Concertación y el descuento de 7% en salud a jubilados

Transcribimos primero columna de Eduardo Engel, Dante Contreras, Cristóbal Huneeus y Andrés Velasco, publicada el domingo recién pasado en La Tercera:

“Eliminar la cotización de Salud de 7% para los jubilados es dar un paso hacia la destrucción del sistema de protección social que Chile viene construyendo. Un sistema moderno de protección social es por esencia contributivo. Los que tienen más, contribuyen más; pero todos los que pueden contribuyen algo. Es lo que hace legítimo y sustentable el sistema.

Los mayores de 65 años son los principales usuarios de la Salud. Porque su gasto es tres veces el promedio de una persona menor de 60, los adultos mayores reciben más del 7% que pagan. Pretender operar un sistema de salud sin que los principales usuarios contribuyan es como hacer un asado de curso y exigirle al que pone la casa que también ponga la carne y el vino. Al tercer año no habrá nadie que se ofrezca y las reuniones de camaradería se habrán terminado.

El cambio propuesto es injusto, engañoso e imprudente. Es injusto, porque discrimina entre chilenos. En Chile todo trabajador, aunque gane sólo el salario mínimo, aporta para su jubilación, salud y seguro de desempleo. Alguien que recibe apenas 172 mil pesos, y que tiene tres o cuatro bocas que alimentar, cotiza 37 mil pesos al mes. ¿Por qué tendría esa familia que pagar por su salud si un adulto mayor que recibe una pensión de similar monto y acaso vive solo no contribuye nada?

De acuerdo con la encuesta Casen 2009, el 8,9% de los mayores de 60 años vive en la pobreza. Esta cifra irá bajando gracias a la reforma de pensiones aplicada por Michelle Bachelet. Por contraste, entre los chilenos menores de 17 años, la incidencia de pobreza supera el 20%.  Si de gastar 200 millones de dólares se trata, ¿por qué no hacerlo en los niños, que son los más necesitados?

El cambio propuesto es engañoso, porque no dice las cosas como son. Eliminar el 7% crea la ficción de que es posible aumentarles los ingresos a los pensionados sin costo alguno. Si el gobierno busca subir las pensiones en 7%, que proponga un reajuste al Congreso. Así podríamos tener un debate nacional sobre el mejor uso de estos recursos. Algunos, muy legítimamente, estarían por aumentar las jubilaciones. Otros preferirían gastar más en educación. Otros le darían prioridad a la vivienda o la pyme. Y la pregunta de cómo se financian estos gastos estaría en el centro de la discusión. Ese debate le haría bien a Chile. 

El cambio propuesto es imprudente, porque no presta atención alguna al financiamiento futuro del sistema de Salud. Los países gastan un porcentaje creciente de sus ingresos en salud por dos razones. Porque la población envejece, requiriendo mayores cuidados, y porque el costo de la salud sube más rápido que el IPC. Chile es un buen ejemplo de ambas tendencias. Naciones con sistemas de salud tan distintos como Estados Unidos, el Reino Unido y Taiwán están hoy enfrascados en debates sobre cómo contener los costos del cuidado médico y allegar nuevos recursos a la salud. Es decir, los países serios discuten cómo financiar sus sistemas de salud. La propuesta del gobierno, por contraste, se empeña en desfinanciar el nuestro.

Suele afirmarse que el 7% incluye un 2% para licencias que los adultos mayores no utilizan. Esa tesis es equivocada en un sentido formal: no hay tal asignación del 2%. Pero también es errónea en un sentido más profundo. En un sistema solidario de seguros, algunos siempre pagan por servicios que no utilizan. Los cotizantes jóvenes financian muchos servicios para los adultos mayores que a ellos -los jóvenes- de poco les sirven. Pero eso no tiene nada de malo. Al revés: es de la esencia de la seguridad social.

Otros argumentan que el cambio propuesto sólo libera de la obligación del 7% a quienes no pueden pagar. Esa afirmación también es discutible. La ley chilena hoy exime de la cotización de Salud a quienes define como carentes de recursos. Esa definición incluye a buena parte de quienes reciben una Pensión Básica Solidaria (PBS). 

No faltará quien diga que se trata de un cambio acotado, que no tendrá mayor impacto en el sistema de Salud contributivo. Lo dudamos. Algunos ya piden eliminar el 7% para la clase media; otros lo exigen para todos, sin importar ingresos. Más de alguien planteará eximir del pago de Salud a los trabajadores activos que ganan menos de un cierto sueldo. O a los que ejecutan labores pesadas. O a las trabajadoras jefas de hogar. En cada uno de estos casos existirán poderosas razones -pobreza, precariedad, discriminación- para conceder el beneficio. Pero sumado, ello implicaría privar al Estado de los recursos que hoy financian la salud de los chilenos.  

Finalmente, alguien podría sostener que así como a los jubilados no se les descuenta para financiar las pensiones, tampoco debería descontárseles para financiar la salud. En la jerga de los economistas, uno podría  tener un sistema de reparto para la salud, así como algunos países tienen un sistema de reparto para las pensiones. El problema es que los sistemas de reparto han entrado en crisis, porque el cambio demográfico (cada día hay más adultos mayores por cada trabajador joven) los vuelve inviables. Y si el problema es grave en la previsión, más grave sería en la salud, porque el alza de los costos de salud no parece revertirse en ningún país del mundo.

Chile necesita un sistema de protección social amplio y sustentable. Eliminar la cotización de Salud del 7% lo debilita. También enciende luces de alarma sobre el futuro de la salud pública. Es una política que le hace mal a nuestro país.

A continuación la respuesta de Alfredo Joignant en La Segunda del lunes:

“Cuatro destacados economistas publicaron, en un semanario del día de ayer, una crítica rotunda a la eliminación del 7% de los jubilados que fue recientemente anunciada por el Gobierno. No pretendo en absoluto hacer la defensa del Gobierno en esta materia, sino más bien criticar la abismante debilidad de la argumentación economicista (disfrazada con retórica de teoría de la justicia) de una crítica por parte de economistas opositores que apunta más bien a desacreditar políticas redistributivas —en este caso, a favor de los más viejos—, que desde un punto de vista socialdemócrata debiesen ser universales (del mismo modo que el posnatal, por ejemplo), lo que supone proporcionar buenas razones para focalizar, universalizar la política pública o repartir las obligaciones contributivas.

En el razonamiento de estos cuatro economistas, se observa la masiva presencia de giros del lenguaje que solicitan la fe (y no la razón, siempre más exigente) del lector para avalar frases tales como los “países serios” hacen tal cosa, los “sistemas modernos” apuntan a tal otra, y así sucesivamente, como si fuesen argumentaciones robustas ante asuntos que configuran preguntas y dilemas acerca de la vida buena. La famosa reforma del 7% de los jubilados debe ser discutida secundariamente (bien digo, secundaria y, agrego, subordinadamente) en función de racionalidades económicas que nunca son realmente concluyentes, ni menos convincentes. Pero, sobre todo, son inútiles para dirimir controversias acerca de preferencias sobre ideales e ideologías que bosquejan lo que se desea acerca de lo que ser viejo y vivir en tercera y cuarta edad quiere decir. ¿Por qué? Porque al fin y al cabo lo que se diga sobre asuntos de redistribución de cargas, deberes y derechos es antes que nada materia de justificación, en donde proporcionar razones económicas no dibuja ni describe sistemáticamente algún tipo de ideal de sociedad, que al final del camino es lo que se juega en la competencia política democrática.

Existen innumerables justificaciones posibles para la eliminación universal del 7% de los jubilados, como también lo existen para la segregación entre “viejos” que contribuirán con este monto y otros que lo harán por menos, dando por sentado que las definiciones de la justicia involucradas son racionalmente aceptables, entendibles y accesibles para todos (y en primer lugar, para los viejos pobres que, según estos cuatro economistas, con “algo” debiesen contribuir dado que reciben más del 7% que pagan: no existe mejor definición del economicismo ingenuo). Independientemente de los costos económicos involucrados, que no pueden pretender transformarse en ultima ratio de la justificación, abogar por políticas universales (es decir, por algo muy distinto a lo propuesto por el Gobierno) equivale a razonar apelando a la justicia de las transferencias de derechos entre generaciones (Rawls), o a la racionalidad del don por parte de los más jóvenes hacia los más viejos (pensando en, y con Mauss), o simplemente a un sentido de humanidad hacia una generación desvalida y cuya contribución fue en vida activa desconocida, y que la sociedad del presente decide reconocerse como deudora hacia ella. Qué duda puede caber: si se quiere pensar con formas verosímiles de la razón, y no sólo con números, son ideales de la buena vida los que se juegan en este tipo de asuntos, los que no pueden quedar en las manos y en las mentes de los economistas, por muy doctos y bien intencionados que éstos puedan ser. Son muchos quienes ya lo han dicho, desde Stiglitz hasta Sen: la economía es demasiado importante para ser dejada en las manos de los economistas, y más aún cuando es el bienestar (y sus significados) el que se encuentra en juego.

Pero, más profundamente, lo que se aprecia en esta aproximación económica al bienestar por parte de cuatro economistas de centroizquierda es la manifestación de un alma liberal, inevitable, siempre necesaria porque inteligente, pero cada vez más dominada en este lado del espectro opositor. Nadie duda acerca de la valía profesional de estos economistas. Pero son demasiadas las dudas en lo que concierne a la profundidad y validez intelectual y política de sus aserciones, precisamente porque descuidan el otro lado del argumento: ese que hace sentido social y políticamente, en tiempos en los que se le pierde el respeto al estatus de los hablantes (economistas), abriendo la vía para la crítica política y social que se toma también en serio lo que los economistas, los buenos economistas, dicen.”

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2 comentarios to “Concertación y el descuento de 7% en salud a jubilados”

  1. Francisco Says:

    No se puede negar que la entrada que ahora comento refleja no sólo la división interna de la concertación (de esa que Francisco Vidal habló tras la derrota de las elecciones presidenciales), sino que además la extraña “presión de las circunstancias” a la que se ve enfrentado el gobierno. Durante la campaña electoral de Eduardo Frei se hizo énfasis en la eliminación del 7%. Tras la presión social y de los medios, Sebastián Piñera se sumó a la iniciativa, pero jamás habría de imaginarse uno que la bandera de la imprudencia se traspasaría tan fácilmente de mano. El señor Alfredo Joignant, que claramente es versado en temas de política, habla con muchísima liviandad para ensalzar el asistencialismo. De hecho, podríamos crear una situación hipotética en la que Joignant, claramente, no escribiría columnas sobre el déficit futuro, puesto que son “materia de economistas”. Quizás hay medidas más creativas que pueden llevarse a cabo para solucionar un problema como el planteado, pero a la larga deja claro que la derecha -ahora en el poder- no se está basando ni en la creatividad, ni en la modernización cabal del Estado para lograr solucionar situaciones puntuales. Esto es el mundo al revés… estoy de acuerdo con Velasco y cía.

  2. David Acuña Says:

    Como parte de un asunto “solidario”. Tengo actualmente 62 años y aún cotizo para la salud (en fonasa) lo hago desde que tenía 17,hace poco tiempo fui a ver un doctor por una molestia , y lo curioso es que tuve que pagar por la consulta (¿?) nadie quiso ser “solidario” conmigo. Entonces, “mi plata” que se me descontó es para mejorar a otros y enfermarme yo? . Está muy rara ésta cuestión,44 años cotizando ¿ y todavia no me alcanza para una consulta médica?.

    Que Dios siga dándoles sabiduría.

    Atentamente.

    David

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