VISITA NON GRATA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 11 de marzo de 2014)

La visita del Presidente venezolano Nicolás Maduro al cambio de mando se ha transformado en un dolor de la cabeza en el debut de la Nueva Mayoría. A las “desprolijidades” en los nombramientos se suma una nueva controversia: cómo enfrentar lo que está ocurriendo actualmente en Venezuela. Por una parte, la Democracia Cristiana quiere endurecer el discurso y solidarizar con la oposición a Maduro. Por otra parte, el Partido Comunista y sus satélites se la juegan por defender el proyecto chavista ante los disidentes, a los cuales califican de marionetas golpistas del imperio norteamericano. Es un guion que se repite desde la Primavera de Praga. La diferencia es que a diferencia de 1968, esta vez ambos partidos son parte del mismo equipo y hoy comienzan a gobernar juntos.

Tener coaliciones amplias no es malo. Por el contrario: es vital para ganar elecciones y asegurar gobernabilidad. En su tiempo, la propia Concertación lo fue. Esta vez la cuerda está un poquito más estirada porque en el polo izquierdo hay un actor que en este asunto tiene lealtades ideológicas no negociables. El episodio Maduro permite observar en la práctica cuánta diversidad interna aguanta la Nueva Mayoría. Por cierto, es ingenuo pensar que Venezuela sea suficiente amargar la convivencia. El programa de Michelle Bachelet está articulado en torno a otros objetivos que sus participantes –en teoría- comparten.

Sin embargo no deja de ser una prueba relevante en la medida que exhibe desacuerdos fundamentales sobre cómo sus integrantes conciben la democracia. Justas o injustas, Maduro llega a Chile con una mochila cargada de acusaciones de atropellos a los derechos humanos en su país. Lo que se le cuestiona no es la legitimidad del proyecto bolivariano, sino la reacción represiva e intolerante que ha desplegado frente al clamor popular que se levanta por mayor seguridad, menos desabastecimiento y el fin de las restricciones a la libertad de expresión.

“Una casa dividida contra sí misma, cae”, dice el evangelista. Michelle Bachelet lo entiende: su única declaración sobre el tema trató de contentar a moros y cristianos. Dijo que Chile buscaría que los derechos humanos fueran resguardados –en un guiño a la DC- y agregó que rechazaba los intentos de desestabilizar un gobierno democráticamente elegido –en un guiño al PC. Quizás lo mejor para ella habría sido que Maduro se hiciera el enfermo y mandara sus excusas diplomáticas. Su visita no es grata en un sentido muy particular: exhibe muy temprano las grietas estructurales de su plataforma de gobierno. Pero ya que el heredero de Chávez viene bajándose del avión, la Presidenta tendrá que extremar su proverbial habilidad para decir lo justo y necesario, cuidándose de no herir los sentimientos de sus aliados.*

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-03-11&NewsID=261100&BodyID=0&PaginaId=4

* Finalmente, como se confirmó recién esta mañana, el Presidente Maduro no tomó el avión a Santiago. Una fuente de estrés menos para el cambio de mando y Michelle Bachelet. 

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