ROXANA Y FRANCO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de octubre de 2013)

Si esta elección hubiera sido entre Bachelet y Matthei habría sido un aburrimiento. Cierto, quizás algo de espacio hubiera habido para una discusión programática más profunda, pero tampoco es seguro: ambas candidatas son aversas al riesgo. Esta campaña tiene un sabor especial gracias al arroz graneado: a los postulantes que parecen comparsas. Marco, Sfeir, TJH, Israel, Claude. Pero quiero destacar especialmente el rol que juegan Franco Parisi y Roxana Miranda.

Probablemente ocupen el tercer y sexto lugar respectivamente, pero en lo que transmiten sus campañas está la fibra dramática de esta elección: los verdaderos dos Chile, el de la rabia y el del placer. No responden a las categorías tradicionales de izquierda y derecha tradicional. Son la rabia movilizadora y el hedonismo movilizador como narrativas biográficas. Por un lado, Roxana Miranda, portadora de un testimonio directo de injusticia típicamente latinoamericano. Por el otro lado, Franco Parisi, ícono epicúreo posmoderno, sensual y opulento. La rabia y el placer entendidos como motores de la acción política.

No todo es rabia versus placer. El deber también es un potente movilizador en política.  Bachelet y Matthei, por ejemplo, obedecen al deber. El deber de la responsabilidad y la culpa en caso de la ex presidenta: una coalición de miles de funcionarios que esperan recuperar sus puestos. Quedarse en Nueva York habría sido imperdonable para la cultura concertacionista. El deber del miedo al cambio sustantivo, en caso de la ex ministra del Trabajo: no es poco representar a una derecha temerosa del avance del progresismo, las demandas sociales y la percepción del debilitamiento de las vigas del modelo económico en las garras del relato auto-flagelante. Sin embargo el deber no es la vedette de la primera vuelta. Lo que dicen Bachelet y Matthei en los debates no revela nada que no sepamos. Los protagonistas, para bien o para mal, han sido otros: la rabia colectiva del sincero discurso poblacional y el placer del individualismo aspiracional como producto del sistema. 

En su exuberancia, Roxana y Parisi son las dos caras del nuevo Chile: la frustración y el hedonismo, la indignación y el exitismo como destinos cruzados de millones de chilenos. Por supuesto entre ellos se encuentra una amplia gama de grises: todos los otros candidatos y candidatas que encuentran que Chile no está tan mal pero tampoco tan bien. Pero en lo estrictamente simbólico, la dupla Roxana y Parisi son la clave para entender las complejidades del país que hemos construido. Son los márgenes que explican lo que ocurre adentro.

En una esquina, la dignidad del pueblo, el diagnóstico feroz, el vaso medio vacío y la reivindicación dramática de derechos esquivos; en la otra esquina, la satisfacción libremercadista, el reconocimiento a la movilidad social, la meritocracia en acción, un liberalismo frívolo con ojotas. La tentación fascista en un caso y la tentación populista en el otro. Me atrevo a decir que si los chilenos tuviésemos sólo a Roxana y Parisi en la papeleta presidencial, el resultado saldría bien empatado. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2013-10-26&NewsID=243039&BodyID=0&PaginaId=6

 

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