LA BATALLA DE LOS DIAGNÓSTICOS

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de Noviembre de 2017)

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Michelle Bachelet arrasó en la última elección presidencial por dos factores. Uno, su capital político personal e intransferible, el mismo que la hizo terminar su primer mandato con cifras tropicales de aprobación. Dos, porque desplegaba un discurso –plasmado en el famoso programa de reformas- que conectaba con la gran mayoría de los chilenos: había llegado la hora de desmontar las vigas centrales de un modelo de desarrollo basado en el mercado.

A poco andar, la popularidad de la Presidenta se erosionó. El caso Caval la hirió fatalmente. En paralelo, al interior del propio oficialismo se comenzaron a preguntar si acaso el diagnóstico del 2013 –una formulación derivada de las demandas estudiantiles que desbordaron las calles en 2011- era tan certero como se pensaba. En una de esas, los chilenos disfrutaban la dimensión emancipatoria de lo que Carlos Peña ha llamado “la modernización capitalista”. Aunque no contó con la fuerza de otras manifestaciones, el hito simbólico clave fue aquella marcha en la cual los apoderados de colegios particular subvencionados le decían al gobierno “no nos queremos mezclar”.

Hoy, lo más probable es que triunfe la derecha. El diagnóstico del piñerismo es exactamente opuesto al de hace cuatro años: los chilenos estiman perfectamente legítimo que el acceso a distintos bienes y servicios esté mediado por su capacidad de pago. Es decir, han abrazado el juego del esfuerzo individual y los incentivos monetarios que opera en un modelo de mercado. Si Sebastián Piñera termina propinándoles una paliza a sus contrincantes, será difícil moderar la convicción de que cuentan con la lectura correcta de la sociedad chilena. Sería la derecha, y no la izquierda, la que entendería mejor los sueños y aspiraciones de la clase media chilena.

A los observadores externos les llama mucho la atención esta bipolaridad. Hace cuatro años, parecía que queríamos derribar el modelo a martillazos. Hoy, pareciera que lo abrazamos como quien se aferra a un ser querido que estuvo a punto de perder. Por lo mismo, sería un error que la derecha se enamorara de su diagnóstico e imitara la retórica de la retroexcavadora. Quizás la impopularidad de este gobierno se debe más a la erosión del capital personal de Bachelet que a un rechazo consciente de las ideas que inspiraron las reformas. No lo sabemos a ciencia cierta. Por ahora, sin embargo, pareciera que la batalla de los diagnósticos la gana la derecha. Eso es lo que está en juego en la elección de hoy.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-11-19&NewsID=387059&BodyID=0&PaginaId=17

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