EL OTRO HIJO CACHO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de mayo de 2015)

Al ministro del Interior le preguntaron por los informes que habría elaborado para el recaudador y operador político Giorgio Martelli. “Eso ya ha quedado claro”, respondió Peñailillo. Pero eso no es así. Todo lo contrario. Aclarar el asunto habría sido mostrar los famosos informes hace dos semanas apenas estalló la noticia, informes contundentes que tengan cara de costar 16 millones de pesos. En lugar de eso, el ministro recién envió a la prensa un par de archivos donde no consta la fecha y se parecen sospechosamente a la tesis de un alumno español. Es decir, la cosa va de mal en peor.

Es una pena lo de Peñailillo. Era una carta joven, meritocrática y talentosa en el segundo cargo más importante del gobierno. Una bocanada de aire fresco. Lo aplaudimos cuando le paró los carros a Sebastián Dávalos. Algunos hasta lo postularon a presidenciable. Pero este episodio dilapidó su capital político. Era mejor confesar que había emitido boletas truchas. Habría pedido perdón y en una de esas salía jugando. Pero insistir en que sus servicios fueron estrictamente profesionales y no destinados a platas políticas es creer que los chilenos somos giles.

Peñailillo es el jefe de un equipo que tiene por misión sacar adelante una agenda de transparencia y probidad. Pero su situación actual lo inhabilita. A medida que pierde credibilidad, disminuye también su peso político. Si el gobierno dice haber aprendido de los errores cometidos en el Caso Caval, los días de Peñailillo en La Moneda deberían estar contados.

Lo único que juega a favor del ministro es que la Nueva Mayoría está paralizada. La DC no tiene cara para exigir su salida porque su flamante presidente –Jorge Pizarro- también está hasta las masas. La nueva cabeza del PS –Isabel Allende- no debutará pauteando a Bachelet. El PPD tiene la tradición de blindar a sus militantes aunque los pillen con sangre en la camisa. Sólo nos queda el criterio político de Michelle Bachelet. Pero su situación personal es dramática. Primero tuvo que sacrificar a su hijo biológico. Ahora tiene que entregar la cabeza de su hijo político, que siempre ha exhibido lealtad. Debe estar preguntándose qué hizo para tener tantos hijos cachos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-06&NewsID=312502&BodyID=0&PaginaId=18

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