¿EXISTE UNA CONSPIRACIÓN ANTICOMUNISTA?

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de noviembre de 2014)

Serán los rojos de la política, pero los dirigentes del Partido Comunista no se ponen ni colorados al echarle la culpa al resto de sus propios errores no forzados. Acusar anticomunismo cada vez que se les formula una crítica es una estrategia de victimización que les ahorra la autocrítica. Acusar “maniobras de la derecha” cada vez que algo no les sale bien es una retórica potencialmente útil para unir a los propios en la adversidad, pero le hace mal a la calidad del debate político.

Esto no quiere decir que el anticomunismo no exista. Dada su fuerte personalidad histórica, es innegable que algunos grupos de la sociedad no tragan al PC. Pero nada de lo que ha ocurrido últimamente puede atribuirse a esa antipatía cultural. El episodio del embajador Contreras no fue inventado por la burguesía capitalista: fue una torpeza diplomática de manual. La salida de Juan Andrés Lagos del ministerio del Interior tampoco fue forzada por el imperialismo yanqui: fue el corolario de la telenovela de la universidad Arcis, donde los jerarcas del PC replicaron el modelo de negocios que de la boca para afuera tanto critican. En lugar de abrirse a la posibilidad de haberse equivocado, desde el partido de Teillier han preferido dispararle al mensajero.

La situación de convivencia del PC al interior del oficialismo se complejizó por condoros propios y no necesariamente ajenos. Hasta hace algunas semanas todos los analistas reconocían que los comunistas no sólo estaban pasando piola en el gobierno sino que además estaban acrecentando su influencia con habilidad. El escenario de hoy es ligeramente distinto. La movilización de los profesores contra el acuerdo alcanzado por su presidente Jaime Gajardo -también comunista- no es una conspiración de poderes fácticos ni una asonada neoliberal: es una fractura interna que le pasa la cuenta a una gestión gremial algo desgastada y que ha sido deslegitimada por las bases.

No es fácil estar, como dijo Camila Vallejo, con un pie en la calle y otro en el poder formal. La calle resiente de los segundos. Y al gobierno no le sirven mucho los aliados que no son capaces de ordenar a los suyos. La frustración que en ese sentido ha transmitido la mandamás de la CUT Bárbara Figueroa es comprensible. Pero cosa distinta e injustificada es buscar en el resto las responsabilidades circunstanciales que son propias. Ya no son actores marginales y están grandecitos para hacerse cargo de sus desaguisados.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-23&NewsID=294486&BodyID=0&PaginaId=13

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