El Valor de la Alternancia

Daniel Loewe, profesor de filosofía política de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, nos deleita con esta reflexión clara y aguda. 100% original para nuestros lectores:

“De más está decir que la posibilidad de la alternancia está en el núcleo de cualquier sistema político democrático. La posibilidad de competir por el poder marca la diferencia con cualquier dictadura. Pero ¿qué pasa con el valor de la alternancia en cuanto tal?  Sin duda, la alternancia política es un valor. Entre otras cosas, ayuda a evitar la formación y anquilosamiento de maquinarias  de autoservicio, y ayuda a introducir ideas y energías nuevas en el juego político (más allá de cualquier alternancia generacional). Es por eso que apelar al valor de la alternancia para votar por el candidato de la Coalición sí tiene sentido.

Sin embargo, este valor no es absoluto. Una tía mía ya fallecida, con una posición abiertamente nihilista en lo relativo a la política (“la mierda es la misma, sólo cambian las moscas”), sostenía el valor absoluto de la alternancia: en cada elección sistemáticamente votaba por el partido que no estaba en el gobierno. El que, ya que ella vivía en Alemania, esta estrategia la haya tornado prácticamente en una votante de los Socialdemócratas, es sólo un accidente de la historia. Si sostenemos una posición tan negativa de la política, esta estrategia es correcta: al menos ayudamos a evitar la generación de todavía más daño. Pero si nuestra posición es menos extrema, y consideramos por consiguiente que la política no sólo produce males, sino que puede ser motor de algún resultado positivo, el valor de la alternancia se relativiza: al dar mediante el voto nuestro apoyo a una agenda política particular hay que sopesar en cada caso si los males que aspiramos a evitar o los bienes que esperamos producir pesan más o menos que los bienes que trae consigo la alternancia o los males que ésta ayuda a evitar. Dicho de otro modo, si consideramos que el gobierno de turno lo está haciendo suficientemente bien, el valor de la alternancia difícilmente llegaría al punto de hacernos votar por el contendor. Inversamente, si consideramos que el gobierno de turno no lo está haciendo bien, entonces el valor de la alternancia se suma a las razones que pudiésemos tener para dar nuestro apoyo al contendor, pudiendo inclinar la balanza, eventualmente, en la otra dirección.

En nuestro país la reelección de los presidentes no es posible. En ese sentido restringido estamos condenados al cambio. Pero ya que nuestra política se estructura todavía en base a coaliciones relativamente estables (al menos en la segunda vuelta), la alternancia no refiere al gobierno, que como cada día tiene una existencia finita y definida, sino que a la coalición. Alternancia entre coaliciones. Y bien: ¿qué valor le cabe a la alternancia? La respuesta depende, evidentemente, de nuestra evaluación del trabajo de la coalición en el poder así como de nuestras expectativas acerca del rendimiento de los dos competidores. La Concertación ha sido, sin duda, un experimento sumamente exitoso. No sólo en el aspecto económico, sino también en el aspecto político, habiendo podido otorgar estabilidad en los turbulentos mares de la transición. Sin embargo, los signos de declive son evidentes. Económicos, políticos y, en un cierto sentido, morales: el autoservicio y las prácticas antidemocráticas internas que hoy por hoy le pasan la cuenta a su candidato (Frei es Frei, no hay nada que hacer. Pero Frei con primarias competitivas habría sido otro Frei, uno más legítimo). No hay razones para esperar algo distinto de continuar en el poder (a pesar de los mea culpa de última hora –de hecho, como los oportunismos de último minuto, éstos son poco creíbles). Para colmo, el candidato es asombrosamente débil –al punto de hacer dudar incluso a los votantes más doctrinarios (“es lo que hay” es la frase que –tratando de buscar consuelo– posiblemente más se escucha en estos círculos). Por otra parte, el candidato de la Coalición por el Cambio parece ofrecer un producto más atractivo. A pesar de los dolores estomacales que puedan provocar en muchos de nosotros el que una parte de esta Coalición cobije a figuras recalcitrantes y conservadoras, el candidato es sin duda, en la forma y el fondo, la cristalización de una nueva derecha, democrática, más preocupada por las oportunidades (materiales y no sólo formales) y quizás más liberal (no en sentido económico, área en la que en este país los conservadores de derecha están ya a la vanguardia, sino que en sentido político). La pregunta abierta es si esta nueva derecha se impondrá en un eventual gobierno o si –lo que no es improbable– cederá paso a los connotados talibanes y medievalistas de siempre. Si somos honestos, a pesar de que el candidato “escucha”, no hay razones para esperar cambios en el statu quo de las libertades individuales, ni avances ni retrocesos.

Las elecciones presidenciales son un tipo de barómetro del alma nacional (si es que algo así existe). Y –gane o no Piñera– es evidente que ésta ha cambiado. Aunque muchos sacudan la cabeza tratando de entender que pasó, es claro que este cambio tiene mucho que ver con las malas prácticas en la concertación (que más evidente que primarias truchas, una especie de auto negación) y con que el cheque en blanco de la distinción Sí/No está siendo protestado: su capital es finito y no se reproduce en el tiempo, a pesar de los intentos de aumentar los intereses mediante estrategias anamnésicas. Las brújulas se vuelven erráticas después de 20 años. Por referencia a las opiniones de mis amigos y conocidos (ciertamente ningún muestreo representativo), mi impresión es que ni siquiera muchos de los que se oponen a un gobierno de Piñera dudan que él lo vaya a hacer bien. Y son todavía menos los que dudan que lo vaya a hacer al menos tan bien como Frei. Si el análisis propio de la situación política es un empate (igual de buenos, igual de malos), el valor de la alternancia tendría que dar el pequeño impulso necesario para inclinar la balanza de nuestras preferencias políticas en la otra dirección.”

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2 comentarios to “El Valor de la Alternancia”

  1. Ian Mackinnon Says:

    Las últimas lineas subrayadas sintetizan mi impresión desde la noche del 13 diciembre.
    Saludos!

  2. cristian Says:

    muy poco para inclinar la balanza (para la ley del mínimo esfuerzo mental, el emocional y el material) .

    … el dicho dice: mejor diablo conocido … que, en este caso, diablo por conocer

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