WALKER, ENTRE FUEGO CRUZADO

Entrevista publicada en Revista Capital edicion del 26 de agosto de 2011

No será uno de los dirigentes estudiantiles, pero también desde la Alameda –número 1460, sede de la DC-, Ignacio Walker ha estado en el centro de la noticia. El senador –que además está de vocero de la Concertación -tiene batallas por todos lados. Critica con fuerza al gobierno, pero en su conglomerado lo tildan de derechista por no apoyar la idea de un plebiscito. El dice que está al centro. Y que ser DC es, por esencia, signo de contradicción. Por Cristobal Bellolio, desde Londres. Fotos: Verónica Ortiz.

Diez de la noche en Londres, cinco de la tarde en Santiago. El presidente de la Democracia Cristiana y senador por la V Cordillera, Ignacio Walker, se conecta a Skype para contestar mis preguntas. Aunque a miles de kilómetros de distancia y tras las pantallas de un computador, estamos cara a cara.

Han sido días polémicos para él. Incluso apareció como una suerte de isla dentro de la Concertación. ¿El motivo? Su negativa a plebiscitar las demandas estudiantiles como un mecanismo para salir de la actual crisis. “La democracia plebiscitaria, por definición, tiende a bypassear las instituciones de la democracia representativa”, sostiene al iniciar la conversación. Su argumento tiene lógica: “la base de la democracia representativa es intermediar, eso se pierde al consultar directamente al pueblo. Para hacer frente a esta situación debemos fortalecer más que debilitar las instituciones de la democracia representativa. La democracia plebiscitaria ha demostrado el efecto contrario”.

-¿Cómo se fortalecen esas instituciones? 
-Con una profunda reforma políticoinstitucional, que se la hemos planteado como DC a los tres ministros políticos de La Moneda, que se haga cargo de dos cuestiones centrales para resolver la crisis política que estamos viviendo en Chile. Una, sustitución del sistema binominal por uno de representación proporcional corregido. Dos, fin de las supermayorías, aquellas que requieren 4/7 para la aprobación de ciertas leyes y que constituyen una suerte de veto de la minoría. Hay muchas otras, como en materia de descentralización, primarias abiertas y vinculantes, democratización interna de los partidos políticos, fin del Consejo de Seguridad Nacional, etc. Para desempatar esta democracia empatada, que está produciendo la crisis, hay que llevar a cabo todas estas reformas.

-¿Eso se produce distribuyendo el poder entre los mismos actores o admite la entrada de nuevos actores? ¿Le haría bien a Chile el nacimiento de nuevas alternativas?
-Una de las reformas propuestas es el Consejo Económico y Social, justamente para permitir mayor participación de los actores sociales, en este caso empresarios y trabajadores. Pero más allá de eso, estamos presenciando una forma de hacer política que muere y que es ese diálogo entre cuatro paredes entre el gobierno y la oposición. Necesitamos una mesa de tres patas: gobierno, oposición y actores sociales. No se puede seguir legislando de espalda a estos últimos. Se requiere una metodología de trabajo que legitime el espacio político de una nueva manera de cara a los actores sociales.

-O sea, no más actores políticos
… -Más que nuevos partidos –lo que es bienvenido en la medida que obtengan un mínimo de representación– lo importante es alcanzar mayor democracia interna en los actuales partidos. Más que una política puertas adentro, necesitamos una política puertas afuera.

-Que la actual estructura sea lo suficientemente dinámica como para absorber lo nuevo sin tener que ser reemplazada… 
-Absolutamente. No se trata de que los actores sociales nos pasen por el lado. Se trata de ejercer nuestro rol de mediación y representación política.

-¿Y sus socios de la PS y PPD, Osvaldo Andrade y Carolina Tohá, abdican de ese rol al dejarle la resolución del problema a un plebiscito? 
-Así como es un error que el gobierno endose la política al Parlamento –como lo está haciendo en educación– también es un error que los partidos políticos y el Parlamento endosen la toma de decisiones en cuestiones que son propias de la democracia representativa y deliberativa. ¡Que las instituciones funcionen! ¡Que el Parlamento haga lo suyo! Este movimiento social da cuenta de una tremenda efervescencia, eso hay que desdramatizarlo.

-Asumo que descarta la herramienta plebiscito no sólo para el caso de educación sino también para otras materias como la propuesta por Longueira antes de ser ministro –sobre salida al mar a Bolivia–, o de Guido Girardi, sobre proyectos energéticos de alto impacto ambiental. 
-Yo no soy partidario de los plebiscitos en materia de políticas públicas –educación, salud, vivienda, previsión, trabajo– que son propias del ámbito legislativo. Sí creo en el plebiscito en el ámbito local, donde se aplica la democracia directa, y para tomar grandes decisiones paradigmáticas de una sociedad, como la puede decir el cambio de régimen político, entrar o no entrar a la OTAN, o el caso separatista de Quebec en Canadá, por ejemplo. Decisiones que se toman cada 20 o 30 años sobre cuestiones muy centrales.

-¿Cuán necesaria es una nueva Constitución? 
-Absolutamente necesaria. Las reformas que hemos propuesto al gobierno – las más radicales en 20 años– conducen en cierta forma a una nueva Constitución. A pesar de todos los cambios que le hemos introducido, desde las 54 reformas plebiscitadas el año 89 hasta la nueva Constitución del 2005, ésta sigue siendo percibida como la Constitución del 80. Es importante que la sintamos como nuestra, y eso todavía no ocurre.

-¿Asamblea constituyente o vía parlamentaria? 
-Vía parlamentaria, como lo proponía la campaña de Frei.

-Vamos al tema peak de la actual discusión pública. ¿Está en contra de que las personas lucren –obtengan una utilidad que no reinvierte sino que va a los dueños del capital– con la educación? 
-Aquellos establecimientos educacionales que reciben fondos públicos no deben lucrar.

-Si yo quiero lucrar con mi establecimiento y me las arreglo sin fondos públicos, ¿podría hacerlo? 
-Por supuesto.

Pastelero a tus pasteles 

-Examinemos el gobierno de Sebastián Piñera. Su principal acierto y su peor error. 

-El principal acierto es el rescate de los mineros. Principal error, esta nueva forma de gobernar que nunca prendió y murió de muerte natural.

-¿Qué falló? 
-Falló el intento absurdo de querer trasladar la lógica del sector privado al sector público. No es que unos sean mejor que otros, son cosas distintas. El reclutamiento de gerentes, técnicos, expertos, doctorados, etcétera, no funciona: la política para los políticos.

-¿No ve ningún mérito en la gestión de las políticas públicas, más allá de la incapacidad del gobierno para transmitir sus logros? 
-La economía anda bien. La falla estructural de este gobierno está en el nivel político. El manejo económico ha sido prudente, con continuidad en los equilibrios macroeconómicos y las políticas contracíclicas. Pero lo que está apareciendo acá es un nuevo paradigma, producto de las transformaciones socioeconómicas que han tenido lugar en el último tiempo. La modernización es, en sí misma, disruptiva. Las fuerzas sociales que estaban sumergidas están apareciendo. Esto es el ABC de la modernización. ¿Qué hay que hacer? Que las instituciones funcionen. Instituciones racionales, coherentes, flexibles y autónomas, que permitan canalizar estas fuerzas sociales que son esencialmente disruptivas. En Chile este proceso adolece de un déficit de conducción política.

-¿Qué siente como opositor cuando ve al gobierno con un 26% de aprobación? Hay algunos que creen que eso es bueno porque el poder está más cerca de cambiar de mano…
-A mí no me pone contento. Yo quiero que a este gobierno le vaya bien, para que al país le vaya bien. Además, porque no podemos hacer la apuesta fácil y engañosa de creer que porque al Gobierno le va mal a nosotros nos va bien automáticamente, que nos van a elegir por descarte, por ser el mal menor. Me parece de una mediocridad tremenda. Tenemos que hacer bien la pega, tener mejores ideas y mejores líderes.

-La DC forma parte de una coalición que nace con el objetivo político de vencer a Pinochet en las urnas. Lo logra y luego dicha coalición gobierna durante veinte años. En ausencia del viejo elemento unificador, ¿cuál es el proyecto común que une a la DC con el PS, PPD y PRSD hacia el futuro?

-Yo me siento cómodo en una coalición de centroizquierda que ha sido capaz, hasta hace poco, de interpretar a una mayoría social y política en Chile. Nuestra participación ha sido clave en términos de gobernabilidad democrática, crecimiento económico y equidad social. Uno de los mayores servicios que la DC ha prestado al país es ser parte de una coalición de centroizquierda. Como dice graciosamente el senador Navarro, pero con mucha sabiduría, “sin la DC la Concertación es la Unidad Popular”.

-Ok, pero esa es una razón retrospectiva… 
-¡Pero hacia adelante también! La DC no es ni ha sido nunca un partido de derecha: nació rompiendo con el viejo Partido Conservador hace 70 años. Pero tampoco es de izquierda. Es un partido que nació más allá de derechas e izquierdas, un partido nacional y popular, que hoy marca esa impronta desde una coalición de centroizquierda porque puede captar la adhesión del centro y los sectores medios que en la última elección transformaron al piñerismo en mayoría electoral. Eso sólo lo puede hacer la DC. Llámese Concertación o no Concertación, la esencia es una coalición de centroizquierda que sea capaz ahora de interpretar a una nueva mayoría social y política, hacia el futuro y sin nostalgia.

-¿Seguimos representando a la clase media? 

-La DC es un partido pluriclasista, que representa a ese mundo moderado que no quiere polarización, siempre fiel a su raíz socialcristiana…

-¿No se hace compleja la tarea en un mundo que abandona progresivamente los postulados tradicionales del cristianismo? ¿No es la misma modernidad la que nos invita a enjuiciar esos valores? Me da la impresión de que cargar con la misión de sembrar el evangelio en política es ir a contrapelo… 
-Para nada. La síntesis que hace la DC es conciliar la tradición cristiana con el mundo moderno, democrático y secular. Eso la hace progresista en contraste a un catolicismo integrista y conservador que se fue por otros derroteros…

-Ok, los jesuitas de la política.… 
-Me sonó como jesuita, a mucha honra. ¡La DC se adelantó en 20-30 años al Concilio Vaticano II, que finalmente se abrió al diálogo con el mundo moderno! Esa síntesis de tradición y cambio o modernidad, es la esencia de la DC. El desafío sigue siendo descifrar los signos de los tiempos, esta vez del siglo XXI. Las cosas nuevas – Rerum Novarum– ya no de 1891 ni de 1962 sino del siglo XXI. En ese sentido, cuando veo que hace dos semanas 138 jóvenes que vienen de Un Techo para Chile o de la FEUC entran a militar al partido con los lemas “yo creo en la política y me sumo a la DC”, pienso que ahí tenemos la nueva Falange y nuestra misión es pasarles el bastón de relevo a esa generación.

-Al año 2011, ¿el partido de la Iglesia es la UDI o la DC?
-Afortunadamente no hay partido de la Iglesia. Pero evidentemente esos dos son los más cercanos.

De príncipes y herejes

-Dentro la misma DC se puede distinguir entre varios grupos. El de los llamados príncipes –muy a pesar de sus integrantes– es asociado con una mentalidad menos culposa respecto del mercado y por lo mismo más cercana a la derecha. Ya sea porque tienen mayor conexión con el mundo exterior o porque aprendieron las lecciones de la historia, pareciera que este grupo tiene una mirada más abierta en contraste con la de otros camaradas… 
-Creo que eso es correcto. Tenemos una mayor apertura a la modernidad del siglo XXI. Tenemos un concepto indivisible de libertad: política pero también económica, social pero también cultural. Lo bueno de los “príncipes” es que desde el día que obtuvimos el 60% de los votos en la elección interna nadie más nos llamó así. Esta idea de un grupo elitista o iluminado dejó de existir. La gente tomó un riesgo con nosotros, hizo una apuesta, en el sentido de transformar a un gran partido del siglo XX en un gran partido del siglo XXI. Ahí está nuestra doble misión: hacer el click del cambio de siglo y el nexo con las nuevas generaciones.

-Más allá del buen resultado en la última senatorial, la DC ha ido perdiendo peso electoral a lo largo de los últimos 20 años. ¿Cuál es el plan estratégico para distinguirse de sus socios del llamado mundo humanista laico y volver a ser una marca atractiva?
-La DC está llamada a ser una fuerza articuladora. Desde la oposición no podemos renunciar a esa iniciativa política. Somos de la Concertación, pero la DC ¡tiene! que marcar la diferencia. Eso se hace evitando que la política se defina en blanco y negro, en Sí y No, en un tono polarizado. Eso no es neutralidad, hemos sido un partido bien definido hasta en los temas más escabrosos, lo que nos ha valido incluso la incomprensión de sectores más integristas del catolicismo. La DC siempre ha sido signo de contradicción: nacimos como herejes al renegar del conservadurismo, nos negamos al proyecto falangista de Franco, votamos en contra de la Ley de Defensa de la Democracia cuando la moda era el anticomunismo, y luego hicimos una reforma agraria basada en el fin social de la propiedad… Por donde se nos mire hemos sido signo de contradicción. Imagínate cuando introdujimos la ley de divorcio con Mariana Aylwin en los 90. También nos trataron de herejes. Pero nunca le hemos temido a los cambios.

-¿Qué se le viene a la mente con la palabra “liberal”?
-No me identifica. Creo en la libertad pero eso no me transforma en un liberal. Soy crítico del liberalismo filosófica y económicamente, y soy ultra crítico del neoliberalismo. Pertenezco a la escuela de CIEPLAN, donde nos dedicamos 14 años de nuestras vidas a criticar el modelo de los Chicago Boys. Pero creo en la libertad económica, por cierto.

Lagos Weber, Tohá, Velasco, Orrego……y yo 

-Aunque faltan más de dos años para la próxima presidencial, imagino que la DC ya tiene una posición respecto de cómo enfrentarlas, al menos mientras Michelle Bachelet no se pronuncie.
-La DC va a llevar precandidato o precandidata presidencial sí o sí.

-Hablamos de una primaria… 
-Primaria abierta y vinculante dentro de la Concertación. Pero uno no puede renunciar al premio mayor, menos en un sistema presidencialista como el nuestro, sobre todo para un partido que quiere volver a ser la primera fuerza política nacional. Ojalá que haya varias cartas, una gestión cooperativa de liderazgos…

-¿Aunque se trate de un saludo a la bandera si la competencia es Bachelet? 

-Vamos a tratar de que no sea un saludo a la bandera. Si uno no se la cree, mejor no concursar.

-Si Bachelet no corre, le dejo estos nombres: Lagos Weber, Tohá, Velasco, Orrego y usted mismo. La generación de recambio de la Concertación, ¿no? 
-Ese quinteto me gusta. Es el tipo de liderazgos que debe emerger. ¿Por qué no hay ninguno consolidado? Porque los procesos de renovación son largos.

-O sea, los Lagos Escobar o los Insulza no están en ese abanico. 
-No, pero no estoy por jubilar a nadie. Son liderazgos vigentes…

-¿Son liderazgos vigentes?
-Sí claro, y les tengo mucho respeto. Son un aporte.

-¿Pero no serán un retroceso tratando de interpretar lo que quiere el país?
-Para nada. Siempre he dicho que la renovación es sin carnet. No tenemos que jubilar a nadie. Yo converso seguido con Patricio Aylwin que tiene 92 años.

-Y que suele ser de lo más sensato. 
-Por lo mismo. Para qué te digo como echamos de menos a Edgardo Boeninger. Yo me nutro mucho de ellos. En todo caso, a ninguno lo veo como candidato ni creo que estén pensando en competir.

-Como todo político, imagino que usted también quiere ser presidente, pero en su misma directiva está el alcalde Claudio Orrego, el otro potencial candidato de la DC. Asumo que tienen una estrategia para enfrentar el minuto de la verdad, ¿no? 

-Uno no puede estar en política sin tener altos niveles de ambición. Si no tuviéramos vocación de poder estaríamos en una sociedad filantrópica o en una ONG. Y nosotros la tenemos. Pero para nosotros la política es un proyecto colectivo y no individual, además de una vocación más que una profesión. Por eso nos ponemos al servicio de la causa. En lugar de destruirnos tenemos que potenciarnos.

-¿No hay ningún un pacto de no agresión firmado? Deben haberlo conversado, tipo “primero tú y luego yo”, o quizás “las encuestas mandan”…… 
-Con Orrego tenemos códigos tácitos. No hemos firmado nada pero hay una forma de relacionarse que entiende que el escenario de competencia es posible. Yo tengo internalizado el hecho de ser presidente del partido, por tanto cualquier señal que haga respecto de una eventual candidatura presidencial me debilita internamente. No la voy a insinuar si quiera hasta que termine mi mandato Así es que por ahora sólo te puedo decir: tres puntos suspensivos, que significan no cerrarse a la posibilidad pero también ser ubicado.

-Dentro del quinteto está Velasco. ¿Qué relación tiene con él? 
-Excelente. Somos muy amigos.

-¿Podría ser quien interprete a la DC si las circunstancias lo ameritan? 
-Andrés representa un mundo que, más que de centro, es liberal. Él piensa que hay un espacio ahí que no lo cubren los partidos tradicionales. Y tiene razón: ese mundo concertacionista que no es de tal o cual partido, tiene en Andrés Velasco un excelente precandidato. Yo le deseo lo mejor. Siento mucha afinidad con Velasco así como con Orrego, así como con Lagos Weber y Tohá. Por eso te digo que me gusta el quinteto. Trayectorias similares, matices no menores y una visión –casi una obsesión– sobre el futuro. Yo no estoy aquí para ponerme nostálgico con el plebiscito del 88. Hay que pensar en los próximos 20 años.

-En la vereda del frente, ¿es Golborne el mejor candidato? ¿Representa algo distinto? 
-Hasta hoy creo que sí. Tiene un plus. Tal como Piñera le dio un plus, más allá de RN y la UDI –hay un piñerismo que no es de derecha tradicional– creo que Golborne tiene un potencial similar. Es un personaje atípico –entiendo que votó NO en el plebiscito–, que tiene una imagen no vinculada a la política tradicional y le deseo que le vaya bien. Chile necesita de nuevos liderazgos.

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/walker-entre-fuego-cruzado/pagina1-2.html

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Una respuesta to “WALKER, ENTRE FUEGO CRUZADO”

  1. Guillermo Guerrero R Says:

    Se acaba dice I Walker esta forma de hacer política, también se acaba la constitución y lo que el lama el sistema “neoliberal”. Está proponiendo de hecho una asamblea constituyente.

    Al PDC nunca le ha ido bien en situaciones revolucionarias y de seguro si las cosas avanzan como él espera le va ir muy mal.

    Personalmente creo que muchos políticos oportunistas como aquellos de la Concertación quieren matar la gallina “neoliberal” de los huevos de oro esperando mantener algunas ventajas, se equivocan.fatalmente.

    Aunque ya parezca archi repetido, un cambio de paradigma en Chile solo perjudicará a las clases medias y a los pobres, los ricos se sabrán proteger sin lugar a dudas.

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