SANTIAGUISMO

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el lunes 28 de mayo de 2012)

Los días de Santiasco llegaron a su fin. La era del Santiaguismo ha comenzado. Durante mucho tiempo estuvo de moda denostar la capital. Básicamente por ser fea, sucia y aburrida. Nada que ver con Buenos Aires, se decía, o con las espléndidas metrópolis del primer mundo. Sin embargo el péndulo ha oscilado. Hoy la tendencia es revalorizar Santiago. Las oportunidades que abre, la cultura que ofrece, las interacciones que genera, los espacios que brinda, la experiencia urbana que promete.

Personas y organizaciones promueven el redescubrimiento de la ciudad más importante de Chile con dos objetivos. Uno es descriptivo: nos llaman a reconocer que Santiago realmente es un buen lugar para vivir. Nos recuerdan sus eventos, nos recomiendan sus rincones, nos piden una mirada distinta a lo cotidiano. Pero el otro objetivo es normativo: nos exigen un nuevo trato con la ciudad, lo que implica cambios de mentalidad y comportamiento. Nos convencen que la única forma de tener un Santiago orgulloso es con citadinos responsables y comprometidos. Porque en palabra de Edward Glaesser, “la ciudad verdadera está hecha de carne y no de hormigón”.

Llama la atención que desde el retorno de la democracia no exista político ni sector que se haya apropiado en forma consistente de la idea misma de ciudad. Razones para explicar esta carencia hay varias: porque prefieren resaltar las tradiciones de la chilenidad asociadas al campo; o para evitar la acusación de centralismo inherente a la preocupación metropolitana; o sencillamente porque no vieron nada particularmente destacable de una forma de vida –la ciudad del consumo y el progreso- que consideran deshumanizante. Así como sabemos que Horvath es el “eco-senador”, que Girardi se preocupa de la salud de los chilenos y que Harboe combate los abusos al consumidor, no tenemos un vocero político con peso específico en las complejidades del desarrollo urbano –lo más similar que tenemos es el arquitecto PPD Patricio Hales.

¿Qué elementos esenciales debiera contener esta narrativa política urbana? Debe partir de la base que vivir en ciudades es deseable y tener muy claro por qué. Las grandes ciudades –vuelvo a Glaesser- son lugares más verdes, sanos y ricos que sus alternativas rurales. Así ha demostrado funcionar alrededor del mundo cuando su crecimiento es inteligente. Esto implica hacerse cargo de ciertas ortodoxias: la política de laissez faire urbano es nefasta porque no reparte los costos ni las externalidades en forma justa, así como el integrismo conservacionista que se opone a la densificación es torpe porque encarece el terreno y aleja a los ciudadanos unos de otros.

Esta suerte de reinvención ideológica en torno a la ciudad fue lo que los británicos bautizaron como “Londonismo”. Dos alcaldes de distinto signo (el laborista Ken Livingstone y el conservador Boris Johnson) han sido reconocidos protagonistas del renacer de Londres en la última década. Su filosofía ha combinado un decidido multiculturalismo pro inmigración –lo que ha generado ruido en la derecha -con un fuerte impulso al emprendimiento, innovación en los negocios y libre movimiento de capitales- lo que ha incomodado a parte de la izquierda.

La pregunta es si acaso las recientes controversias sobre planificación urbana y la necesidad de una autoridad metropolitana –a partir de la aprobación de proyectos de alto impacto vial que revelan carencias institucionales, negligencias políticas y nula participación ciudadana- son suficientes para instalar un debate similar en Santiago de Chile. La interrogante específica es si el Santiaguismo, como idea emotiva y propuesta urbano-política, podría desplegarse con alas propias en nombre de la calidad de vida de los más de 7 millones de almas que pueblan esta gigantesca y espeluznante ciudad.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/05/28/santiaguismo/

Una respuesta to “SANTIAGUISMO”

  1. Carlos Bohle Says:

    Acertada columna, aún considerándome un acérrimo regionalista. Desde esa vereda diré que lo de Santiago es lo más visible, pero si metemos a la ensalada el Mall de Castro y todas las preocupaciones patrimoniales en torno a la reconstrucción, estos últimos dos años han marcado el desembarco del “urbanismo”. Probablemente esa falta del tema de discusión sobre la planificación urbana más allá de la comuna (algo en lo que Concepción y Valparaíso también deberían ser parte) obedecen a la falta de un responsable: no hay autoridad encargada de una ciudad, siendo demasiado grande para los alcaldes y demasiado chica para un ministerio o incluso un intendente, quienes en consecuencia no cuentan con las atribuciones necesarias para actuar.

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