NUEVOS ACUERDOS PARA UN NUEVO CICLO POLÍTICO

por Daniel Brieba (publicada en Voces de LT el 16 de diciembre de 2013) 

Con los votos de la segunda vuelta ya contados, finalmente se ha consolidado el significativo cambio en el balance de poder ya anticipado en la elección de noviembre. La Nueva Mayoría ha conquistado inapelablemente el gobierno, a la vez que logró holgadas mayorías en el Congreso, que le permiten aprobar una reforma tributaria y la ponen a un tris de poder aprobar una profunda reforma educacional. Sólo para la reforma constitucional requiere buscar verdaderos consensos transversales con la oposición. Ante este escenario, ambas coaliciones  deben preguntarse qué estrategia seguir frente al escenario que avecina- uno donde la Nueva Mayoría tiene la iniciativa y buena parte de las fichas, pero donde la Alianza está lejos de ser irrelevante, en especial dada la ambición, extensión y profundidad de las reformas que quiere acometer la Nueva Mayoría.

Para esta última, el dilema muchas veces ha sido planteado como uno entre imposición y entreguismo, es decir, entre la opción de ejercer la mayoría sin dar mucho espacio real a las opiniones de la oposición, o bien abrirse a buscar acuerdos y arriesgarse en ello a entramparse en una compulsión a la ‘acuerditis’ donde la mayoría y la minoría terminan cogobernando. No cabe duda de que en sectores importantes de la Nueva Mayoría, cansados del eterno poder de veto en temas importantes que los dispositivos constitucionales le entregaron a la Alianza, hay poco ánimo por la segunda opción, que es vista como una renuncia al mandato entregado por la ciudadanía. Así, si la transición consistió en pasar del ‘avanzar sin transar’ al ‘transar sin parar’, el fin de aquélla marcaría la hora de empujar el péndulo nuevamente hacia la primera opción. Pero evidentemente la dicotomía entre estas dos opciones es un dilema falso, en cuanto asume que o se transa, o se manda. Se olvida así que el poder es mejor usado mientras más invisible se vuelve, que la persuasión genera menos resistencia que la amenaza, y que no por negociar se renuncia a la ultima ratio de los votos, que siempre estarán disponibles en caso de necesitarse.

Por cierto, consideraciones de largo plazo también apuntan en dicha dirección: todos sabemos que una reforma fruto de acuerdos transversales tiene mejores chances de sobrevivir en el tiempo que cuando es fruto de un acto unilateral, amén de que también son más fáciles de implementar y de hacer cumplir. Dada la naturaleza estructural de las reformas buscadas por Bachelet, el riesgo de ser revertidas en 5 o 10 años si los vientos políticos cambian parece demasiado alto como para no hacer el esfuerzo de dotarlas de la mayor legitimidad posible. Y por cierto, una lógica de imposición haría improbable que la Alianza esté dispuesta a negociar en aquellos puntos donde sus votos sí son necesarios.

Pero evidentemente, una estrategia de esta naturaleza requiere bailar de a dos. Si en vez de dialogar la Alianza se cierra sobre sí misma a la espera de mejores tiempos, no hará sino darle la razón a las facciones más maximalistas y menos pacientes de la Nueva Mayoría. Una lógica de agudización de los conflictos podría inducir una espiral de polarización política y social que seguramente favorecería a los extremos de cada coalición, pero al costo de aumentar la probabilidad de que un líder anti-partidos y con verdaderas tendencias plebiscitarias sea competitivo en la elección presidencial del 2017. Por lo demás, parapetarse en la defensa del ‘modelo’ es la mejor estrategia para no pensar soluciones nuevas a problemas viejos y para no darse el trabajo de repensar el proyecto político que la coalición le quiere ofrecer al país para los próximos 20 años. Así, una oposición verdaderamente dispuesta a llegar a acuerdos difíciles también es condición necesaria para una política más deliberativa.

Así las cosas, las perspectivas para una política deliberativa y sustentable dependerán en buena medida de que los sectores más moderados de ambas coaliciones no se dejen intimidar por sus socios de ruta que quieran plantear las cosas en la lógica binaria, según la cual cualquier concesión es una traición al pueblo o una renuncia a los propios principios. Lejos de ello, la capacidad de fundar con éxito un nuevo ciclo en la política chilena requerirá de extraordinarias habilidades propiamente políticas de prudencia, coraje, persuasión y responsabilidad, para así lograr combinar virtuosamente continuidad y cambio en nuestro modelo de desarrollo. En la encrucijada actual, donde una revolución de expectativas ciudadanas se está encontrando frente a frente con una crisis de representación, la consecuencia del fracaso bien puede ser una agudización del conflicto social y de la anomia política, con consecuencias insospechadas para nuestros muy debilitados partidos. Por eso, y a pesar de la indiferencia generalizada de los votantes ayer, pocas veces la apuesta ha sido más alta.

Link: http://voces.latercera.com/2013/12/16/daniel-brieba/nuevos-acuerdos-para-un-nuevo-ciclo-politico/

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: