Archive for 14 junio 2013

UNO A UNO DEL CHOQUE ALLAMAND – LONGUEIRA

junio 14, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de junio de 2013)

Pablo Longueira: durante todo el debate el candidato de la UDI se esmeró en recordarnos que gracias a su trabajo la derecha tiene un perfil popular conectado con los sectores más pobres de Chile y su clase media. En la discusión política no se comprometió con ninguna profundización democrática y esquivó olímpicamente cualquier condena a la dictadura de Pinochet. En los llamados asuntos valóricos dejó meridianamente claro que con él en La Moneda no tendremos matrimonio igualitario –ni siquiera fue entusiasta respecto del Acuerdo de Vida en Pareja- ni mucho menos despenalización del aborto. En materia económica defendió con dientes y muelas las bondades del modelo. Longueira sostuvo que prácticamente todos los males de la economía “social” de mercado se deben a defectos de competencia. En otras palabras, que el modelo se mejora con más y no menos mercado. Por nada del mundo tocaría la libertad de enseñanza de los establecimientos y la libertad de los padres de escoger la educación de sus hijos. En resumen, un neoconservador clásico. Fue más vivo que Allamand al compararse con el Presidente Piñera al ser interrogado por el historial de diferencias que arrastra con su adversario. Sacó a relucir un recurso “orreguistico” al abogar por el derecho de los intolerantes a ser tolerados. Y cerró con una buena cuña reclamando para sí el título putativo de “presidente del empleo” en caso de ser elegido.

Andrés Allamand: trató de coquetear con el centro político pero la invitación fue deficiente. No basta con asustar a los chilenos moderados con el fantasma del PC y el matrimonio homosexual para que corran a los brazos de la Alianza. Sus diferencias programáticas con Longueira fueron marginales. Defendió con la misma fuerza el modelo educacional chileno basado en la libertad y negó que produjera segregación. Recordó su importante rol articulador en la transición pero no se atrevió a pronunciar la palabra dictadura. Jugó con guante blanco cuando le preguntaron por el apoyo del difunto Golborne a su contrincante. Trató de explicar una fórmula alternativa al sistema binominal pero no se comprometió a nada. Una tibia crítica esbozó para ciertas prácticas del sistema previsional y de isapres (tanto él como Longueira cuestionaron la lógica de las preexistencias) y en general se mostró entusiasta de las bondades del mercado. Se le vio más armado que su rival. Sabía exactamente qué responder cuando la pregunta no terminaba de salir de la boca de sus interrogadores. Se le nota demasiado que se ha preparado toda una vida para este momento y no dejó pasar la oportunidad para remarcar su precocidad política en su intervención final.

Los entrevistadores: Mónica Rincón y Ramón Ulloa tenían la vara alta por la performance de sus colegas el lunes pasado. Y no pudieron superarlos. El mejor momento lo consiguió la periodista de CNN cuando comparó la negativa de los comunistas de condenar las violaciones a los DDHH en Cuba con la indulgencia de la UDI con el régimen de Pinochet, lo que descolocó a Longueira. Se pusieron demasiado retro en todo caso cuestionando si acaso haber votado “Sí” hace 25 años los inhabilitaba para aspirar a la mayoría. Y se perdió una pregunta cuando le dieron el pase al caballero que preguntó por el deporte, dejando literalmente la pelota dando bote en el área a los candidatos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-06-14&PaginaId=29&bodyid=0

Cristóbal Bellolio y su apuesta por una nueva Constitución: “Vamos a fumar opio, pero tomemos los resguardos porque hay buenas voladas y malas voladas”

junio 13, 2013

por Bastián Fernández, publicada en El Mostrador el 10 de junio de 2013.

El columnista, profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y miembro de Red Liberal, está a favor de realizar un cambio constitucional, pero generando las condiciones que le otorguen legitimidad al proceso. Además, cree que es necesario que haya un recambio en la política para poder discutir de estos temas sin los traumas del pasado.

“La discusión todavía es si se cambia o no la Constitución. En esa discusión yo me declaro más cercano a la tesis de los fumadores de opio. Creo que es bueno que Chile tenga un momento constitucional que entregue una herramienta distinta a la que hoy tenemos. Que las reglas que organicen el poder político y que lo limiten, sean reglas que nos demos los gobernados en forma limpia, democrática y más consensuada posible. Simpatizo con esa tesis”, dice Bellolio.

-¿Cuál es la estrategia a seguir para cambiar la Constitución?

-Fernando Atria en Tolerancia Cero se despachó una buena frase que era algo así como “yo en la estrategia política me declaro incompetente”. Me parece una declaración de honestidad brutal. Yo no cuestiono la técnica jurídica propuesta por la comisión donde participa Atria. Pero me parece complejo que se comience un proceso tan importante con una oposición declarada sin haber sido capaces de comprender el origen del miedo. En este tipo de materias, que son delicadas, creo que no basta con ganar 1-0 con gol de rodilla en los descuentos. Este es de los tipos de problemas que no se resuelven así. Es un problema que requiere una victoria holgada, con propiedad, ganar por 3-0, para que la solución sea sustentable. Por lo delicado del tema, necesitamos un acuerdo más amplio.

-¿Y cuáles son los pasos para llegar a ese acuerdo?

-En democracia no todas las cosas son de la noche a la mañana. Hoy día hay una especie de revival de algunos grupos por la idea de no transar y conseguir las victorias de la manera que se pueda. Este es el tipo de materias que requiere que “juntemos más agua en la piscina”. La estrategia política para abordar este problema sería una que fuera capaz de persuadir, con lo trabajoso que puede ser y la paciencia que se necesita, para crear ambientes de mayor confianza entre los sectores políticos a fin de avanzar hacia el cambio de Constitución. La generación que ostenta el poder en Chile es la misma que lo hace desde hace cuarenta años y es hostil un bando a otro porque se criaron en un ambiente de hostilidad. La generación de Longueira y Allamand consideran que cambiar la Constitución es un riesgo que produce pavor. Mi generación no considera que este sea un riesgo que produce pavor. Porque el diálogo político que tenemos con los que pensamos distinto es un diálogo que se da en condiciones de mayor confianza que el de ellos.

-Pero esa generación va a permanecer en el poder por algunos periodos más.

-Yo estaría dispuesto a esperar los suficientes años para que se jubile. Mi visión estratégica sería estar dispuesto a seguir invirtiendo para que esta piscina tenga más agua. Todo con el objetivo de tener un proyecto sustentable para que las reglas del juego sean escritas por los que van de entrada y no los que van de salida. Además, uno de los vicios de la actual Constitución es que fue originalmente escrita por un sector para que funcionara como arma contra el otro. Y la gracia de las Constituciones es que tienen que ser el punto de acuerdo entre los sectores y no el arma de uno contra otro. No cometamos el error: que por actuar atolondradamente parte importante de los chilenos considere que esto también es un arma contra ellos. La iniciativa misma requiere un acuerdo más denso, de más consenso. Esto por la naturaleza del tema, ya que es delicado y muy importante. De lo contrario te puedes ganar un Henrique Capriles, un tipo que te esté recordando constantemente que tu gobierno es ilegítimo, en este caso sería la herramienta propuesta la ilegítima.

En tiempo de elecciones los candidatos se pronuncian y toman posturas respecto del cambio de Constitución. Para tu estrategia habría que esperar que pasen las elecciones, ¿no?

-Sin duda. No nos olvidemos que estas discusiones generalmente tienden a estar en la tabla del descenso en la lista de prioridades de los chilenos. Y en eso la UDI, nos guste o no, tiene razón. Hay ciertas discusiones que requieren un grado de socialización mayor. Y la gracia de iniciativas como Marca tu Voto es que tiene por objetivo poner el tema en la agenda. Finalmente esto ayuda a juntar agua en la piscina.

-¿Qué te parece la iniciativa para realizar un plebiscito para una nueva Constitución que lanzaron 161 personalidades el martes pasado?

-La herramienta plebiscitaria no me complica, es perfectamente legítima. El problema es que también se puede perder 51 a 49 y no sé cuantas opciones más vamos a tener para hacer esto. El desafío es crear ambientes contenedores y minimizar los riesgos para que todas las partes involucradas se sientan en igualdad de derechos para competir. Y esa discusión requiere mas socialización, pero una vez que tengamos las condiciones para generar ese proceso, vamos. No tengo ningún miedo.

-¿Cuál es el procedimiento que debiera seguirse para cambiar la Constitución?¿Asamblea constituyente?

-Sí, vamos a fumar opio, pero tomemos los resguardos porque hay buenas voladas y malas voladas. El problema es que por la urgencia electoral y la fetichización del debate caigamos en un proyecto imprudente desde el punto de vista político. A veces hay que preparar el camino para que ciertas experiencias tengan el efecto deseado. El mejor procedimiento, concuerdo con Atria, es la asamblea constituyente. No hay un procedimiento más legítimo que ese. Entendiendo que eso significa que los distintos sectores políticos podrán proponer al pueblo delegados, los que una vez electos participan de la deliberación y posterior redacción de un texto que después se plebiscita. Es decir, hay un ámbito procedimental que es delicado y que tiene que darles a todos garantías de participación. Aún no está claro cómo va a ser el procedimiento.

-¿Cómo sería el mecanismo de elección de delegados para que haya representación de los distintos sectores? 

-No está claro. Una alternativa sería pseudo-corporativista: cada sector tendría sus representantes: empresarios, sindicatos, mujeres, jóvenes, trabajadores, entre otros. A mí no me seduce esa alternativa. La otra es que sea a través de los oferentes políticos que suelen ser los partidos. Prefiero esa vía, pero para eso los partidos deben estar legitimados y tener resonancia en la base. Los partidos actuales no la tienen. Prefiero que se reconfigure el mapa político para que los que participen en la asamblea estén más legitimados que los actuales. Si esto lo maneja la UDI a través de Jovino Novoa y el PS a través de Osvaldo Andrade, esa asamblea no me convoca. Es por eso que es importante que las reglas las construyan los que van de entrada y no los que van de salida. La otra cuestión importante es que no se pueden predeterminar los resultado si aun no hemos entrado a la cancha. Es importante tener un procedimiento que no predetermine resultados.

-En la derecha hay una fuerte resistencia a cambiar la Constitución, incluso a debatir sobre este tema 

– Uno escucha a Melero decir que la propuesta de Atria es prepotencia jurídica y política. A Longueira decir que esto va a dar un escenario de incertidumbre indeseable. Y a Allamand hablar de fraude. Bueno, uno no se puede hacer el tonto: hay un sector importante de la población, representado por esos líderes y partidos políticos que no quieren hablar del tema porque les provoca un miedo con el que hay que ser capaz de empatizar. Es importante que la derecha participe y no se reste del proceso. Que la idea misma de avanzar hacia una Constitución más legitima -y no sólo post hechos consumados- tenga el apoyo de parte importante de ese sector es clave. No espero que todos los actores políticos crean en la idea -siempre habrá resistencia-, pero sí que haya un acuerdo entre los sectores políticos más importantes para avanzar hacia esto.

-¿Qué otros aspectos sería importante resguardar en una nueva Constitución?

-Para Red Liberal es muy importante ver cómo las libertades individuales, que para nosotros son básicas, pueden ser resguardadas en un procedimiento en donde la mayoría podría querer eventualmente arrasar con alguna de ellas. Si nos preguntan a nosotros nos inclinamos por la versión minimalista que la literatura anglosajona llama Carta de Derechos. Desde una perspectiva liberal, más que preocupado de una nueva Constitución, quiero una Carta de Derechos. Una Constitución, más que una declaración lírica y romántica del espíritu colectivo de un país, es una carta de derechos que establece cuáles son los límites del poder para no afectar ciertas libertades individuales de las personas. Para mí la Constitución no tiene que fijar cuál es el sentido comunitario de un país, si no cuáles son los límites del poder, cómo se organiza y sobre todo dar garantías al individuo de que sus libertades esenciales van a ser respetadas.

-¿Cómo debiera ser el equilibrio de los poderes en una nueva Constitución?

-Una tendencia del pensamiento liberal es a atenuar el poder presidencial, por lo tanto redistribuir el poder es uno de los objetivos. Cuando el poder económico y político está concentrado el riesgo de abuso es mayor. Lo importante es que redistribuyamos el poder de tal manera que las personas queden a salvo. Que haya los suficientes pesos y contrapesos para que nadie se vea afectado en sus derechos esenciales. Me gusta la idea de un parlamento de 150 diputados y 50 senadores y que esté conformado de una manera mixta, con elementos mayoritarios y proporcionales. Por ejemplo, cien distritos uninominales, donde el que saca más votos gana y el resto a repartir en un sistema compensatorio proporcional para que los partidos más chicos puedan tener expresión parlamentaria. También pensaría seriamente en transferir más competencias a las regiones ya que la descentralización es parte de redistribución del poder.

-¿Qué piensas de temas como el derecho a la salud, educación y propiedad?

-Pueden estar en la carta fundamental como derechos individuales. Así podrías obligar al Estado a desarrollar ciertas acciones para resguardar ciertos derechos. En esto cabe salud y educación, entre otros. El derecho a la propiedad debe estar resguardado y asegurado. Eso no implica que haya situaciones en las cuales, desde la visión política, uno crea que la justicia demanda redistribuir el ingreso bajo la premisa de talentos individuales pero parte de los frutos comunes. Hay una dimensión común de los frutos del trabajo y esa normalmente se expresa a través de una redistribución del ingreso por parte del Estado y a través de la generación de igualdad de oportunidades. Sacaría de cuajo eso de que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y otras expresiones similares. Básicamente porque tiene que ver con una declaración dogmática de de lo que Guzmán creía y de su cosmovisión metafísica de la sociedad. Yo no quiero ni la cosmovisión de Guzmán pero tampoco la de un neo marxista que me diga como deben vivir las personas en sociedad.

-El equipo de Constitución de Michelle Bachelet va a entregar próximamente sus propuestas. Si opta por un solo camino, por ejemplo, asamblea constituyente, ¿crees que sería un error? 

-¿Quién es Bachelet, políticamente hablando? Yo no tengo una idea certera de quién es políticamente. Desde que llegó ha hecho varias declaraciones escuetas, pero con carga simbólica relevante. Pareciera que cada vez que dice una cosa se contradice con la anterior, por ejemplo respecto de la gratuidad en la educación y respecto de la constitución. Mi impresión es que Bachelet no es una compositora, si no que una intérprete de los tiempos. Ella no va a fijar el rumbo para que la embarcación avance en un determinado sentido. Ella básicamente huele lo que está pasando y es muy hábil al interpretarlo. Va a ir tanteando terreno dependiendo de lo que pase en los próximos meses. Ella es una navegante y entiende que gobernar es navegar.

-Pero puede proponer la asamblea constituyente como una promesa de campaña para atraer a los votantes más de izquierda. 

-A ella no le conviene que se generen tantas  expectativas sobre su gobierno. Este fue uno de los problemas del gobierno de Piñera: haber levantado más expectativas de las que aconsejables, lo que es parte de un exitismo imprudente. No estoy seguro de que Bachelet esté convencida que tiene que dedicar sus cuatro años a una asamblea constituyente sí o sí. Cuando realmente termine este ciclo político, ahí sí, las nuevas generaciones harán las reglas del juego. Si Bachelet gana se extiende el ciclo histórico de los que han gobernado desde el 88 hasta la fecha, marcados por el plebiscito de ese año. Nada nuevo bajo el sol.

-¿Compartes la tesis de Fernando Atria de que es el momento para cambiar la Constitución, ya que de lo contrario esto sucederá de todas maneras y sin control?

-Es complejo que sin haber terminado el ciclo político estemos apostando a cambiar las reglas con los mismos actores. En eso discrepo de Atria. El dice: “Lo hacemos ahora o después la sangre llega al río”. Yo prefiero llenar de agua la piscina para que el acuerdo sea sustentable y que tenga legitimidad. Que los nuevos movimientos, desde la izquierda a la derecha, sean los que estén participando de una discusión sin que sus traumas históricos sean los que limiten la discusión. Si vamos a matar el legado de Jaime Guzmán que sea sin Guzmán hablando a través de su intermediario. La única oportunidad para hacer eso es con una generación distinta.

Link: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2013/06/10/vamos-a-fumar-opio-pero-tomemos-los-resguardos-porque-hay-buenas-voladas-y-malas-voladas/

SIGUIENDO EL LIBRETO

junio 12, 2013

por Daniel Brieba (publicada en los blogs de La Tercera el 11 de junio de 2013)

Como en un guión cuidadosamente ensayado, los cuatro candidatos de la Nueva Mayoría se movieron ayer al ritmo de lo dictado en sus respectivos libretos. Y todos ellos parten del mismo supuesto inicial: Michelle Bachelet ganará la primaria del 30 de junio. Por eso, a ella le basta con cuidar esa ventaja (sin dejar heridos en el camino), mientras a los otros tres sólo les queda aumentar un poco su tasa de conocimiento y motivar a sus bases electorales para obtener un porcentaje interesante de votación que los deje bien posicionados para una eventual candidatura en 2018.

Así, José Antonio Gómez – en el papel acaso el candidato más débil – se perfiló con claridad como el candidato a la izquierda de Bachelet que busca obtener el apoyo de aquellos que simpatizan con las consignas de los movimientos sociales, como la Asamblea Constituyente y una definición mucho más expansiva de los derechos sociales que esté inscrita en la misma Constitución. Puesto que no corre el riesgo de ganar, pudo permitirse habitar un mundo donde las restricciones presupuestarias y las decisiones difíciles parecían no existir. Cumplió su rol por la izquierda a cabalidad, pero le faltó confrontar más a los otros candidatos para evitar que todos los momentos medianamente dramáticos del debate le pasaran por el lado.

Por su parte, Claudio Orrego se perfiló claramente como la opción socialcristiana, es decir, progresista en lo económico y conservadora en lo valórico. En esto último se distinguió nítidamente de los otros tres candidatos remarcando claramente su oposición al matrimonio homosexual. Si bien dicha posición fue minoritaria entre los candidatos, no debe olvidarse que los mayores de 40 en Chile son en promedio bastante más conservadores que sus pares más jóvenes, y que son justamente los mayores los que votan mucho más en Chile. Por ello, bien puede redituarle electoralmente. Asimismo, también fue el único candidato en interpelar directa y frontalmente a Allamand y a la UDI, lo cual es pura ganancia dentro de un electorado concertacionista.

Andrés Velasco, en tanto, se siguió posicionando con aplomo como un candidato que apela al centro liberal. Su resistencia a ‘fumar opio’ lo aleja decididamente de los sectores más izquierdistas de la Concertación.  Al contradecir sin complejos las políticas propuestas por su ex jefa – como la gratuidad en educación superior,  la AFP estatal y la Asamblea Constituyente – dio pie para que sectores más de izquierda de la Concertación  (con un espíritu que delata cierta vocación de minoría) se preguntaran en público si Velasco no se habrá equivocado de primaria. Ello es un craso error, ya que Velasco puede captar un electorado moderado y con vocación modernizadora que le dio al triunfo a Piñera en la elección pasada.

Para Michelle Bachelet – que cuenta con una amplia ventaja según las encuestas – su papel consistía en no cometer errores, jugar a la defensiva y, en lo posible, dar pocas definiciones taxativas en temas controvertidos. Es así como no descartó, pero tampoco se la jugó por una Asamblea Constituyente, ni tampoco buscó confrontar a sus adversarios a pesar de las oportunidades que tuvo. Su misión es ser el centro de gravedad, programáticamente difuso pero políticamente incontrarrestable, de una Concertación desplazada a su propia izquierda. Dada su ventaja, para ella no perder ya es ganar, y en ese sentido se debe haber retirado satisfecha del debate.

En suma, con cada candidato jugando su libreto y tratando con guante blanco al resto, el debate tuvo pocos momentos de dramatismo pero sí perfiló nítidamente las posiciones programáticas de cada cual – lo que, al fin y al cabo, no es poco.

Link: http://blog.latercera.com/blog/muronacional/entry/siguiendo_el_libreto

40 PUNTOS

junio 9, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 9 de junio de 2013)

Según la encuesta Adimark conocida esta semana, el gobierno de Sebastián Piñera alcanza los 40% de aprobación y consigue su mejor marca en dos años. Con nostalgia deben recordar en La Moneda el dulce octubre de 2010 cuando la evaluación positiva llegó a los 68 puntos tras el rescate a los mineros. Desde abril de 2011 -cuando los estudiantes se tomaron la calle y la agenda- el oficialismo ha padecido paupérrimos índices de aprobación ciudadana, tocando fondo en abril de 2012 con escuálidos 26 puntos. En la recta final, sin embargo, la pesadilla de las evaluaciones deficientes parece acabar.

¿Es acaso un 40% una razón para celebrar? No para destapar champaña. Pero terminar un período presidencial sobre 40 puntos es perfectamente digno y respetable en un contexto democrático regular. Lo excéntrico es lo contrario: tener presidentes que dejen el poder empinados en la estratósfera de los 80 puntos.

¿Por qué despega tan tarde el gobierno de Piñera? Hay varias interpretaciones. Unos dirán que fue el efecto 21 de mayo, ocasión en que el Presidente subrayó con entusiasmo cada uno de los logros de su gestión. Otros dirán que los medios han desviado su atención hacia la carrera presidencial, descomprimiendo la presión sobre el Ejecutivo y la figura del Presidente. Además, mientras los candidatos aparecen prometiendo, Piñera aparece mostrando resultados. Finalmente algunos afirmarán que en las ceremonias del adiós la opinión pública suele mostrarse benevolente. Como si ya empezáramos a echar de menos. Lagos y Bachelet, por nombrar los casos más recientes, también se vieron complicados en las encuestas a medio mandato, pero se dispararon con inédita fuerza hacia el final.

El objetivo del gobierno en este sentido es consolidar la tendencia al alza y no volver a bajar de la barrera psicológica del 40%. Especialmente porque en torno a ese número se encuentra la base de apoyo tradicional de la centroderecha, la misma que votó en primera vuelta de 2009 por Sebastián Piñera. El Presidente terminaría así reencontrándose con los suyos después de haber perdido a varios en el camino. Y adelgazaría el grupo de aquellos que durante estos tres años se han arrepentido de haberlo elegido.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-06-09&NewsID=229631&BodyID=0&PaginaId=19

¿ES BUENO QUE LOS MINISTROS DEJEN SUS PUESTOS PARA HACER CAMPAÑA?

junio 7, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 7 de junio de 2013)

Luciano Cruz-Coke deja de ser ministro de Cultura y Joaquín Lavín abandona su puesto como ministro de Desarrollo Social a pocas semanas de la primaria del 30 de Junio. Salen del gabinete para reforzar las campañas de Andrés Allamand y Pablo Longueira respectivamente. Aunque era Cruz-Coke el más apurado por integrarse al comando allamancista, Lavín tuvo que salir también para compensar.

¿Es bueno que los ministros dejen su labor en el Ejecutivo para hacer campaña?

La interpretación negativa es que están abandonando el buque antes de llegar a puerto, dejando sólo al Presidente Piñera para poner su empeño en cuestiones menos trascendentes que el gobierno de la nación. No son pocos los ministros que han emigrado para encabezar otros proyectos, entre ellos los propios Allamand, Longueira y Laurence Golborne.

La interpretación positiva es que le agregan tonelaje a la primaria de la Alianza. Cruz-Coke es uno de los ministros mejor evaluados de Piñera. Lavín es un político de trayectoria y conocimiento nacional. Tirar toda la carne a la parrilla es una apuesta por darle relevancia e incertidumbre a la contienda Allamand – Longueira. El que gane saldrá fortalecido si la participación es alta. Y al Presidente le conviene que su delfín tenga una chance competitiva en noviembre para pasarle la banda tricolor a uno de los suyos.

¿Se beneficia más Allamand o Longueira con estas nuevas contrataciones? Ligeramente el primero. Aunque Lavín sea un hombre resiliente, sus mejores días parecen haber pasado. Cruz-Coke, en cambio, es una estrella naciente en el firmamento político de la centroderecha. Allamand podría utilizarlo para alcanzar a sectores más moderados que están fuera del alcance de la UDI y que constituyen su única esperanza para ganarle la primaria a la aceitada máquina gremialista.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-06-07&NewsID=229033&BodyID=0&PaginaId=28

LA JUSTICIA DE LONGUEIRA

junio 5, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 31 de mayo de 2013)

En su magistral curso sobre la justicia impartido en la Universidad de Harvard, el filósofo Michael Sandel sostiene que básicamente hay tres miradas posibles sobre la justicia. La primera se funda sobre la idea de maximizar el bienestar, la segunda sobre el respeto a la libertad y la tercera sobre la promoción de la virtud. Dependiendo del enfoque adoptado, cambia la respuesta acerca de lo que consideramos justo o injusto.

Es pertinente entonces preguntarse qué idea de justicia subyace en la propuesta política del candidato UDI Pablo Longueira, que utiliza como eslogan la frase “Por un Chile más justo”. ¿Apunta la justicia de Longueira al bienestar, a la libertad o a la virtud?

Si se trata de lo primero, estamos frente a un político utilitarista en el sentido filosófico del término. Es decir, aquel que pretende conducir el gobierno desde la célebre máxima de Jeremy Bentham: producir la mayor felicidad del mayor número. Muchas de las teorías en boga acerca de la felicidad como objetivo político provienen de esta familia intelectual. Ahora bien, la premisa utilitarista llevada al campo práctico puede significar políticas públicas fuertemente redistributivas. La felicidad marginal que pierden unos pocos millonarios al ser obligados a pagar más impuestos se compensa con creces en la felicidad agregada de los miles de pobres que mejoran su condición. Lo relevante desde el punto de vista del bienestar es saber cuánta presión tributaria soportan los grupos que generan crecimiento económico antes de que empiece a producirse un resultado general negativo. Hasta ese punto, sin embargo, una teoría de la justicia basada en premisas utilitarias recomienda una política redistributiva fuerte… ¿A esto se referirá Longueira cuando utiliza el concepto de justicia?

La segunda alternativa es liberal, tanto en su versión libertaria como igualitaria. Es decir, se entiende que lo justo es cualquier resultado de un proceso que ha respetado el derecho de las personas a disponer libremente de sus bienes. Para esta visión, cualquier política pública que interfiera con este derecho a libre intercambio y pretenda alterar las relaciones naturales de mercado es ilegítima. Sin duda se parece a lo que muchos votantes de derecha piensan. Para ellos el modelo libremercadista no se fundamenta solamente en su probada capacidad de generar riqueza y mejorar progresivamente la calidad de vida de las personas –un argumento utilitario- sino en el valor intrínseco que se le asigna a la libre elección como componente de la dignidad humana. Si Longueira está de acuerdo, entonces considera que cada chileno tiene lo que se merece si el proceso de asignación de recursos tuvo lugar sin fraude. Su misión política sería repeler los abusos en las transacciones y no corregir la desigualdad porque en sí misma le parezca reprochable. Los libertarios, especialmente, no toman en cuenta el resultado si el proceso fue justo bajo sus términos. ¿Podría sostener la UDI una propuesta auténticamente liberal? Imposible. La justicia basada en la libertad también rechaza la pretensión estatal de promover una determinada concepción del bien, algo con lo cual Jaime Guzmán habría estado en franco desacuerdo.

Queda una última posibilidad: que Longueira se refiera precisamente a lo justo como expresión de determinadas virtudes que revelan una concepción particular del bien. El estado no es neutro, nos suelen recordar los conservadores, pues tiene el deber de conducirnos por el camino correcto. A diferencia del caso utilitario y del caso libertario, se hace más complejo definir cuál es el camino correcto. La interpretación aristotélica de la justicia –dar a cada uno lo suyo- implica un juicio de valor sobre el merecimiento sustantivo y no meramente procedimental. Pero ¿cómo saber quién se merece qué? Piense por ejemplo en el controvertido bono “bodas de oro”. Más allá del beneficio social que puede resultar de matrimonios estables y duraderos –argumento utilitario-, la autoridad nos está además diciendo que hay un tipo de vida –la conyugal- que es intrínsecamente preferible a otras alternativas. El propio Presidente Piñera suele distinguir entre la naturaleza de sus argumentos para superar la pobreza: junto con sostener que se trata de una inversión social –justicia como bienestar- agrega que se trata de un imperativo ético –justicia como virtud.

Es probable que la idea de justicia del candidato Longueira también se construya a partir de diversas tradiciones filosóficas. Nadie que aspira al gobierno se refugia en una sola teoría. Las personas comunes y corrientes tampoco lo hacemos en nuestras decisiones cotidianas. No obstante es importante que los actores políticos relevantes clarifiquen a qué se refieren cuando utilizan conceptos tan cargados de significado. Para saber a qué atenernos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/la-justicia-de-longueira/

EL LARGO CAMINO A LA NUEVA CONSTITUCIÓN

junio 2, 2013

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de junio de 2013)

Es curioso lo que pasa con el tema de la asamblea constituyente. No figura prácticamente en ningún ranking de preocupaciones de los chilenos y sin embargo le quita el sueño a un esbelto grupo que mete suficiente ruido. Han sido exitosos en ello: todos los actores políticos, incluidos los presidenciables, se han visto obligados a tomar posición al respecto. No parece una cuestión urgente pero vaya que ha logrado meterse en la agenda, incluso por sobre otros asuntos que parecen menos ambiciosos y más largamente acariciados, como el voto de los chilenos en el exterior o la reforma al sistema binominal.

“Marca Tu Voto” es una de las campañas que ha hecho noticia en las últimas semanas. Se trata de un grupo que promueve que los electores, aparte de votar por su candidato preferido, escriban en una esquina de la papeleta las siglas “A.C” en los comicios presidenciales de noviembre. De esa manera el primer mandatario recibiría una señal de cuánta gente realmente está interesada en un drástico cambio constitucional. Algunas voces se levantaron advirtiendo que los votos marcados serían anulados, pero fue falsa alarma: los votos que digan “A.C” serán objetados pero finalmente válidos y contabilizados. Más allá de los resultados, estas ideas contribuyen a socializar un tema que por naturaleza es árido y de difícil digestión masiva. Se requiere esfuerzo, persuasión y paciencia para llenar esta piscina de agua antes de lanzarse a ella.

Por eso llamó la atención la propuesta que un grupo de constitucionalistas preparó para la candidata Bachelet, que básicamente intenta convocar una asamblea constituyente por decreto presidencial asegurándose que la mayoría de los congresistas no patalee ante el Tribunal Constitucional. Allamand dijo que se trataría de un “fraude”. El mandamás de la UDI lo calificó de “prepotencia jurídica”. ¿Se puede seguir adelante con la idea cuando ésta tiene una oposición tan fuerte y declarada?

Las Constituciones no deben ser el arma de un sector contra el otro sino más bien un punto de acuerdo sobre asuntos esenciales. Ése es el pecado original del texto aprobado en 1980 y constituye un buen argumento para cambiarlo. Lo relevante entonces es no tropezar con la misma piedra. Si vamos a redactar una nueva Constitución se hace imperativo sumar hasta las voluntades más escépticas. Los atajos son tentadores, pero también es prudente trabajar por contener los razonables miedos de parte importante de la población que teme un escenario de inestabilidad. Dicho de otro modo, es de aquellos partidos que no basta con ganar por la cuenta mínima; hay que ganarlos bien y con propiedad. Sostener que la nueva Constitución se viene por las buenas o por las malas no parece una estrategia sustentable.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-06-02&NewsID=228590&BodyID=0&PaginaId=17