POR LA CRUZ DE SAN JORGE

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de revista Capital, edición del 23 de septiembre de 2011)

No es común ver la bandera de Inglaterra –blanca con una cruz roja que la atraviesa- desplegada en las calles de Londres. Sí es común observar en todas partes la Union Jack –la mítica pop azul cruzada de rojo y blanco- que representa a toda la isla británica. Por estos días se juega el Mundial de Rugby en Nueva Zelanda, y como en toda competencia deportiva de envergadura, las naciones que componen la Gran Bretaña corren con colores propios. Los pubs ingleses exhiben la enseña inglesa, los escoceses la escocesa y los galeses la galesa.

Sin embargo, cuando no se trata de fútbol, rugby o cricket, flamear la bandera con la cruz de San Jorge no es un detalle decoroso. Es incluso mal visto. Recuerda tiempos en los cuales en nombre de esa bandera se organizó todo el movimiento nacionalista xenófobo de ultra derecha que atemorizaba inmigrantes y dejaba tras de sí una estela de violencia y exaltación política. Probablemente el mejor retrato del período esté en la película “This is England” del director Shane Meadows. Hace algunas semanas la temida English Defense League (EDL) marchó por la calles del sur de Londres para recordar a sus compatriotas que no han abandonado el objetivo de “purificar” suelo inglés. Como era de esperarse, la cruz de San Jorge fue protagonista.

Grupos anti-EDL se dieron cita para rechazar la convocatoria. Alegan tener conocimiento de los vínculos entre la extrema derecha inglesa y el asesino que acaba de terminar con la vida de 76 personas en una isla noruega. En efecto, Anders Behring Breivik era un entusiasta admirador de la EDL. A su vez, los nacionalistas ingleses han utilizado todo tipo de eufemismos para evitar una condena directa a la masacre. Muchos rescatan el “espíritu de la cruzada anti-musulmana” de Breivik.

Si bien ese sentimiento radical está muy focalizado y es absolutamente minoritario, existe otro sentimiento nacional más extendido que no involucra odiosidad frente a lo extranjero sino que se manifiesta a través de una actitud pragmática de aislacionismo. La mentalidad de isla no desapareció con la globalización. Hoy los conservadores británicos se congratulan por su consistente euroescepticismo. Mientras la moneda común del continente se hunde poco a poco, en Londres la libra esterlina sigue firme. “Tuvimos razón”, parecen decir, “siempre tuvimos razón al decir que no”. Tanto así que el actual gobierno está estudiando tomar medidas más profundas que los distancien de Bruselas.

Los dos sentimientos nacionalistas reseñados no tienen relación. Mientras el primero es racista, discriminador y de guata, el segundo es estratégico, respetuoso y con mucha cabeza.  El primero tiene por misión hacer de la vida de los ajenos un infierno, el segundo sólo busca asegurar mejores condiciones para los propios sin cargar con los costos de los demás. El primero se hace con la cruz de San Jorge, el segundo con la Union Jack.

Si los chilenos somos los ingleses de América Latina, entonces nada de esto nos debe parecer muy extraño. No tenemos una invasión islámica en Santiago y nuestra xenofobia se limita más bien al racismo que hacemos sentir a todos aquellos ligados al mundo indígena del continente. Pero sí tenemos algo de esa mentalidad de isla, forjada en el encierro entre cordillera y mar. Se lo firmo: si mañana despierta el debate sobre la necesidad de mayor integración regional, o sobre la creación de un parlamento sudamericano o eventualmente de unificación monetaria, los chilenos seremos los primeros en poner cara de asco. Como los británicos, nos sentimos mejor solos que en pandilla. Además porque al mateo del curso no le conviene hacerse cargo de las malas notas de otros. Se requiere cierto altruismo que no tenemos. Esto sin mencionar que los proyectos políticos latinoamericanos son todavía muy disímiles, a diferencia de lo que ocurre en Europa donde el camino está más o menos señalado.

Los laboristas británicos –generalmente entusiastas del proyecto de unificación europea – guardan silencio ahora que las cosas no están saliendo bien para el viejo continente. La derecha moderada de Cameron consolida su posición en esta materia. Como le ocurre a Sarkozy en Francia, tiene a su flanco una derecha extrema de la cual distanciarse, pero cuya fuerza está lejos de constituir una amenaza electoral como la que representa la dinastía Le Pen. La EDL no es un actor político legitimado, más bien una preocupación de orden público. El desafío de Cameron es encontrar el tono para empalmar con el independentismo histórico británico condenando al mismo tiempo la generación de focos radicales de xenofobia y fascismo que florecen cada cierto tiempo.

Link: http://www.capital.cl/calling-from-london/por-la-cruz-de-san-jorge-2.html

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2 comentarios to “POR LA CRUZ DE SAN JORGE”

  1. mk4096 Says:

    Sé que no es el tema central, pero estoy en desacuerdo sobre nuestra “britanidad”.
    “si mañana despierta el debate sobre la necesidad de mayor integración regional, o sobre la creación de un parlamento sudamericano o eventualmente de unificación monetaria, los chilenos seremos los primeros en poner cara de asco”

    Ese asco sólo podría venir de Santiago, pues las regiones extremas (Norte Grande y Extremo Sur) dependen fuertemente de las relaciones comerciales con los paises vecinos para sobrevivir.

    Sólo llamo la atencion sobre lo “centralista” del comentario

    Y elaborando sobre el tema de integración regional…

    La “unión” de la unión Europea se basó primero en alianzas comerciales, y tuvo un correlato “duro” de integración territorial (ferrocarriles y carreteras entre paises). El concretar esa unión territorial vía comercio no es algo a lo que Chile diría que no (con su vocación comercial y relativos bajos aranceles unlitareales).

    Los temas delicados vienen con la institucionalidad que siga a esa integración comercial, tema en el que estamos a años luz (los argentinos no querrían nuestra institucionalidad, ni nosotros la de ellos… eso es mutuo) en temas sustantivos.

    Ahora, como en la integración todo depende de quien “ponga la plata” para concretarla. En el caso europeo Alemania y Francia invitaron varias rondas (tenieno un evidente interés comercial en el asunto). En el caso latinoamericano, sólo Brasil tendría el peso (en plata y en interés) de gestionar la integración. Así que depende de cuando, cómo y cuánto ofrezca.

  2. vozyvoto Says:

    Muy interesantes observaciones.
    Es probable que todo lo que escribo tenga ese sesgo centralista, que en todo caso -según tu propio argumento- dicho sesgo estaría representando a 11 regiones de 15, donde se concentra la mayoría abrumadora de la población chilena.
    Luego sobre integración regional me parece acertado señalar que Chile no le asco a las relaciones comerciales -por el contrario- pero su empresariado no tiene una afinidad mayor por Latinoamérica que la que tiene por Asia Pacífico o California. Coincido que los problemas, en todo caso, están en la etapa de institucionalizar órganos políticos. Y sí, Brasil es esencial en la tarea.
    CB

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