LA AGENDA QUE EL TSUNAMI SE LLEVÓ

por Cristóbal Bellolio (publicada en La Tercera el domingo 21 de marzo)

Haga memoria: ¿Cuántas veces escuchó en la campaña el término “progresismo”? ¿Cuántas veces escuchó “renovación”? Seguramente centenares de veces. Ahora piense, ¿Cuántas veces ha escuchado esos conceptos después de la catástrofe del 27 de febrero? Prácticamente cero. El terremoto ha dejado damnificado al discurso que apelaba por apertura cultural y por nuevos rostros en política. Por un buen tiempo, serán desplazadas todas las escaramuzas que puedan parecer sofisticadas ante la imperiosa necesidad de proveer pan, techo y abrigo a la población azotada por la tragedia.

Así por ejemplo, en torno al denominado debate “valórico”, los elementos conservadores del gobierno de Piñera tienen remozadas razones para sostener que se trata de temas de elite. Es poco probable que las uniones homosexuales, el aborto terapéutico o la despenalización del autocultivo de cannabis estén atormentando a los habitantes de Iloca, Constitución o Pelluhue. En el actual clima político, estas cuestiones resultan excéntricas e incluso frívolas. Aquella fracción que no vio con buenos ojos la inclusión de una pareja gay en la franja respirará más tranquila. Gestión, eficiencia y terreno son sus mejores herramientas. Como las del ministro Lavín, que se dedicará a levantar infraestructura postergando los asuntos más profundos de la discusión educacional. Las cuestiones urgentes están antes que las importantes. Isaiah Berlin, insigne liberal, reconocía que existen circunstancias en las cuales la libertad “no es la primera necesidad de todo el mundo”, situaciones en las cuales “un par de botas son superiores a las obras de Shakespeare”. Se dice que son justamente las sociedades ricas, aquellas que han satisfecho las necesidades materiales de su población, las que comienzan a plantearse sus necesidades inmateriales. Lo admitió hasta Marco Enríquez parafraseando aquella cuña vaticana: “los pobres no pueden esperar”. Los liberales y progresistas, en cambio, pueden hacerlo. De hecho, es probable que los que pujan por la expansión de los derechos individuales hayan sido parte de la gran mayoría que aplaudió la firmeza de un toque de queda para frenar el saqueo y el pillaje.

Otro tanto ocurrió con la demanda por renovación política. El propio Marco Enríquez parece hoy una figura extemporánea. La sofisticación de un candidato que se reconocía “lleno de contradicciones” no entra en la lógica de las respuestas contundentes ante la emergencia. Más exquisita aun resulta la intención de montar nuevos partidos. Sea joven o viejo, nuevo o antiguo, al mundo político se le medirá con la misma vara. La edad de los ministros no incide en su evaluación post crisis. Pasada la moda de los rostros frescos, es previsible que las elecciones internas en las tiendas oficialistas y opositoras resulten nefastas para las generaciones retadoras. Quedaría en pausa la cosecha de liderazgos alternativos y veríamos a los mismos de siempre dirigiendo el espectáculo. En la Concertación, al menos, el seguro que significa el capital de la ex presidenta Bachelet sirve como disuasivo para emprender aventuras innovadoras.

A medida que la reconstrucción avance y la vida vuelva a la normalidad en las zonas golpeadas, los manoseados temas de campaña se sacudirán los escombros y solicitarán el reingreso en la agenda. Algunos actores políticos, desde el gobierno y la oposición, tendrán razones para postergar ese momento. Mientras más rápido transmita el gobierno esa sensación, más pronto volveremos a escuchar de progresismo y renovación.

Link: http://papeldigital.info/lt/2010/03/21/01/paginas/009.pdf

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/la_agenda_que_el_tsunami

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Una respuesta to “LA AGENDA QUE EL TSUNAMI SE LLEVÓ”

  1. Cristóbal Hahn Says:

    Exacto, el “kairos” que permité al gobierno -momentaneamente- no enfrentar temas que bien podrìan significar algunas guerras civiles al interior de la Coalición, tarde o temprano pasará.
    El famoso “metarelato”, por mucho que hoy no sea urgente, no ha dejado de ser importante, incluso, fundamental.
    Por otro lado, no hablar públicamente de este metarelato, no desarrollarlo, hacer de éste un juego de palabras en torno al “managment de excelencia”, coarta las posibilidades del actual gobierno de trascender a la historia (sería una administración técnica, no política) y lleva a una situación cada vez màs insostenible con respecto a la oposición. Mal que mal, con una postal tan intensa como la de un pueblo hundido, instalar la sensación de fracaso en la calidad de la administración pública es extremadamente fácil. El gobierno está preparando su propio jaque, pero aún más que eso, al hacer de la excelencia administrativa su valor principal, el gobierno se está preparando un posible jaque mate.

    Como ya supondrás, no argumento a favor de quitar la urgencia a las víctimas del terremoto; digo que el gobierno debe expresar razones más profundas que las de “excelente managment” para explicar porqué lo está haciendo. Es evidente que las tiene, es hora de decirlas.
    Ya lo decía Maquiavelo, toda guerra civil impostergable que desde el poder se evita, termina golpeándote con más fuerza (y posiblemente por la espalda)

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