Un Chile plenamente justo jamás será un Chile solidario

por Angello Giorgio, Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Adolfo Ibáñez (@AngelloGiorgio)

Depende mucho de cuáles son nuestras aristas políticas para saber si, a grandes rasgos, valoramos la “justicia” por sobre la “solidaridad” o viceversa. Y no es menor, pues hoy en día – en tiempos de discordias, marchas, y movilizaciones sociales -, es imposible que entendamos las problemáticas país como consecuencias de la falta de justicia y solidaridad, ambas a la vez y trabajando a la par. Más acotado aún: si creemos fielmente en la “justicia” como principal eje y motor de nuestras intenciones políticas, es dudoso poder creer al mismo tiempo en la “solidaridad” como algo que se le homologue en prioridad.

Cuando los estudiantes – nosotros, futuros ciudadanos – marchamos durante un año completo, gritando a toda voz lo desiguales que son las condiciones en nuestro país para acceder, pagar, y terminar los estudios en educación superior, lo hacemos pues sabemos, y evidenciamos día a día, que si la proveniencia de un niño es de una familia de altos ingresos, tenemos motivos suficientes para asegurarnos de que la educación que recibirá aquél, será de calidad, o al menos mucho mejor que una municipal.

Ninguno de nosotros tiene culpa ni mérito en haber nacido donde nació. Nuestra cuna lamentablemente determina nuestro futuro: nefasta condición que deja a muchos chilenos muy lejos de cumplir sus autónomas metas de vida.

Debemos empezar por igualar la cancha, “dejarla pareja”. El estado debe garantizar las condiciones para que todo Chileno, esforzándose lo suficiente, tenga autonomía de decisión, y pueda cumplir su plan de vida tal cual lo desea. En un comienzo, al menos, el foco debe estar puesto en ámbitos tan decidores y trascendentales como lo son la educación y la salud, pues es en ellos, en donde la desigualdad de oportunidades para acceder, y permanecer, puede tener consecuencias tan tremendas que jamás se podrán revertir.

Si compro un reloj averiado, no importa, es tan sólo un reloj: puedo devolverlo, botarlo, o comprar otro el próximo mes.

Si mi educación, salud, y entorno en los que crecí, fueron malos, definitivamente no es mucho lo puedo hacer para revertir mis condiciones. Estos aspectos, ente otros, no son como un reloj desechable: pues son para toda la vida.

Independiente del modelo político/educacional que propongamos luego de haber hecho este análisis – punto en el que hay disidencias – el fin que se debe buscar es equilibrar definitivamente esa diferencia de cuna, de “estrato social”, de lugar aleatorio de nacimiento, que no manejamos, no decidimos ni elegimos; aquella diferencia que depende únicamente de la “suerte natal”, y que decanta en las más atroces diferencias de oportunidades.

LA “SOLIDARIDAD” SÓLO SURGE CUANDO LAS SOCIEDADES SON INJUSTAS.

¿Por qué debiesen existir agrupaciones tales como “Un Techo Para Chile” o “Desafío Levantemos Chile” – indiscutiblemente nobles organizaciones – si pensamos hipotéticamente en contar con un Gobierno, respaldado por un sólido “Plan de Gobierno”, que garantice viviendas, salud de calidad, y educación de nivel aceptable, a todo chileno?

La solidaridad es una consecuencia de la injusticia: si no existiesen campamentos, nadie sentiría la corazonada de “asistir” y “ayudar” en la construcción de nuevas “media aguas”.

Si los colegios se preocupasen verdaderamente de otorgar educación cívica, sexual, académica, entre otras: ninguna organización tendría que “intervenir” en duras poblaciones para fomentar buenos hábitos de alimentación, conciencia sobre el uso de drogas, rehabilitación, etc.

De momento en que un Chileno cualquiera necesita de otro, recurriendo a su “solidaridad” para poder posicionarse un paso más cerca de su plan de vida (el cual todos queremos cumplir), estamos intrínsecamente reconociendo que hay un “Estado” detrás, un “Gobierno”, que no está cumpliendo con sus deberes inexorables de gestión, ni tampoco con otorgar las herramientas básicas de competencia justa, aquellas que, (sin importar de dónde vengas, quienes son tus padres, tu color de pelo, tu color de ojos, el barrio en dónde vives, tu apellido, o tu ascendencia), tomándolas adecuadamente, y con el esfuerzo necesario, puedas cumplir tu plan de vida satisfactoriamente. Es a ese Chile al que debemos apuntar: a un Chile JUSTO, que no mire de dónde vienes para poder decirte qué tan lejos llegarás.

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4 comentarios to “Un Chile plenamente justo jamás será un Chile solidario”

  1. claudio contreras Says:

    Lo doy por leído. También pensé algo parecido pero con más sentido misional. Pero debo señalar que el problema base, en Chile, era la aguda falta de capital. El Reyno más pobre de Indias, siempre padeció el problema. Por crudo que parezca o sea disonante, superar tal condición exigió enormes sacrificios de toda la población. Las crisis económicas por cierto no ayudaron. Esta historia es poco épica pero real. De forma que si hoy el Estado maneja recursos, las demandas aún exceden a lo disponible. Es parte de nuestra realidad. Bien por tus ideales. Pero como dices y comparto, el salto es educación, capacitación, disciplina y otros. Y educación parte desde los primeros años. Si allí no hay reforma nada se podrá hacer luego. Espero que este pensamiento, no adhiera a los objetivos revolucionarios de la Confech. Ojalá.

  2. Constanza Uribe Rozic Says:

    Nada nuevo lo que dices, definitivamente la solidaridad nace en reacción a dificultades que presenta el ser humano por parte de quienes han tenido un camino mas fácil e incluso a veces por quienes llevan una vida igualmente dificultosa, efectivamente, como mimbro de una institución intermedia que “le hace la pega al gobierno”, estamos de acuerdo, se necesitan políticas públicas trascendentales que ataquen los problemas de raíz y que así no tengan que nacer un sin fin de instituciones y fundaciones para “parchar” o acotar esta diferencia entre lo que se hace y lo que realmente percibe la sociedad.

    Cabe la duda si estaremos siendo sabios en la toma de decisiones, si habrá personas tales en el poder, en la cabeza de nuestro sistema con una sabiduría tal que lleve a las mejores opciones, un camino más virtuoso, sin vicios, es decir un sistema justo.

  3. Francisco Avilés (@franjaviles) Says:

    Somos un país con intelecto naciente, me refiero a un desborde no controlado de cabezas críticas pensantes, creo que habemos muchos ocupando las mismas palabras y buscando la mejor ironía para definir a un gobierno.
    Son muchos tambien los descontrolados reaccionarios al gobierno derechista, que no soportan la idea de que sean gobierno, y que posicionaron a la “protesta” como el medio más romantico de reacción. Personalmente más que arrojar una piedra prefiero tirar un libro de ética en la conciencia a muchas personas, que harta falta que les hace. Un sistema político de raiz nunca es malo, el problemas son las mismas personas que lo aplican saben como abusar del mismo, atropellando sueños, familias y emociones.
    Ahora esta muy de moda la Izquierda, especialmente decir: “soy de la izquierda independiente”… Tuvimos a la izquierda 20 años, tiempo prudente creo yo para generar políticas sociales y democráticas efectivas en un país.
    En resumen abramos los ojos busquemos soluciones en vez de cegarnos, creemos caminos en vez de incendiarlos, la única manera de ganar es la razón no la fuerza.

  4. Francisco Guerrero C. Says:

    Muy buenas tus palabras, pero muy repetidas. En 1968 aprox. estuve en la toma de la U. de Chile y ya se decía lo mismo. El problema es “como hacerlo” el resto casi resulta hueco, si no hay un “como” realista y concreto estamos hablando con palabras vacías y todas las movilizaciones no serán más que un saludo a la bandera o una ruta a la nada.
    Salvador Allende dijo en Cuba en un discurso junto a F. Castro “la principal responsabilidad de los estudiantes es estudiar” , y la de los trabajadores, intelectuales, científicos, políticos, etc. es hacer su pega. Hoy no se hace, especialmente no la hacen los políticos.
    Saludos
    Fco. Guerrero C.

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