EN DEFENSA DE LA CONFEPA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de noviembre de 2014)

Existen dos maneras de ganar un debate político. Una es demostrar que los argumentos propios son mejores que los contrarios. La otra es minar la credibilidad del adversario. Ésta estrategia parecen haber adoptado algunos dirigentes estudiantiles respecto de la Confederación de Padres y Apoderados, sus rivales en la discusión por la reforma educacional. La Confepa, como se le conoce, habría incluido en su listado de adherentes a algunos colegios que jamás se suscribieron. Trampeando su verdadera convocatoria, la Confepa sería menos representativa de lo que dice ser.

Es un punto válido. Muchas organizaciones se suben por el chorro y dicen representar a más gente de la que realmente representan. Eso no es bueno. De hecho, no es muy distinto a lo que decía la derecha respecto de las movilizaciones estudiantiles del 2011 y sus voceros: que la Confech sólo hablaba por una porción de los universitarios, que las mismas federaciones estudiantiles eran elegidas con escasísima participación, o que las asambleas donde se decidía salir a la calle estaban precocinadas. Todas estas acusaciones eran –y son- parcialmente ciertas. Pero no sirvieron ni para hacerle cosquillas al movimiento, que tenía una narrativa política potente y distintiva.

Desde la izquierda también ironizan que la Confepa es un apéndice de la UDI, financiada y montada por el gremialismo como caballito de batalla contra el proyecto emblemático del gobierno. En efecto, en las reuniones de la Confepa es posible divisar uno que otro parlamentario de derecha e incluso democratacristianos. ¿Es ése un problema? No necesariamente. Varias federaciones estudiantiles están dirigidas por jóvenes militantes partidarios. En mis tiempos universitarios, era impensable asistir a una Confech que no estuviera digitada por operadores de los partidos tradicionales. Aunque ciertamente más solapada, la asociación entre la derecha y la Confepa es igualmente válida.

Todo lo anterior sin mencionar la caricatura que se ha hecho de estos padres y apoderados: una nueva clase media arribista, aspiracional y egoísta. Pero concentrarse en el puñado de colegios que nunca firmó el acta de incorporación, en sus lazos políticos o en el carácter moral de sus integrantes no es la mejor forma de hacerse cargo de los argumentos de la Confepa. En efecto, muchos de ellos “no se quieren mezclar” y se resisten a que el Estado los obligue. Es una posición controvertida que apunta al corazón de nuestros problemas de integración social. Pero también refleja instintos de protección filial y percepción de logro que no son fáciles de despachar. Los que quieran ganarle este verdadero debate cultural a la Confepa deberían tomar en serio estas consideraciones antes de optar por la estrategia de restarles legitimidad.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-02&NewsID=292414&BodyID=0&PaginaId=13

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