LA DERECHA MÁS ALLÁ DEL MURO

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 26 de Octubre de 2018)

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Cuando el diputado Jaime Bellolio desafió hace dos años a Jacqueline van Rysselberghe por el control de la UDI, su objetivo no era solamente ganarle a la senadora penquista; ése era solo el objetivo inmediato. El objetivo de largo plazo era salirle al camino a Felipe Kast y al avance de Evópoli. Así quedó claro cuando presentó su diagnóstico: el problema de la UDI no es de stock, es de flujo. Es decir, el gremialismo goza todavía de una robusta posición política en el escenario nacional, una nutrida militancia y un electorado que si bien se encoge sigue siendo fiel. Pero no tiene el futuro asegurado. Por el contrario, las nuevas generaciones -menos pinochetistas y menos conservadoras que sus padres- considerarían más atractiva una propuesta como la de Evópoli, más fresca y liberal, aunque igualmente libremercadista.

Hacía bastante sentido. Parecía incluso una cruzada civilizatoria: matar a la vieja UDI -autoritaria y confesional- para dar nacimiento a una nueva UDI acorde a los tiempos. En esa clave también hay que leer la intencionada elección de adversarios: mientras el diputado Bellolio decía que sus rivales ideológicos estaban en el Frente Amplio (lo mismo que han dicho desde Evópoli), la senadora JVR insistía en que sus rivales eran los sospechosos de siempre agrupados en la Nueva Mayoría.

La irrupción de José Antonio Kast desordenó el naipe. Ironías del destino: JAK fue el mentor del joven Bellolio en el gremialismo, en la época en que representaba una suerte de tercera vía entre el Jovinismo y el Longueirismo. Es más, le abonó el terreno en el viejo distrito de Buin, Calera de Tango, Paine y San Bernardo. Hoy, es su principal problema. Si el proyecto de moderar a la UDI es exitoso, JAK tiene licencia para seguir agrupando a la derecha “sin complejos” que se siente traicionada por líderes que abdican de su pasado. En la mentalidad polarizada y maniqueísta de esos círculos, Jaime Bellolio prácticamente debería unirse al Frente Amplio. Es una derecha enrabiada, que se siente asediada por una supuesta hegemonía cultural del progresismo y la llamada “tiranía” de la corrección política. JAK es su pastor, su líder indiscutido.

En este nuevo escenario, Jackie tiene una misión. Ya no se trata de detener el tiempo. Se trata de contener el avance de la extrema derecha, logrando que la UDI vuelva a interpretar a esos sectores que hoy no se sienten representados por el oficialismo por considerarlo entreguista. He ahí el sentido de su reunión con Jair Bolsonaro. A Van Rysselberghe le importa un comino que la mayoría de los chilenos se escandalicen. Su apuesta tenía otro objetivo: ganarle el “quien vive” a José Antonio Kast, Manuel José Ossandón y cualquier otro actor político de su sector que quiera apropiarse del efectivo discurso populista del próximo presidente brasileño. Aunque JAK partió corriendo detrás de JVR a reunirse con Bolsonaro, llegó placé. En una época en la cual el apelativo de conservador no tiene mucho lustre -como sinónimo de estar siempre a la defensiva, contra el progreso moral de los pueblos, en el lado incorrecto de la historia-, la extrema derecha presenta una narrativa mucho más atractiva por su agresividad: sale al ataque, denuncia la podredumbre ética de la izquierda, reivindica con orgullo sus principios.

En la jerga de Juego de Tronos, JAK es el rey más allá del muro, agrupando una serie de tribus -evangélicos militantes, católicos ultramontanos, militares en retiro, nacional-patriotas, empresarios apartidistas, libertarios dogmáticos, amantes de la mano dura, enemigos juramentados de la elite liberal- bajo el estandarte retórico de la mayoría silenciosa que encarna el sentido común. Van Rysselberghe observa su marcha desde el Castillo Negro de calle Suecia, que separa al mundo civilizado -el sistema de partidos- del mundo salvaje -todos los movimientos que pululan a la derecha de la UDI. Jaime Bellolio, promesa de la Guardia Nocturna, es el personaje que propone trasladar el campamento hacia el sur -es decir, hacia el centro político. Allá el clima es menos inclemente y es posible negociar con el adversario en condiciones menos beligerantes. Jackie, arropada con una pesada manta de plumas de cuervos, tiene ahora un argumento para negarse: si abandonan su puesto, las hordas de JAK invadirán las tierras del norte sin que nadie les oponga resistencia. Reelegirla como Comandante de la Guardia Nocturna (en otras palabras, presidenta de la UDI) significa disputarle a JAK su señorío sobre la derecha más allá del muro. Se trata de un variopinto elenco que, a estas alturas, difícilmente pueda ser representado por la moderación de un Jaime Bellolio o un Felipe Kast.

En estas condiciones, mucho se juega en la próxima elección interna. Un triunfo de Van Rysselberghe sentencia que la UDI se planta en el extremo derecho del espectro para absorber los territorios libres donde galopan las bandas Kastistas. Aunque su rival Javier Macaya está lejos de ser un liberal, al lado de la dirigente que corrió a abrazarse con Bolsonaro cualquiera parece Macron. Su derrota liberaría definitivamente a Jaime Bellolio y sus cercanos para emigrar hacia reinos menos hostiles. La opción de Evópoli cae de cajón.

Link: https://www.capital.cl/la-derecha-mas-alla-del-muro/

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