ADIÓS A LA RETROEXCAVADORA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Capital online el 11 de mayo de 2015)

La Presidenta aceptó –quizás de mala gana- que las condiciones políticas variaron respecto de su elección en diciembre de 2013. En aquel entonces, diseñó un gabinete destinado a aprovechar su mayoría parlamentaria y sacar adelante las reformas prometidas en campaña. Rodrigo Peñailillo (PPD) en Interior y Alberto Arenas (PS) en Hacienda encarnaron el espíritu de ese dibujo táctico: hombres de Bachelet, fieles al programa de la Nueva Mayoría.

Hoy las necesidades son distintas. Dos nuevas agendas emergieron. Por un lado, la de probidad, transparencia y anti-corrupción. Por el otro, la de crecimiento económico y certidumbre a los mercados. Respectivamente, ni Peñailillo ni Arenas eran los indicados para conducir dichas agendas. El primero no podía ser parte de la solución siendo personalmente parte del problema. El segundo tenía los puentes cortados con el influyente empresariado chileno. La designación de Jorge Burgos (DC) en Interior y Rodrigo Valdés (PPD) en Hacienda implica que Michelle Bachelet tomó nota de la relevancia de las nuevas agendas para la opinión pública y de la imposibilidad fáctica de sus históricos colaboradores para maniobrarlas con éxito. No debe haber sido una decisión fácil para ella: nadie representaba mejor la esencia de su segundo mandato que esa dupla.

Las primeras declaraciones de Burgos en su nuevo cargo, con Valdés a su lado, confirman el cambio de estrategia: el flamante ministro insistió en la necesidad de oír, dialogar y construir grandes acuerdos. Burgos entiende que su gabinete que tiene por misión reconstruir la confianza en la marcha del gobierno y dignificar -aunque sea parcialmente- la deteriorada percepción actividad política.

En la jerga de El Padrino, Peñailillo fue un consiglieri de guerra. Consiguió resultados no despreciables en su año y un mes a cargo de La Moneda. Sin duda será la anhelada reforma al sistema electoral binominal la que atesorará con mayor cariño. Pero esta guerra está dejando demasiados heridos. Por ver a la UDI desangrarse, Peñailillo dejó que la escaramuza política escalara en virulencia. Hasta que las balas llegaron a su propio despacho. Burgos, en cambio, es un consiglieri para tiempos de paz. Viene a poner paños fríos, a reducir la ansiedad, a dosificar la energía, a recomponer puentes. Tiene dedos para el piano: conoce el puesto –fue subsecretario de Interior antes de ejercer tres períodos como diputado- y goza de respetabilidad transversal.

Sus acompañantes en La Moneda –Jorge Insunza (PPD) en Secretaría General de la Presidencia y Marcelo Díaz (PS) en Secretaría General de Gobierno- no debieran desentonar para ejecutar el nuevo libreto. Ambos tienen gen concertacionista, experiencia parlamentaria y tienen (o han tenido) cercanía con el mundo de Enrique Correa. A diferencia del anterior, es un equipo político diseñado para contener antes que atacar. Ya no hay retroexcavadora. En su reemplazo vuelve el viejo tractor que anda lento pero seguro.

Link: http://www.capital.cl/poder/2015/05/11/110553-adios-a-la-retroexcavadora

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