REPUBLICANISMO Y VOTO VOLUNTARIO

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Post el viernes 3 de diciembre)

En la tribuna de El Post, varios defensores del voto obligatorio han apuntado correctamente al corazón de la teoría republicana para sostener que con su implementación no hay propiamente una limitación de la libertad. Daniel Mansuy señala que “lo que dio origen a la libertad fue la creación de la política… no es de extrañar que una condición mínima de existencia para la libertad sea la existencia de una comunidad política medianamente sana y robusta”. En la misma línea, Fernando Atria alude a la creación de “condiciones para que cada ciudadano haga su (pequeña) contribución a la estabilidad democrática”. Finalmente, Jorge Fábrega nos dice que para disfrutar de libertad, “necesitamos crear un bien público que se llama democracia. Y ese bien público se crea colectivamente… adivinen cómo: votando”.

Hay dos maneras de justificar esta exigencia. La primera es instrumental o procedimental: los deberes establecidos por la comunidad son un precio justo para asegurar el colectivo de la libertad. La segunda es intrínseca o sustantiva: la participación política es valiosa en sí misma en el camino de la perfectibilidad del ser humano. Me concentraré especialmente en la justificación del primer tipo, que parece ser más fácil de aceptar. La justificación sustantiva es bastante más compleja porque asume que la sociedad puede determinar cuáles son los fines del individuo.

Para el republicanismo, la libertad -personal y colectiva- depende de la realización de ciertos “servicios públicos”, que no pueden ser sino deberes. Si éstos no son realizados, la libertad misma se vería seriamente amenazada, sino erradicada. Desde este punto de vista, la libertad individual no está desconectada del mecanismo que la provee. No podría haber violación alguna de la libertad cuando se trata justamente de posibilitar su existencia. Para el republicanismo contemporáneo, la libertad es ausencia de dominación o dependencia. Es, al igual que la idea liberal de libertad como no interferencia, una noción “negativa” del concepto. Habría violación de la libertad en cualquier relación que ponga al sujeto frente al riesgo de interferencia arbitraria, aunque no sea necesario que éste actualmente se produzca ¿Cómo nos aseguramos de que nadie llegue a dominarnos arbitrariamente? A través del autogobierno, cuya mejor expresión es la república, hoy la democracia representativa. Recapitulando, sólo la democracia posibilita la libertad, y porque esto es así, la contribución a la democracia debe ser obligatoria.

Hasta aquí todo bien. El primer escollo es hacer sinónimo “democracia” con “participación electoral”, que sabemos que no es lo mismo. Pero aun así, podemos aceptar que se trata de uno de sus elementos constitutivos. Entonces ¿se viene abajo la libertad con una participación electoral deficiente? Si la respuesta es sí, entonces el voto debiera ser obligatorio. Si la respuesta es no, entonces debería ser voluntario.

Mi percepción es que no sólo no se viene abajo la libertad con una baja participación electoral –lo que no implica considerar ese fenómeno como una cuestión preocupante e indeseable- sino que además los ciudadanos conservan en su poder el instrumento que garantiza su libertad. Como toda garantía, sigue siendo nuestra prerrogativa hacer uso de ella. Dicho de otra manera, es la oportunidad y no la acción propiamente tal la que actúa proveyendo el bien público “libertad”. El voto voluntario sigue siendo un recurso igualmente efectivo para los propósitos republicanos, ya que una vez que los ciudadanos vislumbren la amenaza de la tiranía, el despotismo o la aplicación arbitraria del poder, pueden hacer efectivo su derecho a voto para aplacar dichas amenazas.

Que esas amenazas no sean actualmente visibles es una cuestión esperable en contextos políticos habituados a vivir en libertad, o que dispongan de otro tipo de instituciones suficientemente sólidas para que jamás lleguen a cristalizarse. Si consideramos, en cambio, que por la mera potencialidad del riesgo, por lejano que parezca, debemos estar tomando precauciones obligatorias, entonces los partidarios del voto como deber no debieran estar en contra de los sistemas de conscripción militar obligatoria, ya que la amenaza de la guerra está siempre presente en nuestro vecindario. Maquiavelo, de quien Quentin Skinner rescata la vieja teoría republicana de los romanos, hablaba efectivamente de dos amenazas para la libertad: la interna y la externa. La primera se combatía a través de la ley y la virtud cívica, la segunda con ejércitos propios. Ambas eran igualmente exigibles bajo el mismo principio. Tengo serias dudas de que los partidarios del voto obligatorio en Chile estén pensando realmente en extender la paranoia de la destrucción de la democracia a tales niveles.

En síntesis, aunque las teorías liberales y republicanas disienten en varios aspectos, no parece descartable que incluso utilizando los procedimientos de esta última el voto voluntario aparezca plenamente justificado. Mientras el sufragio siga siendo una garantía que no desaparezca por su no uso circunstancial, los ciudadanos siguen ostentando todo su poder asegurador de la libertad.

Link: http://elpost.cl/content/republicanismo-y-voto

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