UNA MEJOR ANALOGÍA PARA EYZAGUIRRE

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 25 de julio de 2014) 

Controvertida analogía fue la que usó el ministro de educación para ilustrar su visión sobre  el sistema escolar chileno. Nicolás Eyzaguirre sostuvo que para igualar la cancha entre distintos actores, unos de los cuales corren descalzos y otros en patines, primero había que bajar a los segundos de sus patines. Como era enteramente previsible, la oposición salió a fustigar la teoría de los patines. Casi todos observaron que se funda sobre una ideología que busca “igualar hacia abajo”. Este es un temor histórico de la derecha y hasta cierto punto del mundo liberal: ¿por qué no dejamos que cada uno corra lo más veloz que pueda sin que el Estado nos obligue a todos a correr al mismo ritmo? ¿Por qué no invertimos en patines para los descalzos de tal manera que todos puedan apurar el tranco? Ambas son preguntas legítimas y la analogía de Eyzaguirre no captura las particularidades del problema.

Después de escuchar al ministro, la presidenta de la Sociedad de Instrucción Primaria Patricia Matte dijo haber quedado “epatada” por la falta de calle de Eyzaguirre. Como yo me eduqué en mismo colegio del ministro y no entiendo mucho de patines, asumo que también carezco de la calle. Pero lo que sí tengo es bastante experiencia en conciertos y recitales. A partir de esa experiencia me gustaría proponerle al ministro una analogía alternativa.

Las localidades de un estadio o teatro suelen tener diferencias de precio asociadas principalmente a la visibilidad del espectáculo. Las galerías son más baratas que las tribunas laterales, por ejemplo. Lo más interesante, sin embargo, ocurre en cancha. En la mayoría de los shows que he asistido, la cancha tiene un precio único. A pesar de ello, inevitablemente algunos tendrán el escenario más cerca que otros. Pero esa cercanía no está mediada por el dinero sino por el fanatismo de los que llegaron más temprano o tienen más capacidad de aguantar los empujones. Digamos que ése es el esfuerzo.

Hace algunos años atrás descubrí que en algunos conciertos las canchas también admitían subdivisiones. En un recital que esperé por mucho tiempo y al cual llegué con bastante tiempo de anticipación, tuve que conformarme con ver a mis ídolos desde la mitad de la cancha porque toda la primera parte estaba dedicada a secciones vip, gold, silver, platinium o diamante. Me invadió el resentimiento: ¿por qué esos señores podían llegar 5 minutos antes del primer acorde y sentarse frente al vocalista, impidiendo que yo (con miopía y apenas un metro setenta) pudiera verlos más de cerca? La respuesta era sencilla: ellos habían pagado por una mejor posición.

La analogía de los recitales es mejor que la de los patines porque es imposible darles a todos los asistentes a cancha una entrada en el vip (como quiere la derecha con los patines). Como el espacio es limitado, cada box preferencial en la parte delantera de la cancha implica perjudicar la visión de los que están más atrás. La pregunta relevante que el movimiento social de los últimos años nos invita a hacernos es si acaso hay lugares –como la cancha en los recitales- que por su naturaleza no deben adjudicarse según capacidad de pago. La cancha era hasta hace poco un espacio democrático e igualitario por definición. Para algunas productoras dejó de serlo. La misma reflexión vale para educación: ¿dejaremos que la capacidad de pago de algunos asegure una mejor posición de partida o limitaremos el efecto diferenciador del dinero para que nadie pueda comprar los asientos del frente?

No pretendo que la analogía sea invencible. Podría sugerirse que los asistentes a cancha no están realmente en condiciones igualitarias: los más fuertes tienen siempre más posibilidades de llegar hasta el escenario pegando codazos (este ha sido tradicionalmente un problema para las mujeres de la gran familia del rock n’ roll). También se podría contraargumentar señalando que llegar temprano no mide fanatismo sino tiempo libre. Algunos sencillamente no pueden escapar del trabajo. Para todos estos casos, podría añadirse, es el dinero el que mejor refleja el fanatismo: están dispuestos a pagar mucho más para evitar quedar al fondo de la cancha viendo el escenario como un punto distante. Parecido a lo que hacen los padres al retirar a sus hijos del liceo municipal para matricularlos en un particular subvencionado con copago.

Me parece que éste es el meollo del asunto. El espíritu de la reforma de Eyzaguirre no es la igualación hacia abajo. Sostener eso es injusto. Es limitar la capacidad de obtener mejores condiciones pagando por ellas. Efectivamente eso puede traducirse en una limitación de la libertad de disponer de los bienes propios. A fin de cuentas, ¿por qué no puedo pagar más y asegurar una butaca en el vip? La respuesta del gobierno debe persuadirnos de que hay espacios –como la cancha en los recitales- que no pueden segregarse porque de hacerlo traicionarían su naturaleza. Su dificultad política es que culturalmente nos hemos acostumbrado en las últimas décadas a ejercer nuestro derecho a poner más plata para acceder a mejores condiciones. Tanto en los conciertos como en la vida.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/07/25/080725-una-mejor-analogia-para-eyzaguirre

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2 comentarios to “UNA MEJOR ANALOGÍA PARA EYZAGUIRRE”

  1. GRAZNIDO Says:

    Olvidó algo, poner más dinero es siempre poner trabajo es poner esfuerzo sudor humillaciones y hasta lágrimas. Cuando un padre pone dinero en la educación, dinero que podría gastar en alcohol, cigarrillos, amig@s amantes fútbol, conciertos , comistrajos y warisnakes de todo tipo está dando lo mejor de sí por sus hijos, eso es muy notorio en la clase media y las menores, no hay una afán miserable en aquello al contrario

    A Eyzaguirre y al gobierno le falta calle, no la calle vociferante, violenta estatista izquierdista, sesentera le falta la noble calle de aquellos que pelan el ajo por su familia y sus hijos… que creen sin darse cuenta en el liberalismo, el verdadero el intuitivo después de siglos se selección natural

    Saludos

  2. Mariano Xerez Lazo Says:

    Creo que “poner más dinero es siempre poner trabajo” es una frase que tal vez no a propósito, pero sí de alguna forma propone la idea en que el dinero mide la ‘cantidad o calidad’ del trabajo, lo que podría llevarnos a la penosa conclusión de que la falta de dinero es sinónimo de de falta de esfuerzo o de simple flojera. La remuneración de una hora de trabajo no mide necesariamente el esfuerzo que ese trabajo implica, o el esfuerzo para alcanzar dicho trabajo. Entiendo que en la clase media, el ‘dinero por educación’ es ligado a una idea de amor, de preocupación real por el futuro de los hijos y es muchas veces motivo de orgullo, lo es en mi entorno. Pero también creo que es una de esas facetas de la vida en las que la clase media avala el actuar de la clase alta, lo confirma, lo emula y finalmente sale perdiendo. Saludos.

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