LA MAREA ROSA RETROCEDE

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de diciembre de 2015)

La resonante victoria de Mauricio Macri en Argentina y la contundente paliza parlamentaria que sufrió el chavismo en Venezuela –sumadas a la eventual cesación de Dilma Rousseff a consecuencia del juicio político que prepara la oposición brasileña en su contra- configuran un cuadro que anima a varios analistas internacionales a pronosticar el fin de la llamada “marea rosa” latinoamericana. ¿Por qué no se le llamó “marea roja”, si se trata a fin de cuentas de una corriente ideológica de izquierda? De alguna forma, el rojo quedó históricamente reservado para el comunismo revolucionario. En cambio, la mayoría de los gobernantes de la izquierda regional acata las formalidades democráticas. La tintura no es tan intensa. El elemento común de la marea rosa sería su tendencia populista.

Así, Argentina vivió doce años de Kirchnerismo, entre Néstor y Cristina. Entre Chávez y Maduro, el proyecto bolivariano lleva casi diecisiete. En Brasil, el Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma va camino a los trece. Su gracia es haber conseguido la confianza ciudadana en las urnas, una y otra vez. Algo parece estar cambiando.

El caso de nuestros vecinos nos llama particularmente la atención. Los chilenos tenemos la percepción que el peronismo es política y culturalmente hegemónico en Argentina. Eso no dice mucho: el peronismo puede ser muchas cosas a la vez, incluso contradictorias. A su expresión Kirchnerista hay que reconocerle al menos dos méritos. Primero, que sacó a los trasandinos del descalabro institucional y económico en el que se encontraron a comienzos de siglo. Luego, que tuvo la capacidad de conectarse con la idiosincrasia cultural y la práctica política de un pueblo. El proyecto nacional-popular de los Kirchner se desplegó a sus anchas en casi todos los niveles institucionales. La apuesta por Macri es una apuesta por aire fresco ante un proceso político más o menos agotado y un estado preocupantemente capturado. El desafío de penetrar las estructuras del Kirchnerismo es gigante. De hecho, no tiene mucho sentido que la derecha chilena trate de imitarlo. Al revés, para Macri es más útil el ejemplo de Piñera llegando a La Moneda después de veinte años concertacionistas.

El caso venezolano es distinto. En lugar de hegemonía, lo caracteriza la aguda polarización. Aunque la épica bolivariana insista en sus aspiraciones de justicia social, nada es sustentable sobre una narrativa tan cargada de hostilidad y división. Para peor, Nicolás Maduro no tiene el carisma –y últimamente, tampoco el dinero- que tenía el padre fundador. En general y salvo interpretaciones muy estiradas, los demócratas sensatos del continente recibieron con satisfacción el traspié electoral de un proyecto que hace rato viene coqueteando con el matonaje y el delirio. En cierto sentido, los venezolanos no votaron por los méritos de la oposición sino contra el hostigamiento y la ineptitud oficialista. Mientras tanto en Ecuador y Bolivia, la marea rosa sigue con relativa buena salud.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-12-13&NewsID=333198&BodyID=0&PaginaId=13

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