BIENVENIDA LA REFORMA AL BINOMINAL

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 2 de mayo de 2014)

La reforma al sistema electoral propuesta por el gobierno de Michelle Bachelet es un avance para la democracia chilena y dedicaré las siguientes líneas a argumentar en favor de sus innovaciones más controversiales.

En primer lugar, me gusta porque es factible de ser aprobada. El reemplazo del binominal es un anhelo que se cae de maduro desde hace un buen tiempo. Es nuestro cuento de Pedrito y el Lobo: cada vez que se anuncia a los cuatro vientos un proyecto alternativo, podemos anticipar tranquilamente que no ocurrirá nada. Esta vez parece distinto. Por una parte, el poder de veto de la derecha dura se ve reducido. Si el oficialismo es capaz de alinear a los suyos -más algunas contribuciones sensatas del centro político y los independientes- este proyecto tiene buen pronóstico. Lo que la UDI diga al respecto no es determinante, lo que quedó recientemente demostrado en su histórica derrota contra el voto de los chilenos en el exterior. Por otra parte, el eventual aumento de parlamentarios evita que los legisladores se excusen aduciendo su propia estabilidad laboral. Suena crudo, pero es la pura verdad: ni senadores ni diputados están dispuestos a dar luz verde a una reforma que les complique la reelección. Es como querer hacer la reforma educacional sin los profesores: aunque a veces funcionan como grupo capturado por intereses propios, es inimaginable hacer cambios sustantivos contra su voluntad. En resumen, el aumento de 120 a 155 diputados y de 38 a 50 senadores es un costo absolutamente razonable a cambio de sacarle presión a nuestro oxidado sistema político. No está de más recordar que Chile ya tuvo una Cámara Baja de 150 miembros y una Cámara Alta de 50 integrantes previo al Golpe Militar, cuando los chilenos éramos sólo 10 millones. El único punto sensible es el eventual desembolso financiero por el incremento, sobre todo porque la presión de congelar el presupuesto puede afectar la calidad de las asesorías y no necesariamente el salario de los honorables.

En segundo lugar, esta reforma viene a moderar –sin siquiera corregir- una importante injusticia. Los cerebros de la dictadura dibujaron un mapa electoral conveniente a sus expectativas electorales, especialmente a través de la sub-representación zonas urbanas densamente pobladas. Con el sistema actual, más de cinco millones de santiaguinos elijen cuatro senadores mientras noventa mil aiseninos escogen dos. Con el sistema propuesto, la capital se transforma en un solo gran distrito con derecho a siete senadores, conservando Aysén sus dos escaños. Es decir, si antes un aisenino “valía” 29 santiaguinos electoralmente hablando, ahora sólo valdrá 16. Ni siquiera nos acercamos al ideal de “una persona, un voto” en conversión legislativa territorial, pero se entiende que hay otros principios relevantes que preservar en favor de la sobre-representación de las regiones (la que sigue siendo fuertemente pronunciada en las zonas extremas). Por tanto, hay que descartar con firmeza los cuestionamientos que vengan inspirados en una supuesta lógica descentralizadora. Esta última se ve honrada a través de otros mecanismos, como la elección directa de autoridades locales e incluso a través de cambio en el sistema de reemplazo parlamentario, que ya no recaerá en el dedo de las cúpulas partidarias sino que será sometido a comicios complementarios en la misma zona de la vacancia.

En tercer lugar, se levantarán voces contra la agresiva cuota de género que sugiere el proyecto. Para que se haga una idea, en el Congreso 2014-2018 hay 25 mujeres y 132 hombres. Es decir, la representación femenina cubre apenas el 15% de los escaños en un país donde más de la mitad de la población electoral pertenece a ese género. Sin ánimo de ofender, estamos en la misma categoría del mundo árabe en ese particular respecto. La propuesta del Ejecutivo obliga a los partidos presentar candidaturas femeninas que representen al menos el 40% de sus listas, sumando un beneficio económico dependiendo de su elección efectiva. Podría sostenerse que el umbral es muy alto –en la mayoría de los países de la región oscila entre un 30% y un 35%- y que ni siquiera se condice con la presencia femenina que la propia Presidenta Bachelet ha incorporado a su gabinete. Desde una perspectiva de fondo, se ha dicho que las acciones afirmativas de este tipo son poco halagüeñas de los méritos de las mujeres, las que deberían salir electas en base a sus virtudes y no gracias a subsidios. Lo que esta última posición ignora es que la cultura política chilena opera sobre una estructura machista por defecto donde siempre le será más difícil competir a las mujeres. Por cierto que es preferible, en condiciones ideales, que nadie goce de discriminación positiva. Pero la sabiduría democrática enseña que en ciertas circunstancias hay que intervenir para nivelar el terreno de juego o remediar injusticias históricas.

En principio, la reforma de Michelle –el verdadero debut político de Peñailillo- debiera ser bienvenida. Queda por ver cómo se proyectan sus efectos en la dinámica coalicional y de qué manera un sistema decididamente proporcional es capaz de asegurar gobernabilidad, aunque no se anticipan cambios dramáticos. Hasta las terceras fuerzas gozarían de mejores chances que con sistema binominal, lo que abre la cancha e imprime real competencia.

Link: http://www.capital.cl/opinion/bienvenida-la-reforma-al-binominal/

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Una respuesta to “BIENVENIDA LA REFORMA AL BINOMINAL”

  1. Renzo Gilardoni Says:

    “Pero la sabiduría democrática enseña que en ciertas circunstancias hay que intervenir para nivelar el terreno de juego o remediar injusticias históricas”…una petición de principio espera ser resuelta.

    “Hasta las terceras fuerzas gozarían de mejores chances que con sistema binominal, lo que abre la cancha e imprime real competencia”…dudoso, ya que los candidatos que serán finalmente elegidos serán aquellos más votados SIEMPRE Y CUANDO estén en una de las listas más votadas. Las supuestas mejores chances podrían ser bastante exiguas, excepto quizás en distritos grandes que repartan 8 escaños, pero en dichos distritos el gasto de campaña será mucho mayor por la extensión territorial, lo que perjudica a los pactos o subpactos más pequeños y con menos capacidad de endeudarse para hacer campaña.

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