MOVERNOS DESDE UN BINOMINAL HACIA UN PROPORCIONAL MODERADO ES UN IMPORTANTE PASO

por Daniel Brieba (publicada en Ciudad Liberal el 20 de octubre de 2014)

Movernos desde un Binominal hacia un Proporcional Moderado es un importante paso

Como no existe un sistema electoral apropiado a todo lugar y tiempo, es fundamental que una reforma electoral se haga pensando en su pertinencia a las circunstancias específicas del país donde se aplicará: queremos una reforma que ayude a solucionar, en vez de empeorar, los problemas de representación existentes. En este sentido, sugiero que para Chile- con su larga y muy vigente tradición multipartidista- un sistema electoral proporcional de magnitud moderada (similar al actualmente en tramitación) implicaría un paso adelante en calidad democrática. Sugiero que ello es así por cuatro razones que apuntan al corazón de las actuales debilidades de nuestro sistema político, y de las cuales el binominal ha sido importante causa contribuyente.

En primer lugar, un proporcional moderado aumenta la competencia tanto entre listas- rompiendo con el predecible empate uno a uno tan común actualmente-, como al interior de cada una- rompiendo con la dinámica de incumbentes casi indesafiables y por ende acompañados de compañeros de lista débiles. Además, la competencia al interior de cada lista deja de ser una lucha fratricida por obtener el único cupo disponible, ya que el éxito de un compañero contribuye solidariamente a que la lista entera obtenga más escaños. Esto le quita veneno a la competencia entre socios y ayuda a la construcción de alianzas más sólidas.

En segundo lugar, un proporcional moderado baja las barreras de entrada para nuevos actores, gracias al aumento de la magnitud distrital. Por ejemplo, en distritos medianos (de 4 o 5 escaños) listas con aproximadamente un 15%-20% de votación podrán escoger un diputado o senador, en tanto en distritos más grandes (6 a 8 escaños) dicha cifra baja a 10%-14%. Nótese que esto viabiliza a coaliciones de tamaño intermedio, pero no a agrupaciones menores. Así, se evita una fragmentación excesiva del sistema de partidos a la vez que se permite su oxigenación.

En tercer lugar, y gracias a lo anterior, un proporcional moderado permite la flexibilización de las actuales coaliciones, devolviéndole libertad táctica a nuestros partidos para moverse en el espacio ideológico y reconfigurar alianzas en búsqueda de una mejor representación de su electorado. En el binominal, por el contrario, los dos pactos principales son camisas de fuerza para sus partidos, pues salirse unilateralmente de ellos equivale- como en la mafia- a un suicidio político. Así las cosas, un proporcional moderado ayudaría a generar un sistema de partidos más dinámico y responsivo a los cambios de preferencias en la ciudadanía.

Por último, un proporcional moderado debiera permitir un fortalecimiento de los partidos por varias vías, entre las cuales destacan su aumentada presencia territorial (pues podrán presentar candidatos en casi todas partes), el disminuido poder de los incumbentes de transformarse en caudillos autónomos de sus partidos (pues serán menos insustituibles) y el fuerte incentivo puesto a los líderes sociales y locales para competir por dentro de un pacto en vez de correr como independientes. Todo esto ayuda a que los partidos vayan recuperando sus fuertemente deteriorados vínculos con la sociedad y ejerzan así genuinas funciones de representación.

Por otra parte, nótese que un sistema mayoritario uninominal iría en sentido contrario al aquí expuesto: aumentaría la competencia solo al costo de personalizarla en grado extremo, no reduciría barreras de entrada a partidos nuevos (solo a caudillos locales), desterritorializaría a los partidos (pues los pactos serían por omisión) y se mantendría la rigidez de los pactos actuales (pues coalición que se divide, pierde en todos lados). Una política con partidos más débiles, caudillos más fuertes y coaliciones estáticas difícilmente es el remedio que nuestra actual crisis de representación necesita. Por otra parte, puede haber sistemas electorales técnicamente superiores (por ejemplo, un bien pensado mixto compensatorio), pero que no cumplen con el requisito esencial de ser políticamente factibles. Cuando se trata de reformar sistemas electorales, lo perfecto es singularmente enemigo de lo bueno.

Así las cosas, y sin ser la solución para todos los problemas de nuestra política (la ley de partidos y el financiamiento de la política son otras dos áreas cruciales), movernos desde un binominal hacia un proporcional moderado es ciertamente un importante paso en la dirección correcta.

Link: http://ciudadliberal.cl/movernos-desde-un-binominal-hacia-un-proporcional-moderado-es-ciertamente-un-importante-paso-en-la-direccion-correcta/

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