Cristóbal Bellolio y su apuesta por una nueva Constitución: “Vamos a fumar opio, pero tomemos los resguardos porque hay buenas voladas y malas voladas”

por Bastián Fernández, publicada en El Mostrador el 10 de junio de 2013.

El columnista, profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y miembro de Red Liberal, está a favor de realizar un cambio constitucional, pero generando las condiciones que le otorguen legitimidad al proceso. Además, cree que es necesario que haya un recambio en la política para poder discutir de estos temas sin los traumas del pasado.

“La discusión todavía es si se cambia o no la Constitución. En esa discusión yo me declaro más cercano a la tesis de los fumadores de opio. Creo que es bueno que Chile tenga un momento constitucional que entregue una herramienta distinta a la que hoy tenemos. Que las reglas que organicen el poder político y que lo limiten, sean reglas que nos demos los gobernados en forma limpia, democrática y más consensuada posible. Simpatizo con esa tesis”, dice Bellolio.

-¿Cuál es la estrategia a seguir para cambiar la Constitución?

-Fernando Atria en Tolerancia Cero se despachó una buena frase que era algo así como “yo en la estrategia política me declaro incompetente”. Me parece una declaración de honestidad brutal. Yo no cuestiono la técnica jurídica propuesta por la comisión donde participa Atria. Pero me parece complejo que se comience un proceso tan importante con una oposición declarada sin haber sido capaces de comprender el origen del miedo. En este tipo de materias, que son delicadas, creo que no basta con ganar 1-0 con gol de rodilla en los descuentos. Este es de los tipos de problemas que no se resuelven así. Es un problema que requiere una victoria holgada, con propiedad, ganar por 3-0, para que la solución sea sustentable. Por lo delicado del tema, necesitamos un acuerdo más amplio.

-¿Y cuáles son los pasos para llegar a ese acuerdo?

-En democracia no todas las cosas son de la noche a la mañana. Hoy día hay una especie de revival de algunos grupos por la idea de no transar y conseguir las victorias de la manera que se pueda. Este es el tipo de materias que requiere que “juntemos más agua en la piscina”. La estrategia política para abordar este problema sería una que fuera capaz de persuadir, con lo trabajoso que puede ser y la paciencia que se necesita, para crear ambientes de mayor confianza entre los sectores políticos a fin de avanzar hacia el cambio de Constitución. La generación que ostenta el poder en Chile es la misma que lo hace desde hace cuarenta años y es hostil un bando a otro porque se criaron en un ambiente de hostilidad. La generación de Longueira y Allamand consideran que cambiar la Constitución es un riesgo que produce pavor. Mi generación no considera que este sea un riesgo que produce pavor. Porque el diálogo político que tenemos con los que pensamos distinto es un diálogo que se da en condiciones de mayor confianza que el de ellos.

-Pero esa generación va a permanecer en el poder por algunos periodos más.

-Yo estaría dispuesto a esperar los suficientes años para que se jubile. Mi visión estratégica sería estar dispuesto a seguir invirtiendo para que esta piscina tenga más agua. Todo con el objetivo de tener un proyecto sustentable para que las reglas del juego sean escritas por los que van de entrada y no los que van de salida. Además, uno de los vicios de la actual Constitución es que fue originalmente escrita por un sector para que funcionara como arma contra el otro. Y la gracia de las Constituciones es que tienen que ser el punto de acuerdo entre los sectores y no el arma de uno contra otro. No cometamos el error: que por actuar atolondradamente parte importante de los chilenos considere que esto también es un arma contra ellos. La iniciativa misma requiere un acuerdo más denso, de más consenso. Esto por la naturaleza del tema, ya que es delicado y muy importante. De lo contrario te puedes ganar un Henrique Capriles, un tipo que te esté recordando constantemente que tu gobierno es ilegítimo, en este caso sería la herramienta propuesta la ilegítima.

En tiempo de elecciones los candidatos se pronuncian y toman posturas respecto del cambio de Constitución. Para tu estrategia habría que esperar que pasen las elecciones, ¿no?

-Sin duda. No nos olvidemos que estas discusiones generalmente tienden a estar en la tabla del descenso en la lista de prioridades de los chilenos. Y en eso la UDI, nos guste o no, tiene razón. Hay ciertas discusiones que requieren un grado de socialización mayor. Y la gracia de iniciativas como Marca tu Voto es que tiene por objetivo poner el tema en la agenda. Finalmente esto ayuda a juntar agua en la piscina.

-¿Qué te parece la iniciativa para realizar un plebiscito para una nueva Constitución que lanzaron 161 personalidades el martes pasado?

-La herramienta plebiscitaria no me complica, es perfectamente legítima. El problema es que también se puede perder 51 a 49 y no sé cuantas opciones más vamos a tener para hacer esto. El desafío es crear ambientes contenedores y minimizar los riesgos para que todas las partes involucradas se sientan en igualdad de derechos para competir. Y esa discusión requiere mas socialización, pero una vez que tengamos las condiciones para generar ese proceso, vamos. No tengo ningún miedo.

-¿Cuál es el procedimiento que debiera seguirse para cambiar la Constitución?¿Asamblea constituyente?

-Sí, vamos a fumar opio, pero tomemos los resguardos porque hay buenas voladas y malas voladas. El problema es que por la urgencia electoral y la fetichización del debate caigamos en un proyecto imprudente desde el punto de vista político. A veces hay que preparar el camino para que ciertas experiencias tengan el efecto deseado. El mejor procedimiento, concuerdo con Atria, es la asamblea constituyente. No hay un procedimiento más legítimo que ese. Entendiendo que eso significa que los distintos sectores políticos podrán proponer al pueblo delegados, los que una vez electos participan de la deliberación y posterior redacción de un texto que después se plebiscita. Es decir, hay un ámbito procedimental que es delicado y que tiene que darles a todos garantías de participación. Aún no está claro cómo va a ser el procedimiento.

-¿Cómo sería el mecanismo de elección de delegados para que haya representación de los distintos sectores? 

-No está claro. Una alternativa sería pseudo-corporativista: cada sector tendría sus representantes: empresarios, sindicatos, mujeres, jóvenes, trabajadores, entre otros. A mí no me seduce esa alternativa. La otra es que sea a través de los oferentes políticos que suelen ser los partidos. Prefiero esa vía, pero para eso los partidos deben estar legitimados y tener resonancia en la base. Los partidos actuales no la tienen. Prefiero que se reconfigure el mapa político para que los que participen en la asamblea estén más legitimados que los actuales. Si esto lo maneja la UDI a través de Jovino Novoa y el PS a través de Osvaldo Andrade, esa asamblea no me convoca. Es por eso que es importante que las reglas las construyan los que van de entrada y no los que van de salida. La otra cuestión importante es que no se pueden predeterminar los resultado si aun no hemos entrado a la cancha. Es importante tener un procedimiento que no predetermine resultados.

-En la derecha hay una fuerte resistencia a cambiar la Constitución, incluso a debatir sobre este tema 

– Uno escucha a Melero decir que la propuesta de Atria es prepotencia jurídica y política. A Longueira decir que esto va a dar un escenario de incertidumbre indeseable. Y a Allamand hablar de fraude. Bueno, uno no se puede hacer el tonto: hay un sector importante de la población, representado por esos líderes y partidos políticos que no quieren hablar del tema porque les provoca un miedo con el que hay que ser capaz de empatizar. Es importante que la derecha participe y no se reste del proceso. Que la idea misma de avanzar hacia una Constitución más legitima -y no sólo post hechos consumados- tenga el apoyo de parte importante de ese sector es clave. No espero que todos los actores políticos crean en la idea -siempre habrá resistencia-, pero sí que haya un acuerdo entre los sectores políticos más importantes para avanzar hacia esto.

-¿Qué otros aspectos sería importante resguardar en una nueva Constitución?

-Para Red Liberal es muy importante ver cómo las libertades individuales, que para nosotros son básicas, pueden ser resguardadas en un procedimiento en donde la mayoría podría querer eventualmente arrasar con alguna de ellas. Si nos preguntan a nosotros nos inclinamos por la versión minimalista que la literatura anglosajona llama Carta de Derechos. Desde una perspectiva liberal, más que preocupado de una nueva Constitución, quiero una Carta de Derechos. Una Constitución, más que una declaración lírica y romántica del espíritu colectivo de un país, es una carta de derechos que establece cuáles son los límites del poder para no afectar ciertas libertades individuales de las personas. Para mí la Constitución no tiene que fijar cuál es el sentido comunitario de un país, si no cuáles son los límites del poder, cómo se organiza y sobre todo dar garantías al individuo de que sus libertades esenciales van a ser respetadas.

-¿Cómo debiera ser el equilibrio de los poderes en una nueva Constitución?

-Una tendencia del pensamiento liberal es a atenuar el poder presidencial, por lo tanto redistribuir el poder es uno de los objetivos. Cuando el poder económico y político está concentrado el riesgo de abuso es mayor. Lo importante es que redistribuyamos el poder de tal manera que las personas queden a salvo. Que haya los suficientes pesos y contrapesos para que nadie se vea afectado en sus derechos esenciales. Me gusta la idea de un parlamento de 150 diputados y 50 senadores y que esté conformado de una manera mixta, con elementos mayoritarios y proporcionales. Por ejemplo, cien distritos uninominales, donde el que saca más votos gana y el resto a repartir en un sistema compensatorio proporcional para que los partidos más chicos puedan tener expresión parlamentaria. También pensaría seriamente en transferir más competencias a las regiones ya que la descentralización es parte de redistribución del poder.

-¿Qué piensas de temas como el derecho a la salud, educación y propiedad?

-Pueden estar en la carta fundamental como derechos individuales. Así podrías obligar al Estado a desarrollar ciertas acciones para resguardar ciertos derechos. En esto cabe salud y educación, entre otros. El derecho a la propiedad debe estar resguardado y asegurado. Eso no implica que haya situaciones en las cuales, desde la visión política, uno crea que la justicia demanda redistribuir el ingreso bajo la premisa de talentos individuales pero parte de los frutos comunes. Hay una dimensión común de los frutos del trabajo y esa normalmente se expresa a través de una redistribución del ingreso por parte del Estado y a través de la generación de igualdad de oportunidades. Sacaría de cuajo eso de que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y otras expresiones similares. Básicamente porque tiene que ver con una declaración dogmática de de lo que Guzmán creía y de su cosmovisión metafísica de la sociedad. Yo no quiero ni la cosmovisión de Guzmán pero tampoco la de un neo marxista que me diga como deben vivir las personas en sociedad.

-El equipo de Constitución de Michelle Bachelet va a entregar próximamente sus propuestas. Si opta por un solo camino, por ejemplo, asamblea constituyente, ¿crees que sería un error? 

-¿Quién es Bachelet, políticamente hablando? Yo no tengo una idea certera de quién es políticamente. Desde que llegó ha hecho varias declaraciones escuetas, pero con carga simbólica relevante. Pareciera que cada vez que dice una cosa se contradice con la anterior, por ejemplo respecto de la gratuidad en la educación y respecto de la constitución. Mi impresión es que Bachelet no es una compositora, si no que una intérprete de los tiempos. Ella no va a fijar el rumbo para que la embarcación avance en un determinado sentido. Ella básicamente huele lo que está pasando y es muy hábil al interpretarlo. Va a ir tanteando terreno dependiendo de lo que pase en los próximos meses. Ella es una navegante y entiende que gobernar es navegar.

-Pero puede proponer la asamblea constituyente como una promesa de campaña para atraer a los votantes más de izquierda. 

-A ella no le conviene que se generen tantas  expectativas sobre su gobierno. Este fue uno de los problemas del gobierno de Piñera: haber levantado más expectativas de las que aconsejables, lo que es parte de un exitismo imprudente. No estoy seguro de que Bachelet esté convencida que tiene que dedicar sus cuatro años a una asamblea constituyente sí o sí. Cuando realmente termine este ciclo político, ahí sí, las nuevas generaciones harán las reglas del juego. Si Bachelet gana se extiende el ciclo histórico de los que han gobernado desde el 88 hasta la fecha, marcados por el plebiscito de ese año. Nada nuevo bajo el sol.

-¿Compartes la tesis de Fernando Atria de que es el momento para cambiar la Constitución, ya que de lo contrario esto sucederá de todas maneras y sin control?

-Es complejo que sin haber terminado el ciclo político estemos apostando a cambiar las reglas con los mismos actores. En eso discrepo de Atria. El dice: “Lo hacemos ahora o después la sangre llega al río”. Yo prefiero llenar de agua la piscina para que el acuerdo sea sustentable y que tenga legitimidad. Que los nuevos movimientos, desde la izquierda a la derecha, sean los que estén participando de una discusión sin que sus traumas históricos sean los que limiten la discusión. Si vamos a matar el legado de Jaime Guzmán que sea sin Guzmán hablando a través de su intermediario. La única oportunidad para hacer eso es con una generación distinta.

Link: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2013/06/10/vamos-a-fumar-opio-pero-tomemos-los-resguardos-porque-hay-buenas-voladas-y-malas-voladas/

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