, como la del diputado socialista.

La Concertación si aspira a ganar las próximas elecciones presidenciales no debe descartar de plano suprimir la carrera de Frei en caso de que no supere un umbral electoral del 35% en la próxima encuesta nacional de CEP en junio. Una alternativa sería proponer a un candidato de consenso, con reales posibilidades de ganar y que al parecer, se encuentra al interior de La Moneda. Para ello, la coalición oficialista debe generar una reflexión racional y autocrítica, para emprender una nueva candidatura que posea la credibilidad suficiente para asumir plenamente como propios, los temas y las políticas que ha implementado el Gobierno de Bachelet, incorporando una cuota de audacia e innovación que sea capaz de seducir y convocar a la mayoría de los electores.


[1] Coalición política más duradera de la historia democrática de Chile.

[2] Instituciones fundamentales para el buen desenvolvimiento de una democracia representativa, pero con una escasa valoración pública actualmente.

[3] Sacando provecho de sus cualidades personales como la prudencia, empatía y carisma, que le permiten ser escuchada y respetada a nivel internacional.

[4] Recuérdese la brecha que existía entre el apoyo hacia la Presidenta en regiones V/S al de la capital.

[5]Algunos de éstos sectores se desprendieron de la Concertación, lo que tuvo como efecto político la pérdida de las mayorías en ambas cámaras.    

[6] El objetivo pareciera ser entusiasmar al electorado del mundo independiente con compromiso social y/o público.

JÓVENES Y POLÍTICA: ¿AL ABORDAJE MUCHACHOS?

junio 3, 2009

En línea con las dos anteriores columnas, el proyecto Política Stereo publica esta semana el siguiente debate entre María de los Ángeles Fernández, directora de Chile 21, y Cristóbal Bellolio, coautor de este blog y miembro del Comité Político de Independientes en Red. Los dejamos con un extracto:

Video completo en http://www.politicastereo.tv/debates_ver.php?id_noticia=53