LA COMEZÓN DE LOS CUARENTA AÑOS

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de septiembre de 2013)

Ha sido una especie de catarsis colectiva. No hay medio que no haya tocado el tema ni universidad que no haya hecho reflexiones al respecto. Los cuarenta años del golpe no han pasado desapercibidos. Algunos piensan que eso está bien porque nos ayuda a construir una memoria histórica nacional. Otros creen que volver a remover las heridas sólo trae más división y resentimiento. Lo indiscutible es que la mirada sobre lo que ocurrió en materia de derechos humanos es más crítica que nunca: las nuevas generaciones parecen haber asumido esa condena como piso moral compartido. Y eso no puede ser malo. 

Se han sumado varios factores que no estaban presentes en la conmemoración de los 30 años del golpe: Pinochet está muerto; la derecha está en La Moneda por primera vez desde la dictadura; las redes sociales sirven como caja de resonancia de programas y documentales; los nietos de los protagonistas ya están en edad de preguntar qué pasó; y estamos en pleno año electoral con dos candidatas cuyas biografías fueron marcadas a fuego por ese once de septiembre.

La onda expansiva de los cuarenta años ha logrado que algunos actores pidan perdón por sus actuaciones u omisiones en ese período. Lo hizo el senador Hernán Larraín desde la derecha, reconociendo la responsabilidad de su generación en todo lo que ocurrió. Lo hizo el senador Camilo Escalona desde la izquierda, admitiendo que ciertas posiciones que su sector tomó en ese entonces no ayudaron nada a la resolución pacífica de las diferencias. Lo hizo hasta la Corte Suprema, que si bien omitió la palabra “perdón” también asumió la negligencia de la judicatura durante la dictadura. Incluso el Presidente Piñera habló de los “cómplices pasivos” del régimen de Pinochet, marcando diferencias y agitando las aguas de su propia coalición.

A los líderes de la UDI y RN les complica estructuralmente el tema: la derecha profunda cree que el golpe estuvo bien dado y que los militares salvaron a Chile. Ya no es realista esperar de ellos un cambio de mentalidad. Sólo un recambio generacional importante puede hacer esa tarea. Al ex presidente Ricardo Lagos tampoco le gustó esto de andar pidiendo perdones. Según él no hay nada de qué arrepentirse en haber apoyado a Salvador Allende. Pero Lagos confunde dos cosas distintas. Por una parte, el respaldo a un proyecto político que cargaba con los legítimos anhelos de parte importante de los chilenos. Por la otra, la explícita validación de la violencia como método de acción política. Sobre lo primero no hay por qué excusarse. Para el mundo socialista puede ser incluso motivo de orgullo. Sobre lo segundo lo recomendable es ser menos arrogante. De eso justamente se trata esta catarsis si quiere ser productiva: en un ejercicio de auténtica y sincera autocrítica por dolorosa o electoralmente incómoda que sea.  

Link: http://www.lun.com/LunMobileIphone//Pages/NewsDetailMobile.aspx?dt=2013-09-08&BodyId=0&PaginaID=11&NewsID=238463&Name=I23&PagNum=0&Return=R&SupplementId=0&Anchor=20130908_11_0_I238463

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