LA SOLEDAD DE LA UDI

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 4 de mayo de 2014)

Hace un par de semanas se aprobó la histórica ley que permitirá a los chilenos en el exterior votar en las elecciones presidenciales. Histórica porque la iniciativa venía tramitándose desde 1991. Y porque marca una derrota simbólica para la UDI. El gremialismo siempre se opuso a la idea. De hecho le arruinó la fiesta al propio Sebastián Piñera, que tenía entre sus planes promulgar dicha ley dentro de su mandato. Pero esto no es todo: en las discusiones sobre sistema electoral, reforma tributaria o matrimonio igualitario, la UDI también se encuentra en aprietos. Por primera vez en mucho tiempo, ya no tiene la fuerza suficiente para frenar los cambios que demandan sus adversarios.

Por eso se inquietan en serio cada vez que escuchan a la Nueva Mayoría hablando de aplanadoras o retroexcavadoras. La aquiescencia de la UDI ya no es imprescindible. Pueden pasarle por el lado. No sólo porque sufrieron una importante sangría parlamentaria –de controlar un estratégico tercio de la Cámara se quedaron con un cuarto- sino porque los nuevos actores de su sector –Amplitud, Evópoli e incluso algunos RN- se han manifestado dispuestos a colaborar con la agenda oficialista en algunos puntos cruciales. Es decir, la UDI se está quedando sola, arrinconada en la derecha, en un país que se mueve ligeramente hacia la izquierda.

A principios de los noventa, el partido grande de la coalición era RN. Eso empezó a cambiar desde las parlamentarias de 1997. La potente irrupción de Joaquín Lavín consolidó el cambio en el eje de poder. Allamand dijo alguna vez que su partido tenía las llaves de la transición. Si las tuvo, las perdió. Los tiempos de Lagos hicieron brillar la muñeca política de Longueira y compañía. La UDI fue capaz de sortear el naufragio del lavinismo como idea política y con pragmatismo se abanderizó con Piñera. Terminó ocupando puestos clave en su administración y minimizando la influencia de Carlos Larraín.

Aunque a simple vista los años dorados se acabaron, no hay que olvidar que la UDI sigue siendo el partido más grande de Chile. Aun sin poder de veto, tiene tribuna para hacerse escuchar. Por lo visto en estos meses, le devolverá la mano a la Concertación personificando una oposición mañosa que encuentra todo malo. En paralelo, tiene un desafío mayor: pasar gradualmente a retiro a la generación que se integró al partido al alero del fundador Jaime Guzmán para permitir la germinación de nuevos liderazgos. Nada contra los coroneles, pero las organizaciones que viven de las glorias pasadas sin hambre de victorias futuras no llegan muy lejos. Según ha trascendido, el joven diputado Ernesto Silva tendría pista libre para acceder a la presidencia. A la usanza UDI, será un traspaso vaticano timbrado por los viejos estandartes antes que una guerra fratricida. Es el espíritu de unidad de los que se dicen irreductibles, por más solitarios que se queden.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-05-04&NewsID=271537&BodyID=0&PaginaId=17

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