LOS MUROS DE CHILE

por Cristóbal Bellolio (publicada en Radio Futuro el jueves 1 de marzo de 2012)

No tuve hermano grande ni padres rockeros. Por eso conocí The Wall varios años después de su lanzamiento -1979, el año que nací- recién con motivo del legendario festival con que Pink Floyd y compañía celebraron la caida de muro de Berlín en 1990. Inevitablemente, desde entonces, mi memoria asoció el disco a la derrota del comunismo, aunque también de cualquier proyecto lo suficientemente totalitario como para levantar muros entre las personas. La imagen del dictador fascista de la película homónima, con sus símbolos de poder y dominación, contribuye a consolidar la idea. Que el mismísimo año 90 estuviera llegando a su fin nuestra propia experiencia autoritaria iba en la misma línea evocativa. Aunque probablemente se trate del tema central, el trauma de Roger Waters con la guerra fue siempre una consideración menor en mi interpretación subjetiva. 22 años después sigue habiendo espacio para interpretaciones subjetivas.

Nuestras referencias culturales se van modificando y los sentidos del receptor ven la misma obra con otros ojos y oídos. Hagamos el ejercicio: ¿Qué resonancia tiene The Wall hoy en Chile?

La primera parece obvia y acaba de ser refrendada por Waters: “habría que sustituir la palabra muro por barrera”. Los muros de hoy -salvo la vergüenza que sigue en pié en Gaza- no se levantan con ladrillos ni bloques de concreto. Se trata -en contextos democráticos o semidemocráticos- de barreras más sutiles pero no menos dañinas para la libertad y la igualdad de las personas, las fronteras donde comienzan la discriminación, la segregación y la exclusión sistemática. El grito de The Wall es el llamado a la rebelión frente a todas las estructuras verticales que de algún modo reproducen relaciones de superioridad, dependencia y alienación. De más está decirlo, coincidente con el momento político y social que estamos viviendo los chilenos; desde el retorno de la democracia, nunca antes las instituciones -del Gobierno a la Iglesia, de las empresas a los sindicatos, de la prensa a los militares- habían estado sumidas en el estado de desprestigio y desconfianza que hoy generan. Y aunque están naciendo ciertas expresiones colectivas -difícil de precisar si son políticas o ciudadanas si acaso existe alguna diferencia- que son vistas con esperanza como antídotos en favor de la horizontalidad y la participación, no sería sorpresivo que en ellas también se desplegaran otras tantas barreras de intolerancia. Como sea, la obsesión antibélica de The Wall contiene el germen de encabronamiento más visceral contra toda clase de autoritarismo. Estaremos de acuerdo en que ésa es una bandera que no tiene fecha de vencimiento histórico.

Una segunda lectura nos obliga a reflexionar sobre el potentísimo mensaje contra el sistema educacional. Algo de eso ha anticipado Roger Waters acercándose a Chile, seguramente informado del estado del arte criollo. En ese contexto resulta casi natural vincular la demanda por una mejor educación con los motivos de la obra maestra de Pink Floyd. Sin embargo, hay matices. Los niños triturados por el amargado profesor de The Wall no cargan con petitorios omnicomprensivos. Básicamente quieren ser dejados en pazhey, teacher: leave them kids alone. La crítica de Waters en este punto está bastante alineada con la reflexión del párrafo anterior: el enemigo es la autoridad desplegada con sus peores sombras. La autoridad que uniforma, la autoridad que humilla, la autoridad que controla. Hago énfasis en el sentido crudo del manifiesto para recordar que nuestro movimiento estudiantil no jugó -casi- ningún papel en una de las discusiones más fundamentales: la forma en la cual estamos educando a las nuevas generaciones. Los álgidos debates sobre el lucro o la gratuidad fueron importantes y necesarios, pero es altamente probable que las reformas en estos terrenos no impliquen ningún cambio de paradigma, práctica o visión acerca de las pobres relaciones profesor-alumno, las lógicas de instrucción escolástica, la disciplina castrense y la incapacidad de dotar a los estudiantes de herramientas que superen las meras necesidades de la vida laboral. The Wall, aquí, es un canto a la autonomía individual, la autenticidad y los colores de la diversidad. Es el rechazo absoluto a ser devorado por la máquina, la tiranía de las constumbres o la hegemonía de la opinión pública. Es la resistencia a convertirse en another brick in the wall.

Link: http://www.futuro.cl/minisitios/rogerwaters_vivo/index.html

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Una respuesta to “LOS MUROS DE CHILE”

  1. @malditosudaca Says:

    PINK FLOYD NO CELEBRÓ NADA EN 1990, SOLO FUÉ ROGER WATERS.

    SALUDOS

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